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martes, 31 de enero de 2023

HA MUERTO TERESA (Crónica)


Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

Me parece una falsa noticia. Reviso varios perfiles, confirmo. Es verdad: TERESA MELO HA MUERTO. 

La conocí en la Feria del Libro de 2004. Conversamos mucho, nos unía la filosofía, la poesía, Martí y Guillermo Vidal Ortiz (Guille). 

Entre los regalos que guardo están Los cuervos de Vidal Ortiz, me lo trajo de uno de sus viajes a Uruguay,  sabía que Guille era imprescindible en mis lecturas. También conservo Las altas horas, El libro de Estefanía y El vino del error, dedicados por ella. 

Recuerdo que vino a muchas ferias a Contramaestre.  Vio crecer nuestro movimiento literario;  disfrutó cada libro escrito desde aquí.

Fue editora de dos de mis libros. Su palabra era mansa cuando lo merecía, pero era látigo en momentos necesarios. 

Teresa, quise creer hasta el último minuto que era una broma, una falsa noticia. Tú muerte sorprende, duele. 

Acaricio los libros que me diste, regreso en el tiempo y te veo leer poemas de Las altas horas en mí pueblo con una sala llena de gente.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Anatomía de la poesía joven escrita desde Santiago: ¿Carnaval? ¿Espectáculo? o ¿Chancleteo?*


*Ensayo leído la tarde del 21 de diciembre de 2012 en el evento Tierra adentro.


Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

La poesía joven que se escribe desde Santiago de Cuba está muy preocupada por poses, gestos, jerarquías y apropiaciones simbólicas de los espacios de poder cultural, más que por ganancias en la expresión, y digamos, audacia en búsquedas imaginativas y experimentales.

Creo que hay toda una socialización del texto pensado como espectáculo y teatro de representaciones;  quizás, las últimas promociones están muy interesadas en mostrar desacuerdos y herejías con, los que pudiéramos llamar, Clásicos imprescindibles: Reinaldo García Blanco, Teresa Melo y León Estrada. Las voces mencionadas ejercieron una especie de mecenazgo en todos los tocados por el delirio del versolibrismo. 

García Blanco, maestro en el tono conversacional, con propuestas cargadas de ironías, juegos, y carnavalización de lo sagrado; y las contaminaciones y saturaciones en el discurso de la historia universal y nacional, influyó notablemente en los nacidos entre 1970 y 1990.  Gracias a sus amparos providenciales la poesía que se escribe desde Santiago hoy, ganó nuevas voces que condimentaron temáticas y hallazgos. Escribir como Reinaldo instaló una escuela en muchos epígonos, aunque después algunos se descontaminaron, o lo hicieron a través de la teatralización, o el chancleteo, de sus influencias. García Blanco, quiéranlo o no, es un clásico. Campos de Belleza Armada, Reverso de foto & Dossier, y País de Hojaldre (1) están ahí atentos; forman parte de la memoria poética santiaguera. No olvidar tampoco antologías(2) que dieron a conocer a muchos fuera de fronteras gracias a su mecenazgo, del que algunos huyen hoy, para mostrarse libres del modo de escribir y teatralizar el proceso poético.

La Melo, a pesar de su condición habanera, no por identidad, sino por sus estudios universitarios, devino santiaguera imprescindible y colocó, en los 80, 90 y 2000 los problemas de la mujer en el devenir poético nacional (3). Las altas horas y El vino del error son curiosos vigías que recuerdan a los que llegan, lo que no debe repetirse o tocarse, porque ya pertenece a su reino. Escribir como La Melo también marcó a muchos, que hicieron escuela en la poesía gracias a su mecenazgo. Negar eso hoy desde la herejía, o la carnavalización de su imagen, a partir de propuestas agresivas contra la palabra, apelando a la vulgarización del verso, a la humanización de los héroes y la historia, y pretender ser más imaginativos y fundadores, se me parece mucho a la moda del regguetón. Con el tiempo, la memoria selecciona lo bueno y  olvida lo trivial, así sucederá con esos turistas de la poesía que pretenden escribir y representar modas de Francia en Santiago de Cuba y en el panorama nacional. No está mal hacerlo, pero las continuidades deben reconocerse, aunque las discontinuidades sean manifiestas.

León Estrada es de los que tiene el oído atento para captar procesos, hechos y figuras en la poesía. Hacerlos públicos en la palabra (4). Hasta él llegaron muchos de los que hoy tienen un lugarcillo en el Olimpo poético y se alimentaron de su experiencia. ¿Por qué ironizar su obra? ¿Por qué negar esas influencias, ese mecenazgo? Sus libros no tuvieron la resonancia de los clásicos antes mencionados (García Blanco Y Teresa Melo). Pero ¿quién duda de los méritos ganados por este caballero de la poesía?

La llamada Generación Pérdida (o Saltada), para utilizar un término menos romántico y quizás más estadístico (Oscar Rojas Olsina, Frank Dimas (5), Rubén Wong (6) y seguidores),  intentaron negar la visibilidad alcanzada gracias a los ajustes y orientaciones recibidas de la asesoría intelectual de las voces tutelares de la poesía santiaguera.  Creyeron alcanzar un posicionamiento más cómodo, sin la molesta presencia de esos inquilinos. Derivaron hacia una especie de poesía rentada, alimentada por proyectos independientes venidos desde el exterior, interesados más en mostrar disidencias con el poder político que las nuevas calidades ganadas en la expresión.

A finales de los 90 y el primer lustro del 2000 creían reinar en Santiago y originaron un movimiento que pronto quedaría en el olvido. De ellos, Oscar Rojas Olsina (7) fue el más atrayente al carnavalizar el acto poético  y presentarse con poses estudiadas y representaciones gestuales que lo convertían en un apolíneo de la poesía. Escribir y ser como Rojas Olsina llegó a tocar a muchos que leían como él, hacían los chistes de ocasión apelando a su imagen, e incluso pretendían ser dioses de todas las mujeres que se acercaban al horno donde se cocía el pan.  Gay y lesbianas formaban parte del  andamiaje de estereotipos construidos por esta generación; especie de ritual inaugurado en talleres y eventos literarios que se hacían. Quizás a ellos se deba el axioma de que en Santiago de Cuba todo el que escribe poesía es gay o lesbiana. A Olsina le sucedió como al Cucalambé: muy pocos tienen noticia de su actual paradero; y muy poco se sabe de su obra literaria. Los demás miembros de la llamada Generación Perdida están esparcidos en la geografía santiaguera y no han trascendido más allá de sus fronteras. El referente aludido no debe obviarse, ni desestimarse, siempre que se quieran marcar límites y sembrar nuevas calidades. Las fincas no son productivas sino tienen abono y atenciones calificadas. 

El segundo lustro de la década del 2000 recibe a nuevas voces que con gran acierto acuden a los Clásicos y se alimentan de ellos. Tres ganan notoriedad (8): Yunier Riquenes (9), Oscar Cruz (10), y Eduard Encina (11). Desde ese posicionamiento participan en eventos, asumen funciones editoriales y en algunos casos devienen importantes promotores. Sin embargo, en algunos casos la herejía viene en proceso, y luego de ganar  visibilidad con algunos premios, instalan definitivamente la negación de los Clásicos Santiagueros, para desde esas cenizas levantar el nuevo reino, donde ellos determinan caminos y el carnaval de las poses y el teatro de gestualidades cobra dimensiones intolerables, según algunos, aunque otros reconocen como positivo el hecho de auxiliarse de un repertorio estudiado  para socializar la poesía como espectáculo y convertirla en fenómeno de masas, más allá de las fronteras de una biblioteca benedictina. De ellos, Oscar Cruz es el que asume la poesía como un carnaval donde reina el alcohol, las putas, el desenfreno erótico y la liberación de las pasiones humanas. La historia es blanco de ironías y los héroes y procesos son bajados de sus pedestales y humanizados tremendamente. Orina el espacio pudiera afirmarse, traza límites de mapa con sentidos obsesivos e incluso deja claro su instrumental en materia lingüística, una suerte de línea argumental que persigue plantar principios estéticos ante el discurso coral y anecdótico de su generación. Pudiera parecer escatológico presentarse así en el teatro actual de la poesía santiaguera, pero Oscar Cruz retoma, sin saberlo, el ideal apolíneo, antes asumido por su tocayo Rojas Olsina, y se alza con el liderazgo de la llamada Generación Herética. Oscar exhibe una homofobia en sus poses que ha determinado que el coro actual de poetas de otras provincias lleguen a definirlo como el “homo fóbico de la poesía santiguera”. También Cruz muestra irrespeto hacia los Clásicos, aquí mencionados, y se presenta como el único Gallo que canta en el gallinero. Nadie escapa a su repertorio de poses, gestos y construcciones humanizadoras y agresivas a lo sagrado. Escribir y mostrar las poses a lo Oscar Cruz ya se ha instalado  en muchos jóvenes que no logran liberarse de su imagen. Poemas como Pájaros de Manduley,  La maestranza y La plomada dialogan con casi todos los que acuden desde Santiago al versolibrismo.

“…desde el pecho a la cabeza, la gente le percibe
blancas manchas producidas por pájaros cagones
que suelen defecar encima de patriotas y poetas, son
pájaros nocivos, adaptados al vivir de Vista Alegre,
una zona aburguesada y colonial (...)
me pregunto si ese es el pago que merecen los poetas,
cuando ya no tienen nada que decir”.(12)
……………………………………………………………………………………………
“…una noche, cerca
de mi casa, y plena del alcohol
que bebía los domingos, Dayana
me llamó: “oye muchacho, tienes
la sonrisa y el descaro de tu padre.
tienes  el horror de ese gran hijo
de puta”. no le respondí.
rato después caímos a la cama.
sentada ante mis ojos, ponía las
piernas en v, y frotaba con clase
la ranura. su sexo velludo se abría
para mí como una iglesia que
empezaba a ser mi fundamento
y mi envoltura: “tuyo es el reino:
decía, préndelo”.(13)
……………………………………………………………………………………………
“(…)
Cantaba bonito el desgraciado.
solo que nunca más volverá
a posarse en nuestro patio.”(14)

Las nuevas voces surgidas en el ámbito universitario de Oriente expresan esas disonancias con los Clásicos. "La historia de la literatura ha probado que muchas generaciones poéticas buscaron autodefinirse no en sus predecesores inmediatos, sino en el punto acrisolado donde la lengua alcanza auténtico valor moderno".(15) Oscar Cruz (16), en términos jerárquicos, se presenta como su líder apolíneo, a pesar de negar  el andamiaje de estereotipos exhibidos por los Yansy Sánchez, Rainer, Gizeh Portuondo, Erika Castellanos, Javier L Mora, Rodolfo Tamayo, Ramón Muñiz, Daniel Liens, Reinier Rodríguez, que agreden la calidad de la palabra y en alguna medida retoman la poesía testimonial, donde hablan gay, lesbianas, putas, en fin, seres periféricos apartados de la ciudad ilustrada. El carnaval llega a grados inverosímiles con ellos, pues asumen vivencias, inspiración, escribir y leer, como procesos complementados mutuamente. Las poses representan la banalidad de los sujetos líricos. La palabra y sus significados agresivos, contestarios, adquieren carta de presentación y se vuelven normales en cada acto. Con ellos, la poesía sale de lo íntimo y se instala en lo público, dialoga con la masa humana, no acostumbrada a escuchar lo trivial y la obscenidad como poesía.

Tal vez por lo dicho hasta aquí, seré acusado de profanador o maldito, quizás herético en sus sentidos profundos;  pero la distancia, al observar estos procesos analizados, ha sido muy favorable para detenerme en esos instantes en que las vanidades reinan, los olvidos devienen expediente, y lo nuevo suena falso, al mirarse el pasado cercano y lejano. Chancleteo y poetas a dos por medio en la poesía santiaguera de hoy, pudiera ser el cierre a este delirante ensayo; pero no quisiera que se olvidara tan fácilmente el pasado, inmerso en las aguas del presente, sin claridades definidas para proyectarse más allá de esos Clásicos, que a pesar de los tiempos, mantienen erguidas sus poéticas y luchan para no repetirse en los tiempos donde Francia y Santiago parecen estar muy cerca.

Notas
1. Ver Perros blancos de la aurora, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1994, Reverso de foto & dossier, Casa Editora Abril, La Habana, 2000,  País de hojaldre, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2004 y Campos de Belleza Armada, Editorial El Perro y la Rana, Venezuela, 2006.
2. Ver Aduanas de aire. Antología del fervor, Cuba-Argentina, Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2002.
3. Ver Libro de Estefanía, Ediciones Caserón, Santiago de Cuba, 1990, El vino del error, Ediciones Unión, La Habana, 1998, y Las altas horas, Editorial Letras Cubana, La Habana, 2003. En mi opinión, los libros mencionados son los que determinan un mejor posicionamiento y visibilidad de la autora citada en el ser nacional y fuera de fronteras.
4. Ver sus libros: Circo de barro, Ediciones Caserón, Santiago de Cuba, 1989, El tiempo de los fieles, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1990, Cuaderno del año de la ira, Ediciones Renacimiento, Santiago de Cuba, 2001 y Libro de la duda y el deseo, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2002.
5. Frank Dimas ha publicado los libros Bajo mundo, Ediciones Santiago 2001, El vuelo de los buitres, Estados Unidos, 2002, y Rosa insular, Ediciones Santiago, 2002.  
6. Rubén Wong en sus inicios como poeta, fue ganador del premio Luisa Pérez de Zambrana, 1996  y  alcanzó mención en los Juegos Florales del 2000.
7. Ver sus libros En territorio de su gran árbol azul, Ediciones Renacimiento, Santiago de Cuba, 1995 y Paisajes y retratos, Ediciones Santiago, 2002.
8. Son los únicos de Santiago de Cuba seleccionados en la antología Dejar atrás el agua. Nueve nuevos poetas cubanos, Editorial La Bella Varsovia, España, 2011
9. Ver los poemas de acento homo erótico de Yunier Riquenes: Por qué los hombres se enamoran de los hombres, Cómo decirle al abuelo si estuviera vivo, Eran amigos y se hacían favores amatorios, en  la antología Dejar atrás el agua. Nueve nuevos poetas cubanos, Editorial La Bella Varsovia, España, 2011, pp.90-93. Ha publicado un excelente libro de poesía con el título Claustrofobias, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2009.
10. Oscar Cruz asume posturas de vanguardia, diferenciándose en este sentido del coro actual de poetas jóvenes.Ver sus libros Los malos inquilinos, Ediciones Unión, La Habana, 2007 y Las posesiones, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2009.
11. Ver de Eduard Encina El silencio de los peces, Editora Abril, La Habana, 2003, Golpes Bajos, Editora Abril, La Habana, 2004 y Lectura de patmos,  Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2011. 
12. Ver Oscar Cruz: Pájaros de Manduley, en La Noria, No. 3, Santiago de Cuba, 2011, p.14.
13. Ver Oscar Cruz: La maestranza, en La Noria, No. 3, Santiago de Cuba, 2011, p.13.
14. Ver Oscar Cruz: La plomada, en La Noria, No. 4, Santiago de Cuba, 2012, p.30. 
15. Tomado de Liuvan Herrera Carpio: Oscar Cruz y Legna Rodríguez, poetas  que perdieron la aureola, en El Caimán Barbudo, 25 de abril de 2012
16. Hago esta apreciación sobre la base del dossier publicado en Internet en la siguiente dirección: http://revistadesliz3.blogspot.com/2010/02/dossier-10-jovenes-poetas-de-santiago.html.    No pretendo establecer linderos y valoraciones a partir de criterios no registrados en textos que no tengan  carácter público.

jueves, 16 de diciembre de 2010

PERIFERIAS: escritores y escrituras en la Puerta de Papel

Por Eduard Encina Ramírez.(Poeta y narrador)

Recuerdo bien aquel día, en que Reynaldo García Blanco, mochila al hombro, desembarcó en Contramaestre y puso en mis manos un cubo de libros (aún no recuerdo si se los devolví) para que yo atinara el agua profunda de las palabras. Lo que al escribir significaba una pasión, poco a poco derivó en juicio, en la conciencia de moldear un cuerpo, una arquitectura. Así, sin proponérmelo, mis textos se convertirían en el primer libro de poesía de Ediciones Santiago, un proyecto editorial surgido con el corazón en la boca para aquellos autores que, por distintas circunstancias, estaban limitados de la posibilidad de publicar sus obras.

A partir de entonces (con el corazón en la boca) veía a la gente leer mis poemas y apuntar hacia mí con la ternura de quien se apunta a sí mismo. Eso me hizo pensar en la escritura, en lo que esa gente iba a buscar en mis versos. Con esta pertenencia, en varios espacios lo dije: la RISO traía el corazón demasiado afuera, y había que buscarle un lugarcito en el pecho, donde se pudiera pensar mejor cómo íbamos a presentarle un Autor a un Público en constante formación y reconformación.

Lo leí en varias revistas, después en una plaquets: “las ediciones territoriales, han llenado un gran vacío… pero…”. Desde entonces, cada quien a su manera y a su sensibilidad ha tratado de sustentar una política editorial competitiva dentro del espectro literario, unos todavía con el corazón en la boca, otros con el corazón en el pecho.

Hace poco, en la Revista Dédalo, un oportunista artículo que bien pudo convertirse en oportuno, manipulaba reflexiones de varios jóvenes escritores sobre el tema. En mi caso, según algunos, mis palabras tenían el aliento del suicida, para otros era una actitud de hijo mal agradecido, como si el respeto a los padres implicara alabarles su mal camino y para los menos, no había hecho más que expresarme desde la participación y la experiencia.

Lo cierto es que estas ediciones han dinamizado en gran manera la producción literaria, democratizando un proceso necesario para la conservación del patrimonio local y nacional, así como en la estimulación de la vida cultural, elemento este en muchas ocasiones inadvertido por el grado de centralización de los medios en la capital del país y en su concebida derivación a las capitales de provincias donde la cobertura editorial y la promoción de los escritores ocurre como un hecho cotidiano.

Escribir desde un lugar llamado Songo, Baire, Mícara o La Anacahuita por ejemplo, no determina la eficacia de una literatura, pero si agrega visibilidad a otras cataduras marginales, periféricas, expresadas desde intereses y tonalidades concretas. Aunque no creo que la escritura se produzca a partir una entidad geográfica o una circunstancia natural, pues escribir “desde” no necesariamente implica escribir “de” o escribir “como”; sería iluso ignorar los estrechos perfiles estéticos y modismos que imponen los cenáculos desde revistas, editoriales y buena parte de los espacios de promoción que no siempre privilegian la diversidad o potencian debates y perspectivas capaces de enriquecer la producción literaria.

A veces he pensado en la obra de jóvenes que escriben o han escrito desde sitios profundos: Obdulio Fenelo, Carlos Esquivel, Luis Felipe Rojas, Frank Castell, Delis Gamboa, Alejandro Ponce, Emerio Medina, Yunier Riquenes y muchos otros donde emerge el mundo subterráneo de los microespacios o “los no lugares”, frente a la intoxicación que legitiman los medios donde drogas, gays, freekes, jineteras, suicidas, ciber y otros ambientes citadinos, son atemperados con un discurso hacia la ruralidad, la historia, la pobreza, el desamparo o la sobrevida, que hace más polifónico el discurso literario hoy.

En el caso santiguero publicar desde las márgenes antes de las RISO era una rareza: David González Gross, Orlando Concepción, Luis Guía Barriel o Teresita LLorens, eran nombres que implicaban una condición, un salto hacia un status que no solo distinguía a los autores, al mismo tiempo activaba la remota posibilidad de que un día tal vez… alguien más…, tal vez.
Al aparecer las Ediciones Santiago, se asistía a la visibilidad de varios autores hasta entonces ignotos y de obras que el tiempo se encargará de ponderar o prescindir. Al igual que casi todo el sistema en el país, emergió una sobresaturación de textos en condiciones de poner en peligro un proyecto todavía embrionario que no siempre valorizó el cumplimiento de un objeto social con una responsabilidad cultural. Esto contribuyó a que afloraran publicaciones con baja factura literaria o sin atractivos visuales o con una edición descuidada y triste; sin embargo, al calor de la experiencia encontramos también libros necesarios que han logrado aglutinar, diversificar los espacios de opinión y debate más allá de la cabecera provincial, textos bien cuidados, vitales, que sin el nuevo sello editorial hubiese sido prácticamente imposible publicarlos en el momento acertado. Con certeza Rogelio Ramos, Argenis Osorio, Eloy Díaz, Juan Emilio Batista, Enoel Rey, Arnoldo Fernández, Jorge L. Legrá, Osmel Valdez y muchos otros han reordenado los puntos cardinales con que se regía por estos lares la literatura.

Así muchas aristas se potenciaron desde entonces: el funcionamiento de los Consejos Editoriales Municipales y alrededor de ellos toda una comunidad literaria, núcleos, resucitados después de la depresión de los talleres literarios, ahora desde una forma más alternativa, con sus matices particulares o gremiales, pero motivados con la posibilidad de tener acceso real a la socialización de su pensamiento a través de las publicaciones. De ahí que se engendraría un problema institucional para acercar esta producción al lector, pues lo que no se promueve no se consume.

Es innegable la conquista de espacios como El sábado del libro, Prosa Nostra, el Boletín Ideas, las Fiestas del libro, peñas subvencionadas en Songo La Maya, Palma Soriano, Contramaestre donde participa buena parte de los autores publicados por Ediciones Santiago; también es cierto que la estrategia de promoción todavía no ha sido lo suficientemente sistémica y eficaz para proponer y jerarquizar dentro y fuera del territorio lo más representativo del sello editorial, no se ha creado una especie de biblioteca virtual para que los internautas puedan acceder a estas literaturas, ni se encargan reseñas, artículos, ensayos, etc., sobre propuestas sintomáticas, portadoras de elementos representativos de un campo o zona de conquista estética de interés en el panorama santiaguero, para publicarlos en revistas, libros y en la Web.

Quizás parezca demasiado cómodo acercarse desde las palabras a diez años de trabajo editorial, ahora que la memoria y el tino podrían fallarme al describir el rostro de los contramaestrenses que aquella mañana en el parque Jesús Rabí escuchaban las palabras de un bardo venido desde Venegas para presentarles mi primer libro, mi primer amor, aunque después el docto Sergio Fernández me acusara de haber “cargado” con toda la familia cuando vio agotada la edición. Desde entonces esa escena se repite con otros autores, no como un ritual exterior o vacío, sino con la avidez del descubrimiento, en un contexto en que según el poeta René Emónides “La isla pasa rápido” y se hace necesario participar desde cualquier parte para que sean menos azarosos los sueños de la literatura.

Cada obra siempre será perfectible, sobre todo si nos enfocamos en cómo contribuir a que se enriquezca. Mucho tendrá que decirse de la incidencia de este sello editorial en la recuperación de la memoria histórica de cada terruño santiaguero y sobre todo en su función de catalizador y oxigenador de la vida cultural más allá de la ciudad, donde escribir no solo es posible, sino real.

sábado, 14 de agosto de 2010

Una puerta para conquistar lo imposible

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

«¿Qué puede hacer con su original una persona que escriba El Quijote en un municipio?». Sobre esta pregunta de Fidel Castro es bueno llamar la atención, pues en la práctica, muchos de los que escogimos el camino de Don Miguel de Cervantes, tenemos limitadas probabilidades de publicar en las editoriales nacionales. La Riso trazó un destino, a veces cierto, otras desacertado, pero marcó un antes y un después en el mapa literario nacional.

Es cierto que en torno a su concepción se desencadenaron pasiones, unos apostaron por publicar “cosas”, que a los ojos de otros no tenían valor; incluso hasta se propusieron clasificaciones para diferenciar a los escritores de la Riso y a los publicados en las editoriales nacionales, estos últimos, según algunos teóricos del asunto, los de verdad, los otros pertenecen al reino de los improvisados (1). Incluso se les identifica con el término de “escritores emergentes”(2).

Sin embargo, un autor de nuestros predios señaló certeramente: “No sería muy arriesgado afirmar que las ediciones territoriales han venido a cambiar el mapa editorial del país.”(3) Y en verdad lo han cambiado, pues cada lugar tiene la posibilidad de producir su literatura, la que tiene relación con su entorno, su gente, sus sueños; el alcance de la misma puede ser local, nacional y hasta universal; todo depende del talento y la creatividad que intervengan en su elaboración.

Es una alegría enorme apreciar el primer libro de un autor del “monte”, como dicen algunas miradas metropolitanas, ante todo porque: “Es la visión desde la provincia de cuestiones que atañen a todo el país y un autor novel revela su mérito y pone a prueba su capacidad de transmitir al público”.(4)

A los que publican en la Riso se les identifica, positivamente, con la denominación escritor novel al socializar sus textos en la vida literaria; pero lamentablemente predomina también la forma despectiva en el uso del término al referirse a los mismos: novel es alguien improvisado, una persona que no ha vencido en los concursos y rituales literarios del país, ni ha lidiado con escritores pertenecientes a la alta literatura. En fin, no tiene personalidad para pertenecer al gremio de los “autores reconocidos”.

Una de las construcciones negativas del asunto, en detrimento del Sistema de Ediciones Territoriales, es la referida al principio de que existen, en todos los municipios, libros publicables en una dimensión muy superior a la real, proceso que generó una masividad igualitarista, sin los balances críticos necesarios para orientar el camino conquistado. De ahí el famoso eslogan de que en “Cuba florecen los malos escritores como la hierba”.

Si bien es cierto que cada editorial tiene el mandato expreso de engrosar con sus libros los fondos de las bibliotecas municipales de su provincia, en la práctica no sucede así, y es lógico suponer que en diez años de vida editorial no se disponga de la memoria gráfica de lo publicado, un hecho que conspira negativamente contra los nobles propósitos de la Riso, pues el lector muchas veces ni se entera de la existencia de textos sobre la historia y el patrimonio de su pueblo. ¿Por qué ha funcionado así? ¿Qué ha sucedido?

Otra realidad en contra de la Riso es la limitada publicación de críticas y reseñas en sitios digitales, prensa plana, televisión y radio, y su posible relación con los diferentes grupos sociales de la población.

Sin embargo, contra todas las adversidades argumentadas hasta aquí, la Riso permite a los “escritores emergentes” la posibilidad de existir, de ver impresa la obra, aunque sea en blanco y negro, y no tenga una factura editorial al estilo de las nacionales. Es cierto que el diseño muchas veces no atrae al lector, y obliga a un activismo individual, familiar y solidario para que la gente lo lea.

Ser un “escritor emergente” o del “monte”, como prefieran tipificarlo, implica ante todo la posibilidad para conquistar nuevos espacios en la literatura y atraer la mirada de los “consagrados”. Ser “emergente”, si hay talento y ganas de superarse, es una puerta abierta al infinito, de eso no me cabe la menor duda, porque Ediciones Santiago ha demostrado la posibilidad de escribir una obra digna desde los márgenes. La variable geográfica no es una condición para ser un buen escritor, ni para medir la calidad de los libros publicados.

Ediciones Santiago ha favorecido la relación escritor emergente-publicación-promoción-venta, mediante la participación de los “autores noveles” en las Ferias Internacionales del Libro, un proceso que permite a sus textos llegar a las provincias y no quedar atrapados en el laberinto local, aunque a ciencia cierta, la circulación de los mismos es mínima por su cantidad y no configura una presencia real en todo el país.

A lo anterior se añade la falta de textos críticos sobre las obras publicadas; los “escritores emergentes” piden a gritos no quedarse en la complacencia, la bohemia; por eso es necesario plantearse espacios de polémica, capaces de dinamitar sentidos nuevos. Es vital entonces promover una crítica honesta que jerarquice sobre los movimientos literarios gestados en la provincia.

Una entidad necesaria en la selección y aprobación de proyectos de libros es el Consejo Editorial Municipal, que la mayoría de las veces no trasciende lo anecdótico y se regodea en la complacencia o el paternalismo; si funciona bien, como ha sucedido en algunos lugares como Contramaestre, los resultados son favorables, pues se logra estabilidad y calidad en las publicaciones.

En Contramaestre, por sólo citar un ejemplo, la tirada de libros supera los 22; la mayoría de los géneros han sido publicados: ensayo, poesía, narrativa, literatura infantil, teatro y literatura científica. Doce de los títulos pertenecen a autores del grupo literario Café Bonaparte, respiradero creativo surgido a orillas de la Carretera Central en el poblado de Baire, capaz de alimentar la aspiración a conquistar un rostro propio en el escenario nacional y no dejarse atrapar en lo provinciano; un proceso sociológico que demuestra la posibilidad de escribir más allá de la ciudad y hacerlo bien. La poesía ha sido el género privilegiado, suman trece las obras publicadas, un hecho que evidencia su buena salud y deseos permanentes de experimentación. Las obras de pensamiento han tenido un limitado protagonismo, hasta el momento se han publicado dos, por lo que debe trabajarse en la identificación y promoción de autores y textos con estas características para próximos años. Los restantes libros fueron escritos por miembros de la Unión de Historiadores de Cuba; e incursionan en temáticas como la lucha campesina en Venta de Casanovas, y la penetración imperialista y el fin de la neocolonia en el territorio. Otras zonas históricas reclaman un acercamiento monográfico profundo, dada la virginidad de las mismas en el escenario local y nacional.

Por lo dicho hasta aquí debe reconocerse, independientemente de pasiones encontradas o desviaciones ocurridas en el trabajo de Ediciones Santiago, el hecho de que cada escritor emergente con un libro de valor, pueda publicar en una editorial creada para ellos. Por esas razones compartimos el criterio de Teresa Melo al decir: “Como toda obra joven, apenas niña, la Riso seguirá provocando deseos de perfección en los que creemos en su utilidad y en su virtud”(5). «¿Qué puede hacer (entonces) con su original una persona que escriba El Quijote en un municipio?». Sobre todas las cosas, mirar a Ediciones Santiago como una puerta para conquistar lo imposible.

Notas:
1. Ricardo Riverón señala en el artículo: La Riso, diez años después (Parte I), www.cubaliteraria.com , señala: “En los días que corren, sobre todo en muchos espacios del interior del país, esa escala jerárquica ha sido violentada con más frecuencia de lo deseado al conferir las instituciones el virtual título de escritor a quien es apenas autor de uno o dos cuadernos en la Riso, a la par que le conceden un trato igualitarista (y a veces privilegiado) frente a personas con currículos enriquecidos a lo largo de décadas de quehacer y validación en los espacios ampliamente competitivos de la vida literaria pre-risográfica. A estos últimos, para disponer de una tipología cómoda, es a quienes llamo escritores. Y a los estrenados (o atrincherados) en la Riso, de momento les llamaré autores, aunque las denominaciones pudieran parecer festinadas y no antónimas, y disten mucho de ser definitivas”.
2. Ricardo Riverón: La Riso, diez años después (Parte I), en www.cubaliteraria.com , consultado el 28 de julio de 2010.
3. Reinaldo García Blanco. Una puerta de papel llamada Risograph, en http://www.lajiribilla.cu/2005/n223_08/223_18.html , consultado el 28 de julio de 2010.
4.Olga Portuondo. La Historia y la Riso, en http://www.lajiribilla.cu/2005/n223_08/223_11.html , consultado el 28 de julio de 2010.
5..En el aniversario X de la Riso opinan algunos de sus protagonistas, en www.juventudrebelde.cu/suplementos/el-tintero/2010-02-19/en-el-aniversario-x-de-la-riso-opinan-algunos-de-sus-protagonistas-/+La+puerta+de+papel,+riso+en+Cuba&cd=2&hl=es&ct=clnk&gl=cu, consultado el 31 de julio de 2010


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