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jueves, 4 de marzo de 2010

El can más viejo del mundo

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Dicen algunos entendidos que un año de vida del perro equivale a 10 de los seres humanos. Toqui tiene 25 y todavía puede vivir otros más, a pesar del trote cansado y los dientes que le faltan.

Toqui perdió a su amo hace 6 años. Era un viejecillo bueno, fundador del central América, durante mucho tiempo vanguardia nacional y hasta visitó la desaparecida Unión Soviética. En sus últimos días, sólo tuvo un compañero, su mascota Toqui; iba a todos los lugares con él y dormían juntos. Compartían las comidas como si fueran familia. Entre ellos surgió un amor que solo pudo separarlo la muerte.

La noche del fallecimiento del viejecillo, Toqui lo buscó en muchos lugares, husmeó ante la cama, recorrió la cocina, fue hasta el corredor y un extraño olor le decía que algo había sucedido.

Pasaron varios días y nunca más apareció su dueño. Lo esperó muchos meses, incluso logró llegar hasta el cementerio donde reposan los restos de aquel que tanto amó, se echó ante su tumba y ladró a la luna, tal vez creía que su viejo estaba en sus brazos.

Un día se convenció que su amo no volvería y decidió regresar, pero en la casa había otra persona, nunca la había visto y su olor no era bueno. Recordó la casa del antiguo portal que tanto le gustara y caminó seguro, allí estaba el amigo de su viejo, enseguida lo reconoció y le lamió las manos, ya tenía otra familia.

Así pasó el tiempo y Toqui tiene hoy 25 años. Siempre que estoy cerca de la casona del techo grande, recuerdo a su viejecillo y a las historias nacidas de sus labios. No quiero pensar que Toqui se irá un día, quizás a encontrarse con su dueño en algún lugar. Al menos quedará esta crónica como recuerdo de mi amor por los animales, en especial, ese perro que todavía se empeña en robarle suspiros a la vida.

lunes, 1 de marzo de 2010

En directo desde Chile: testimonio de un contramaestrense que vivió el terremoto

Por Noel Pantoja

Hermanos, hijos, amigos:

He optado por hacer mensajes colectivos, para ahorrar tiempo, pues temo que en algún momento falle el Internet o nos quedemos sin electricidad.

Hoy han seguido llegando noticias aterradoras de las zonas más cercanas al epicentro del sismo. La Región del Maule, que es la Séptima es la que más daños ha sufrido. Concepción (capital regional) y sus alrededores son un infierno en el sentido más estricto de la palabra. Ruina, desolación, hambre, sed, dolor, imperan en esas zonas. Hoy en la madrugada hubo un tsunami que cobró nuevas víctimas. Los bomberos siguen en sus intentos de encontrar personas con vida bajo los escombros, mientras que por diversos sitios se escuchan gritos de desesperación.

Es tal el grado de desabastecimiento, que las personas poco a poco van perdiendo lo que uno tiene de humano y en hordas asaltan supermercados y otros establecimientos, en busca de artículos de primera necesidad, claro que en la confusión los antisociales e inconscientes roban cosas que no son necesarias para vivir, lo que ha obligado a los carabineros y militares a utilizar la fuerza.

La isla de Juan Fernández ubicada en el Pacífico chileno, también recibió el embate de un tsunami que penetró tres kilómetros hacia adentro y arrasó con todo lo que encontraba a su paso.

En Temuco, capital de la IX Región, ciudad donde yo vivo, los daños han sido menores, pero igual hay derrumbes de casas, desprendimientos de paredes, aleros y techos. Las calles han recibido daños considerables y el tránsito se ha visto interrumpido.

Los semáforos han comenzado a funcionar, pero ayer los carabineros tuvieron que regular el tránsito en las intercepciones. En los servicentros se hacen colas que alcanzan cinco y seis cuadras y hay que esperar horas para echar gasolina.

En los cajeros electrónicos las colas son interminables, así como en los supermercados. Hoy se restableció el agua en la ciudad, pero hasta el medio día la gente tuvo que buscar agua en cubos, latas, botellas, palanganas, en diferentes puntos habilitados.

También se restableció el Internet, el teléfono y la señal de celulares. En fin, que la normalidad va retornando a Temuco, incluyendo las réplicas del sismo que ahora son más espaciadas y menos intensas, pero igual dan un poquito de susto.

Mi casa no sufrió daño alguno en su construcción. Les comenté que durante los dos minutos y medio de terror que duró la sacudida que nos dio la tierra (era como si te tomaran por los hombros y te sacudieran a todos lados con fuerza, eso era lo que sentí en esos 150 segundos que me parecieron horas), los daños fueron de objetos: Un televisor de 21 pulgadas cayó de la mesa y se hizo pedazos, aunque la pantalla milagrosamente, no se rompió, muchas vasijas rodaron por el suelo y se rompieron, floreros, maceteros, espejos, cristales y cosas así. Pero las paredes, el techo, el piso, no recibieron daño alguno.

Esto puede parecer increíble, pero la explicación está dada en que el sur chileno por la cantidad de volcanes que existen, es una zona propensa a que ocurran este tipo de fenómenos. En 1960 un maremoto acabó con la ciudad de Valdivia, al sur de Temuco. En el 85 otro sismo fuerte azotó esta zona, así que la gente está preparada y las construcciones cumplen estrictamente con las normas establecidas de protección antisísmica; he conocido testimonios de amistades que pasaron este terremoto en el piso 16 de un edificio.

Nos cuentan que ellos sentían que el edificio se movía como un árbol cuando le da el viento, pero no sufrió daño alguno. Por otro lado, acá en el sur, debido a las constantes lluvias y el intenso frío, predomina como material de construcción, la madera. Es raro ver acá en el sur una casa de placa. Las paredes de cemento no abundan, excepto en los edificios.

La madera protege más contra el frío y la lluvia y es más flexible ante un sismo. Un sismo de 7,5 grados, en cualquier lugar del mundo provoca mayor destrucción que la ocasionada en Temuco; pienso yo, que por esas causas que les menciono.

Bueno familia, amigos, más adelante les sigo contando de este verdadero infierno que hemos vivido y estamos viviendo en Chile. Afortunadamente, los daños no llegaron a nosotros; sigo "vivito y coleando"...

lunes, 16 de noviembre de 2009

Ejercicio de la verdad en cualquier condición (I parte)

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Desde muy adolescente José Martí se vinculó al ejercicio del periodismo. Tenía 16 años cuando publicó sus primeros trabajos en un periódico creado por él y su amigo Fermín Valdés Domínguez (El Diablo Cojuelo), publicado el 14 de octubre de 1869 y de efímera duración.

Apenas habían transcurrido nueve días de la aparición de "El Diablo Cojuelo", cuando vuelve a la carga el 23 de octubre, con un nuevo periódico "La Patria Libre". Este tiene un formato mayor que el anterior, con más páginas y mejor papel. En esta ocasión acompañado no solo por Fermín sino, también, por el maestro de ambos, Rafael María de Mendive y el abogado Cristobal Madan.

Razones extraliterarias lo llevan a prisión, al encontrarse en la casa de Valdés Domínguez una carta en la que se acusa a un condiscípulo de apostasía. Martí reclama la partenidad del documento y es condenado a presidio. Luego de varias gestiones de los padres la pena se le conmuta por la de destierro a España.

En la tierra de Cervantes, Martí desarrolla una fecunda práctica periodística, sin embargo, para muchos críticos, valoración que compartimos, donde se revela, definitivamente, como periodista es en México. En territorio azteca colaboró en "La Revista Universal" redactando crónicas parlamentarias, críticas de teatro, crítica de arte y los Boletines que firmaba con el seudónimo de "Orestes". Sobresalen también sus colaboraciones en la revista "El Socialista".

En cada una de las colaboraciones para los medios de prensa de la tierra de Juárez se percibe la madurez alcanzada en la práctica del oficio, ello obedece a la incesante avidez de Martí por los temas políticos relacionados con esta tierra.Conoce la misma, tiene información de primera mano sobre los actores que se mueven en el escenario político y no teme dar sus opiniones, incluso sobre el presidente Porfirio Díaz. Los temas científicos también reclaman su atención.

En Estados Unidos desarrolló una extraordinaria labor periodística. A su inicial trabajo, como crítico de arte, en "The Hour", se agregó su inserción en "The Sun", que dirigía el famoso Charles Dana, uno de sus más fervientes amigos, que escribió a propósito del periodismo de Martí: “…fue colaborador de The Sun, escribiendo sobre temas de bellas artes, en las que tenía sólidos y extensos conocimientos, y sus ideas y conclusiones eran brillantes y originales”. (Así vieron a Martí, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971, p. 63)

En Estados Unidos, a José Martí le correspondió inaugurar en nuestra lengua la forma de periodismo que es la corresponsalía extranjera, lo que explica sus numerosas colaboraciones con los mejores diarios de la América Hispana: "La Opinión Nacional" (Caracas), "La Nación" (Buenos Aires), "La Opinión Pública" (Montevideo), "El Partido Liberal" (México), "La República" (Honduras) y otros.

La etapa más fecunda e intensa de su actividad como periodista ocurre tras su llegada a Nueva York, en enero de 1880, después de su segunda deportación a España.

En la revista de arte “The Tour”, ven la luz sus bellas crónicas, en las que se destacan las que reseñan la vida norteamericana, intituladas “Impressions of America”, bajo el seudónimo A very fresh Spaniard.

También redacta artículos sobre los pintores impresionistas, que llegan a causar admiración. En estas páginas Martí muestra un amplio conocimiento artístico, así como sensibilidad y capacidad crítica.

Al valorar su notable desempeño como periodista, Fausto Teodoro de Aldrey, director y propietario de “La Opinión Nacional”, le propone que sea corresponsal de ese diario, en los Estados Unidos. O sea, Martí regresa a Nueva York y reanuda su labor periodística, a partir del 20 de agosto de 1881, pero ahora en una faceta distinta.

Sus trabajos comienzan a salir con el seudónimo M. de Z., pero al despertar la curiosidad entre los lectores por saber quién es el autor de tan encendidos trabajos, Aldrey reconoce públicamente que no es otro que José Martí y, a partir de entonces, empieza a firmar con su nombre.

En “La Opinión Nacional” también ocupa una columna fija de comentarios de actualidad llamada “Sección constante”. El 10 de junio de 1882 culmina el Apóstol su etapa como colaborador de esta publicación, al no admitir que Aldrey le ponga freno a sus criterios.

Con posterioridad, comienza a colaborar, el 13 de septiembre de 1882, con “La Nación”. Su paso por este diario argentino culmina el 26 de marzo de 1891, lo que confirma el estrecho nexo que existe entre ambos. Inigualables crónicas suyas, que narran la vida norteamericana e importantes sucesos acaecidos en ese país, vieron la luz en esta publicación, en la sección titulada Carta de Nueva York o Cartas de Martí.

Martí deja una medular huella de su cultura e ideas en las más renombradas publicaciones de la época: La Habana, El Elegante, El Almendares, La Revista de Cuba; La Juventud, El Avisador Cubano, El Avisador Hispano-Americano, El Porvenir, La Revista Ilustrada y El Latinoamericano, de Nueva York; La Opinión Pública, de Montevideo; La Pluma, de Bogotá; La Nación y El Sudamericano, de Buenos Aires; La República, de Honduras; La Revista Azul y El Partido Liberal, de México, y La Opinión Nacional, de Caracas.

En los días de entrega total a los preparativos de la continuidad de la lucha por la independencia de Cuba, Martí fundó "Patria", periódico al que consagró sus mejores energías, reseñando en sus páginas el clima de seguimiento a sus ideas de libertad y, sobre todo, el carácter francamente americano de la guerra de independencia de Cuba.

viernes, 9 de octubre de 2009

Visión de José Martí en ALUMBRAMIENTOS

Por Dayamí de las Mercedes Almaguer
Por Yunior García Ginarte

Entre los intentos de hacer perdurar la presencia de Martí en la plástica cubana, florecen las iluminaciones del pintor contramaestrense René Emónides Quintana que recontextualiza al héroe con sinceras pinceladas de fácil comprensión. Incorpora la perspectiva municipal, que de hecho lo universaliza.

René Emónides, que si bien no deja de centralizar la figura, la lleva a los ambientes más insospechados. La mueve hacia los centros donde la imagen del cubano se pierde entre el turismo o el transporte de pasajeros. Se trata de una fotografía naiff en la que anda por la atmósfera, en la que se anuncia con dolor o comprende incluso a los seres sociales que menos podrían llegar a comprenderlo. AVE FÉNIX; MEMORIAS DE ULTRATUMBA; HOJA DE RUTA, POR FAVOR; son obras muy elocuentes, sin embargo LA ÚLTIMA CENA nos traslada a la escena, a un Martí acompañado por grandes personalidades históricas.

No deja de ser simbólicamente eje del movimiento y contenido visual la figura martiana, pero su razón concuerda en nivel de importancia con todos los que le acompañan a su izquierda, hombres que en diferentes naciones viven gracias a su obra y virtud. Hombres sanos, y de esa pureza es testigo el alimento, capaz de desenmascarar -aún por quien no los encuentra- la salud de sus ideas por el bien ajeno, los vegetales y la cruz, -muy latina- que los une en un solo dios: el hombre. A su derecha Hitler y Drácula encabezan y unen la cena de sangre y dolor. Indiscutiblemente el peso por honradez cae en Quijote defensor de los hombres que fueron, serán y los que vendrán. Si bien hemos encontrado a Martí rodeado de palmeras, o monte, si bien lo definimos como Carlos Enríquez, aún en Dos Ríos acompañado de mulatas hacia la gloria, es un elogio de Emónides centrarlo entre tantos cuerpos que lo hacen grande y pequeño, tenaz y líder.

Aún en este marco histórico y político las significantes nos conducen al hombre que lucha con otros hombres, al ser humano capaz de ser solo eso: un verdadero ser humano. Es fuerte la integridad del contenido que emana de esta obra de arte, es una cena cubana muy precisa entre las tantas dentro de la historia del arte universal. Su fuerza cae en el todo de la representación y su reconocible semejanza, en su posición en el orden ético y postura social, en tanto dialoga “ vita brevia est, art longa” y esa vida se alarga en otra , gracias a obras como esta.

Otro conjunto muy definitivo por su diferencia es TRANSPORTACIÓN MASIVA. Entran en disputa valores, símbolos, posiciones y direcciones que la hacen más polémica y nutritiva. Todo surge de la experiencia de un hombre incapaz de moverse gracias a la ingratitud de otros, una experiencia que de poema pasó a cartulina. Para muchos a simple pintura, para otros, a óleo sobre cartulina. Descubrimos la dimensión del pintor al viajar conducido por Martí. Un héroe que pasa a ser líder de tantos héroes de la actualidad. ¿Qué origina la polémica: si chofer o pasajero, si pueblo o simplemente una persona que no va con él? De primera instancia son contradicciones de conceptos, de segunda, diríamos diferencias de contenidos que nos hacen asumir la diversidad como el desarrollo y permanencia de la obra. Si nos centramos en las configuraciones y las diferencias, más que elementos estructurales constituyen espacios con rangos definidos: los más pequeños integran la masa, el todo unido; las áreas más visibles y claras, integran el objeto centro que equilibra la composición en su forma, que atrae el contenido hacia la derecha.

Sin embargo, remitirnos a la percepción nos lleva a la simplicidad y la continuidad, al contacto y las semejanzas, al equilibrio de funciones: juzgarlo como chofer limita su posición, incluso ofende otra visión que no sea la individual y lo enmarca en el contexto contramaestrense en que este personaje (chofer particular ) tiene una definición típica, ajena de todo elogio. Hasta el momento, no podemos referirnos sino al contenido enraizado en respuestas sociológicas, en la conciencia cognoscitiva del creador. La comunicación solo mantiene un punto de contacto: los gestos y actitudes que lejos de contradecir atrae al efecto de continuidad en el que el recorrido tiene un papel preponderante: ver el chofer en esa posición obliga a mirar el resto, pero a observar con un efecto de significado. El contexto donde nace la composición se aleja, el creador se acerca. La rectitud de las áreas y la horizontalidad de las líneas nos conducen al otro marco de la pintura, a esa dimensión que en ocasiones como esta, hace tanta falta: nos vamos hacia el contenido surgido de los suplementos verbales proporcionados por el artista.

Sin dudas TRANSPORTACIÓN MASIVA es el pasaporte a la gloria, a la permanencia de la obra. El título es el elemento unificador entre la respuesta sociológica de Emónides y el espectador. Indiscutiblemente todos y cuando decimos todos hablamos de cubanos- logramos suspirar viendo a Martí cargar a cuestas nuestros problemas y siempre conducir a respuestas por el bien colectivo. Una vez más, el Apóstol nos critica por ser unilaterales y no percatarnos de que cuestionar solo conduce a perjuicios sociales; alejamos lo que puede constituir uno más, y uno más significa fortaleza, unión. Entonces, lo que pudo ser ofensivo, es sencillamente inmortal.

Sucede que no estamos acostumbrados a creer y ver al héroe fundido en una imagen de nuestro tiempo, si lo vemos entre naturaleza y mulatas nos acomoda más, que asociarlo a un camión particular o a un hombre que a pesar de heredar una ideología pequeño burguesa también asume conductas favorables. Estar Martí en esa dirección, en esa posición, ubicarlo así, acercar su mundo al de estos hombres ayudará a que estos piensen más en el destino de todos. El complemento verbal o título de la obra: TRANSPORTACIÓN MASIVA, rompió barreras éticas al definir a Martí como el líder de estos tiempos y bajo cualquier circunstancia. Sin dudas es un aporte al estudio de la eticidad martiana al enriquecer la vigencia de su pensamiento en la contemporaneidad.

Si bien es cierto que LA ÚLTIMA CENA, TRANSPORTACIÓN MASIVA y otras como AVE FÉNIX vislumbran el éxito del creador, otras como MEMORIAS DE ULTRATUMBA nos remite al suplemento verbal y deja un sabor diferente: nunca, por muy desprejuiciados debemos perder el contenido que procede del medio de la obra, el que se deriva del contexto, no del creador, ni del especialista; y menos perder el contenido que emana de la participación en una tradición iconográfica específica.

Sí, es válida la diversidad y polémica, las diferencias y actitudes, pero si hablamos de objeto social unido a estos tres contenidos, la diversidad llega al sistema. Cabe preguntarse: ¿La configuración dialoga en armonía con su concepto? ¿Ese símbolo cobra igual fortaleza que el resto de los signos? Hablamos en un sentido artístico y técnico. Una configuración cargada de emociones y puntos de vista puede fortalecer la obra, no socialmente ya, sino como obra de arte en su sentido más completo. Qué saludable escuchar un sí, un no; profesionales que aplaudieron; intelectuales que cuestionaron, hombres todos que defienden por encima de cualquier figura, su ética.

Fragmento del ensato inédito: "Se de un pintor atrevidor".
Yunior García Ginarte (Periodista de la emisora Radio Bayamo en la provincia Granma, Cuba)
Dayamí de las Mercedes Almaguer (Realizadora de programas de radio en Bayamo, provincia Granma)

Fotografías:

1. Pintor René Emónides Quintana.
2. Obra: Memorias de Ultratumba.
3. Obra: La última cena.
4. Obra: Transportación masiva.
5. Obra: Ave Fénix.
6. Obra: El Rapto.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Una bocanada de aire a la literatura

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Jorge Labañino Legrá es uno de esos poetas que se deleita con el alcance de la palabra al nombrar zonas que el ojo común no alcanza a vislumbrar. Entre sus libros escritos y publicados desde Contramaestre se encuentran “Oración del que traiciona” y “Rumor de higuera”, Ediciones Santiago, 2002 y 2005 respectivamente. Ha sido finalista en el concurso Calendario.

Conversar con Labañino Legrá sobre su percepción de la poesía en los 90, es un privilegio para el que quiera conocer como un escritor del interior, en Cuba, se representa ese proceso.

Arnoldo Fernández Verdecia: ¿Se puede hablar de una generación de novísimos que defina la literatura de la década de 1990?

Jorge Labañino: El asunto de las generaciones siempre ha sido polémico, hay quienes aborrecen el término a la hora de hablar de literatura. Los jóvenes que escriben en la década de 1990 arrastran el período que le antecedió, están influidos por una norma, la conversacionalista, o posconversacionalista como la denominó Jorge Luis Arcos. Pienso que se fijaron paradigmas que venían de los 80 y los que escriben en la nueva década se convierten en sus epígonos.

AFV: ¿Qué impacto tuvieron los 90 en el discurso?

J L: Cambiaron los asuntos hacia los que se orientó la literatura, se dejó de hablar del revolucionario como un ente sin defectos, el enfoque se orientó hacia zonas marginadas hasta el momento. La pérdida de referentes abocó a los escritores a desempolvar temas que retrataran mejor la realidad que se estaba viviendo.

AFV: ¿Algunos críticos señalan que la literatura a finales de los 80 entró en un momento de asfixia, sin embargo surgen nuevos proyectos?

J L: El grupo Diáspora es uno de los que presenta una revista respaldada por un proyecto poético bien fundamentado. Víctor Fowler al hablar de ellos, dijo que era una bocanada de aire a la literatura que ya se encontraba vagando en una inercia improductiva, yo también lo pienso así, claro, este movimiento defendía sus códigos estéticos muy apegados a lo foráneo, carecían de una propuesta estética que naciera de lo propio.

AFV: ¿Qué faltó para el nacimiento de una literatura propia que rompiese con los 80?

J L: Todo poeta se proyecta hacia una ruptura, hacia una discontinuidad con sus antecedentes hegemónicos. En ese sentido ha faltado una relectura novedosa y creativa de la tradición, no sólo en el aspecto literario sino en el asunto filosófico, antropológico, todo esto incide en el armazón que uno puede realizar para su comportamiento y proyección estética.

Desde mi posición como escritor trato de negarme a asumir las poéticas actuales, desmarcarme de la moda. Lo determinante es interrogarse a uno mismo en lo que quiere, orientarse a partir de los libros que necesita, nutrirse continuamente y centrarse en la evaluación crítica y superadora del pasado.

AFV: ¿Son importantes los circuitos publicitarios para dar a conocer esas poéticas individuales?

J L: Pueden incidir o no en su promoción; pueden hasta fabricar una imagen en torno a determinados autores, que muchas veces no son los mejores, pero son los favorecidos y entran en la moda de lo novedoso y es lo que la gente lee. Lo novedoso para mi está en la forma de tratar el discurso en el texto, pero se corre el riesgo, por estas cosas de la promoción, de quedarse en la moda.

AFV: ¿Qué significado tienen en tu poética la filosofía y la teología?

J L: La filosofía crea una conciencia en el tratamiento de los asuntos poéticos, digamos sobre la historia, el individuo, la existencia en sí. La teología me aportó el enfoque del mundo para comprender los móviles humanos que están llevando al hombre a un desgaste total.

AFV: ¿Cuál es la crítica necesaria para la literatura de los 90?

J L: La crítica padece de una levedad total, si no hace jerarquizaciones sobre textos y procesos literarios que vive el país. Sería de mucho valor para la historiografía literaria, para la orientación del lector, una crítica vital que haga jerarquizaciones y distinciones de los procesos literarios.

AFV: ¿Cuál es la actualidad, en cuanto a lecturas, de los que hacen poesía en los 90?

J L: Hay carencias a pesar de que se han llenado un poco a partir del momento histórico que se vive con las ferias del libro, sin embargo hay un vacío inmenso que de una manera u otra lastra la actualidad de la poesía, si intentamos ubicarla en la órbita universal.

sábado, 19 de septiembre de 2009

MALDITA SEA: Poesía en el solar

Por Eduard Encina

Nunca he entendido bien el asunto de los márgenes; si son una condición o un estado. El hombre se sitúa o lo sitúan frente a las cosas para que le otorgue significado, tal vez allí radique la diferencia: situarse al margen o que te sitúen.

Más o menos así podemos asumir la poética que encontramos en Maldita sea, libro publicado por la editorial Letras Cubanas y con el que Yansy Sánchez mereciera en el 2006 uno de los premios Pinos Nuevos de poesía.

Creo que fue en algún apunte del Cuaderno Verde, donde leí a Duchamp cuando escribía que la pintura no podía ser únicamente retiniana y en esa afición por las imágenes se dilata el ojo del lector para encontrar en estos poemas, pequeños lienzos, poemas para llevar colgados en la conciencia, donde la forma prosaica justifica el equilibrio, el flujo y reflujo de ideas que nombran más allá de la retina los tugurios del alma y dejan un sabor a sustancia conocida, a intemperie.

Hay en estos versos una voz ciertamente angulosa que penetra la realidad, no para revelarla, sino para sacudirla. “La poesía – escribió Heidegger- no es un adorno que acompaña la existencia humana, ni solo una pasajera exaltación, ni un acaloramiento y diversión. La poesía es el fundamento que soporta la Historia”. No será gratuita entonces la postura del poeta al examinar ciertas zonas periféricas o marginales en la que se expresa lo cubano, reincorporando a sus versos una vocación axiológica que trasciende toda armonía o complacencia, lejos del palabreo o los arrebatos existenciales frecuentes y sintomáticos en mucha de la más reciente poesía.

“Por cuál camino evitaré esta tarde a los míos que me prefieren otro para que caiga el pan”- nos dice y otro es el miedo replegado en la incertidumbre, hacia la relectura del Ser, no a través de un folclorismo epidérmico, sino en el desgarramiento de la raza, la segregación y la manipulación de identidades, en el deseo de trascender la historia no contada, la del cuerpo vivo que se produce y se reproduce cada día.

De tal manera encontramos un ansia por recuperar el sitio de una promoción que no se aferra a lo inmediato y busca en lo disperso un fragmento que la salve. Quizá por eso acude a lo intertextual, a procedimientos lúdricos con las diversas corrientes culturales que dialogan en sus versos, desde y hacia todas partes, como “La falta de Nilo en la palabra Nilo”.

Divide en cuatro secciones el Cuaderno, sumergido en el abismo de Baudelaire, Mallarmé, Valéry y de Ángel Escobar; presencias que le proporcionan al texto ciertos olores, ciertas posturas en la voz que expresan conciencia del acto de la escritura. Por otro lado resurge entonces el cosmos donde es muy preciado respirar a Borges, Lezama y Martí en una amalgama encubierta, pero telúrica.

Otro hallazgo, pienso, es haber encontrado el tono con que el sujeto lírico parece contar una historia, y al contrario, lo que hace es interrogarnos la propia. No creo que esté en lo cotidiano su esencia, ni en la gama temática las ganancias del libro, la esencia es la fe, la escritura como posibilidad y destino.

Para terminar quisiera referir, que si bien la nota de contracubierta se las arregla para deformar al lector, limitándolo y enredándolo en una cantata que puede servir de colorete a cualquier libro; al degustar Maldita sea, uno asume la experiencia de que la poesía no es un gesto fugaz que emana de las cosas, sino la permanente trascendencia del Ser hacia las formas de la verdad.

martes, 15 de septiembre de 2009

Ustedes, los que leen

Por Eduard Encina Ramírez

¿Qué es un lector? Me preguntaba cuando pensé en escribir unas cuartillas para provocar un posible intercambio con ustedes, en el instante en que están alertas para hacer la primera lectura de estas palabras. Sin embargo, al intentar explicarme la interrogante antes expuesta, se me hace imprescindible otra no menos compleja ¿Qué es un escritor?

En algún texto leí una sentencia de Meshonic que intentaba solucionar esta disyuntiva sentenciando que: Quién lee se lee. Quién escribe se escribe. ¿Acaso estaría resolviendo o planteando nuevas interrogantes? ¿Hasta qué punto un escritor se escribe y un lector se lee? ¿El texto escrito se convierte en la muerte del autor y a la vez en el nacimiento del lector?

Existe un espacio común entre el que escribe y el que lee, pues ambos ejercen un oficio solitario. No existe un carácter coral en estos actos, sino que únicamente es posible (al menos en su intención primigenia) desde una perspectiva individual.
El que escribe crea sentidos, el que lee los agrega. Para el escritor argentino Jorge Luis Borges cada lectura renueva el texto ¿Leer como acto de creación? Pudiera ser esta una de las posibilidades a la que aspira la literatura contemporánea, romper con el carácter pasivo del lector, permitiéndole “leerse a sí mismo, desde lo que conoce” o tal vez pudiera ser (como postuló Lezama) a la inversa “aprender desconociendo”. Mucho antes Platón había dejado un axioma casi místico a la posteridad: “Conocer es recordar”. Si leer es un acto consciente, el lector ha de entrenar estructuras de pensamiento que le permitan “recordar”, es decir, volver hacia lo leído constantemente para dotarlo de nuevos significados.

Así, ante el universo de la palabra escrita crece un universo de lectores también estratificados hacia distintos niveles de descodificación (y casi podríamos decir de “enriquecimiento”) del texto. Suelo confesar que fui un pésimo lector durante la infancia. Obsesionado con el dibujo de lo que me rodeaba, no percibí (ni me hicieron percibir) que en los libros también existía un mundo imaginado, y por tanto real, en espera de que yo me acercara a conocerlo, es decir, a recordarlo. Fue por eso que después tuve que leerme toda aquella literatura, ya sin la magia de la infancia, sino con la incredulidad del que no puede ver en el sombrero de Saint Exupéry la boa que se tragó a un elefante.

Durante el acto de leer se activan otras lecturas, nuevos diálogos que permitirán (en dependencia del entrenamiento del lector para recordar) el alcance de un texto” flexible”, es decir: potencial.

Pero en la palabra escrita o leída, el asunto no es solo una cuestión semántica, sino de compresión de códigos y símbolos que maneja el lector para enriquecer y matizar sus lecturas.

En los tiempos que trascurren el lector ha de entrenar el ojo para no confundir la cultura de la información con la del conocimiento. Según un milenario proverbio chino “La clave de la superficie está en el fondo”, hacia allí ha de sumergirse para descubrir o descubrirse. Ser un lector informado, presupone una actitud reproductiva y acomodaticia, una especie de almacén de nombres y no de cosas. Un lector en el conocimiento estimula el pensamiento, es como una piedra que al caer al agua se prolonga en los círculos hambrientos que buscan la orilla, con el ánimo de sopesar otra sustancia.

Cuando leo estoy seguro que se ha instaurado en mí algo que todavía desconozco, pero sé que me pertenece, y por lo tanto he de cuidarlo hasta que pueda revelar su naturaleza, que casi siempre se parece mucho a lo que escribo.
Ustedes, los que leen, y ustedes los que escriben, quizás puedan acercarse mejor a la sentencia del principio ¿Quién lee se lee? ¿Quién escribe se escribe?
Pongo esa bola en juego.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Los escritores: ese poder que nombra

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

El término escritor surge en la antigüedad.
Me atrevería a afirmar que el término escritor adquiere sus definiciones más claras en la antigüedad, al concebirlo como personas dedicadas al cultivo de la filosofía y la poesía, personas que se auxiliaron de la escritura para dejar huella de sus pensamientos.

Sirvió incluso para designar a hombres dedicados a malas pasiones, en algunos casos druidas que construían el conocimiento mediante enigmas y sentencias que contribuyeran a la veneración divina.

Se les situó como custodios de la magia; enfrascados en predicciones y locuras, propias de hombres raros, se les conoció con el término de sabios. Filósofos y poetas formaron parte del mismo, se convirtieron a partir de entonces en garantes del conocimiento, en sus alumbramientos estaba el presente y la futuridad.

Los griegos, cultura milenaria a la que siempre habrá que volver, construyeron la trinidad poeta, hombre de estado y sabio, como esencia del funcionamiento de la élite del poder, para ubicarse en ella, debe transitar (el supuesto individuo) por la primera y la última, como condiciones centrales, que lo sitúan como representante de la “paideia”. Con la palabra, el sonido, el ritmo, la armonía y el conocimiento, se produce una energía formadora del espíritu, la única fuerza moral para ser parte de la dirección política, de lo contrario, escoger otro camino, el de los guerreros o los esclavos.

Los escritores filósofos, como prefiero llamarlos, llegaron a imaginar un mundo gobernado por el saber que los tuviera en su centro, hecho paradigmático desde el punto de vista de qué es mejor, un gobernante sabio o uno ignorante. Arriesgo un ejemplo digno: Alejandro Magno.

El sabio es imprescindible para educar al político o al guerrero, sus doctrinas funcionan como modelos para la acción, es depositario-comunicador de la cultura. Por eso los términos sabio-cultura son equivalentes a filósofo-poeta.

Cuando Filipo de Macedonia decide buscar a Aristóteles, para encargarle la educación de Alejandro, con el propósito de convertirlo en soberano capaz de unir las polis griegas que no aceptan la hegemonía macedónica, los escritores-filósofos asumen el asesoramiento intelectual del gobernante, se convierten en su sostén teórico, asumen su legitimación a través de las instituciones creadas por el poder político.Alejandro deviene el paradigma mayor que puede exhibir la “trinidad griega”, en su carácter de soberano movido por la “energía formadora del espíritu”.

En la Edad Media, la oscuridad invade las ideas del hombre, sólo algunos clérigos que saben leer y escribir, dedicados a comentar las Sagradas Escrituras a partir de obras de filósofos de la antigüedad, reciben el calificativo de escritores. Según Erasmo de Rótterdam, se trata de unos señores sin otro alimento que su vocación de ovejas, en realidad, protectores del conocimiento bajo el disfraz de lobos. En su mayoría o servían a los papas o estaban a los pies de un príncipe. Erasmo escribió su Elogio de la locura como una forma de enemistarse con estos tipos, devenidos centinelas del saber.

En uno de los libros seminales de la cultura hispana: El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Don Miguel de Cervantes, dice Alonso Quijano: “Alcanzar alguno a ser eminente en las letras le cuesta tiempo, vigilias, hambre, desnudez, vahídos de cabeza, indigestiones de estómago y otras cosas a éstas adherentes...” En el tomo II señala: “Dos caminos hay hijos, por donde pueden ir los hombres a llegar a ser ricos y honrados: el uno es el de las letras; otro, el de las armas”.

En la modernidad el ideal de escritor cambia. En el libro germinal de esta época, Ulises, de James Joyce, uno de los personajes señala que se trata de “Soñadores, nubosos, simbolistas.” Seres románticos que creen liberarse de las cadenas literarias y transformar el mundo con sus creaciones. Esa imagen del escritor seguirá curso hacia horizontes insospechados, en sus interioridades se esconden algunas máximas: o se les odia, o se les ama, o se les descalifica, o se les compromete...

Hasta aquí se pueden realizar algunas precisiones. El escritor, al que hacemos referencia, lo que persigue es la construcción de una imagen que lo diferencie del resto de la sociedad, ya sea por el vestuario, el aspecto físico, pero sobre todo, por el conocimiento que concentra en sus manos. Estos hombres llegaron a pensar sociedades ideales gobernadas por sabios, o estadistas formados en sus doctrinas. El control del conocimiento es la máxima en los tiempos de la cultura griega antigua.En la época que sigue lo que predomina es el anquilosamiento del saber. El conocimiento es encerrado en las leyes de Dios, sólo es verdad lo que postulan las Sagradas Escrituras, lo demás es herético. El conocimiento pierde valor a los ojos del hombre, el oficio de escribir atraviesa un momento de crisis temporal.

Posteriormente el hombre se plantea otros caminos para alcanzar sus metas, las armas o las letras, la primera de probado éxito, la segunda también, pero en un azaroso camino. Escribir dignifica, lo mismo te lleva al brazo de los reyes, que al cadalso, se convierte en un oficio que muchos anhelan.

Con la llegada de los tiempos modernos la imagen del escritor toma otros horizontes, escribir da prestigio, pero también permite ejercer una posición transformadora de la sociedad, independientemente de que se les llame soñadores o simbolistas…

(Fragmento tomado de mi  libro: La soledad del oficio, Ediciones Santiago, 2009.)

Fotografías tomadas del sitio https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgdHYJPkWGgd7pTQ8MdVhovv_c30o2jPaCR73O_-iZZ30ek5WaCCSvzmbxNkplW841BWXHTpimVcs237WyrpMjECyP9JBGH_udArVyTQwhny8M7TmPZ8PTxfgWOtD-kIL1lUUuuW60tzoQ/s320/escritor.jpg

lunes, 7 de septiembre de 2009

Discurso sobre el agua, la sombra y la luz

Esta forma discursiva evidencia la búsqueda que hace el poeta de aquellos contextos que lo llevan hacia momentos de limpieza, liberación de lo sucio, alcanzar la pureza, la religiosidad profunda.

P
or Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu


Mirar la Isla es una obsesión en los que emprenden el camino del mar, la nostalgia los hace volverse una y otra vez hacia el terruño, llevan en su mente raíces que no pueden ignorar. Pienso en un escritor como Vicente Dorado, que en conversación reciente, nos decía que la Isla es una prisión simbólica de la que nunca el hombre logra salirse.

También soy de los que no creo que la Isla se mire mejor desde afuera, aunque uno de esos escribas de la otra orilla quiera desmentirme. Cuando la Isla viaja en la mente, no es una circunstancia, mucho menos un traje, menos una bandera. Es un sabor, un olor, un dolor que se llevan dentro y no permiten el olvido. No es una fruta bíblica. No son unas manos negras, ni siquiera blancas. Se lleva siempre adentro, pues las esencias favorecen la comprensión de nosotros mismos. La Isla siempre está en nosotros, queramos o no.

Esas ideas fueron encontradas al leer Ojos Verticales de Bismar Galán Gálvez, contramaestrense residente en República Dominicana, por esas razones decidí arriesgar un discurso sobre los caminos del mar, a partir de los cuales se hilvanan tres contextos que condicionan el cuaderno citado: la palabra agónica, la palabra en la aventura del mar, y la paz de la palabra.

A algunos les parecerá una redundancia, pero lo cierto es que las mismas las sostiene un discursar poético importante, las sombras, las luces y el agua, todas portadoras de significados diferentes a partir de los usos que les da el referido poeta.

El título en un inicio pareció sospechoso, hecho que me obligó a buscar las posibles justificaciones que dieron lugar a él. Se trata de uno de los poemas más infelices que haya escrito un poeta: Los gatos ocultan su castidad / en la sombra de la luna. / Lanzan sus gritos de amor / o de dolor sin proferir palabra / Tú vives –sin saber- la noche eterna. / Ellos visten de rosas y humedad / en arrebatos de manzanas que liban / ojos verticales.

Un buen lector apreciará de inmediato que hay trozos de un romanticismo trasnochado, de un idealismo cursi que viste de rosas y humedad, algo que no tiene razón de ser, si nos acercamos a la poética que forma parte del conjunto del libro.

Otra idea que nos sugiere la lectura es la relacionada con las marcas de identidad que traslada el poeta de una orilla a otra, sin dejar la insularidad, cuestión que lo lleva a imaginar partes con títulos que semejan olas: Oscilaciones y otros que dan catarsis: La paz de la palabra.

Tal vez las dos partes del libro en su conjunto arriesgan discursos diferentes a partir de contextos poéticos que las condicionan: la palabra en ristre, la palabra en la aventura del mar, y la paz de la palabra, esta última, cuando cree haber alcanzado la utopía de encontrarse con el yo poético. Por eso arriesgo un discurso sobre los caminos del mar, a partir de los cuales hilvana los tres contextos que condicionan Ojos Verticales.

Estos contextos poéticos son atravesados continuamente por las luces, las sombras y el agua, que funcionan como recurrencias en el discursar poético, son una obsesión permanente, al extremo que no puede liberarse de ellos en casi ningún poema, cayendo en reiteraciones innecesarias muy lamentables para la factura poética. Obsérvese a continuación:

manos que paren otras manos sin bosque / ni luz...

sin luz sobre esos bordes...

la luz se dispara...

luz y agua del cielo...

las luces hacia el fondo...

un tiempo luz...

habita a la sombra...

una sombra disimulada...

la sombra del sudor...

la sombra de un quejido...

la sombra de la acacia...

una sombra que sigue...

una sombra se desprende...

luces de sombras, sombras de luces...

la lluvia que me circula...

la lluvia traiciona al reloj...

a pesar de la lluvia...

rodamos sobre la mar...

Cómo ser agua...

pisar fuerte la otra orilla...

la lluvia que seduce...

sobre las aguas cercado por las aguas / Ahí están ellas unas me ahogan / otras me salvan...

blandas espumas...

baja a las aguas de otra caverna...

las aguas se mecen..., el agua nos salva...

las aguas amenazantes nos retan...

Fui lanzado a la pendiente por las aguas; huellas visibles sobre el agua; a pesar de las aguas...

Ese paso sin límites que sesga la lluvia...

las aguas de su rencor...


tus playas, mis ríos, mis aguas...

playa de luces;

traigo las manos de manantial.

Para comprender la palabra en ristre

Esta primera forma discursiva que organiza el libro, evidencia las referencias agonales que sirven de pautas a un conjunto de poemas, el contraste luz-sombras es un tratamiento binario que atraviesa la mayoría de los textos, es como si el poeta fuera movido por el mito de La Eneida y saliera de un mundo de sombras en la búsqueda de la luz.

No es casual entonces que la sombra aparezca tratada a partir de recursos literarios frescos y a veces sorprendentes: habita a la sombra; una sombra disimulada; la sombra del sudor; la sombra de un quejido; la sombra de la acacia; una sombra que sigue; una sombra se desprende.

En cada uno de los casos remite a lo existencial en el sujeto poético, un yo que agoniza en el interior de sí mismo y pugna por liberarse, hecho que torna sustancial el tratamiento conceptual de la agonía, que lo mismo transita por el sacrificio(sudor), el dolor(quejido), cansancio(la acacia), volubilidad(sigue), liberación(desprende).

Todo lo anterior me hace afirmar que el poeta intenta, a partir del dibujo de las sombras en diferentes contextos existenciales, acercarnos a sus referencias culturales.

Para comprender la palabra y su relación con el agua, la luz y la sombra

Esta forma discursiva evidencia la búsqueda que hace el poeta de aquellos contextos que lo llevan hacia momentos de limpieza, liberación de lo sucio, alcanzar la pureza, la religiosidad profunda.

Los contextos poéticos son atravesados continuamente por el agua y la luz, que funcionan como recurrencias en el discursar poético, son un obsesión permanente, al extremo que no puede liberarse de ellos en casi ningún poema:

manos que paren otras manos sin bosque / ni luz...

sin luz sobre esos bordes...


la luz se dispara...


luz y agua del cielo...


las luces hacia el fondo...


un tiempo luz...


habita a la sombra...


una sombra disimulada...


la sombra del sudor...


la sombra de un quejido...


la sombra de la acacia...


una sombra que sigue...


una sombra se desprende...


luces de sombras, sombras de luces...


sábado, 5 de septiembre de 2009

Caliban en la amenazada casa del futuro

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

El libro "Todo Caliban ", del poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, es un texto fundacional en el pensamiento cubano que emerge con la Revolución, siempre habrá que ir una y otra vez a su lectura, para comprender el conflicto cultural, entre los que se suman a la épica de 1959 y sus detractores. A continuación reseñamos algunas de sus ideas, por los valores literarios e históricos que subyacen en las mismas.

La simbología del Viejo Continente, ese que nos descubrió, según algunos historiadores etnocentristas, ha sido reinterpretada al calor de las nuevas circunstancias que emergieron con el encuentro de América y las consecuencias que de ese hecho derivaron.

Sin ser un especialista en simbología, ni mucho menos un viajero que viene de afuera a adentro a descubrir lo que era un continente poblado, el hombre de Europa colonizó estas tierras, las dotó de significados, no olvidemos que quien manda nombra y este es uno de los tristes episodios de la historia universal.

Muchos venían alucinados por leyendas míticas que habían escuchado en voces marineras, la fuente de la eterna juventud, el Dorado, fabulaciones que movieron la codicia y el afán emprendedor de aquellos hombres despiadados, que intentaron borrar los símbolos a partir de los cuales se interpretaba la vida de este lado del Océano.

Es sumamente curioso lo que ocurrió con algunos símbolos, “del Viejo Mundo” y que ya eran nuestros, como es el caso de Calibán, el bárbaro al que Shakespeare dio un perfil universal a través de The Tempest (1625). Shakespeare diseña un arquetipo, el hombre de costumbres brutales, pervertido, dueño de una tierra que no sabe cultivar ni defender. Esos hombres, venían tras leyendas promisorias de enriquecimiento rápido, son los que darán material para que la Europa de Shakespeare defina a Calibán.

Fernández Retamar cita el Diario de Colón para corroborar su aserto: “...lejos de allí había hombres de un ojo, y otros con hocicos de perros que comían a los hombres” “así que monstruos no he hallado, ni noticia, salvo de una isla, (de Quaribes), la segunda a la entrada de las Indias, que es poblada de una gente que tienen en todas las islas por muy feroces, los cuales comen carne humana”.

Retamar dice que esas visiones de los aborígenes americanos se difunden por Europa y dan lugar al antropófago, “el hombre bestial situado irremediablemente al margen de la civilización, y a quien es menester combatir a sangre y fuego”.

Todo lo anterior motivó al poeta y ensayista cubano a escribir el libro “Todo Caliban”, el mismo integra un conjunto de ensayos que parten del ya célebre “Caliban” de 1971 y nuevas aproximaciones al símbolo al calor de los nuevos tiempos, así aparecen también “Caliban revisitado” de 1986, “Caliban en esta hora de nuestra América” de 1991, “Caliban quinientos años más tarde” de 1992 y “Caliban ante la antropofagia” de 1999.

En el Caliban germinal de 1971, el autor realiza un balance y evaluación del Calibán construido por los europeos, y el construido por los latinoamericanos, las diferencias entre uno y otro y el por qué se convierte en símbolo para los segundos. Lo llama concepto metáfora, el más acertado de “nuestra situación cultural, de nuestra realidad”. Incluso le da nuevas interpretaciones relacionadas con la América europea y los símbolos asociadas a la misma, que representan al intelectual que cae deslumbrado por los espejismos de la nación yanqui.

Ya una vez escribí en uno de mis ensayos titulado “La soledad del oficio”: “Caliban es un símbolo de resistencia, mientras “Nuestra América” viva dependiente, está obligada a escribir con la pluma del bando al que pertenece, no hay otro camino, a no ser que gire hacia la propuesta de Sarmiento, su modelo occidentalista, escrito en el Facundo; o hacia lo exótico, para exhibirlo en vitrinas de Europa o Norteamérica y devenir adelantados de ese Occidente, que nos mira como si todavía vistiésemos delantales”.

Roberto también nos habla de la anti-América, la de quienes trataron o tratan de imponernos esquemas metropolitanos, “o..., mansamente reproducen de modo provinciano lo que en otros países tiene su razón de ser”.

“La situación y las tareas de ese intelectual al servicio de las clases explotadas no son por supuesto las mismas cuando se trata de países en los que aún no ha triunfado la revolución socialista, que cuando se trata de países en los que se desarrolla tal revolución”. “Intelectual será un teórico y dirigente –como Mariátegui o Mella-, un investigador -como Fernando Ortiz-, un escritor – como César Vallejo-. En todos estos casos, sus ejemplos concretos nos dicen más que cualquier generalización vaga”.

Este primer ensayo tiene el mérito de presentarnos el debate de ideas que se generó a partir del Primero de enero de 1959, con el estreno de la épica revolucionaria y lo que representan figuras como Fidel Castro y Ernesto Guevara como atributos necesarios del Caliban.

Se ha dicho que este ensayo tiene una lectura extremadamente política y centrada en el Caribe, lo que limita su universalidad en el contexto de la reflexión latinoamericana en torno al problema de la identidad, sin embargo el autor en todo momento defiende el supuesto de una cultura latinoamericana viva, que no se limita a repetir los rasgos que la nutrieron.

Defiende un conjunto de fechas, no sólo del Caribe, sino también de toda Nuestra América y aclara: “Fechas así, para una mirada superficial, podría parecer que no tienen relación muy directa con nuestra cultura. Y en realidad es todo lo contrario: nuestra cultura es – y sólo puede ser- hija de la revolución, de nuestro multisecular rechazo a todos los colonialismos; nuestra cultura, al igual que toda cultura, requiere como primera condición nuestra propia existencia”.

El autor incluye en la edición del ALBA, una posdata escrita para una edición japonesa de Caliban, en la que nos habla de algunas de las novedades como la inclusión de mujeres ante la excesiva presentación de hombres en la edición inicial; el hecho de hacerle justicia a George Lamming y su obra Los placeres del exilio, y algunas precisiones en el uso del concepto mestizaje en su sentido cultural más que étnico.

En “Caliban revisitado” el autor explica las circunstancias históricas que dieron lugar al ensayo, conjuntamente con algunas cuestiones que con el devenir de los años obligaron a reconsiderarlas. De hecho en las páginas de esta obra, el autor asiste y participa críticamente en el debate político y cultural que sirvió de contenido a la primera edición de Caliban. Por sus páginas transitan figuras emblemáticas y contradictorias como Alfred Sauvy, Mario Vargas Llosa, Ángel Rama, Heberto Padilla, Julio Cortázar, Emir Rodríguez Monegal, Jorge Luis Borges y Carlos Fuentes.

Ante los que critican a Caliban, Retamar señala: “Mi aspiración no es, no fue nunca, presentar la América Latina y el Caribe como una comarca cortada del resto del mundo, sino como una parte del mundo: una parte que debe ser vista con la misma atención y el mismo respeto que las demás, no como una paráfrasis de Occidente”.

A los lectores de “Todo Caliban” sólo me resta decirles que no dejen de apreciar los restantes ensayos, que tienen entre sus virtudes el hecho de acercarnos al debate de ideas en torno a los conceptos de modernidad, modernismo, lo que es propio de uno y lo que es propio del otro, la repercusión de esos procesos en Nuestra América y la forma en que se han interpretado y evaluado los mismos.

Nos acercan también al simbolismo de Caliban, quinientos años después de 1492, lo que generó aquel dramático proceso para Nuestra América, los conceptos a partir de los cuales se intentó caracterizar las realidades de estas tierras, que ilustran con claridad el ensanchamiento de la brecha entre países pobres y países ricos. Señala hacia la imaginación, como fuerza poética para entrar sin temor en la amenazada casa del futuro.

Por último, sugerir una lectura atenta del texto “Caliban ante la antropofagia”, en el que realiza algunas consideraciones relacionadas con la evolución del nombre Caliban, en su tránsito por el inglés, el francés hasta llegar al español y el porqué se convierte en una palabra llana. Realiza una valoración del legado de Oswal de Andrade y su visión de la antropofagia. Presenta las similitudes entre la Antropofagia de Andrade y el Caliban que defiende y fundamenta Fernández Retamar.

Finalmente, precisar que “Todo Caliban”, es una primordial evidencia de los asuntos que atañen a lo nuestro. Retamar es un poeta-pensador que no ha sucumbido, a pesar de los tiempos modernos, a las tentaciones de Próspero.
Notas:

viernes, 4 de septiembre de 2009

Aunque escribas mal, desahógate

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Hace algún tiempo acaricio el deseo de hacerle una entrevista a la escritora Yulexis Ciudad Sierra, nacida en Baire, uno de los territorios del municipio santiaguero de Contramaestre. Debía esperar el contexto ideal y este llegó con el premio recibido en el XII concurso nacional de poesía Regino Pedroso y la repercusión de su libro Casa de Insomnio en la crítica literaria de la zona oriental de la isla.

Me fui hasta su casa. El café no se hizo esperar y enseguida lo degustamos entre las necesarias preguntas que llegaron de forma espontánea.

Sin proponérnoslo entramos al laberinto de una mujer sensible, cargada de sueños, la única fémina que escribe por estos predios, donde los hombres parecen enseñorearse con la literatura.

Nos remitimos a su niñez, los reinos donde creció, la vocación literaria, las lecturas imprescindibles, las influencias, las temáticas desarrolladas en Casa de insomnio, los espíritus de la mujer...

Arnoldo Fernández Verdecia: Casi todos los escritores tienen una niñez desviada, incomprendida. ¿Fue así la tuya?

Yulexis Ciudad Sierra: Yo tenía apenas 5 o 6 años, fui una niña que mi Mamá soltaba mucho, porque siempre fui sincera; abuela también. Me crié con ellas, soy hija de padres divorciados.

AFV: Algunos niños construyen reinos autónomos ante los adultos. ¿Qué reinos se creó Yulexis?

Y.C.S: La lectura fue mi predilección. Leí "La Edad de Oro", "El principito", me reí mucho de la paradoja que utiliza el autor, de que los mayores no entienden mucho de los niños y olvidan que una vez lo fueron. Una vez le pregunté a mi abuela: ¿por qué dicen que los mayores no entienden muchas cosas de los niños? Me respondió que cuando fuera grande lo podría entender. Otro libro que amé fue "La ballena azul ", jamás lo he vuelto a ver, tampoco sé como se extravió. Fue otra de mis pérdidas.

AFV: ¿El fantasma de la escritura se te aparece a qué edad?

Y.C.S: No imaginé que llegaría a ser escritora. Parece que las canciones infantiles me influyeron; mi mamá era educadora y luego directora de círculo infantil, las cantaba sistemáticamente, porque sabía muchas de ellas. Las canciones también son literatura.

De niña mis regalos favoritos fueron los libros, quizás eso contribuyó en algo. Siempre tuve conciencia del flujo literario que habita en mí, me viene por mi abuela por parte de madre. Papi también leía mucho y yo lo veía.

AFV: Hay lecturas inolvidables que determinan la formación de un escritor. ¿Cuáles fueron las tuyas?

Y.C.S: "El Ismaelillo", sobre todo su prólogo. Otro de mis libros favoritos fue " Casa de muñecas ". ¿Sabes lo que me regaló mi mamá en la secundaria después de haber salido de una operación quirúrgica? "Molinos de viento". Las de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Dulce María Loynaz, la Avellaneda, tendría que hacerte una lista inmensa.

AFV: ¿Qué significa el poeta y narrador Eduard Encina en la vida literaria de Yulexis Ciudad?

Y.C.S: En secundaria tropiezo con Eduard Encina, llega hasta mí por la noticia de un concurso de español que había ganado en el ámbito nacional. Manejó su psicología para apoderarse de mis poemas. Recuerdo que lo llevé hasta mi casa y le enseñé unos 206 que tenía en dos cuadernos. Se los mostré sobre la máquina de coser de abuela, se los llevó y de aquella colección sólo quedaron 50, que luego se pulieron. Eduard es quien me incorpora al mundo literario. Tenía deseos de compartir con lo soñado.

AFV: "Casa de insomnio" es tu primer libro, poesía, y confiesas que eres mejor como narradora. ¿Cómo justificas que no fuera narrativa lo primero?

Y.C.S: Era una deuda con mi Padrastro, una persona especial, por eso "Casa de insomnio" está dedicado a él, era alguien apacible, se reservaba sus dolores. Fue muy protector conmigo, sabía guiarme. Siempre me preguntaba si había escrito algo. Recuerdo que unos meses antes de morir me dijo: vamos a conversar, estaba interesado en contarme algunas de sus historias y es cuando surge mi cuento "Los soldados no van al cielo". Ese cuento narra los sufrimientos que pasó mi Padrastro en Angola. Siempre me decía "tienes que escribir, aunque escribas mal, desahógate".

Tenía que salir "Casa de Insomnio", porque marcó un momento de mi vida: la muerte de mi Padrasto, ese "Padre" que se acercaba a mí, como yo quise y siempre he querido que se me acerquen todas las personas. Me hizo ver lo mejor de mí y lo ayudó a desarrollar.

AFV: Yulexis Ciudad a veces parece una mujer melancólica, los espíritus parecen guiarla. Su Padrasto sigue en su vida y lo confiesa con tristeza mezclada de nostalgia.

Y.C.S: He dicho que el sueño más triste de mi vida ocurrió luego de la muerte de mi Padrastro. En el sueño me decía: "Eres quien debe fortalecer a la familia, eres una casa fuerte, fuerte ante los golpes de la vida. Nunca llores, que el llanto sea porque estás alegre. Estudia y levántate. Me lo dijo llorando, con la cara roja y aquella garganta fruncida. En el sueño me tomaba de la mano a mí y a mi madre, estaba delante de una pared que se estaba cayendo”.

AFV: Eres una escritora tan segura de ti misma, que algunos te imaginan egocéntrica.

Y.C.S: Nunca he pensado que mis desprendimientos están muy buenos, pero sí trato de trazarme una meta y aceptar al menos una gran parte de las críticas que me hacen. Soy sincera con los lectores, conmigo misma. En esta Casa habrá un lugar posible y nadie puede temer a llegar hasta mí.

Otra taza de café era servida a la mesa, un magnífico cierre para una conversación sincera durante una mañana de domingo. Al degustarla, comprendo la vida de esta mujer que supo desde muy temprano de su vocación por la literatura.

Me acompañó hasta la puerta de su hogar, tan caluroso y húmedo, varios libros fueron desgranados sobre mis manos, entre ellos Casa de Insomnio y una bella dedicatoria: “Para Arnoldo, viejo amigo, esta Casa de insomnio, una vez habitada por Papi. Hoy, para siempre en sus páginas. Con mucho afecto. Yulexis Ciudad Sierra”.

A un escritor en Bayamo

Por Emilio Ichikawa Morin

Arnoldo Fernández Verdecia nació en Bayamo. Trabaja en la emisora Radio Grito de Baire y escribe regularmente para su WEB. Lleva su propio BLOG titulado Caracol de Agua. Fernández Verdecia ha escrito un libro (se puede seguir en la red) sobre el lugar del escritor local ante las tendencias dominantes de los centros de provincia y la metrópolis habanera. Recientemente ha realizado una entrevista a su coterráneo Eduard Encina Ramírez, figura relevante de la Asociación Hermanos Saíz, donde cuenta sobre su participación en el Consejo Ampliado y su encuentro con Alfredo Guevara. Yo reviso regularmente los sitios donde escribe, puede decirse que conozco su trabajo y hasta algo de su andar, porque he seguido el paso de los ciclones por sus artículos. ¿Qué le puedo decir a este laborioso compatriota que cree en muchas cosas en las que ya yo no creo tanto, y quizás viceversa? Acaso que admiro su trabajo y que me gustaría leer más sobre la literatura que hacen en Bayamo, Mabay y Contramaestre. Eso, y desearle suerte.

Fuente: Cuba Blog - http://cubablog.feedcluster.com/

martes, 1 de septiembre de 2009

Pensar los límites: Arnoldo Fernández y su obra ensayística

Por Orlando Concepción Pérez

Este miércoles, la librería municipal Daniel Reádigos de nuestra ciudad, fue escenario de la tertulia literaria Caserón, espacio de confluencias que anima el escritor Orlando Concepción Pérez y es patrocinada por la biblioteca Luz Bertha Sánchez y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en el territorio. Esta vez se dedicó a la obra del ensayista Arnoldo Fernández, nacido el 19 de diciembre de 1971.

El encuentro sirvió de pretexto para comentar la obra de Fernández Verdecia, sobre todo sus textos publicados: “Aproximación crítica a los estudios de la carta inconclusa de José Martí a Manuel Mercado”, que forma parte de la compilación, al cuidado del intelectual santiaguero Israel Escalona, “El Maestro en nosotros ”, de Ediciones Santiago 2003, y el ensayo “Nombrar a José Martí”, que da título a una antología de jóvenes santiagueros, de la Asociación Hermanos Saíz, también de Ediciones Santiago 2009, muy bien recepcionados por el auditorio participante.

Sus libros “Leer la Edad de Oro con ojos de mujeres”, publicado en 2005 y seleccionado entre los que representó al sello Ediciones Santiago en la XIII Feria del Libro en San Carlos de La Cabaña, La Habana,2006 y “La soledad del oficio”, de Ediciones Santiago, 2009, fueron ampliamente debatidos por los participantes de la tertulia Caserón.

Fernández Verdecia labora como redactor reportero en el sitio web www.radiogritodebaire.icrt.cu , desde su fundación, hace cuatro años y medio. En su haber tiene un significativo número de trabajos publicados en las secciones Cultura, José Martí y Nuestros Periodistas Comentan, encargado principal en esta última, de redactar la columna de opinión semanal. Trabajos suyos aparecen en varios sitios web de Cuba y el mundo.

También realiza trabajos de género para la redacción informativa de la emisora Radio Grito de Baire. Ha participado en los dos últimos festivales de la radio municipales con varias obras, entre los que sobresalen un reportaje sobre la figura de José Martí titulado “Misterio que nos acompaña” y la entrevista “En la soledad del laberinto”, realizada al escritor Orlando Concepción Pérez, este último, premiado en el Festival Provincial de la Radio, Santiago de Cuba, 2009.

sábado, 29 de agosto de 2009

De cómo la “Guillermomanía” invadió a Contramaestre

Llamo “Guillermomanía” a la predilección por la obra y el modo de ser de Vidal Ortiz, al extremo de construirse una imagen que mitificó su manera de vestir, hablar, gesticular.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

En una de las conversaciones habituales sobre literatura, uno de los amigos que más lee por estos parajes, consideró a Alberto Garrido paradigma de escritor en el oriente cubano. Al leer “Matarile”, “La saga del perseguido” y “Las manzanas del paraíso”, del tunero Guillermo Vidal Ortiz, cambió de criterio.

A propósito de sus revelaciones le mostré mi colección de su obra . Para mi amigo había comenzado la “Guillermomanía” que nos había invadido en los 90 y hoy es abrasadora. En este artículo presentaré brevemente los elementos que dan lugar a ese fenómeno y algunas características de la obra de Guillermo Vidal que la hacen un referente imprescindible para los que escriben en el mapa literario cubano, sobre todo en el oriente.

Llamo “Guillermomanía” a la predilección por la obra y el modo de ser de Vidal Ortiz, al extremo de construirse una imagen que mitificó su manera de vestir, hablar, gesticular. Unos señalaron su melena y barba a lo Moisés de Michelangelo, con pulóver negro, jeans y sandalias, sus espejuelos a lo John Lennon, el escritor irreverente, de sabrosa picardía e inteligencia avispada. Se acudió a esta representación de Guillermo, por los atributos que la hacían diferente ante una sociedad algo homogénea en su escenificación pública. Se estrenó con ello, un modo de escribir y ser a lo Vidal Ortiz.

También su poética devino referente imprescindible, pues desarrolló una perspectiva centrada en la vida cotidiana; la voz rural alcanzó un tono peculiar en la misma, que lo diferenció de otros escritores de su generación. “Me alegraba como carajo viajar sobre un camión mientras veía las casas de campo y los animales por todas partes y los guajiros arando la tierra a lo lejos” , dice el protagonista de “Los cuervos”.

En el citado texto, narra su experiencia sexual con inocencia: “Había mierda de animales por todas partes, pero nos acomodamos en una esquina. Yo estaba muerto de miedo porque en realidad nunca lo había hecho con ninguna, sólo las había visto en fotos y eso. En cuanto llegamos al rincón ella se había puesto como loca y me la cogía por encima del pantalón y me la sacó y se la pasó por allí mientras me besaba por todas partes”.

Las historias narradas por Guillermo tienen una universalidad original. “Ahí está el pozo y aunque tiene brocal no dejan que uno se acerque porque el diablo empuja y nosotros velamos que no haya nadie y nos asomamos y nos vemos las caras y gritamos eh y sentimos el eco y hay un olor húmedo y terrible allá abajo, yo no sé como Manolón se baja todos los años a limpiarlo. Tremenda fiesta se arma el día de la limpia. Nos bañamos ahí mismo quieran o no. Nos ponemos como si tuviéramos ganas de ayudar y al poco rato estamos empapados”.

Nuestro club de “Guillermomaníacos” de Contramaestre se fundó en el año 1994, fecha en que se publicó “Matarile”, la novela más célebre de Vidal Ortiz. Tuve el honor de ser uno de los precursores y contaminar a incontables amigos. Éstos fueron multiplicando su obra entre mucha gente, al extremo de devenir obsesión para los lectores jóvenes que se reunían allí.

A propósito de “Matarile”, algunas ideas al momento de su publicación, motivaron agudas reflexiones y encandilaron nuestra adhesión al autor: “Soñé que era profesor en una escuela al campo y me morí del susto” . “Nunca te hagas profesor porque eso es peor que morirse” . El texto tiene la ingenuidad de narrar el primer día de clases de un educador recién graduado con todos sus matices y la vida en el sistema de becas cubano, algo que molestó a muchos de los guardianes de la ideología. Fue muy criticado por dos de las estaciones radiofónicas de la isla: Progreso y Rebelde.

Su lectura deparó algunas sorpresas, no sólo ironizaba la imagen del pedagogo desde la ficción, sino también cómo se experimentaron en provincias diferentes sucesos del acontecer nacional: el servicio militar, las becas para La Habana, la Zafra de los Diez Millones, la vida interna de los Institutos Superiores Pedagógicos, la cárcel, el ejercicio de la docencia en las escuelas en el campo, temas familiares como la sexualidad, la migración y la lucha por la subsistencia. Todas condimentadas con una picaresca captada en los ambientes rurales donde se desenvuelven los protagonistas, especialmente Toño. Otro de los personajes logrados es Marcos Puñeta, la encarnación de la prepotencia, o el de Rincón, persona estricta en el cumplimiento de los deberes castrenses.

Al leer el conjunto de la obra de Vidal Ortiz, se comprende que “Matarile” es una novela de experimentación, en el uso del lenguaje y la técnica narrativa. Es considerada un poema escrito como una larga novela, o viceversa, lo cierto es que los críticos no logran ponerse de acuerdo para su clasificación. Las temáticas que propone y desarrolla son recurrentes en toda su poética. Los cambios y rupturas estructurales se producen en la forma de ser, del habla y de la lengua del cubano rural.

En aquellos tiempos, finales de los 90 y principios del 2000, teníamos un taller literario. Éramos felices con la idea de creernos escritorazos como “el Guille”. La suerte llegó con la invitación a una Feria del libro en Santiago de Cuba. En la tarde, “nuestra deidad” presentaría una de sus últimas novelas: “Ella es tan sucia como sus ojos”, a cargo de Aida Bahr.

Empecé un monólogo sobre “el Guille”, una especie de delirio que rayaba en lo cursi. El escritor Eduard Encina dijo: "¿Por qué no le dices todas esas cosas? Casi me morí de espanto, por eso no me di cuenta de su desaparición, al rato regresa. Ahí lo tienes".

De un tirón le platiqué lo que había leído, mi predilección por “Matarile”. “¿En verdad lo entendiste? Es un texto difícil.” Casi se lo conté. Su rostro estalló en una risa quijotesca. “¿Como joven, te sirve de algo?” Atiné a responderle: Maestro, en sus páginas encontré una forma inteligente de “criticar” a la gente puñetera que lo vuelve a uno loco. Me abrazó y en forma ceremonial exclamó: “¡Es increíble que en Contramaestre me lea tanta gente, gracias a este muchacho!”.

Al escuchar sus palabras pensé en las digresiones de uno de los personajes de “Los cuervos” sobre el proceso escritural: “…el oficio corrompe, vulnera, trabajar como un burro durante horas no es tan agradable como algunos fingen…”


Para los que vivimos un insilio de soledades y laberintos en el oriente de Cuba, Guillermo Vidal es uno de los escritores que mejor refleja nuestro mundo, nuestro dolor; sus palabras son lo único que nos queda, lo único que no emigra, lo único que permanece. El Guille no está en el Paraíso ni en el Infierno, está en cada uno de los que hicimos de su imagen una “Guillermomanía”. Siempre recuerdo los argumentos que justificaron su permanencia en las Tunas para agarrarme al terruño y poder escribir:

“Me va bien porque vivir lejos del mundanal ruido, permite que no me jodan. (…) Los viajes me deprimen un poco, pero a veces asisto a ferias en otros países, no a tantas, y me siento como un bicho raro y apenas hablo con la gente y sueño con volver a casa para no estar en salones y protocolos que me apocan, que me hacen decirme qué hago aquí, por qué no me quedé en casita, sin tanto barullo. Es que soy muy tímido. Aún así, imparto conferencias y doy entrevistas y salgo por la tele y nadie se da cuenta de que me cuesta mucho trabajo. Prefiero las conversaciones privadas, la gente sencilla, y detesto las frivolidades que llegan a asquearme”.

Artículo tomado de la revista literaria y cultural SIC, No. 43, julio-agosto-septiembre, 2009, pp. 13-15

viernes, 28 de agosto de 2009

En la soledad del laberinto

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

El periodismo en Contramaestre tiene en Orlando Concepción a uno de los iniciadores principales; lo mismo sucede con la literatura. Y es que en la vida de este autor, periodismo y literatura son una familia. Movido por ese argumento conversamos sobre la práctica de dos oficios tan complejos pero apasionantes.

Primero fue el periodismo


Llegamos hasta su casa en la calle Guillermón Moncada del municipio Contramaestre en Santiago de Cuba, está en camiseta, no se ha afeitado, le dice al fotógrafo. Quiso posar como una distinguida figura.

Le pedimos que se fuera hasta su mesa de trabajo, entre los límites desde los cuales concibe su obra, allí está la olivetti, dice quererla más que los $200 que le costó. Sus dedos se dejaron correr con habilidad y empezó a hablar en octosílabo, don que cree tener desde 1990, cuando una muchacha le dijo que hablaba en décimas.

Enseguida comenzaron sus bromas con los que hacen periodismo en Contramaestre, hecho que facilitó una pregunta ¿por qué antes de ser narrador de cuentos, Orlando Concepción Pérez fue periodista?

Desde los 15 años comencé a hacer periodismo. Ayudó a sintetizar. Me enseñó a escribir con oficio, lo mismo para hacer un reportaje que para hacer una crónica. El hecho de tener que usar la narración y muchos de los recursos que también usa un escritor, contribuyeron a formar en mí el narrador que llevo adentro. Periodismo y literatura son una gran familia.

Influencias

Siempre hay escritores que a uno lo marcan. A mi me sucedió eso con Onelio Jorge Cardoso, aunque nada de lo que he escrito se parece a lo hecho por él. También Félix Pita Rodríguez. Pero el que más me influyó fue el mexicano Juan Rulfo; al leer "El llano en llamas", me di cuenta que tenía que escribir de otra manera. Hay algunos cuentos en mi libro "La fuerza del hombre", que tienen la marca de Rulfo. Ernest Hemingway me dio una lección, aunque no estoy seguro de haberla captado, con oraciones cortas se hacen cosas interesantes.

Los libros que más quiere

A todos los hijos los quiero igual y es un lugar común decirlo. Creo que de mi obra lo mejor es "Dos cuentos", me gustaron no porque hayan sido premiados, sino porque le dan un vuelco al tiempo narrativo de los cuentos de "La fuerza del hombre". Si me voy por lo sentimental adoro "El Dinosaurio azul" porque está dirigido a los niños, son los más inteligentes. Existe un grupo de ellos que son mis amigos, les leo las cosas que escribo y me dicen lo que funciona y lo que no, como el mejor de los críticos.

Del cuento a la poesía un salto mortal

Te voy a confesar una cosa, creo que nunca se la he dicho a nadie. Una de esas tardes de verano que tiene Cuba, encontré a Felix Pita Rodríguez y dijo que en mi obra narrativa había poesía, desde ese día comencé a creérmelo. Primero me enamoré de la décima, está más cerca de lo cubano y me salen con mucha facilidad, cosa que no me sucede con el soneto que es mucho más difícil. Me salen algunos que no sabría decirte si son buenos o muy malos.

Después escribí versos libres y lo hice porque me marcó un encuentro con el poeta José Lezama Lima. Sucede que fui a verlo para conversar sobre su obra, me preguntó lo que pensaba de ella, anonadado le respondí: Maestro, yo no entiendo ni jota de lo que usted escribe. Estalló una risa enorme y su barriga le saltaba, me dio un abrazo y pareció feliz con mi respuesta. Ese día comenzó el misterio de la poesía para mí.

Los jóvenes y la escritura

Escribo muchísimo y siempre estoy rodeado de jóvenes que inspiran a cualquiera, quieres mejor inyección que la juventud. Hoy tenemos más de una docena de muchachos que escriben y lo hacen bien. En mis comienzos el oficio era muy solitario y no tenía con quien intercambiar experiencias.

Sus manías

Creo que te he dicho un discurso, dijo, cerrando la entrada que había dado a su laberinto. Regresó a su camiseta, pero antes leyó un ensayo que había escrito sobre un reconocido poeta de Contramaestre. Luego nos acompañó hasta la puerta. El olor que despiden las mariposas de su jardín nos hizo recordar algunas de sus manías, si este olor no inunda su espacio de trabajo, la musa lo abandona y todo estará perdido.

jueves, 27 de agosto de 2009

La soledad del oficio

Por Yovanis Acuña Montero

Escribir siempre ha sido una de las aventuras más interesantes que ha descubierto el ser humano. Asimismo es una verdadera aventura, no tan interesante, la publicación de las obras que sueñan sus creadores.

Es ahí donde comienzan a sucederse los obstáculos objetivos y subjetivos. Ideas como éstas maneja Arnoldo Fernández Verdecia en su texto: “La soledad del oficio”, libro inquietante y motivador, que hace un análisis sucinto y profundo de la escritura en correspondencia con su contexto y que fue presentado hoy, en la librería municipal, por el escritor Orlando Concepción.

Al decir de Arnoldo en el prólogo de este libro: “Los compromisos y dilemas que enfrenta un escritor en cualquier parte y época, es un universo cultural que surca el rostro de la humanidad desde sus albores. ¿Qué sería lo trascendente en un ensayo sobre el tema? Prefiero definirlo con una metáfora: escritor del interior de Cuba ”.

Este tropo es ideal para adentrarnos en la propuesta de Fernández Verdecia, y es que la principal problemática que aborda el libro son las vicisitudes que pasan los escritores desde el interior del país, específicamente desde el municipio, tan alejado de los circuitos culturales nacionales.

La Soledad del Oficio no es un libro de resentimientos ni de pedidos, es un texto que invita al diálogo, al análisis de una realidad que debe hacerse más enfática en el intercambio cultural contemporáneo de la isla. Lo cierto es, que Arnoldo Fernández no resulta el único con este reclamo, hay muchos que comparten la soledad de su oficio.

martes, 25 de agosto de 2009

Escritor de Contramaestre conoció a Mario Benedetti

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu


La muerte del escritor Mario Benedetti sorprendió al mapa literario universal, nadie estaba preparado para escuchar una noticia como esa, sin embargo, algo que se llama destino se llevó el cuerpo del afamado poeta y narrador, autor de los “Montevideanos”, no así su obra, devenida patrimonio de las personas sensibles del planeta. En nuestra ciudad, el escritor Orlando Concepción guarda como un preciado tesoro sus dos encuentros con Mario Benedetti en la década de 1960. Sobre los pormenores ocurridos en los mismos, nuestro sitio conversó con él.

Periodista: ¿En qué circunstancias conoció a Mario Benedetti?

Orlando Concepción: Conocí a Benedetti en 1967, el mismo año en que él asumió la dirección del Centro de Investigaciones Literarias en Casa de las Américas. Fue una noche sin igual en Santiago de Cuba. Sesionaba una especie de Taller Literario. Un cuento mío, titulado entonces “La palabra órdenes”, resultó triturado por un grupito de los existentes en esa ciudad aficionados a la mordacidad. Después de leer, me uní a un cuarteto de figuras de la literatura, que hacían más placentera la presencia en aquel edificio en cuya entrada se alzaba majestuosa una mata de framboyán.

Allí estaba como cercano observador José Soler Puig, acompañado a su derecha, por Mario Benedetti, y a su izquierda por Rafael Soler Martínez y Luis Díaz Oduardo. Con modestia me acerqué hasta situarme al lado de Benedetti. Extendí mi mano saludadora desde Benedetti hasta Luis. Aspiro a leer “Montevideanos”, dije al célebre uruguayo. “Podrás”, sólo dijo.

Se acercó uno de los críticos mordaces, y soltó su alegría: “Te hicieron leña”. Lo miré a los ojos, lo que él no había hecho, y respondí con serenidad: “A mí no, al cuento”. La carcajada de Benedetti recibió el coro de los otros tres escritores de excepción.

Finalizado el ritual de los comentarios aprobatorios, escuché el consejo de Benedetti: “Seguí escribiendo. Vos sos un cuentista”. Aquellas palabras en la voz de Mario Benedetti las recibí como un estímulo, sin la más mínima cuota de engreimiento.

Una hora después, coincidimos en la Librería “Renacimiento”. Allí estaba a la venta la primera edición cubana de “Montevideanos”. Compré dos ejemplares. Dedicó el mío, muy amable. Le pedí dedicara el otro a un amigo: “Chile” Morín. Me miró, extrañado. “¿Chile, el país?”. Le aclaré se trataba de un gran afecto, intelectual de mi pueblo, a quien llamábamos así.

P: ¿Volvió a encontrarse con él?

O C: Un año después, en octubre de 1968, dos de mis cuentos recibieron primero y segundo premio en el Concurso 26 DE JULIO, auspiciado por el Consejo Nacional de Cultura. En el programa de visitas, los premiados fuimos a Casa de las Américas. ¡Grata sorpresa! Nos recibió Mario Benedetti. Recuerdo su sonrisa y su abrazo atento. Su alegría no disimulada. “Vamos a ver a Haydeé. Le conté la anécdota de tu cuento. Quiero que la escuche de ti”. Conocer y saludar a Haydeé Santamaría fue un honor no programado. Cuando repetí: “A mi no, al cuento”, se rió como yo no imaginé que se reiría la hermana de Abel, la novia de Boris, la heroína del Moncada.

Después, hablé con ella y Benedetti, sobre mi cuento “Desilusión”, que escribí con el tema del torturador de Abel. Me habían dicho que no debía ser publicado. Lastimaría a Haydeé. Fue el ganador del primer premio. Ella quiso leerlo. “Si puedes, publícalo. Está bellísimo”. Me conmovió su elogio.

P: ¿Qué significación tienen para Concepción los encuentros con Benedetti?

O C: En mi memoria sin olvido está sembrado Mario Benedetti. Aquellas palabras, quizás con el sólo ánimo de estimular a un escritor novel (no tan novel), resuenan en mis oídos.

Siempre daré “Gracias por el fuego” al hombre que, con su narrativa me enseñó el alma de los “Montevideanos” y con su poesía, me hizo orar como un creyente, por su “Padre Nuestro Latinoamericano”.


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