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viernes, 20 de abril de 2018

Colmenita y Tin Cremata en Remanganaguas sin importar el polvo del camino




Por Liliana Lorente Matamoros. 

Con la sencillez, la modestia y el apego a la historia, que caracteriza a los agradecidos, llegó una representación de niños y niñas de la Compañía Infantil la Colmenita, dirigidos por Carlos Alberto Cremata (Tin), hasta el Cementerio Remanganaguas de Contramaestre. 

Los esperaban pioneros del lugar con flores en sus manos como obsequio, para que se las colocaran en tributo al más universal de los cubanos. Al bajar del ómnibus, los jóvenes artistas los tomaron por el brazo y los hicieron parte de su tropa.

Ante el monumento nacional, engalanado con una ofrenda floral a título del pueblo de Contramaestre, este sitio solemne dejó de ser silencioso para convertirse en un espacio donde vibraran las sentidas narraciones de Arnoldo Fernández Verdecia, presidente de la Sociedad Cultural José Martí en el territorio, quien relató a los pequeños y adultos, que por vez primera visitan este camposanto, la trascendencia del hecho histórico que se atesora allí.

La peña Cañón Don Pepe, proyecto de la Sociedad Cultural, ofreció una actividad de bienvenida, donde la música del terruño encabezada por el Cuarteto Guaicán, se fusionó con las destrezas de los niños de la Colmenita y en ella, rindieron tributo a Martí y a Fidel.

 Tras conocer que el corazón del Apóstol José Martí quedó en el cementerio Remanganaguas, Tin y sus discípulos, no quisieron marcharse sin pegar el oído al suelo sagrado y escuchar su palpitar. 

 Durante el recorrido por el cementerio, el más hiperactivo de los niños, el de las ideas creadoras, amante de la historia de la patria y fundador del proyecto la Colmenita, el Tin del equipo, consciente del momento en el que trae a sus niños al lugar donde por vez primera descansó el cuerpo inerte del Héroe Nacional, expresó el significado de estar allí.

 Sin importar el polvo del camino, Carlos Alberto Cremata se acercó a la historia para tocarla con las manos y la Sociedad Cultural José Martí de Contramaestre se empeñó en brindarles el conocimiento certero de cuánto resguarda este pedacito de Cuba.

Galería de fotos tomadas por el lente de Arnoldo Fernández.

 

domingo, 6 de agosto de 2017

El retrato de la impunidad




La palabra queja es un derecho ciudadano como lo son otros que proclama nuestra carta magna.
Por René Fidel González García (Ensayista y Profesor Titular)
¿quién podría ser libre en un lugar en el que el capricho de cada hombre pudiera dominar sobre el vecino?
                                                                        Locke. 

Hace ya unos meses atrás visité una dependencia del Consejo de Estado de la República de Cuba y vi con asombro cientos de cartas allí depositadas, también el interminable goteo de personas que llegaba a entregarlas personalmente. Algunas de las misivas estaban con los matasellos aún húmedos, otras denotaban en los sobres las evidencias de travesías postales acaso más escabrosas.

Me conmovió de inmediato que el contenido de la mayoría de cartas que estaban allí abiertas, en lo que parecía ser un ríspido intento de pre clasificación realizado por silentes y diligentes funcionarias, estaba manuscrito en una impresionante multitud de caligrafías y colores, y no en los negros tipos de las impresoras que hoy pululan en centros de trabajo y no pocos hogares cubanos, pensé: el país se queja, pero la evidencia de aquella huella escritural de la antropológica política de nuestros tiempos me llevó a responderme: es tan solo la letra del pueblo, y casi de inmediato, por esos tirones que da la conciencia de la existencia del otro, me vino a la mente un vecino de cualquier parte del país escribiéndole sudoroso y dispuesto a su Presidente, como si su carta y cada rasgo trazado sin el pudor de la mala ortografía, fuere adarga suficiente para poner de rodillas a algún poderoso gigante.

En casa de mis padres alguna vez noté que a Hugo Chávez, en los lugares y oportunidades más insólitas, muchas personas – en ocasiones hasta infantes que por su edad no podían escribir – se le acercaban y le entregaban misivas que éste recogía y guardaba, o entregaba a algunos de sus ayudantes, también que eran gente, por su apariencia, casi siempre muy humilde. Recuerdo que mi padre me respondió en esa oportunidad, mientras le comentaba el problema de seguridad que aquello podía significar para un hombre que atrajo suficiente odio de sus enemigos, que al principio de la Revolución, cuando nuestras instituciones no se habían desarrollado lo suficiente, así pasaba con Fidel y con muchos de los dirigentes que en aquel entonces caminaban por nuestras calles.

La palabra queja no tiene, por lo menos en la Constitución cubana, por lo menos para los constitucionalistas cubanos, una connotación peyorativa, no puede tenerla: es un derecho ciudadano, como lo son otros que proclama, reconoce y pretende garantizar el texto de nuestra carta magna.

Recibirlas, así como a las peticiones que hagan los ciudadanos, es para cualquier organismo del Estado cubano y los funcionarios que en ellos trabajan para el bien común de la población una obligación, tanto como tramitarlas, investigarlas, darle atención y respuestas pertinentes y en un plazo adecuado, pero no pocas veces son también la última esperanza de quienes reivindican la razón y la justicia.

Muy pocas veces reparamos en ello, pero cuando nuestro pueblo envía sus quejas y peticiones a las instituciones públicas, ya sean gubernamentales o políticas, no es solicitando favores y prebendas, beneficios y privilegios personales, es casi siempre, por el contrario, apelando a encontrar la justicia que le han negado la arbitrariedad y la insensibilidad, el oportunismo, la abulia y la indiferencia de quienes deberían servirle. Esa apelación es también una denuncia.

En esa actitud insatisfecha e irreductible, en esa cultura de la inconformidad y de la búsqueda y consecución de la justicia que todavía integra el patrimonio ético de los ciudadanos cubanos, más allá del duro peaje que no pocas veces ha pagado – y paga – en su vida cotidiana a quienes han hecho del ejercicio de funciones públicas un zoológico de sus dogmas, caprichos e ineptitudes, descansa parte del espíritu que levantó y sostuvo a la Revolución en Cuba hasta hoy como una lógica extraordinaria nacida del pensamiento popular para hacer, por lo menos desde esa perspectiva, del Estado y de la política, por primera vez, los instrumentos esenciales de la transformación de su realidad.

El lado oscuro de todo esto puede ser, sin embargo, un correlato de la impunidad. No es éste un tema escabroso y difícil de abordar, como no lo es ninguno. La impunidad es sobre todo un enorme fracaso a costa de nosotros mismos, que muchas veces confundimos como una consecuencia.

Nacida de prácticas antisociales y marginales aprendidas o validadas por el éxito obtenido en algún momento de la historia de vida de sus actores, cuando encuentra acomodo y ocasión en cualquier estructura social alcanza entonces su máxima expresión, ésta vez como una deformación del poder político público, opuesta, por su propia naturaleza a la cultura ciudadana, a la eficacia del Derecho y de las leyes y a la sociedad en su conjunto, a la que, por eso mismo, intentará defraudar siempre en su zona más sensible: los valores.

No disponemos de datos suyos en nuestras estadísticas públicas, y muy probablemente no sea un problema y un área de investigación de nuestras ciencias sociales, puede que porque identificarla como tal, e investigarla, acaso parezca una contradicción demasiado grande, demasiada amarga, con nuestras aspiraciones y concreciones como proyecto político. En cambio, desde cualquier punto de vista, su importancia como fenómeno es inobjetable, su existencia innegable.

Bastaría recordar los casos presentes en nuestra memoria histórica en que sus actores disfrutaron de ella por demasiado tiempo para por lo menos intentar meditar en sus peligros y las condiciones que la propician, y su enorme capacidad para viciar insidiosamente el funcionamiento de cualquier diseño de institucionalidad previsto a través de las relaciones endogámicas y las invisibles alianzas y redes de solidaridad que se producen entre funcionarios al interior de la ecología de las instituciones. Es sencillo: la impunidad conduce a la corrupción política.

Esa es una memoria colectiva que se inicia en la saga de crímenes, atropellos y violaciones cometidos a lo largo de tres siglos coloniales y se extiende íntegramente a la experiencia de nuestro primer ensayo republicano como un poderoso recordatorio de hasta qué punto la impunidad puede volverse un patrón de éxito y la coartada para hacer de la vileza y la ruindad, lo abyecto y abominable el método confiable para alcanzarlo; también de los nichos que le proporciona el irrespeto al otro, la ambición y el individualismo cuando la ausencia de transparencia, la acumulación de facultades discrecionales y el monopolio de la toma de decisiones públicas caracterizan el funcionamiento de las instituciones.

La impunidad necesita, se vale, del silencio tanto como del poder, aunque siempre tenga hambre de más poder. Si lo primero es su medio de acción, un recurso por excelencia para flanquear el civismo, la decencia, el sentido y el bien común, lo segundo lo necesita para distorsionar y oscurecer la realidad, para violar, atenuar, interpretar, o crear excepciones y pretextos a las normas sociales y jurídicas que burla, o que usa y crea selectivamente, también para conseguir el manto de la complicidad colectiva que le urge siempre, para abrumar, anonadar, aislar y perseguir a quienes le identifiquen y resistan.

Conspira igualmente para desterrar la noción de empatía y la tolerancia de la política, desprecia la igualdad y la demoniza, intenta desactivarla para legitimar la noción de la diferencia – y de la naturalidad e inevitabilidad de la diferenciación social, política y económica – mediante la creación de los estatus y – discretos – privilegios asociados a las funciones públicas.

La impunidad es una suerte de santo grial del abuso de autoridad, y por eso intenta pervertir los principios y la ética, para hacerlo los condiciona y favorece su aplicación circunstancial y casuística. Creará y entronizará de antemano zonas de justificación, discursos sociales de desmovilización y desidia en los que el control popular y la rendición de cuentas, la crítica y la posibilidad de la auténtica interpelación pública se vuelva una mascarada, un ritual dentro de estrategias comunicativas tan inertes y huecas como complacientes cajas de resonancia, o algo irreverente, inconveniente y contrario al orden, e incluso al ideal de ¨cordura¨ y ¨madurez¨ que postula como currículo de sus más aventajados alumnos.

Busca el agotamiento y el desistimiento para encubrir su ocurrencia, para acallar y descalificar su denuncia endilga generosamente calificativos de ¨resentidos¨ o ¨criteriosos¨, pero cuando se siente amenazada suele mostrar su rostro más vulgar y soberbio, grotesco, o intentar confundir sus intereses y necesidades con los de todos, con los tuyo y el mío, o con los de la sociedad y la política, o con la ideología, es su forma de crear el control social que le evita exponerse. Su escudería tiene tallada una divisa absurda y surrealista – como apuntaran hace poco tiempo dos compañeros – pero muy eficiente: ¨mientras más pública y evidente sea la impunidad en más impunidad resultará¨.

El retrato de la impunidad es de seguro incompleto sin el de los que la practican y buscan desesperadamente. Uno sencillo, típicamente minimalista, los podría describir así: ¨personas pequeñas, cobardes, oscuras y tristes, que tienen plena conciencia de lo anterior porque perciben la dignidad, la integridad y la decencia que les es ajena e incomprensible¨. Aún así, en nuestro caso, ese retrato tendría una nota al pie descomunal y precisa para un estudio más ambicioso: ¨no son revolucionarios¨, porque para serlo hay que ser primero y ante todo, como decían nuestros abuelos, buenas personas.

Deberíamos tomar nota de ello en Cuba, ahora que nuevas generaciones de funcionarios en todos los niveles de lo gubernamental y lo político, electos o no, adquieren, o se aprestan a adquirir una responsabilidad – cada vez más enorme con nosotros – que siempre estuvo limitada por la presencia de una generación anterior de revolucionarios cubanos; ahora que tenemos el reto de construir con urgencia el Estado y la cultura de Derecho que nos hace falta para completar y preservar los esfuerzos y sacrificios de nuestros abuelos, padres y hermanos, no sea que mañana, esos mismos que ahora sueñan inconfesablemente con convertir un Estado poderoso y desarrollado como el nuestro en un parque de diversiones de sus intereses y caprichos, crean que puedan quitarnos la sonrisa, esa misma alegría que les asusta e insulta y que aborrecen porque no saben entenderla, o quizás tan solo, porque le falta amor, y lo saben.

jueves, 20 de julio de 2017

Las claves del pensamiento emancipador de Fidel Castro


Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com
Hoy esta Casa Memorial Orlando Pantoja, aquí en Maffo, municipio Contramaestre, se honra con la presentación de un libro notable, que tiene una cuidadosa selección temática de “Pensamientos de Fidel Castro Ruz”, a cargo de Pedro Creach Corrales.  Digo notable, porque  tiene  razón contundente Frei Betto cuando afirma en el prologo a estas páginas, que es un “reconocimiento del significado de  Fidel para Cuba, América Latina y el mundo”.  
Antecedentes de este tipo de propuesta literaria, los encuentro en “Granos de oro: pensamientos seleccionados en las obras de José Martí”, La Habana Sociedad Editorial Cuba Contemporánea, 1918,  de Rafael Argilagos; “José Martí y la comprensión humana”, La Habana, Cuba, 1957, de Marco Pitchon; “José Martí. Aforismos”,  2004, de Jorge Sergio Batle y “Diccionario de Pensamiento Martiano”, de Ramiro Valdés Galárraga, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2002. En cada una de estas obras existió la voluntad de presentar el pensamiento de José Martí de manera ordenada, sobre la base de las principales esencias que lo articulaban.   
¿Qué tiene de novedoso “Pensamientos de Fidel Castro Ruz”? ¿Qué autoridad  tiene Pedro Creach Corrales, para atreverse a mostrar temáticamente, en forma de sistema, el pensamiento liberador de Fidel? ¿Por qué Contramaestre tiene un simbolismo especial en la vida de Fidel?  
Después de leer el conjunto de la obra, el lector capta enseguida el espíritu de sistema que la organiza, donde Revolución, Socialismo, Democracia y Derechos humanos, se muestran como pilares básicos, sobre los que descansa la esencia libertaria del pensamiento humanista de Fidel. A esa sustancia vital, siguen otras  hasta sumar 25, que en su conjunto (total 29) abarcan ejes que fundamentan la matriz originaria de donde parte todo. Para llegar a entender la complejidad de esas cuatro categorías iniciales, es necesario construir nuevas formas y contenidos sobre equidad,  internacionalismo, educación y salud, entre otras, que liberen al hombre de la enajenación y lo conviertan en sujeto transformador del mundo que le toca vivir.  
En las primeras décadas de la Revolución cubana, los grandes esfuerzos se dirigieron a construir un nuevo sistema de valores profundamente  humanista, que  concretara la obra material e intelectual de la Revolución y la utopía de avanzar hacia un Socialismo humano y democrático, donde el ser humano fuera la razón principal del proyecto. Debe tenerse en cuenta, que  Fidel no era un teórico del marxismo, sino un líder que vinculó teoría y práctica y desde ese nexo definió el camino posible  y las conquistas necesarias para poder  llegar a una sociedad cada vez más justa e inclusiva, donde los derechos del hombre y la mujer fueran tan altos como las palmas reales.   
“Fidel Castro Ruz. Pensamientos”, resuelve algo que muchos estudiosos no han tenido la agudeza de revelar  hasta ahora y es la de mostrar un sistema de pensamiento orgánico de Fidel Castro en toda su magnitud;  así que  no estamos ante una obra de carácter oracular, al estilo de un simple diccionario de pensamientos, ni una mera compilación de citas, frases, elogios;  aquí se aprecia la voluntad del autor de la compilación, por revelar esencias, nexos entre ellas y sobre todas las cosas, explicarlo a partir de esa selección temática y del alcance universal de la figura.  
El lector cubano y latinoamericano no debe asumir esta obra como un comodín para citar a Fidel fuera de contexto, adornar discursos ocasionales;  o sencillamente llamarse fidelista porque sabe de memoria  un repertorio de las ideas aquí compiladas;  creo que  Pedro tiene la aspiración sublime, en términos éticos, de visualizarnos un sol moral y cognitivo, donde el revolucionario de estos tiempos, pueda encontrar las claves que hicieron a Fidel, el líder socialista más importante del siglo XX americano. Dominar las 29 esencias propuestas por Pedro, nos blinda  ante los cantos de sirena de un capitalismo dominante, donde el hombre es lobo del hombre. En este libro, está el pensamiento telúrico de Fidel, el hombre que hizo, según el Che, “más que nadie en Cuba para construir de la nada el aparato hoy formidable de la Revolución”. 
“Fidel Castro Ruz. Pensamientos”, está precedido por la valoración  de  la trascendencia de su obra, de  42 personalidades de la historia y la cultura universal, donde se incluyen seis mandatarios,  dos premios  nobel de literatura, un premio Cervantes,  2 deportistas y el resto, destacadas figuras de las letras, el periodismo y   la Prima Bailarina Alicia Alonso, fundadora del Ballet Nacional de Cuba. Complementan estas opiniones, las compartidas  por 55 personalidades con posterioridad a la muerte de Fidel Castro.  
El autor de esta selección temática, Pedro Creach Corrales, tiene la autoridad moral de ser autor de dos libros imprescindibles, para conocer la dimensión humana  e histórica de la Revolución cubana: “Heraldos de la salud y la vida”,   que habla de los antecedentes de la colaboración médica en países del tercer mundo, datos estadísticos y gráficos, fragmentos de discursos de Fidel Castro referidos al tema, la Escuela Latinoamericana de Medicina, reconocimiento de cimeras personalidades políticas, intelectuales y fotografías que facilitan al lector adquirir una real dimensión de la actitud solidaria de la Revolución cubana. La otra obra escrita por Pedro es “Fe infinita en la victoria”,  sobre el emblemático alegato de Fidel Castro “La historia me absolverá”, donde demuestra cómo Fidel llegó a ser el más destacado discípulo del Apóstol y su heredero intelectual más importante.  
Pedro Creach Corrales es  además, presidente fundador de la Casa de Cultura Latinoamericana y Caribeña, institución no gubernamental, con sede en Santo Domingo, que asocia a amantes de la cultura; ayuda a reforzar la identidad nacional y propicia el incremento de los sentimientos de solidaridad, hermandad y fraternidad entre los pueblos de “Nuestra América”.  
Es licenciado en Historia por el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, licenciado en Educación Primaria, graduado en la Escuela de Defectología, animador y promotor cultural. Fisioterapeuta. Iniciador del sistema nacional de Casas de Cultura, fundador del Centro Braille de la Editorial José Martí. Dedicado en los últimos años al trabajo poligráfico, la publicidad, las ediciones y las publicaciones. 
Pedro Creach Corrales nació en la Sierra Maestra y fue miembro de la Brigada de Alfabetizadores Conrado Benítez.  
¿Por qué Contramaestre tiene un simbolismo especial en la vida de Fidel?  
Con 13  años visitó por vez primera este pueblo el 10 de octubre de 1939, pasó tres días aquí. Se bañó en el río Contramaestre
Durante a toma del BANFAI entre el 20 y el 30 de diciembre de 1958 tuvo una relación muy especial con varias familias.  
La ropa usada por Fidel en 1958 y con la que entró en la Caravana de la Victoria a La Habana, fue cosida por Creaciones Pantoja.  
El primer Baire libre lo celebró el 24 de febrero de 1959.  
La primera gran obra hidráulica de la Revolución, la inauguró el  5 de julio de 1968: la presa Carlos Manuel de Céspedes.  
El 22 de julio de 1988 inauguró el Hospital Orlando Pantoja Tamayo.  
Podemos concluir esta presentación cubana, tierra adentro, hogar de mambises, rebeldes, obreros y campesinos, seres humildes de la Patria, convencidos de que “Fidel Castro Ruz. Pensamientos”,   es una obra ya emblemática, que nos sirve de referente paradigmático, para llevar al pueblo cubano y latinoamericano, a esa libertad todavía posible, donde se consolide definitivamente la dignidad  plena del hombre, orientados, como diría el mismo Fidel, por “(…) las ideas que inspiran nuestra lucha … las ideas más humanas y más justas”. 

Maffo, 20 de julio de 2017.
Imágenes de la presentación
Arnoldo Fernández a la derecha, presenta el libro "Fidel Castro Ruz. Pensamientos", del compilador Pedro Creach a la izquierda.
Lázaro Expósito Canto,  Primer Secretario del Partido Comunista en Santiago de Cuba, durante la presentación de "Fidel Castro Ruz. Pensamientos".
El compilador Pedro Creach   dedicando  "Fidel Castro Ruz. Pensamientos", a  Lázaro Expósito Canto.

martes, 6 de diciembre de 2016

Todos tenemos un Fidel Castro adentro



Me atrevería a afirmar que todos tenemos un Fifo Castro adentro, los de la Cuba nuestra americana y los de la Cuba estadounidense

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

El cubano nunca ha respetado autoridad alguna, sobre todo si toca sus intereses personales; cree saberlo todo; habla tan alto que da la sensación de irse a los puños con otro; tiene la percepción de considerarse ombligo del mundo;  piensa que todas las mujeres hermosas puede convertirlas en amantes, basta unas palabras, una coreografía danzaria y ya las tiene a sus pies.

Alguien medio en broma me dijo una vez, “el Bloqueo ustedes lo quitan fácil, solo tienen que poner a bailar música cubana al Congreso de Estados Unidos y caerá rendido a sus pies, porque son patones, no pueden contra ese ritmo, único en sus mujeres y hombres”. Reí a boca tendida, o estaba loco, o nos creía locos; pero había cierto encanto en sus palabras,  así que me fui con ellas a lo más íntimo y desde allí medité profundamente sobre algo muy serio, a pesar de la jodedera.

Un Capitán General español, Dionisio Vives, si la memoria no me falla, decía, dale al cubano un guateque donde no falte guitarra, tiple, güiro, gallos y mujeres hermosas y no pensará en política. Tal vez tenía razón, en esa suerte de ligereza se escondía una limitación, utilizada por los políticos para impedir el vuelo de los grandes sistemas de pensamiento que elevaban el espíritu y hacían pedir lo imposible.   

José Antonio Saco, sabio bayamés, observó con ojo atento el proceso de gestación de lo cubano y llegó a conclusiones importantes: siglos de colonización habían traído vagancia, prostitución, alcoholismo; adicciones que adormecen la conciencia pública. Había que desbrozar esa maleza, de lo contrario nunca seríamos CUBANOS, en el sentido civilizatorio del concepto.

Martí, formado en las ideas de Krause y Emerson, intentó encontrar modos de construir pensamientos emancipadores que sacaran al hombre de esa inercia; en su búsqueda de Nuestra América encontró la raíz y concluyó en una certeza: Estados Unidos terminaría absorbiendo la identidad de la América hispana por la fuerza avasalladora de su cultura y economía, tal vez por eso dijo: “un error en Cuba, es un error en la humanidad moderna”. En algún momento de su vida, un diario de Estados Unidos llamó a los cubanos afeminados, haraganes, incultos y la reacción de Martí fue lúcida: el cubano brilla en el universo por su capacidad; se explaya en la defensa de esa idea mediante una caracterización que a todas luces persigue derrumbar ese pensamiento musical, poco dado a los asuntos del espíritu; que ya Dionisio Vives había visto en su mando en Cuba.

Leland Jameks, en un libro titulado “Nuestra colonia de Cuba”, escribe más o menos así: “Mientras las grandes naciones del mundo se debatían en una guerra devastadora, en mi Cubita querida todo era alegría y fiesta”, en otras palabras, durante los años republicanos, la Perla del Caribe se convirtió en el mayor prostíbulo de América; la mafia estadounidense sembró casinos por doquiera y los politiqueros se prestaron para esa conguita y empezaron a arrollar al compás de la chambelona;  se llenaban los bolsillos y los humildes cada vez más jodidos. En Cuba había tres maneras de hacer fortuna: la política, el gangsterismo o el juego, así que una vez más parecía que los nuevos Vives sabían como ningunear al cubanensis tropicales y no había manera de que la gente abriera los ojos.

Hubo intentos de cambiar las cosas, darle un cauce distinto, pero siempre la ligereza, la falta de carácter, ese ser liviano que nos marcó se cogía las energías y las cosas no cuajaban;  hasta que llegó el cubano más parejero de la tierra, jugaba todos los deportes, le gustaban las mujeres bellas, fumaba tabaco, bebía el mejor ron; en buena lid, era un caballo; hablaba largo y bonito; y tenía eso que el cubano valora mucho: “cojones”; así que puso a sus enemigos en jaque mate al hacerle una Revolución socialista a 90 millas.  Llegó el Comandante y mandó a parar, reza una canción de un trovador  popular. Hubo excesos como en todas las revoluciones de la historia, pero también ansias de justicia. El Líder no quedó bien con algunos, pero sí tomó de la mano a los humildes y los hizo sentirse el ombligo del mundo, los que podían hablar de todo y convencer a sus rivales; tener las mujeres más hermosas; los mejores bailadores; los libertadores de las naciones africanas; su nombre lo saben los nacidos en Cuba: FIDEL CASTRO; el político que mejor interpretó el carácter del cubano; por eso me atrevería a afirmar que todos tenemos un Fifo Castro adentro, los de la Cuba nuestra americana y los de la Cuba estadounidense; nadie escapa a ese hechizo, aunque los primeros lo llamen Jesucristo y los otros, Diablo.
Un minúsculo montículo de piedra traído del río Cauto y unas cenizas en una caja de cedro, son la huella material que deja el Líder de su paso por la vida.
Fidel Castro ha muerto; los del norte esperaban un mausoleo exuberante, similar al de Lenin, Stalin, Mao Zedong, Ho Chi Minh, Kim IL Sum;   pero un minúsculo montículo de piedra traído del río Cauto y unas cenizas en una caja de cedro, son la huella material del paso del Líder por la vida. En una especie de testamento dejó escrito: nada de culto en estatuas, calles, escuelas... Fidel Castro se fue a la muerte con una certeza: viviría en espíritu; reencarnaría con seguridad, pues TODO CUBANO TIENE SU FIDEL CASTRO. TODO CUBANO SE SIENTE UN  FIDEL. YO SOY FIDEL, DICEN LOS MÁS JÓVENES.

martes, 29 de noviembre de 2016

El último lanzamiento del CABALLO




Por Eduard Encina. (Editor del blog Cimarronzuelo oriental)  

Increíble noticia: “Fidel Castro ha muerto”, justo cuando la serie necesita relevistas como él. A stadium lleno, con gradas unánimes o en contra, el pitcher Fidel observa los corredores, toma las señas, y decide el lanzamiento que lo llevará a la victoria.  

Velocidad en la bola, dominio de la llamada zona de duda, conocimiento del bateador; una calma perturbadora para sacarlo de concentración. Pocos políticos como él, a stadium lleno, dejan al adversario con el bate al hombro, sin más alternativa que emprenderla con el árbitro.

Muchos especularon sobre qué sucedería cuando llegara este momento.  Fidel Castro ganó su último juego. Todos corren a conservar las fotos, sacar sus estadísticas. Los derrotados recordarán con rabia y admiración el último lanzamiento; los fans se pondrán su camiseta y muchos años después volverán al stadium con sus nietos; comenzará la discusión de siempre: ¿Quién fue mejor: el héroe de ayer o el héroe del presente? No eran los mismos tiempos, dirán otros, lo más importante es que ya nadie lo podrá olvidar.

A estas alturas de la serie no queda más remedio que exaltarlo al Hall de la fama, para que siempre se recuerde a aquel lanzador que nunca dio el juego por perdido y había que esperar para que su brazo decidiera siempre, con el último lanzamiento, el lanzamiento del CABALLO.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Hoy juego el 1 o el 45



Por Rogelio Ramos (Editor de Songo la Maya Alternativa)

Me llama el tipo. Hay sol ya. Son las 8: 34 a.m. Pasan los carros. Estoy frente a la cafetería el Pilón.  Me asusta, ayer hubo un accidente en Jagua, sin heridos,  pero me suena extraño. Atravieso la calle  en busca del tipo que me hace señas:  ¨Periodista ha gritado.¨ Imagino va a decirme…
- Oye…
- ¿Sí? Pregunto.
- Compay el viernes salió el  90, viejo - claro me habla de la bolita.-  El sábado el 40, cura,  y el domingo el 55 que es padre.
Lo miro, lleva un saco negro y pulover rojo.  Hay como 23 grados de temperatura.
- Hoy voy a jugar el 1, Caballo grande, quizás el 45, Presidente. Compadre, ese Fidel era una bestia.

sábado, 26 de noviembre de 2016

La noticia más triste del viernes: HA MUERTO FIDEL CASTRO



Ha muerto Fidel Castro, el padre de muchos cubanos humildes, el bravo y lúcido que hizo política desde Cuba a la altura de una potencia de primer mundo.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com   

HA MUERTO FIDEL CASTRO, el hombre que puso en manos de los humildes la estrella que ilumina y mata, el hombre que puso en el pensamiento de los humildes elevados sueños;  el hombre que sobrevivió más de 600 intentos de asesinato.

Ha muerto Fidel Castro, el padre de muchos cubanos humildes, el bravo y lúcido que hizo política desde Cuba a la altura de una potencia de primer mundo.

Fidel,  Fidel, mi Fidel, el que todos amamos, el que algunos demonizan, ha muerto Fidel Castro y el corazón de los humildes llora, porque tuvo ansias de hacer el bien, de poner la justicia en cada casa y no pudo conseguir quedar bien con todos.

Ha muerto Fidel Castro, lo supe de una manera inusual, una llamada a la 1:25 de la madrugada de hoy;  el teléfono sonó varias veces con insistencia; pero no lo cogí; siempre que suena en horas así me asusta. Mi madre murió un  28 de noviembre y ese sonido se quedó grabado en mi memoria. Prendí el televisor y allí andaba un documental de Estela Bravo, dije a mi mascota: “Fidel es una bestia, qué hombre más grande”.  Al terminarse apagué, pero un dolor extraño tenía en mi corazón, algo así como un mal augurio. No pude dormir más hasta las 5:00 a.m., algo me decía que una noticia terrible andaba sucediendo, volví a prender el televisor y allí otro documental de Estela Bravo; entonces otra llamada y el corazón se me desbocó; algo malo había sucedido, al levantar el auricular alguien dijo: “murió Fidel” y colgó. Nudo en mi garganta, dolor infinito, si es verdad, dije a mi conciencia, mi Caracol de agua publicó ayer en la mañana sobre el río de su niñez en Contramaestre.

Vine a Internet y era cierto; los titulares invadían las páginas;  en las redes sociales llovían los mensajes, las fotos: la noticia dolorosa, muy triste, para los que crecimos imantados por su calidez fundacional: HA MUERTO FIDEL CASTRO. El hombre comido por las ansias de hacer la REVOLUCIÓN tan elevada como las palmas reales. A las diez y 29 minutos de  la noche este viernes se produjo el deceso.

El país vive ya nueve días de duelo nacional. El 4 de diciembre de 2016 serán inhumados sus restos en el Cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba. Es hora de los homenajes, del patriotismo, del recuerdo, pero sobre todas las cosas, de hacernos con su legado y aprender a ser mejores revolucionarios, por encima de odios y rencores, con su lucidez cegadora que ilumina y mata, por el bien de CUBA.

VER MENSAJE DE RAÚL AL PUEBLO DE CUBA: 

jueves, 11 de agosto de 2016

Los fidelistas apasionados de toda la vida



Fidel Castro y Oliver Stone en La Habana.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

En 1999 estuve a unos metros de Fidel Castro en Pedagogía Internacional; la impresión que me produjo su cercanía fue estremecedora, como mismo le sucede a todo el mundo, incluso a los que no lo quieren. En esa ocasión escribí: “Movía sus botas de campaña permanentemente; tomaba notas sobre las ideas expresadas por los concurrentes; su mirada era de una limpieza admirable”. Alguien me dijo: “Es normal que te pase”.

En aquel encuentro señaló ideas que hoy todavía recuerdo por su vigencia: “Los valores se crean, e incluso se pueden formar en una sociedad de clases”. “En nuestra Revolución hay que formar muchos valores, muchas conciencias y hacer mucha justicia”. “En nuestra sociedad se han creado algunas diferencias y tenemos algunos ricos, pero todos nuestros niños van a la escuela con el mismo uniforme”.

Creo que todo cubano viva donde viva alguna vez tuvo la pasión por Fidel Castro; la mía comenzó en la niñez  pues en mi casa se hablaba de su presencia en Cruce de Anacahuita durante cinco noches durante la toma de Maffo; desde esa etapa soñé con la posibilidad de abrazarlo o tenerlo cerca.

Antes de partir a Pedagogía Internacional 99 le confesé a la periodista Lourdes Palau: “Me encantaría tener a Fidel en el auditorio al presentar mi ponencia. Sería muy importante que Cintio Vitier valorara mi trabajo sobre José Martí”. En ese año mi padre estaba ingresado en el hospital Orlando Pantoja de Contramaestre con una grave dolencia, pero eso no le impidió escuchar mis declaraciones. Les dijo a sus compañeros de sala: “Ese es mi hijo”.

Al llegar a La Habana cumplí los dos deseos, uno de ellos en su totalidad, pues Cintio Vitier escuchó mi ponencia y dijo palabras memorables sobre la misma; el otro lo cumplí parcialmente pues Fidel Castro no pudo estar en las comisiones de Pedagogía 99, pues se encontraba en la ceremonia presidencial de investidura del candidato ganador en Venezuela Hugo Chávez Frías.

Fidel llegó el último día del evento. En ese momento escribí: “Estoy en primera fila del Carlos Marx, apenas me separan unos metros del Comandante”.

Mi pasión en torno a su imagen se multiplicó desde aquel día. De regreso a casa conté sobre el encuentro a mucha gente, sobre todo la adhesión inmediata que produce Fidel Castro en todo el que se le acerca. ¿O estás con él o en su contra? Esa interrogante hasta los mismos yanquis se la hacen.

Esa misma emoción la experimenté al ver los documentales “Fidel” y “Radiografía de Fidel”, de Estela Bravo y Oliver Stone respectivamente; me recordó que los cubanos estemos donde estemos, siempre tenemos un Fidel Castro adentro, para bien o para mal. Algunos hacen leña de su obra; otros viven  una pasión de Quijotes que nunca cambiará, a esos les llaman: "fidelistas apasionados de toda la vida".


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