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jueves, 10 de octubre de 2024

VIÑETAS DE TIERRA ADENTRO (CABALLO)


Por Arnoldo Fernández Verdecia

¡Bellísimo! También piensa lo mismo que  yo. Me dice que tiene 69 años y con él se gana el sustento. "Tiene que cuidarlo mucho, compay, de lo contrario puede perderlo", dije. Al escuchar mis últimas palabras, se echó el sombrero atrás y habló del caballo moro que fue a pastorear una tarde y unos jóvenes se lo arrebataron, a pesar del machete, de su lucha a muerte para no perderlo:

-Corrí mucho, mucho, hasta que uno de los muchachos trepó al pelo y huyó con mi moro. Recibí unas cuantas pedradas de aquellos muchachos; saqué certificado médico; hice la denuncia, pero no pasó nada. Por aquel moro me daban 100 mil pesos, ¡100 mil pesos, compay! Ahora pago pa' que me traigan la hierba a casa, no puedo arriesgarme a pastorear más compay. 

Otra vez elogié su nuevo caballo, volví a decirle que lo cuidara. Agradeció mis palabras y con mucho énfasis dijo: 

-Nunca antes, en los 69 años que tengo, había visto tanto robo. Las leyes están muy flojas.

Reconocí con un gesto de cabeza sus palabras. 

Al llegar a mi destino pagué el pasaje, cuando me bajé del coche, caballo nos miró, luego emitió varios resoplidos, el hombre sonrió y dijo: 

-¡Compay, los animales saben cuando la gente es buena! 

domingo, 6 de septiembre de 2020

Alfredo Despaigne Rodríguez, el Caballo de Contramaestre

Alfredo Despaigne Rodríguez jugó pelota por vez primera en el estadio de Maffo.

Por Arnoldo Fernández Verdecia.
caracoldeaguaoriente@gmail.com

Se dice que admiraste a Antonio Pacheco, Orestes Kindelán y soñaste pertenecer a aquella memorable Aplanadora, como la bautizara, en su momento de mayor esplendor, el narrador Modesto Agüero; pero “sabios entrenadores” no vieron el somatotipo ideal y negaron tus esperanzas.

No quiero imaginar cómo fue ese día, el sueño trunco, la camiseta que añoraste vestir; todo se vino abajo; quizás por ser de Contramaestre, no tener padrinos, en fin, cualquier otra cosa podías ser, menos pelotero; quizás músico, reverenciando tu nombre y el último apellido.

La historia ha dicho siempre que Contramaestre está unido culturalmente a Bayamo; siempre fue así, más a Jiguaní diría yo, porque somos todavía un fragmento de aquella tierra,  decidido a labrarse un futuro y soñar con la metáfora de ser la ciudad del porvenir, según periódicos de la década de 1950.

El espíritu de Contramaestre reencarnó en ti y hoy eres el señor pelotero de la nación, el hijo del Reparto Rosabal, tan admirado como Pacheco, Kindelán.

Casi nadie dice en los medios nacionales de Cuba el nombre de tu pueblo natal; ahora te llaman el Caballo, ¡qué honor!, equiparan tu historia a la del número Uno, el que juegan silenciosos en días elegidos del año.

Bayamo te arropó, pero inexplicablemente, Contramaestre, donde están tus raíces, no te venera con el nombre de una peña, fotos en sus cuatro estadios: América, Baire, Lumumba, y sobre todo Maffo –allí comenzó tú leyenda-, ni siquiera en el Beisbolito, donde los niños podían convertirte en su Leo Messi de la pelota.

Ganas lauros una y otra vez, pero ninguna institución en nuestro pueblo tiene ojos para nombrarte, “Hijo ilustre”, “Gran Varón”, “Caballero del cítrico”, o sencillamente, Alfredo Despaigne, el Caballo de Contramaestre. ¿Qué debemos esperar? Acaso cuando no estés, para adorarte en una estatua, en el nombre de una  EIDE, un gimnasio, un área deportiva…

Nadie es profeta en su tierra, dice el refrán de origen bíblico; por eso Bayamo te venera hasta el delirio; pero Contramaestre no consigue reconocerte como el más grande pelotero de su Historia.

Felicidades Alfredo; usted es el Caballo, orgullo de nuestra patria chica, que brilla en los Clásicos, la Liga Japonesa, la Mexicana, el Cuba y con esos Alazanes de Granma que te bautizaron como el Caballo de los Caballos

Qué lo sepa el mundo, compay; sí, el compay cantado de los orientales de tierra adentro; usted es orgullo de su tierra natal: CONTRAMAESTRE.

martes, 29 de noviembre de 2016

El último lanzamiento del CABALLO




Por Eduard Encina. (Editor del blog Cimarronzuelo oriental)  

Increíble noticia: “Fidel Castro ha muerto”, justo cuando la serie necesita relevistas como él. A stadium lleno, con gradas unánimes o en contra, el pitcher Fidel observa los corredores, toma las señas, y decide el lanzamiento que lo llevará a la victoria.  

Velocidad en la bola, dominio de la llamada zona de duda, conocimiento del bateador; una calma perturbadora para sacarlo de concentración. Pocos políticos como él, a stadium lleno, dejan al adversario con el bate al hombro, sin más alternativa que emprenderla con el árbitro.

Muchos especularon sobre qué sucedería cuando llegara este momento.  Fidel Castro ganó su último juego. Todos corren a conservar las fotos, sacar sus estadísticas. Los derrotados recordarán con rabia y admiración el último lanzamiento; los fans se pondrán su camiseta y muchos años después volverán al stadium con sus nietos; comenzará la discusión de siempre: ¿Quién fue mejor: el héroe de ayer o el héroe del presente? No eran los mismos tiempos, dirán otros, lo más importante es que ya nadie lo podrá olvidar.

A estas alturas de la serie no queda más remedio que exaltarlo al Hall de la fama, para que siempre se recuerde a aquel lanzador que nunca dio el juego por perdido y había que esperar para que su brazo decidiera siempre, con el último lanzamiento, el lanzamiento del CABALLO.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Hoy juego el 1 o el 45



Por Rogelio Ramos (Editor de Songo la Maya Alternativa)

Me llama el tipo. Hay sol ya. Son las 8: 34 a.m. Pasan los carros. Estoy frente a la cafetería el Pilón.  Me asusta, ayer hubo un accidente en Jagua, sin heridos,  pero me suena extraño. Atravieso la calle  en busca del tipo que me hace señas:  ¨Periodista ha gritado.¨ Imagino va a decirme…
- Oye…
- ¿Sí? Pregunto.
- Compay el viernes salió el  90, viejo - claro me habla de la bolita.-  El sábado el 40, cura,  y el domingo el 55 que es padre.
Lo miro, lleva un saco negro y pulover rojo.  Hay como 23 grados de temperatura.
- Hoy voy a jugar el 1, Caballo grande, quizás el 45, Presidente. Compadre, ese Fidel era una bestia.


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