Por
Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com
Se
dice que admiraste a Antonio Pacheco, Orestes Kindelán y soñaste pertenecer a
aquella memorable Aplanadora, como la
bautizara, en su momento de mayor esplendor, el narrador Modesto Agüero; pero “sabios entrenadores”
no vieron el somatotipo ideal y negaron tus esperanzas.
No
quiero imaginar cómo fue ese día, el sueño trunco, la camiseta que añoraste
vestir; todo se vino abajo; quizás por ser de Contramaestre, no tener padrinos,
en fin, cualquier otra cosa podías ser, menos pelotero; quizás músico, reverenciando
tu nombre y el último apellido.
La
historia ha dicho siempre que Contramaestre está unido culturalmente a Bayamo; siempre
fue así, más a Jiguaní diría yo, porque somos todavía un fragmento de aquella tierra, decidido a labrarse un futuro y soñar con la
metáfora de ser la ciudad del porvenir, según periódicos de la década de 1950.
El
espíritu de Contramaestre reencarnó en ti y hoy eres el señor pelotero de la nación, el hijo del Reparto Rosabal, tan
admirado como Pacheco, Kindelán.
Casi
nadie dice en los medios nacionales de Cuba el nombre de tu pueblo natal;
ahora te llaman el Caballo, ¡qué
honor!, equiparan tu historia a la del número Uno, el que juegan silenciosos en días
elegidos del año.
Bayamo
te arropó, pero inexplicablemente, Contramaestre, donde están tus raíces, no te
venera con el nombre de una peña, fotos en sus cuatro estadios:
América, Baire, Lumumba, y sobre todo Maffo –allí comenzó tú leyenda-, ni
siquiera en el Beisbolito, donde los niños podían convertirte en su Leo Messi de
la pelota.
Ganas
lauros una y otra vez, pero ninguna institución en nuestro pueblo tiene ojos
para nombrarte, “Hijo ilustre”, “Gran Varón”, “Caballero del cítrico”, o
sencillamente, Alfredo Despaigne, el
Caballo de Contramaestre. ¿Qué debemos esperar? Acaso cuando no estés, para
adorarte en una estatua, en el nombre de una EIDE, un gimnasio, un área deportiva…
Nadie es
profeta en su tierra, dice el refrán de origen bíblico; por eso Bayamo te venera hasta el delirio; pero Contramaestre no consigue reconocerte como el más grande pelotero de su
Historia.
Felicidades
Alfredo; usted es el Caballo, orgullo
de nuestra patria chica, que brilla en los Clásicos, la Liga Japonesa, la Mexicana, el Cuba y con esos Alazanes de Granma que te bautizaron como el Caballo de los Caballos…
Qué
lo sepa el mundo, compay; sí, el compay cantado de los orientales de tierra adentro; usted es orgullo de su tierra natal: CONTRAMAESTRE.