lunes, 7 de septiembre de 2009

Discurso sobre el agua, la sombra y la luz

Esta forma discursiva evidencia la búsqueda que hace el poeta de aquellos contextos que lo llevan hacia momentos de limpieza, liberación de lo sucio, alcanzar la pureza, la religiosidad profunda.

P
or Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu


Mirar la Isla es una obsesión en los que emprenden el camino del mar, la nostalgia los hace volverse una y otra vez hacia el terruño, llevan en su mente raíces que no pueden ignorar. Pienso en un escritor como Vicente Dorado, que en conversación reciente, nos decía que la Isla es una prisión simbólica de la que nunca el hombre logra salirse.

También soy de los que no creo que la Isla se mire mejor desde afuera, aunque uno de esos escribas de la otra orilla quiera desmentirme. Cuando la Isla viaja en la mente, no es una circunstancia, mucho menos un traje, menos una bandera. Es un sabor, un olor, un dolor que se llevan dentro y no permiten el olvido. No es una fruta bíblica. No son unas manos negras, ni siquiera blancas. Se lleva siempre adentro, pues las esencias favorecen la comprensión de nosotros mismos. La Isla siempre está en nosotros, queramos o no.

Esas ideas fueron encontradas al leer Ojos Verticales de Bismar Galán Gálvez, contramaestrense residente en República Dominicana, por esas razones decidí arriesgar un discurso sobre los caminos del mar, a partir de los cuales se hilvanan tres contextos que condicionan el cuaderno citado: la palabra agónica, la palabra en la aventura del mar, y la paz de la palabra.

A algunos les parecerá una redundancia, pero lo cierto es que las mismas las sostiene un discursar poético importante, las sombras, las luces y el agua, todas portadoras de significados diferentes a partir de los usos que les da el referido poeta.

El título en un inicio pareció sospechoso, hecho que me obligó a buscar las posibles justificaciones que dieron lugar a él. Se trata de uno de los poemas más infelices que haya escrito un poeta: Los gatos ocultan su castidad / en la sombra de la luna. / Lanzan sus gritos de amor / o de dolor sin proferir palabra / Tú vives –sin saber- la noche eterna. / Ellos visten de rosas y humedad / en arrebatos de manzanas que liban / ojos verticales.

Un buen lector apreciará de inmediato que hay trozos de un romanticismo trasnochado, de un idealismo cursi que viste de rosas y humedad, algo que no tiene razón de ser, si nos acercamos a la poética que forma parte del conjunto del libro.

Otra idea que nos sugiere la lectura es la relacionada con las marcas de identidad que traslada el poeta de una orilla a otra, sin dejar la insularidad, cuestión que lo lleva a imaginar partes con títulos que semejan olas: Oscilaciones y otros que dan catarsis: La paz de la palabra.

Tal vez las dos partes del libro en su conjunto arriesgan discursos diferentes a partir de contextos poéticos que las condicionan: la palabra en ristre, la palabra en la aventura del mar, y la paz de la palabra, esta última, cuando cree haber alcanzado la utopía de encontrarse con el yo poético. Por eso arriesgo un discurso sobre los caminos del mar, a partir de los cuales hilvana los tres contextos que condicionan Ojos Verticales.

Estos contextos poéticos son atravesados continuamente por las luces, las sombras y el agua, que funcionan como recurrencias en el discursar poético, son una obsesión permanente, al extremo que no puede liberarse de ellos en casi ningún poema, cayendo en reiteraciones innecesarias muy lamentables para la factura poética. Obsérvese a continuación:

manos que paren otras manos sin bosque / ni luz...

sin luz sobre esos bordes...

la luz se dispara...

luz y agua del cielo...

las luces hacia el fondo...

un tiempo luz...

habita a la sombra...

una sombra disimulada...

la sombra del sudor...

la sombra de un quejido...

la sombra de la acacia...

una sombra que sigue...

una sombra se desprende...

luces de sombras, sombras de luces...

la lluvia que me circula...

la lluvia traiciona al reloj...

a pesar de la lluvia...

rodamos sobre la mar...

Cómo ser agua...

pisar fuerte la otra orilla...

la lluvia que seduce...

sobre las aguas cercado por las aguas / Ahí están ellas unas me ahogan / otras me salvan...

blandas espumas...

baja a las aguas de otra caverna...

las aguas se mecen..., el agua nos salva...

las aguas amenazantes nos retan...

Fui lanzado a la pendiente por las aguas; huellas visibles sobre el agua; a pesar de las aguas...

Ese paso sin límites que sesga la lluvia...

las aguas de su rencor...


tus playas, mis ríos, mis aguas...

playa de luces;

traigo las manos de manantial.

Para comprender la palabra en ristre

Esta primera forma discursiva que organiza el libro, evidencia las referencias agonales que sirven de pautas a un conjunto de poemas, el contraste luz-sombras es un tratamiento binario que atraviesa la mayoría de los textos, es como si el poeta fuera movido por el mito de La Eneida y saliera de un mundo de sombras en la búsqueda de la luz.

No es casual entonces que la sombra aparezca tratada a partir de recursos literarios frescos y a veces sorprendentes: habita a la sombra; una sombra disimulada; la sombra del sudor; la sombra de un quejido; la sombra de la acacia; una sombra que sigue; una sombra se desprende.

En cada uno de los casos remite a lo existencial en el sujeto poético, un yo que agoniza en el interior de sí mismo y pugna por liberarse, hecho que torna sustancial el tratamiento conceptual de la agonía, que lo mismo transita por el sacrificio(sudor), el dolor(quejido), cansancio(la acacia), volubilidad(sigue), liberación(desprende).

Todo lo anterior me hace afirmar que el poeta intenta, a partir del dibujo de las sombras en diferentes contextos existenciales, acercarnos a sus referencias culturales.

Para comprender la palabra y su relación con el agua, la luz y la sombra

Esta forma discursiva evidencia la búsqueda que hace el poeta de aquellos contextos que lo llevan hacia momentos de limpieza, liberación de lo sucio, alcanzar la pureza, la religiosidad profunda.

Los contextos poéticos son atravesados continuamente por el agua y la luz, que funcionan como recurrencias en el discursar poético, son un obsesión permanente, al extremo que no puede liberarse de ellos en casi ningún poema:

manos que paren otras manos sin bosque / ni luz...

sin luz sobre esos bordes...


la luz se dispara...


luz y agua del cielo...


las luces hacia el fondo...


un tiempo luz...


habita a la sombra...


una sombra disimulada...


la sombra del sudor...


la sombra de un quejido...


la sombra de la acacia...


una sombra que sigue...


una sombra se desprende...


luces de sombras, sombras de luces...


6 comentarios:

Bismar dijo...

Hola, Arnoldo

Gracias por hacer mucho más que leer ese texto del 2003. Te aseguro que si lo escribiera ahora, después de 7 años en esta maravillosa orilla del Caribe, no se parecería en muchas cosas; como no se parece ese texto tuyo al que escribiste en el año de su publicación bajo el título: La Isla en la memoria, a propósito del libro “Ojos Verticales” del poeta cubano Bismar Galán.
Gracias de nuevo, sobre todo por esa retahíla de cosas que nunca he visto en Ojos verticales. Eso es lo maravilloso de la escritura: el escritor escribe lo que es y lo que no es; es decir, lo que cree y lo que crea; el lector y el crítico interpretan lo que desean o lo que el texto (les) sugiere, y sobre todo desde su concepción de lo ideal. Gracias a Dios, la poesía no es historia.
Felicidades por tu amor a la cultura.

Bismar Galán.
Santo Domingo, 10 de sept. 2009

arnoldo@gritodebaire.icrt.cu dijo...

Es lamentable querido Bismar, que no seas capaz de saber la relación poesía historia, mantuve tu comentario en mi blog para que todo el mundo se de cuenta de vuestra ignorancia. La poesía anticipa y nombra con tensión heráldica, allí donde todo parece cotidiano, la poesía se convierte en historia y deviene memoria. Al menos reconoces que es un texto de 2003 y que hoy reescribirías si tuvieras la oportunidad. Hoy aprecio sus debilidades y las señalo, sin caer en apologías inncesarias, ni en la búsqueda de sombras para después posar como si fuera alguien distinguido. Mis fotos son con las figuras anónimas que construyen el día a día. Gracias por la acidez de un verbo que se torna cada vez más sin sustancia.

Bismar Galán dijo...

Tienes razón. Muchas gracias.

ARNOLDO FERNANDEZ VERDECIA dijo...

Las gracias a tí mi querido compatriota, agradezco la humildad que tienes al decir esas palabras. En verdad, eres un gran cubano....

Pepín dijo...

Arnoldo: Hay que saber encajar las criticas, lo cual te he apuntado en alguna ocasión.¡ Pobre del que se crea en posesión de la verdad!
De todas formas, y sin tratar de polemizar, el escrito del Sr. Bismar no tiene desperdicio, como tampoco lo tiene tu argumentación-

Anónimo dijo...

Eddy Gil: Arno hasta cierto punto es cierto pero cuando pensamos la situacion de Cuba entonces nos damos cuenta que esos que partimos fue la mejor decision- la vida es una sola y tenemos que vivirla sin tanta preocupaciones ni miedos. GRACIAS FIDEL !!

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