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| Nos tomamos fotos frente al emblemático edificio Rodríguez; al fondo, dos imágenes de líderes; pensamientos que hablan de cambios, futuro. |
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu
Carro
de turismo llega hasta mi casa en Contramaestre, oriente de Cuba. Dos hombres
bajan, preguntan al vecino del frente, luego vienen, asoman voz y rostro,
saludan al viejo. "¿Arnoldo está? ¿El de Caracol de agua?", interrogó uno de
ellos. Mi padre desconcertado dijo que el se llamaba Arnoldo, pero no era el
que buscaban, señaló mi puerta, entonces llegaron abrazos, frases apasionadas;
mi Caracol es la ventana que abre Arnaldo, pues así se nombra el que hace las preguntas, a su Contramaestre de la nostalgia,
el que acompaña sus días en la emigración. Nuevos abrazos. Pensamientos bien
intencionados. Luego, “¿me acepta una cerveza?”, y nos fuimos a un barcito en
la ciudad, hablamos largo y Caracol de agua crecía en nuestra conversación como
un río cristalino; se desbordaba en cada palabra. “Mucha gente lo abre día por
día –dice Arnaldo-. No imagina usted Arnoldo los miles de hijos e hijas de esta
tierra que antes de ir al trabajo, al regreso, o sencillamente al abrir los
ojos cotidianamente, buscan Caracol de agua para enterarse del palpitar de Oriente, Cuba y nuestro amado Contramaestre”. Nos tomamos fotos frente al
emblemático edificio Rodríguez; al fondo, dos imágenes de líderes; pensamientos
que hablan de cambios, futuro. Apuramos las cervezas. Dije que no era tomador,
pero llegó otra y hubo que bajarla. Arnaldo me habló de su madre de Blanquizal,
de su hijo pinareño que fue a buscar en el tour y dijo: “vamos a casa de mi tío,
quiero conozcas a mi vieja”. Nos tomamos nuevas fotos, él con su celular, yo con
mi cámara de trabajo. Abordamos y Cuba bullía con fuerza, la música, el hablar
alto, las comidas exuberantes de salsas, el café en exceso, todo eso que se
añora en la distancia, porque se vive una vida centrada en el trabajo y no hay
tiempo para conocer a los vecinos y
nadie es solidario ante la enfermedad, los problemas del hogar. “A mis vecinos
no los conozco. Ellos imagino a mí tampoco. Casi nunca nos vemos”. Bastó
aquella frase para pensarlo en una ciudad cosmopolita detrás de un bar, jefe de
turno y cultivando en secreto el bailarín que fue acá, el que viajó Italia con
Eduardo Rosillo y puso el nombre de Cuba con mayúscula en esos escenarios. “Cuba es el mejor país
para vivir, pero debe mejorar la situación económica, ser más plural, dar entrada
a la diversidad”; resolviendo esas cosas, no hay mejor patria en el mundo para hacer
una familia”.
Llegamos. Me presentó a su madre, tíos, sobrinos y a su chico. A
todos les decía de Caracol de agua, del orgullo de tenerme allí; “Caracol es de
las cosas buenas que uno agradece allá afuera. Amigo Arnoldo, todavía me parece
mentira tenerlo aquí”. Hablamos por largo rato. Luego me puse en
pie y prometimos crecernos en la amistad. Yo regresaba a mi vida cotidiana;
Arnaldo a contarle a sus amistades que
había conocido a Arnoldo, el editor de Caracol de agua, el blog que pone a
Contramaestre, Cuba y el mundo en el día a día de la gente, que a pesar de la
distancia, siguen amando intensamente a la más bella isla de las Antillas: CUBA.........

