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"A la izquierda, mi tío Niceto, el mayor de los varones, al lado de su padre, mucho más alto, con corbata y saco oscuro". Foto cedida por Olivia Rubio para esta publicación. |
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com
Su
nombre me pareció siempre muy cercano: Olivia Rubio Pérez. Vive actualmente en la populosa ciudad de
Chicago, pero es de Guantánamo, en el oriente de la mayor de las Antillas.
Mi
blog Caracol de agua creó un puente que nos hizo sentirnos amigos, familia,
sobre todo, por esa orientalidad que respiran mis páginas y que ella con
sensibilidad muy cubana, supo apreciar enseguida. No me sorprendió
saberla entre las personas que primero compró mi libro “Cuba con los mismos bueyes”; y además de eso, fue muy generosa al
comentarlo críticamente para mis seguidores en Facebook.
Esa
intensidad, ya familiar entre nosotros, la hizo abrirse a una historia que ha
guardado celosamente; la de su tío
Niceto Pérez García, hermano de su madre, que hoy 17 de mayo quizo ver publicada en Caracol de agua, el blog de
los orientales.
De
entre sus recuerdos más preciados, extrajo una foto que puso ante mis ojos.
Allí vi al niño Niceto, a su hermana Angela (madre de Olivia), junto a ocho
hermanos y los padres Agustín Pérez y Genara García. A partir de ese momento,
me habló del tío Niceto, el que no pudo
conocer físicamente, pues un 17 de mayo de 1946, mientras trabajaba sus ocho
caroes de tierra, una bala sesgó su vida.
Olivia
de niña a mujer acudió siempre, junto a toda la familia, a la zona del Realengo (El Vínculo), a ponerle flores a su tío.
Por ella supe de las pretensiones de Lino Mancebo Rosell (el virrey de la Maya), de quitarle a la
fuerza la tierra a Niceto.
Mancebo
anhelaba el Realengo, por sus fértiles campos para la siembra de caña. Al
preguntarle a Olivia: ¿Cómo recuerda su familia a Niceto? Su respuesta llegó como un trueno: “Era el héroe de todos.
El luchador incansable. Mi madre siempre nos contaba sus famosas palabras: "Para
sacarme de mis tierras hay que matarme". Lo lincharon los Mancebo (padre e
hijo), terratenientes que querían apropiarse de aquel pedazo. Eran tiempos de
mucho abuso. Los pobres no tenían ni voz, ni voto”.
Sobre
lo ocurrido el 17 de mayo de 1946, quise saber cómo Angela contó a su hija el
magnicidio: “Trabajaba en un elevado del terreno. Lo llamaron por su nombre. Desde
la distancia, le dispararon; así, herido de muerte, pudo correr hasta su
humilde vivienda, un poco más abajo y en los brazos de mi tía Marina Trujillo,
murió; pero antes dijo los nombres de los Mancebos; sus asesinos”.
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Lugar donde muere Niceto Pérez García, declarado acualmente Monumento Nacional. |
Vuelvo
a la foto memorable, me detengo en los niños Niceto; Angela y pienso en la
tristeza de esta última, cuando supo que su hermano amado no estaría más.
Quizás el único consuelo servible, era
acudir, cada 17 de mayo, acompañada por sus hijos, a ponerle flores y evocarlo,
como el luchador incansable de la familia, el campesino que nunca se cansó de
trabajar la tierra.