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lunes, 6 de febrero de 2017

Lo dulce y trágico de una locomotora de sueños




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

El domingo 5 de febrero parecía un día más en Contramaestre, ciudad del oriente de Cuba; las mujeres lavando;  los hombres asegurando el sobrevivir económico; pero un ama de casa rompió con esos moldes cotidianos de pueblo de provincias y presentó ante un parque Jesús Rabí abarrotado de personas: “Una locomotora de sueños”.

Así tituló Nancis Vega Garcés su primer libro, según ella, “escrito gracias al concurso de mis nietos,  responsables principales de cada una de las historias que escribo”.

Vega Garcés se reconoce como “un ama de casa que tiene muchas historias dolorosas que compartir”, por eso dialogó sobre su azarosa vida y  los problemas que una y otra vez la asedian.

En las palabras de Osmel Valdés, encargado de la presentación del mismo en Contramaestre,  se reconoció la calidad de “Una locomotora de  sueños”, según él, entre las mejores obras escritas para niños en Santiago, junto a “Niebla” y “El silencio de los peces”, de Teresa Melo y Eduard Encina, respectivamente.

Sugerente puede considerarse la valoración de Valdés cuando dijo a título personal: “Aquí hay una poesía que va de lo dulce a lo trágico. Historias que nos hacen mirarnos en el espejo de  lo que Nancis escribe. En principio el libro se llamaría “Trueques y números”, pero  los leyistas de la literatura no lo consideraron adecuado y el poeta Eduard Encina terminó proponiendo “Una locomotora de sueños”, que finalmente fue aceptada y funciona de maravilla para el conjunto de la obra”.

Algunos poemas, por la brevedad y calidad de los  mismos, merecen compartirse en las páginas de Caracol de agua: 

Cleptomanía 

La rata oscura

vive escondida

en lo profundo

de su guarida.

Saca el hocico

sin que la vean

por un segundo

nos ofaltea.

La rata oscura

sale de noche

rompe el silencio

todo lo rompe.

Se roba el queso

roba el jamón

y se lo come

con el ratón. 

Escape al futuro 

Tarros de acero

rompió la soga

rompió la cerca

rompió el establo.

Ha roto todas

las ataduras

que lo tenían

hecho un  buey manso.

Saberse libre

saltar correr

sin soga ni amo

es su gran sueño.

Sentir la hierba

y con sus tarros

cortar el aire

vencer el tiempo.

“Una locomotora de sueños”, es un texto de la Colección Farolito, de Ediciones Santiago, con ilustraciones de Andrés Batista Valdés y  la corrección editorial a cargo de Rainer Martínez.

Tiene razón Eduard Encina, en la nota de contracubierta, cuando afirma sobre la autora: “Hay una parte en ti que desconoces, una parte  que vive en las palabras. Nancis Vega lo sabe y por eso  escribió este Libro-Locomotora…”

Nancis se sobrepuso al ama de casa atrapada en el dominio de la mujer doméstica, cuando este domingo arrancó su locomotora en  la ciudad de Contramaestre y anda ya pitando por Cuba y el mundo, junto a las escritoras Yulexis Ciudad y Mai Judit Serrano; las únicas hasta ahora con libros publicados, más allá de esas retóricas lírico depresivas de municipio que tanto nos desaniman.

jueves, 16 de diciembre de 2010

PERIFERIAS: escritores y escrituras en la Puerta de Papel

Por Eduard Encina Ramírez.(Poeta y narrador)

Recuerdo bien aquel día, en que Reynaldo García Blanco, mochila al hombro, desembarcó en Contramaestre y puso en mis manos un cubo de libros (aún no recuerdo si se los devolví) para que yo atinara el agua profunda de las palabras. Lo que al escribir significaba una pasión, poco a poco derivó en juicio, en la conciencia de moldear un cuerpo, una arquitectura. Así, sin proponérmelo, mis textos se convertirían en el primer libro de poesía de Ediciones Santiago, un proyecto editorial surgido con el corazón en la boca para aquellos autores que, por distintas circunstancias, estaban limitados de la posibilidad de publicar sus obras.

A partir de entonces (con el corazón en la boca) veía a la gente leer mis poemas y apuntar hacia mí con la ternura de quien se apunta a sí mismo. Eso me hizo pensar en la escritura, en lo que esa gente iba a buscar en mis versos. Con esta pertenencia, en varios espacios lo dije: la RISO traía el corazón demasiado afuera, y había que buscarle un lugarcito en el pecho, donde se pudiera pensar mejor cómo íbamos a presentarle un Autor a un Público en constante formación y reconformación.

Lo leí en varias revistas, después en una plaquets: “las ediciones territoriales, han llenado un gran vacío… pero…”. Desde entonces, cada quien a su manera y a su sensibilidad ha tratado de sustentar una política editorial competitiva dentro del espectro literario, unos todavía con el corazón en la boca, otros con el corazón en el pecho.

Hace poco, en la Revista Dédalo, un oportunista artículo que bien pudo convertirse en oportuno, manipulaba reflexiones de varios jóvenes escritores sobre el tema. En mi caso, según algunos, mis palabras tenían el aliento del suicida, para otros era una actitud de hijo mal agradecido, como si el respeto a los padres implicara alabarles su mal camino y para los menos, no había hecho más que expresarme desde la participación y la experiencia.

Lo cierto es que estas ediciones han dinamizado en gran manera la producción literaria, democratizando un proceso necesario para la conservación del patrimonio local y nacional, así como en la estimulación de la vida cultural, elemento este en muchas ocasiones inadvertido por el grado de centralización de los medios en la capital del país y en su concebida derivación a las capitales de provincias donde la cobertura editorial y la promoción de los escritores ocurre como un hecho cotidiano.

Escribir desde un lugar llamado Songo, Baire, Mícara o La Anacahuita por ejemplo, no determina la eficacia de una literatura, pero si agrega visibilidad a otras cataduras marginales, periféricas, expresadas desde intereses y tonalidades concretas. Aunque no creo que la escritura se produzca a partir una entidad geográfica o una circunstancia natural, pues escribir “desde” no necesariamente implica escribir “de” o escribir “como”; sería iluso ignorar los estrechos perfiles estéticos y modismos que imponen los cenáculos desde revistas, editoriales y buena parte de los espacios de promoción que no siempre privilegian la diversidad o potencian debates y perspectivas capaces de enriquecer la producción literaria.

A veces he pensado en la obra de jóvenes que escriben o han escrito desde sitios profundos: Obdulio Fenelo, Carlos Esquivel, Luis Felipe Rojas, Frank Castell, Delis Gamboa, Alejandro Ponce, Emerio Medina, Yunier Riquenes y muchos otros donde emerge el mundo subterráneo de los microespacios o “los no lugares”, frente a la intoxicación que legitiman los medios donde drogas, gays, freekes, jineteras, suicidas, ciber y otros ambientes citadinos, son atemperados con un discurso hacia la ruralidad, la historia, la pobreza, el desamparo o la sobrevida, que hace más polifónico el discurso literario hoy.

En el caso santiguero publicar desde las márgenes antes de las RISO era una rareza: David González Gross, Orlando Concepción, Luis Guía Barriel o Teresita LLorens, eran nombres que implicaban una condición, un salto hacia un status que no solo distinguía a los autores, al mismo tiempo activaba la remota posibilidad de que un día tal vez… alguien más…, tal vez.
Al aparecer las Ediciones Santiago, se asistía a la visibilidad de varios autores hasta entonces ignotos y de obras que el tiempo se encargará de ponderar o prescindir. Al igual que casi todo el sistema en el país, emergió una sobresaturación de textos en condiciones de poner en peligro un proyecto todavía embrionario que no siempre valorizó el cumplimiento de un objeto social con una responsabilidad cultural. Esto contribuyó a que afloraran publicaciones con baja factura literaria o sin atractivos visuales o con una edición descuidada y triste; sin embargo, al calor de la experiencia encontramos también libros necesarios que han logrado aglutinar, diversificar los espacios de opinión y debate más allá de la cabecera provincial, textos bien cuidados, vitales, que sin el nuevo sello editorial hubiese sido prácticamente imposible publicarlos en el momento acertado. Con certeza Rogelio Ramos, Argenis Osorio, Eloy Díaz, Juan Emilio Batista, Enoel Rey, Arnoldo Fernández, Jorge L. Legrá, Osmel Valdez y muchos otros han reordenado los puntos cardinales con que se regía por estos lares la literatura.

Así muchas aristas se potenciaron desde entonces: el funcionamiento de los Consejos Editoriales Municipales y alrededor de ellos toda una comunidad literaria, núcleos, resucitados después de la depresión de los talleres literarios, ahora desde una forma más alternativa, con sus matices particulares o gremiales, pero motivados con la posibilidad de tener acceso real a la socialización de su pensamiento a través de las publicaciones. De ahí que se engendraría un problema institucional para acercar esta producción al lector, pues lo que no se promueve no se consume.

Es innegable la conquista de espacios como El sábado del libro, Prosa Nostra, el Boletín Ideas, las Fiestas del libro, peñas subvencionadas en Songo La Maya, Palma Soriano, Contramaestre donde participa buena parte de los autores publicados por Ediciones Santiago; también es cierto que la estrategia de promoción todavía no ha sido lo suficientemente sistémica y eficaz para proponer y jerarquizar dentro y fuera del territorio lo más representativo del sello editorial, no se ha creado una especie de biblioteca virtual para que los internautas puedan acceder a estas literaturas, ni se encargan reseñas, artículos, ensayos, etc., sobre propuestas sintomáticas, portadoras de elementos representativos de un campo o zona de conquista estética de interés en el panorama santiaguero, para publicarlos en revistas, libros y en la Web.

Quizás parezca demasiado cómodo acercarse desde las palabras a diez años de trabajo editorial, ahora que la memoria y el tino podrían fallarme al describir el rostro de los contramaestrenses que aquella mañana en el parque Jesús Rabí escuchaban las palabras de un bardo venido desde Venegas para presentarles mi primer libro, mi primer amor, aunque después el docto Sergio Fernández me acusara de haber “cargado” con toda la familia cuando vio agotada la edición. Desde entonces esa escena se repite con otros autores, no como un ritual exterior o vacío, sino con la avidez del descubrimiento, en un contexto en que según el poeta René Emónides “La isla pasa rápido” y se hace necesario participar desde cualquier parte para que sean menos azarosos los sueños de la literatura.

Cada obra siempre será perfectible, sobre todo si nos enfocamos en cómo contribuir a que se enriquezca. Mucho tendrá que decirse de la incidencia de este sello editorial en la recuperación de la memoria histórica de cada terruño santiaguero y sobre todo en su función de catalizador y oxigenador de la vida cultural más allá de la ciudad, donde escribir no solo es posible, sino real.

sábado, 14 de agosto de 2010

Una puerta para conquistar lo imposible

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

«¿Qué puede hacer con su original una persona que escriba El Quijote en un municipio?». Sobre esta pregunta de Fidel Castro es bueno llamar la atención, pues en la práctica, muchos de los que escogimos el camino de Don Miguel de Cervantes, tenemos limitadas probabilidades de publicar en las editoriales nacionales. La Riso trazó un destino, a veces cierto, otras desacertado, pero marcó un antes y un después en el mapa literario nacional.

Es cierto que en torno a su concepción se desencadenaron pasiones, unos apostaron por publicar “cosas”, que a los ojos de otros no tenían valor; incluso hasta se propusieron clasificaciones para diferenciar a los escritores de la Riso y a los publicados en las editoriales nacionales, estos últimos, según algunos teóricos del asunto, los de verdad, los otros pertenecen al reino de los improvisados (1). Incluso se les identifica con el término de “escritores emergentes”(2).

Sin embargo, un autor de nuestros predios señaló certeramente: “No sería muy arriesgado afirmar que las ediciones territoriales han venido a cambiar el mapa editorial del país.”(3) Y en verdad lo han cambiado, pues cada lugar tiene la posibilidad de producir su literatura, la que tiene relación con su entorno, su gente, sus sueños; el alcance de la misma puede ser local, nacional y hasta universal; todo depende del talento y la creatividad que intervengan en su elaboración.

Es una alegría enorme apreciar el primer libro de un autor del “monte”, como dicen algunas miradas metropolitanas, ante todo porque: “Es la visión desde la provincia de cuestiones que atañen a todo el país y un autor novel revela su mérito y pone a prueba su capacidad de transmitir al público”.(4)

A los que publican en la Riso se les identifica, positivamente, con la denominación escritor novel al socializar sus textos en la vida literaria; pero lamentablemente predomina también la forma despectiva en el uso del término al referirse a los mismos: novel es alguien improvisado, una persona que no ha vencido en los concursos y rituales literarios del país, ni ha lidiado con escritores pertenecientes a la alta literatura. En fin, no tiene personalidad para pertenecer al gremio de los “autores reconocidos”.

Una de las construcciones negativas del asunto, en detrimento del Sistema de Ediciones Territoriales, es la referida al principio de que existen, en todos los municipios, libros publicables en una dimensión muy superior a la real, proceso que generó una masividad igualitarista, sin los balances críticos necesarios para orientar el camino conquistado. De ahí el famoso eslogan de que en “Cuba florecen los malos escritores como la hierba”.

Si bien es cierto que cada editorial tiene el mandato expreso de engrosar con sus libros los fondos de las bibliotecas municipales de su provincia, en la práctica no sucede así, y es lógico suponer que en diez años de vida editorial no se disponga de la memoria gráfica de lo publicado, un hecho que conspira negativamente contra los nobles propósitos de la Riso, pues el lector muchas veces ni se entera de la existencia de textos sobre la historia y el patrimonio de su pueblo. ¿Por qué ha funcionado así? ¿Qué ha sucedido?

Otra realidad en contra de la Riso es la limitada publicación de críticas y reseñas en sitios digitales, prensa plana, televisión y radio, y su posible relación con los diferentes grupos sociales de la población.

Sin embargo, contra todas las adversidades argumentadas hasta aquí, la Riso permite a los “escritores emergentes” la posibilidad de existir, de ver impresa la obra, aunque sea en blanco y negro, y no tenga una factura editorial al estilo de las nacionales. Es cierto que el diseño muchas veces no atrae al lector, y obliga a un activismo individual, familiar y solidario para que la gente lo lea.

Ser un “escritor emergente” o del “monte”, como prefieran tipificarlo, implica ante todo la posibilidad para conquistar nuevos espacios en la literatura y atraer la mirada de los “consagrados”. Ser “emergente”, si hay talento y ganas de superarse, es una puerta abierta al infinito, de eso no me cabe la menor duda, porque Ediciones Santiago ha demostrado la posibilidad de escribir una obra digna desde los márgenes. La variable geográfica no es una condición para ser un buen escritor, ni para medir la calidad de los libros publicados.

Ediciones Santiago ha favorecido la relación escritor emergente-publicación-promoción-venta, mediante la participación de los “autores noveles” en las Ferias Internacionales del Libro, un proceso que permite a sus textos llegar a las provincias y no quedar atrapados en el laberinto local, aunque a ciencia cierta, la circulación de los mismos es mínima por su cantidad y no configura una presencia real en todo el país.

A lo anterior se añade la falta de textos críticos sobre las obras publicadas; los “escritores emergentes” piden a gritos no quedarse en la complacencia, la bohemia; por eso es necesario plantearse espacios de polémica, capaces de dinamitar sentidos nuevos. Es vital entonces promover una crítica honesta que jerarquice sobre los movimientos literarios gestados en la provincia.

Una entidad necesaria en la selección y aprobación de proyectos de libros es el Consejo Editorial Municipal, que la mayoría de las veces no trasciende lo anecdótico y se regodea en la complacencia o el paternalismo; si funciona bien, como ha sucedido en algunos lugares como Contramaestre, los resultados son favorables, pues se logra estabilidad y calidad en las publicaciones.

En Contramaestre, por sólo citar un ejemplo, la tirada de libros supera los 22; la mayoría de los géneros han sido publicados: ensayo, poesía, narrativa, literatura infantil, teatro y literatura científica. Doce de los títulos pertenecen a autores del grupo literario Café Bonaparte, respiradero creativo surgido a orillas de la Carretera Central en el poblado de Baire, capaz de alimentar la aspiración a conquistar un rostro propio en el escenario nacional y no dejarse atrapar en lo provinciano; un proceso sociológico que demuestra la posibilidad de escribir más allá de la ciudad y hacerlo bien. La poesía ha sido el género privilegiado, suman trece las obras publicadas, un hecho que evidencia su buena salud y deseos permanentes de experimentación. Las obras de pensamiento han tenido un limitado protagonismo, hasta el momento se han publicado dos, por lo que debe trabajarse en la identificación y promoción de autores y textos con estas características para próximos años. Los restantes libros fueron escritos por miembros de la Unión de Historiadores de Cuba; e incursionan en temáticas como la lucha campesina en Venta de Casanovas, y la penetración imperialista y el fin de la neocolonia en el territorio. Otras zonas históricas reclaman un acercamiento monográfico profundo, dada la virginidad de las mismas en el escenario local y nacional.

Por lo dicho hasta aquí debe reconocerse, independientemente de pasiones encontradas o desviaciones ocurridas en el trabajo de Ediciones Santiago, el hecho de que cada escritor emergente con un libro de valor, pueda publicar en una editorial creada para ellos. Por esas razones compartimos el criterio de Teresa Melo al decir: “Como toda obra joven, apenas niña, la Riso seguirá provocando deseos de perfección en los que creemos en su utilidad y en su virtud”(5). «¿Qué puede hacer (entonces) con su original una persona que escriba El Quijote en un municipio?». Sobre todas las cosas, mirar a Ediciones Santiago como una puerta para conquistar lo imposible.

Notas:
1. Ricardo Riverón señala en el artículo: La Riso, diez años después (Parte I), www.cubaliteraria.com , señala: “En los días que corren, sobre todo en muchos espacios del interior del país, esa escala jerárquica ha sido violentada con más frecuencia de lo deseado al conferir las instituciones el virtual título de escritor a quien es apenas autor de uno o dos cuadernos en la Riso, a la par que le conceden un trato igualitarista (y a veces privilegiado) frente a personas con currículos enriquecidos a lo largo de décadas de quehacer y validación en los espacios ampliamente competitivos de la vida literaria pre-risográfica. A estos últimos, para disponer de una tipología cómoda, es a quienes llamo escritores. Y a los estrenados (o atrincherados) en la Riso, de momento les llamaré autores, aunque las denominaciones pudieran parecer festinadas y no antónimas, y disten mucho de ser definitivas”.
2. Ricardo Riverón: La Riso, diez años después (Parte I), en www.cubaliteraria.com , consultado el 28 de julio de 2010.
3. Reinaldo García Blanco. Una puerta de papel llamada Risograph, en http://www.lajiribilla.cu/2005/n223_08/223_18.html , consultado el 28 de julio de 2010.
4.Olga Portuondo. La Historia y la Riso, en http://www.lajiribilla.cu/2005/n223_08/223_11.html , consultado el 28 de julio de 2010.
5..En el aniversario X de la Riso opinan algunos de sus protagonistas, en www.juventudrebelde.cu/suplementos/el-tintero/2010-02-19/en-el-aniversario-x-de-la-riso-opinan-algunos-de-sus-protagonistas-/+La+puerta+de+papel,+riso+en+Cuba&cd=2&hl=es&ct=clnk&gl=cu, consultado el 31 de julio de 2010


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