domingo, 14 de enero de 2018

Servicio especial contra alucinantes reguetones




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Día 9. Enero. 2018. Amanecimos esperando una guagua para irnos a la Asamblea X Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec), en Santiago. Al abordarla, un chofer con muchos años al timón nos recibió; debíamos sentarnos en la parte izquierda, porque aquello estaba en suspensión.  Salimos a la Carretera central y  colegas del vecino Tercer Frente y nosotros, entablamos una sabrosa conversación sobre el Carlos Manuel de Céspedes y el José Martí que debemos defender por razones de patria chica; símbolos mayores. Luego entró en las palabras el “Sonero improvisador de oriente”, el más grande de toda la isla y alguien contó una novela sobre un triángulo amoroso en las laderas de Filé. Muchos quedamos boquiabiertos. Si aquel reportero no habla, quizás nunca hubiéramos conocido algo así. Pensamos en el periodismo de Lino Betancourt, entusiasta defensor de esas historias.  Todo el viaje hasta Santiago, metidos en conversaciones picantes,  lúcidas. Al llegar, té y al teatro; “si lo hubiera imaginado”, fue la frase de un colega con el estómago apremiado de un desayunillo; así que brindamos con café y la Asamblea nos supo a bien. Al regreso, la misma guagua, el mismo chofer, pero ya no en suspensión la parte izquierda;  nos regamos por los asientos y  bajo el gris de la tarde y asomos de llovizna invernal, empezaron a sonar Los Latinos, con Ricardito a la cabeza; La Monumental, su voz líder, Arturo Clenton; parecía que habíamos regresado en el tiempo; buen gusto en la selección, todo muy cubano y las conversaciones sobre aquellas agrupaciones llenando plazas bailables,  condimentaron las palabras. Muchos aprendieron, otros sencillamente nos dedicamos a oír al chofer, su fascinación por una música que se había ido definitivamente, y que algunos en la guagua consideraban olvidada, o mejor, “chea”(atrasada), porque no estaba a la altura de los "Osmani García", Jacob Forever o sabe Dios cuánto tipo llegado al mercado,  con mucho dinero en el bolsillo y audiencias enloquecidas por letras y diseños rítmicos, que obligan a la locura del cuerpo, sin importar los pensamientos profundos. Tomé varias fotos del chofer, medio molesto no sabía mis razones; al bajarme, apreté su mano, incluso lo felicité, como mismo lo hicieron otros. No todos los días uno se monta en una guagua  conducida por David Torres Caturra, de la Base de Fletes de Santiago, servicio especial, Buscar B-114123, con más de treinta años de oficio y una cultura musical amplia, que privilegia lo cubano y resiste la embestida de la pseudocultura, cuando manda el más regio de los mercados alucinantes. Hombres como David, merecen señalarse, quizás son los pequeños héroes, vencedores en su guagua, de esos Goliat  que andan montados en  fantasmagóricos reguetones.

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