miércoles, 30 de septiembre de 2009

La negación de mí mismo

Por Jorge Labañino Legrá y Arnoldo Fernández Verdecia

La décima parece ganar terreno en Contramaestre con la reciente publicación del libro Juegos de azar de Jorge Guevara, un texto singular en nuestra producción literaria, si tenemos en cuenta que la mayoría de las obras publicadas se ubican en la poesía libre, esa razón justificó el hecho de conversar con el autor sobre su inclinación por un género subvalorado.

Acabas de presentar Juegos de azar, tu primer libro publicado, ¿por qué la décima?

Jorge Guevara. Resulta curioso, siento como si la décima me hubiese escogido a mí, tal vez la elegí yo a ella, o sucedieron ambas cosas al mismo tiempo para estar más a tono con el título del libro. Por esas cosas de la vida y los malabares de la palabra azar, conocí la décima en el Café Bonaparte. Llegué allí con un manojo de versos libres y sonetos fresquesitos, fue precisamente entre libros, estudios, debates y bajo el humeante aroma del café que me inicié en esta forma de decir. El género me gusta, por eso sigo cultivándolo.

¿Qué esperas del lector?

J.G: Ningún sentimiento especial, salvo el interés por un género que se subvalora. El libro discursa en una suerte de psicoanálisis autobiográfico que transita por diferentes niveles de la espiritualidad y lo existencial que nos agobian, incluso la duda desde el límite de la aceptación o el rechazo.

¿Proyectos?

J.G: En estos momentos trabajo en dos cuadernos, uno de poesía libre y otro de narrativa. Continuar escribiendo, hacerlo lo mejor posible y buscar otras oportunidades para que el lector interesado conozca mi obra. Él es quien, en última instancia, dirá la última palabra sobre lo que escribo.

Fragmentos del libro “Juego de azar”, Ediciones Santiago, 2009.

Los gallos

Avanzan rompen cordones
de la multitud y pasan
el ruedo y se despedazan
los flancos recios pelones.
Rojizos los espolones
de los rivales entuertos
tiñen los ojos desiertos
del seto que nos condena
mientras yacen en la arena
dos cuerpos solos abiertos.

Claustrofobia

No me sostengo.
La oscuridad
Burla de mi edad
Tengo no tengo.
¿Me voy o vengo?
Nunca adivino
El truhán destino
Muerde mis pasos
Y esconde trazos
Sobre el camino.

Se rompe el hilo
cuecen mis sesos
brotan los rezos
vuelvo intranquilo.
misterio y filo
bestia insonora
grito que ignora
quietud y aliento
la asfixia siento
que me devora.


Orfandad

Murió la palma el colegio
mi pupitre el pizarrón
Tom Sawyer fue aquel turbión
apócrifo un sacrilegio.
No superé el sortilegio
de la manzana estival
Tell erró el tiro. Fatal
la bruja flecha del miedo.
¡Tanto tiempo y ya no puedo
desenredarme del mal!


Idealicé la palabra
vórtice de ingenuidad
página gris de la edad
de oro la abeja el Abra.
Desperté de la macabra
realidad sin un recodo
donde agrupar de algún modo
los peces de aquella infancia
llenan mis ojos.

Víctima y reo de Goliat
mi David vuela inseguro
el tiempo se torno oscuro
turgencia de la verdad
me persigue la maldad
el niño fue un espejismo
octosílabo el abismo
las ilusiones de un verso
de la moneda el reverso
la negación de mí mismo.

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