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sábado, 24 de diciembre de 2011

La soledad del oficio

La soledad… no es un libro de resentimientos ni de pedidos, es un texto que invita al diálogo, al análisis de una realidad que debe hacerse más enfática en el intercambio cultural contemporáneo de la isla.

Yovanis Acuña Montero (Ensayista y escritor de programas de radio)

Escribir siempre ha sido una de las aventuras más interesantes que ha descubierto el ser humano. Asimismo es una verdadera aventura, no tan interesante, la publicación de las obras que sueñan sus creadores.

Es ahí donde comienzan a sucederse los obstáculos objetivos y subjetivos. Ideas como éstas maneja Arnoldo Fernández Verdecia en su texto La soledad del oficio, libro inquietante y motivador, que hace un análisis sucinto y profundo de la escritura en correspondencia con su contexto y que fue presentado el pasado día 16 de junio de 2010, en la librería municipal, por el escritor Orlando Concepción.

Al decir de Arnoldo en el prólogo de este libro: "Los compromisos y dilemas que enfrenta un escritor en cualquier parte y época, es un universo cultural que surca el rostro de la humanidad desde sus albores. ¿Qué sería lo trascendente en un ensayo sobre el tema? Prefiero definirlo con una metáfora: escritor del interior de Cuba".

Este tropo es ideal para adentrarnos en la propuesta de Fernández Verdecia, y es que la principal problemática que aborda el libro son las vicisitudes que pasan los escritores desde el interior del país, específicamente desde el municipio, tan alejado de los circuitos culturales nacionales.

La soledad… no es un libro de resentimientos ni de pedidos, es un texto que invita al diálogo, al análisis de una realidad que debe hacerse más enfática en el intercambio cultural contemporáneo de la isla. Lo cierto es, que Arnoldo Fernández no resulta el único con este reclamo, hay muchos que comparten la soledad de su oficio.

jueves, 24 de junio de 2010

Las malas intenciones del infierno

Ocultarse en lás máscaras de la amoralidad para promover cualquier tipo de vandalismo, como el robo de identidades, o circular textos para dañar un proceso, una persona o una sociedad, cualquiera que sea, reclaman una ética urgente en los usos de la Red.

Por Arnoldo Fernández Verdecia.
arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Hace algún tiempo circuló en Internet un texto apócrifo que enemigos de la Revolución Cubana atribuyeron a mi autoría, incluso robaron mi identidad y jaquearon una cuenta de correo para tratar de demostrar las dobleces para los que se presta una conexión on line desde cualquier lugar del mundo.

Es lamentable que sucedan hechos como estos, si sabemos los usos de la red, sobre todo contra Cuba, país bloqueado por Estados Unidos, con una carga enorme de problemas económicos.

Implicar a una persona de ética probada y consciente de su compromiso con la Revolución en un acto de disidencia es un arma sucia.

Señalar en el “texto” las debilidades del “Sistema de Educación Superior en Cuba”, sobre todo las relacionadas con las “pruebas de ingreso de este último año, culpando a Fidel y Raúl Castro” de la cantidad de suspensos de la primera convocatoria es contraproducente e irrelevante.

Nuestros problemas los resolvemos entre cubanos, de afuera y adentro, sin necesidad de circular correos para dañar a otros y esconder la verdadera identidad de personas ocultas tras mezquindades, como lo han hecho recientemente contra uno de nuestros mayores intelectuales : Roberto Fernández Retamar, a quien le atribuyen dos textos: “Crisis de valores en Cuba” y “Los caminos del infierno”, usados como ardid para descalificar la obra de la Revolución Cubana.

Ya lo dijo OluOguibe: "Es cada vez más evidente que cuando conectamos, nos volvemos parte de un etnopaisaje, lo que se podría llamar un redpaisaje o ciberpaisaje en el que la información y los individuos circulan y se unen en una nueva comunidad". Pero la entrada a esa comunidad, está necesitada de un tipo de activismo que aspire a generar una cultura de la sensibilidad y la responsabilidad dentro de la Red.

Ocultarse en lás máscaras de la amoralidad para promover cualquier tipo de vandalismo, como el robo de identidades, o circular textos para dañar un proceso, una persona o una sociedad, cualquiera que sea, reclaman una ética urgente en los usos de la Red.

Según el autor citado, criterio que comparto: "Esta es un área en la que los artistas y otros profesionales de la cultura podrían desempeñar un útil papel que sería un corolario de su tradición en la sociedad regular". No sólo se trata de inyectar un espíritu crítico en defensa de los valores en los que uno cree, sino de defenderlos con osadía, siempre con la verdad como bandera.

En lo personal, trataron de convertirme en un cordero, para llenarse con mi sangre y complacer a los enemigos de Cuba; pero se equivocaron, la obra de un hombre vale por sus actos y su probada moral ante la vida.

Reconozco que el sol brilla y tiene manchas, no tengo razones para ser un malagradecido que olvida su origen labriego y hoy es un profesional con todos los honores, en una isla que todavía espera los milagros de un Platón o un Campanella, pero se empeña en conseguirlos.

Todas las malas intenciones están explicadas, y gracias a la dignidad plena del hombre, que reina por estos lares, la vida de un ser honesto fue defendida por las instituciones de la Revolución como lo quiso José Martí; la colocaron a la altura de las palmas. En Cuba la justicia no está olvidada, ni nunca será olvidada. Gracias a mis enemigos por saber que los espero al otro lado con las ideas sobre el fusil.

Fotografía:
1. Caricatura sobre mercenarios al servicios del imperialismo yanqui.

Enlaces relacionados:
En el cumpleaños de Roberto Fernández Retamar
El hombre de la gorra
Ellos inventaron lo nacional
Implicaciones de un polemista en red

lunes, 21 de junio de 2010

Ellos inventaron lo nacional


Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

A esas personas
no les importa la astucia
con que escribo
en la tardecita
tomaron café
donde siempre
inventaron lo nacional
y lo circularon
en misterioso pergamino
a las 2 de la tarde
llegó la milicia
a mi casa
desde ese día
el bardo de la esquina
entona salmos a mi conciencia.

jueves, 17 de junio de 2010

Feliz en mi retiro

Por Arnoldo Fernández Verdecia

Llego a mis 38
con escasos amigos
la mayoría se fueron
otros plantaron trampas
a la generosidad
nunca les importaron mis libros
ni la soledad de una mujer
que en su delirio
siempre ha dicho
escribir no da comida
ni la ingenuidad de un padre
siempre maternal
regando agua fresca
sobre mis ojos
llego a mis 38
y algunos me creen cansado
se alegran de la oscuridad
con que escribo
de mi cercanía al Caballero de París
y fabulan sobre una estatua
de Rodin en un parque de Contramaestre
donde los niños pondrán rosas
y se tomarán fotos
junto a su padres
uno que otro forastero
prenderá un cigarro
y nunca sabrá el agravio
que me produce el humo
los gorriones acariciarán mi cabello
con sus heces y construirán casas
entre mis dedos
estaré feliz en ese retiro
porque al menos tendré un geranio
junto a la ventana.

Fotografía:
1. Arnoldo Fernández Verdecia en casa de la Unión de Escritores y Artistas Cubanos(UNEAC) .

martes, 19 de enero de 2010

Martí como posibilidad latente de excelencia y creación

La biblioteca Luz Bertha Sánchez, de la ciudad de Contramaestre, desarrolló hoy la tertulia “El cuentero”, en homenaje al aniversario 157 del natalicio de José Martí, en la que participaron estudiantes de la escuela primaria José de la Luz y Caballero e intelectuales del territorio.

El encuentro comenzó con las palabras del patriarca de las letras Orlando Concepción Pérez, que habló sobre la necesidad de leer la obra de José Martí para comprender las circunstancias actuales a las que se enfrenta la humanidad en el siglo XXI: “Martí es una selva donde podemos encontrar ideas para todo, pero hay que aprender a entrar a la selva y utilizarla bien”, precisó.

En un segundo momento, el ensayista Arnoldo Fernández, presentó las imágenes de José Martí que se construyen en la vida cotidiana y se le atribuyen al bardo de Los Versos Sencillos, entre las que sobresalen chistes, adivinanzas, expresiones despectivas, refranes, valoraciones negativas de los líderes de la Revolución, entre otras narraciones, que despojan de valor el contenido ético de su obra.

“Hay que leer los textos de Martí desde lo más sencillo hasta lo más complejo. Un libro útil para todo niño que se inicie en el estudio del Apóstol es “Así fue Martí”, en el que se recogen anécdotas de personas que conocieron al héroe y transmitieron una imagen de su figura. Luego leer “La Edad de Oro”, para comprender la universalidad de su obra. A continuación “Los Versos Sencillos” y luego abrirse a la totalidad de su creación literaria”, señaló Fernández.

Momentos como el vivido hoy por los niños y niñas de sexto grado de la escuela primaria José de la Luz y Caballero, son los que se necesitan para educar a las nuevas generaciones en la devoción hacia José Martí en el siglo XXI, no desde la palabra fría de un aula, ni desde una ofrenda retórica, ni desde el discurso de un político, sino desde los que aman a Martí como posibilidad latente de excelencia y creación para todos los tiempos.

Fotografía. Como ave fénix, pintura de René Emonides Quintana.

martes, 17 de noviembre de 2009

El periodismo: atender imparcialmente al público (II parte)

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

En el artículo “Sobre periodismo”, publicado en “Patria”, 1892, el cubano José Martí define la misión del periodista de la siguiente manera:

“…que no haya una manifestación de la vida, cuyos diarios accidentes no sorprendan al diarista: eso es hacer un buen diario. Decir lo que a todos conviene y no dejar de decir nada que a alguien pueda convenir. Que todos encuentren en el diario lo que pueden necesitar saberlo. Y decirlo con un lenguaje especial para cada especie: escribiendo en todos los géneros, menos en el fastidioso de Bibeau, desdeñando lo inútil y atendiendo siempre lo útil, elegantemente. Que un periódico sea literario no depende de que se vierta en él mucha literatura, sino que se escriba literariamente todo. El periódico debe estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano, y la espuela en el tacón. Al menor accidente, debe saltar sobre la silla, sacudir la fusta, y echar a escape el caballo para salir pronto y para que nadie llegue antes que él. Debe, extractando libros, facilitar su lectura a los pobres de tiempo. O de voluntad o de dinero. Hacer asistir a los teatros, como sentados en cómoda butaca que este efecto hace una alineada y juiciosa revista, a los pobres y a los perezosos. Debe desobedecer los apetitos del bien personal, y atender imparcialmente al bien público. Debe ser coqueta para seducir, catedrático para explicar, filósofo para mejorar, pilluelo para penetrar, guerrero para combatir. Debe ser útil, sano, elegante, oportuno, saliente. En cada artículo debe verse la mano enguantada que lo escribe, y los labios sin mancha que lo dicta. No hay cetro mejor que un buen periódico”.

Por esas razones el periodismo del cubano José Martí ha sido elogiado por la crítica de muy diversos modos, algunos dicen que es “elevado a un nivel artístico como jamás se ha visto en español, ni probablemente en otro idioma”(1), otros señalan que se trata de un modo de hacer atento “a la vibración del instante”(2).

Lo cierto es que Martí usó el periodismo de diversos modos: uno, como medio de subsistencia, y el otro, como un modo de hacer arte, ambos ángulos del oficio integrados en su máxima expresión literaria, una vía para trasmitir su pensamiento.

Notas:

1 Pedro Henríquez Ureña: Las corrientes literarias en la América hispánica (1940-1941, trad. De J. Diez-Canedo, México, 1949, p. 167.
2 Fina García Marruz: El tiempo en la crónica norteamericana de Martí, varios: En torno a José Martí, citado en Roberto Fernández Retamar, Nuestra América: cien años y otros acercamientos a José Martí, Editorial SI-MAR S.A, La Habana, 1995, p. 19.

martes, 3 de noviembre de 2009

Hebras de ensueño: buen gusto en el vestir

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

La pasarela Hebras de ensueño”, tiene como anfitriones al cuerpo de modelos de la Maison Santiago, que viste las confecciones elaboradas por los hermanos Bello.

La exposición colectiva permite apreciar el serio trabajo que vienen desarrollando los hermanos María Elena, Mercedes y Enrique Bello, en torno a las fibras y tejidos.

Mercedes, Enrique y María Elena, miembros de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas, junto al joven aficionado y también miembro de la familia Halil Rasul Bello presentan muestras de las obras que realizan en tejido a crochet, batik o entintado y naturaleza seca.

Vestidos, chaquetas, mantas, trajes de baño y otras piezas de vestir ilustran la maestría adquirida por Mercedes en el tejido a crochet; por su parte Maria Elena y Halil hacen gala de sus dotes artísticas con la técnica del entintado en varios colores y estilos.

Las ropas son acompañadas de accesorios de fibras naturales y naturaleza muerta, confeccionadas por Enrique, entre los que se destacan collares, búcaros, candelabros, sombreros y carteras.

Sus piezas se venden actualmente en Alemania, Italia y Portugal, además de Cuba. Cuentan con un amplio catálogo de su obra y han recibido premios en eventos nacionales e internacionales.

miércoles, 28 de octubre de 2009

En el lugar que su obra merezca

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Como homenaje a Emilio Roig de Leuchsenring, uno de los investigadores más relevantes de Cuba, se estableció el 19 de julio el Día del Historiador, fecha en la que fue nombrado en 1935 Historiador de la Ciudad de La Habana, un hecho que reconoce el significado de esta profesión para la nación cubana.

Y es que ser historiador es trabajar con la memoria de la nación, hurgar en sus profundos rincones y reconstruir con visión objetiva una selección de hechos que sirvan para legitimar una práctica social. Por eso es normal decir que todo historiador escribe siempre con arreglo a una pauta cultural, pauta que le condiciona el partido político o clase social que lo representa en el escenario público.

Emilio Roig, fue uno de esos hombres que tuvo el mérito de trabajar junto al tercer descubridor de Cuba Fernando Ortiz, intelectual que se adentró con sentido profundo en los componentes de la nacionalidad cubana y los reveló al mundo con singular maestría. De esa sabia se alimentó Roig.

Pero también tiene en su currículum un importante servicio, la lucha por el rescate del patrimonio material e inmaterial de la capital de todos los cubanos, La Habana, una obra monumental de la que uno de los historiadores más prestigiosos de nuestra sociedad se alimentara, el benemérito Eusebio Leal, su actual historiador, que fuera uno de sus secretarios.

Roig fue además un conocedor profundo de la obra del más universal de los cubanos, José Martí, a su pluma se debe un libro iluminador para este pueblo, que selecciona el pensamiento antiimperialista del prócer y lo explica con lucidez, hecho esencial en los años de República, en los que tantos mercachifles disertaban sobre el Maestro, según frase del joven Julio Antonio Mella.

Pero este hombre, intelectual revolucionario y patriota, no permaneció ajeno a la lucha revolucionaria que cristaliza con el triunfo del Primero de enero de 1959, entre los que se colocó al lado de la Revolución estuvo él, cuestión que evidencia que intelectual es aquel que elige la orilla ideológica adecuada y se implica en la fundamentación y legitimación de la nueva sociedad.

Contramaestre vive hoy una efervescencia en los estudios históricos, muchas áreas se trabajan con singulares resultados a nivel nacional y universal, entre los que sobresalen los trabajos sobre la emigración canaria en el oriente de Cuba, las luchas campesinas en Venta de Casanovas, la penetración imperialista durante la República Neocolonial, la percepción de la mujer en la obra de José Martí, y Saturnino Lora y los sucesos del 24 de febrero en Baire, un balance historiográfico necesario.

Una cosa debe quedar clara, y es que los historiadores escriben en función de una verdad que los trasciende; tarde o temprano serán enjuiciados por la posteridad que los colocará en el lugar que su obra merezca.

lunes, 19 de octubre de 2009

La soledad del escritor

Por María Dubón

“Para poder escribir tengo necesidad de aislamiento, pero no como un ermitaño, cosa que no sería suficiente, sino como un muerto. El escribir en este sentido es un sueño más profundo, o sea, la muerte, y así como a un muerto no se le podrá sacar de la tumba, a mi tampoco se me podrá arrancar de mi mesa por la noche. Esto no tiene que ver directamente con la relación con los hombres, pero es que sólo soy capaz de escribir de esta forma sistemática, coherente y severa, y por lo tanto, sólo puedo vivir así”. Así describe Kafka en una carta a Felice su necesidad de estar solo para poder escribir. Imaginaba un taller en el sótano de un edificio, donde dos veces al día alguien pusiera algo de comer en la puerta. Decía: “Para escribir nunca se está suficientemente solo”.

“Solamente aislándote por completo se puede trabajar. La ociosidad te proporciona la disposición para escribir y la soledad, las condiciones. La concentración en ti mismo te devuelve al nuevo y maravilloso mundo que surge en el color y la cadencia de las palabras en movimiento”, decía Oscar Wilde.

Paul Auster escribió en La invención de la soledad una de las más lúcidas reflexiones sobre la capacidad y la necesidad que tiene el escritor de estar solo: “Creo que lo asombroso es que cuando uno está más solo, cuando penetra más verdaderamente en un estado de soledad, es cuando deja de estar solo, cuando comienza a sentir su vínculo con los demás”.

Y García Márquez lo corrobora: "Creo, en realidad, que en el trabajo literario uno siempre está solo. Como un naufrago en medio del mar. Si, es el oficio más solitario del mundo. Nadie puede ayudarle a uno a escribir lo que está escribiendo”.

Muchos son los escritores que reivindican un espacio y un tiempo propios en el que la única compañía sean sus fantasmas. Y es que para escribir se necesita estar en otro mundo, lejos de la gente y del ruido, porque es preciso un silencio absoluto en el que sólo se escuche la voz de uno mismo.

Tomado de http://cierzo.blogia.com/2006/062501-la-soledad-del-escritor.php

sábado, 10 de octubre de 2009

De la resurrección de Macondo en el oficio solitario de escribir

Por Orlando concepción Pérez. (Poeta y narrador).

Me apoyo en José Martí y comparto plenamente su idea de que “Pensar es servir”, con la que adorna su ensayo “Nuestra América”. Nunca se debe olvidar lo expresado por la que considero la más importante figura histórica cubana de los siglos XX y XXI, en ocasión trascendental: “…al pueblo no le decimos “cree”; le decimos “lee””.

Cuando Arnoldo Fernández Verdecia entregó hace alrededor de cinco años su libro de ensayos “La soledad del oficio”, al consejo editorial municipal de Contramaestre, me correspondió el honor de formar parte del equipo asesor en el género Ensayo.

El libro fue aprobado y entregado a Ediciones “Santiago”, que también lo aprobó. Por tener más de las 60 cuartillas de máximo invariable, la mitad del mismo salió editado en el 2005 con el título “Leer La Edad de Oro con ojos de mujeres”.

Quedó el compromiso verbal del entonces director de la editorial, en el sentido de que al año siguiente, o sea, en el 2006, sería editado el otro volumen que, después de atravesar un azaroso laberinto consecuencia del miedo a las ideas ajenas, aparece ahora, con tres años de retraso.

Las ideas ajenas casi siempre tropiezan con defensores y detractores.

Lo primero que hoy debo entregar a los posibles lectores es una cordial invitación a “leer” esta breve obra, “La soledad del oficio”.

En sus introductorias “Palabras necesarias”, el autor escribe: “Este ensayo es mi modesta contribución al análisis de los límites y losa retos que enfrenta un escritor desde el interior de la isla de Cuba”. Cuando el pensamiento del escritor se convierte en letra de molde, ya el libro permuta su pertenencia. El público lector se adueña de él, lo lee una y otra vez en búsqueda de lo que sí o no el escritor dejó plasmado. Un escritor de cualquiera de los géneros no puede ser complaciente con el gusto de todos los lectores.

El “derecho” a expresar sus criterios es la gran “fuerza de los hombres”, escritores o no. Frente a sus ideas se levanta otra “fuerza”que puede convertirse en “el derecho de las bestias”, al decir de un filósofo de décadas pretéritas.

Arnoldo Fernández acude al arsenal de sus lecturas para expresar ideas que conduce a que “un escritor debe estar comprometido con la creación intelectual y no con un príncipe”.

Establece el joven autor dos posibles eventualidades en la posición crítica del que se enfrasca en el oficio solitario, y se declara partidario de la autonomía como rechazo a los placeres del servilismo

Invito a los lectores a “descubrir” en la contra-portada algunas incongruencias, que parecen mostrar la inconformidad con los planteamientos del autor. Si cada ensayo es, entre otras muchas cosas, la visión del autor, ¿a qué viene dejar impreso en el libro aquello de que “Con una manera particular de abordar el ensayo, Arnoldo Fernández Verdecia enjuicia y propone, desde su óptica personal”?.

Me tomo la libertad de establecer un monólogo muy personal con ese juicio, también personal, de enfrentar al ensayo. Todo ensayo se aborda con “una manera particular”. Todo ensayo es el juicio del autor sobre el tema enfocado. ¿Con cuál óptica se le exige a un autor que se exprese si se despoja de “la personal”?. Dejo la necropsia de esa contradicción antagónica a quien se encargue de reseñar el libro.
Hay tela por donde cortar: las incongruencias de la contra-portada, la monotonía del blanco y el negro en la cubierta, la limitación al número de páginas de la que se alejan otras editoriales territoriales. De esas pequeñas cosas se podrán ocupar otros escritores.

Fernández Verdecia ejercita su derecho a pensar, y no vacila en apoyarse en firmas que prestigian a la ensayística, a la crítica o a la narrativa, en un abanico que se extiende desde Martí a Carlos Marx, sin omitir a otros muchos pensadores, para llegar a conclusiones de las que algún lector puede si o no coincidir o disentir. Ese es el derecho del lector. El derecho del autor es dejar expresadas sus ideas, frutos de su pensamiento.

Existen lectores comprometidos con alguna forma de pensar, sensibilizados por ciertas expresiones que, quizás involuntariamente, pueden servir de sayo a quienes les sirve el sayo.

Sin adherirme sacrosantamente al Calibán, considero que el compromiso del escritor, con sus ideas y no con sus placeres, merece un sitial de preferencia, sobre todo cuando los placeres sirven de intento de soborno para rehuir a la ética, cuando el escritor esgrime la defensa intransigente para la libertad reglamentada para el pensamiento.

Cuando se menciona la palabra “poder”, los que piensan superficialmente de inmediato identifican al “poder” con la “legalidad”, aunque ese “poder” viole la “legalidad”. No creo que alguien que ha padecido la existencia escritural en lo que mal se llama “el interior del país”, argumente con solidez la oposición a
los criterios del autor de “La soledad del oficio”.

¿Acaso no es absolutamente cierto que “El ejercicio de poder local en el interior necesita una estética que apunte hacia su funcionamiento”?. Para enaltecer o despedazar lo que merece ser enaltecido o despedazado, un escritor ha expresado en una muestra de su narrativa: “…por eso escribo, así de alguna manera soy un dios y hago mi mundo, mi gente, mi dolor, y nadie me lo puede quitar”.

Discrepo de la editorial en su afirmación de contra-portada de que “el llamado “interior” del país, ya no (es) tan desconocido ni ajeno”. Todavía desde su cúspide inmortal, alguien puede escribir, con una actualidad desconcertante: “•(…) me aturden las palabras y el traqueteo de la máquina de escribir”.

Si alguno de los escritores del país se siente aludido por no haber sabido enfrentar “virilmente” al “discurso del poder local” en su enfrentamiento al de las letras, eso es sólo un incidente de tipo personal, que en nada disminuye el valor de lo expresado por Fernández Verdecia en su libro.

José Martí nos enseña día a día: “Odiar es quitarse derechos” y “El odio no construye”, además de advertir que “El cariño es la llave del mundo. Y el odio es su estercolero” (O.C. 5:363).

Sé que los buenos lectores rehuyen el estercolero, y tras la paciente lectura de “La soledad del oficio”, utilizarán la llave del cariño para abrir las ventanas del mundo.

viernes, 9 de octubre de 2009

Visión de José Martí en ALUMBRAMIENTOS

Por Dayamí de las Mercedes Almaguer
Por Yunior García Ginarte

Entre los intentos de hacer perdurar la presencia de Martí en la plástica cubana, florecen las iluminaciones del pintor contramaestrense René Emónides Quintana que recontextualiza al héroe con sinceras pinceladas de fácil comprensión. Incorpora la perspectiva municipal, que de hecho lo universaliza.

René Emónides, que si bien no deja de centralizar la figura, la lleva a los ambientes más insospechados. La mueve hacia los centros donde la imagen del cubano se pierde entre el turismo o el transporte de pasajeros. Se trata de una fotografía naiff en la que anda por la atmósfera, en la que se anuncia con dolor o comprende incluso a los seres sociales que menos podrían llegar a comprenderlo. AVE FÉNIX; MEMORIAS DE ULTRATUMBA; HOJA DE RUTA, POR FAVOR; son obras muy elocuentes, sin embargo LA ÚLTIMA CENA nos traslada a la escena, a un Martí acompañado por grandes personalidades históricas.

No deja de ser simbólicamente eje del movimiento y contenido visual la figura martiana, pero su razón concuerda en nivel de importancia con todos los que le acompañan a su izquierda, hombres que en diferentes naciones viven gracias a su obra y virtud. Hombres sanos, y de esa pureza es testigo el alimento, capaz de desenmascarar -aún por quien no los encuentra- la salud de sus ideas por el bien ajeno, los vegetales y la cruz, -muy latina- que los une en un solo dios: el hombre. A su derecha Hitler y Drácula encabezan y unen la cena de sangre y dolor. Indiscutiblemente el peso por honradez cae en Quijote defensor de los hombres que fueron, serán y los que vendrán. Si bien hemos encontrado a Martí rodeado de palmeras, o monte, si bien lo definimos como Carlos Enríquez, aún en Dos Ríos acompañado de mulatas hacia la gloria, es un elogio de Emónides centrarlo entre tantos cuerpos que lo hacen grande y pequeño, tenaz y líder.

Aún en este marco histórico y político las significantes nos conducen al hombre que lucha con otros hombres, al ser humano capaz de ser solo eso: un verdadero ser humano. Es fuerte la integridad del contenido que emana de esta obra de arte, es una cena cubana muy precisa entre las tantas dentro de la historia del arte universal. Su fuerza cae en el todo de la representación y su reconocible semejanza, en su posición en el orden ético y postura social, en tanto dialoga “ vita brevia est, art longa” y esa vida se alarga en otra , gracias a obras como esta.

Otro conjunto muy definitivo por su diferencia es TRANSPORTACIÓN MASIVA. Entran en disputa valores, símbolos, posiciones y direcciones que la hacen más polémica y nutritiva. Todo surge de la experiencia de un hombre incapaz de moverse gracias a la ingratitud de otros, una experiencia que de poema pasó a cartulina. Para muchos a simple pintura, para otros, a óleo sobre cartulina. Descubrimos la dimensión del pintor al viajar conducido por Martí. Un héroe que pasa a ser líder de tantos héroes de la actualidad. ¿Qué origina la polémica: si chofer o pasajero, si pueblo o simplemente una persona que no va con él? De primera instancia son contradicciones de conceptos, de segunda, diríamos diferencias de contenidos que nos hacen asumir la diversidad como el desarrollo y permanencia de la obra. Si nos centramos en las configuraciones y las diferencias, más que elementos estructurales constituyen espacios con rangos definidos: los más pequeños integran la masa, el todo unido; las áreas más visibles y claras, integran el objeto centro que equilibra la composición en su forma, que atrae el contenido hacia la derecha.

Sin embargo, remitirnos a la percepción nos lleva a la simplicidad y la continuidad, al contacto y las semejanzas, al equilibrio de funciones: juzgarlo como chofer limita su posición, incluso ofende otra visión que no sea la individual y lo enmarca en el contexto contramaestrense en que este personaje (chofer particular ) tiene una definición típica, ajena de todo elogio. Hasta el momento, no podemos referirnos sino al contenido enraizado en respuestas sociológicas, en la conciencia cognoscitiva del creador. La comunicación solo mantiene un punto de contacto: los gestos y actitudes que lejos de contradecir atrae al efecto de continuidad en el que el recorrido tiene un papel preponderante: ver el chofer en esa posición obliga a mirar el resto, pero a observar con un efecto de significado. El contexto donde nace la composición se aleja, el creador se acerca. La rectitud de las áreas y la horizontalidad de las líneas nos conducen al otro marco de la pintura, a esa dimensión que en ocasiones como esta, hace tanta falta: nos vamos hacia el contenido surgido de los suplementos verbales proporcionados por el artista.

Sin dudas TRANSPORTACIÓN MASIVA es el pasaporte a la gloria, a la permanencia de la obra. El título es el elemento unificador entre la respuesta sociológica de Emónides y el espectador. Indiscutiblemente todos y cuando decimos todos hablamos de cubanos- logramos suspirar viendo a Martí cargar a cuestas nuestros problemas y siempre conducir a respuestas por el bien colectivo. Una vez más, el Apóstol nos critica por ser unilaterales y no percatarnos de que cuestionar solo conduce a perjuicios sociales; alejamos lo que puede constituir uno más, y uno más significa fortaleza, unión. Entonces, lo que pudo ser ofensivo, es sencillamente inmortal.

Sucede que no estamos acostumbrados a creer y ver al héroe fundido en una imagen de nuestro tiempo, si lo vemos entre naturaleza y mulatas nos acomoda más, que asociarlo a un camión particular o a un hombre que a pesar de heredar una ideología pequeño burguesa también asume conductas favorables. Estar Martí en esa dirección, en esa posición, ubicarlo así, acercar su mundo al de estos hombres ayudará a que estos piensen más en el destino de todos. El complemento verbal o título de la obra: TRANSPORTACIÓN MASIVA, rompió barreras éticas al definir a Martí como el líder de estos tiempos y bajo cualquier circunstancia. Sin dudas es un aporte al estudio de la eticidad martiana al enriquecer la vigencia de su pensamiento en la contemporaneidad.

Si bien es cierto que LA ÚLTIMA CENA, TRANSPORTACIÓN MASIVA y otras como AVE FÉNIX vislumbran el éxito del creador, otras como MEMORIAS DE ULTRATUMBA nos remite al suplemento verbal y deja un sabor diferente: nunca, por muy desprejuiciados debemos perder el contenido que procede del medio de la obra, el que se deriva del contexto, no del creador, ni del especialista; y menos perder el contenido que emana de la participación en una tradición iconográfica específica.

Sí, es válida la diversidad y polémica, las diferencias y actitudes, pero si hablamos de objeto social unido a estos tres contenidos, la diversidad llega al sistema. Cabe preguntarse: ¿La configuración dialoga en armonía con su concepto? ¿Ese símbolo cobra igual fortaleza que el resto de los signos? Hablamos en un sentido artístico y técnico. Una configuración cargada de emociones y puntos de vista puede fortalecer la obra, no socialmente ya, sino como obra de arte en su sentido más completo. Qué saludable escuchar un sí, un no; profesionales que aplaudieron; intelectuales que cuestionaron, hombres todos que defienden por encima de cualquier figura, su ética.

Fragmento del ensato inédito: "Se de un pintor atrevidor".
Yunior García Ginarte (Periodista de la emisora Radio Bayamo en la provincia Granma, Cuba)
Dayamí de las Mercedes Almaguer (Realizadora de programas de radio en Bayamo, provincia Granma)

Fotografías:

1. Pintor René Emónides Quintana.
2. Obra: Memorias de Ultratumba.
3. Obra: La última cena.
4. Obra: Transportación masiva.
5. Obra: Ave Fénix.
6. Obra: El Rapto.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Ser martiano, más que una consigna, una condición indispensable de la cubanía


Por Arnoldo Fernández Verdecia.caracoldeaguaoriente@gmail.com

Un hombre pasea con un portafolio bajo el brazo, sus entradas apenas dejan ver escasos cabellos en la fornida cabeza, pletórica de ideas. Su voz es manantial que descifra misterios a todo el que se le acerca buscando orientación o consejo, para proseguir el largo y empedrado camino de la ciencia pedagógica.

Este escriba, como dijera en memorable frase el doctor en ciencias Homero, de la Cátedra Gran en Santiago de Cuba, se doctoró en ciencias pedagógicas hace unos seis años con una tesis estremecedora: “El tratamiento de las categorías éticas del deber, el amor y la amistad en la obra de José Martí”.

Este hombre de campo, como el mismo se llamara en una ocasión, llegó hasta tierras de Venezuela en viaje de colaboración científica, antes de sacudirse el polvo del camino fue hasta la estatua de Bolívar, un anhelado sueño que desde niño ambicionó. Dicen que la estatua lloraba, pues era uno de esos hombres todo corazón, para quien no hay nada imposible en el alma humana.

Nunca se le ha visto maltratar a nadie con una palabra, un gesto inadecuado o un golpe físico; este señor de espejuelos y mirada pausada es todo ternura y delicadeza. En su vida, servir a los demás es un deber, aunque le ofendan pone al alcance de todos su tridente de luz.

Para muchos, entre los que me incluyo, este hombre es un padrazo, un ser excepcional, que a pesar de los golpes de la vida, sigue fiel a su pasatiempo favorito, leer al más universal de los cubanos, José Martí, y enseñárselo a los demás, en formas llanas y sinceras.

Cuando apenas yo era un joven escuchaba sus palabras arrobado, como si se tratara de un Dios, hoy la suerte me ha permitido contarme entre sus amigos y aprender de esa sabia que me ha hecho mejor persona, en un mundo regido por el dinero y las miserias humanas. Me enseñó a ser martiano, que más que una consigna, es una condición indispensable de la cubanía.

Luis Enrique Jerez Domínguez es el ser especial que ha motivado esta crónica, con sabor a café carretero, cosechado en las montañas de Matías, sitio intrincado del Tercer Frente Oriental en Santiago de Cuba, lugar donde vino al mundo y se formó con todos los ingredientes especiales del guajiro, que salió al llano y se hizo maestro, es decir creador.

martes, 6 de octubre de 2009

La brisa más pura de Cuba

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

No concibo la ciudad de Contramaestre sin ese lugar emblemático llamado Palo de las Auras que nos llena con la brisa que viene de los árboles amontonados a su alrededor. Un sitio encantado que ha inspirado a bardos y turistas.

Desde su magia se observa el fluir de la vida: coches, motocicletas, vendedores ambulantes, un mar de personas tiñe los ojos.

En sus fronteras se dan cruce las carreteras que conducen al extremo oriental y occidental de Cuba, y las que llevan hasta Ventas de Casanova y Maffo.

Una red de tiendas se concentra sobre sus espaldas. Alguien dijo, esta ciudad no puede imaginarse sin tu presencia.

Habitarte implica respirar la brisa que viene del frondoso verdor que gravita por doquier. Eres el pulmón de este barco que navega río arriba.

Se dice que te vistieron con hermosos redondeles en la década de 1970; otros cuentan que en esa misma fecha te convertiste en lugar de partida de estudiantes y profesores que cursaban el bachillerato en Los Bungos y que algunos malintencionados te usaron despectivamente para referirse a ellos.

Desde esa fecha germinal, cuentan venerables ancianos, surgió el nombre que hoy te identifica y que anda por el mundo en sitios como www.fotopaises.com/.../CONTRAMAESTRE/44113.html o www.risposteatutto.com/hotels/443063c-13-auras.html.

Dicen que tus árboles lloraron cuando perdieron algunas de sus ramas; hasta las aves que una vez trinaron en su cima no dejaron escuchar sus conciertos por largo tiempo.

Hasta un pueblo de México, dedicado al turismo ecológico, te cuenta entre sus favoritos, tu nombre aparece en sus enlaces, te imagina lugar donde la brisa juega con el cabello largo y sedoso de una muchacha vestida con zumo de cítrico y guarapo de caña.

Para los malintencionados que piensan la otra historia, la profana, sobre la que un día no lejano volveré, prefiero quedarme con esta versión que nombra al más apacible de los lugares, el que no imaginó aquel antiguo marino que un día dijera: “este es el contramaestre del Cauto”. Si hoy resucitara diría: “este es el lugar de Cuba donde sopla la brisa más pura”.

La poesía: la mejor de las medicinas

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Para algunos faltos de espiritualidad y regidos por los valores del mercado la adicción a la poesía es propio de paranoicos que no tienen conciencia de que vivir sólo es posible gracias al dinero.

Otros, también incrédulos, imaginan que leer poesía no es emplear adecuadamente el tiempo en la lucha por la subsistencia de la especie.

A la vuelta de la esquina, te encuentras a una gran mayoría que se ríe de un poeta repentista que hace décimas, pie forzados, piropos o seguidillas por considerarlo algo menor.

Los menos, se burlan del que graba en versos los dolores de la vida y hasta llaman al oficio de poeta una tontería. Otros lo llaman a las juergas para que entone la lira, como si se tratara de un fósil en tiempos de la Internet.

Para los avezados en cuestiones del espíritu la poesía reconforta el yo, es un oasis en los desiertos del alma humana, la mejor de las medicinas. Sin la poesía el hombre es incapaz de apreciar la belleza. Es un lubricante para el enajenado.

Para el hombre que escribe versos, la poesía es salvación del yo, cura de los rencores, una gota de rocío sobre una puesta de sol desde una ventana en el campo.

No por gusto, los fundadores de ese misterio órfico dicen que mientras allá una mujer bella, una gloria que inmortalizar, un dolor que grabar y una ira que curar, la poesía no fenecerá.

Por eso recomiendo a todos acercarse a la poesía, del perfume que brota a su paso aprenderá que se vive mejor cuando apreciamos las cosas con un sentido lírico y las palabras nos sirven para reflejar las pasiones encendidas del corazón.

Amar a la especie humana en tiempos de crisis global es la mejor poesía que el hombre puede esculpir en versos, cuando todo parece estar programado por las máquinas y cada vez somos más insensibles ante el dolor de otros.

lunes, 5 de octubre de 2009

Un poco de cultura sobacal

Jorge Labañino Legrá

La lectura como un acto mítico engendra sus liturgias y ritos. Muchos no van a la cama hasta después de escarbar entre el manojo de hojas la espesura del sueño. Otros, en cambio, anticipan al desayuno la sed por la palabra escrita.

El modo en que el lector se coloca ante el libro es siempre una voluntad ceremonial ante lo que asume como sagrado.

Alejo Carpentier consideraba importante llevar a cuestas dos libros: uno al que pudiera echar mano para leer a saltos en aquellos instantes que surgían fugaces mientras esperaba o iba de viaje. El segundo era un libro más extenso y complejo, que demandaba mayor concentración, y por lo tanto más tiempo.

De Hemingway ya conocemos su viciosa costumbre de escribir y leer casi siempre de pie y con el texto reposado sobre un atril, sin tolerar importunios.

Siempre admiro, como un rasgo cubanísimo en Virgilio Piñera, esa jaba de libros con la que aparecía en su casa anunciando, mientras la mostraba, que no finalizaría la semana sin haberlo consumido todo.

También el inmenso Lezama nos testó el Curso Délfico, método de lectura condimentado en sus experiencias de degustador profundo de la literatura, orientado a convertir la relación con el texto en un proto-rito creador. Cuentan que cuando los cursantes salían de la casa del Gordo de Trocadero, con los libros que el poeta les prestaba para su iniciación, solía decirles: “Se van con un poco de cultura sobacal”.

La lectura lleva en sí la magia que nos redime, un movimiento dentro del alma que nos transfigura. Ciorán, el pensador francés lo ha dicho de otra manera: “si no fuera por los libros, quizás hoy fuera un asesino en serie”.

domingo, 4 de octubre de 2009

Muerte de Mercedes Sosa enluta a la música latinoamericana

Buenos Aires, (PL) El fallecimiento hoy aquí de Mercedes Sosa sumió en el luto a la música latinoamericana, que perdió a la voz más profunda, singular y una de las más representativas entre sus principales exponentes.

Sosa, quien el pasado 9 de julio cumplió 74 años de edad, había sido internada el 18 de septiembre en la Unidad de Cuidados Intensivos del Sanatorio de La Trinidad aquejada por una disfunción renal progresiva.

Apenas el 1 de octubre último fue cuando se conoció del crítico estado de salud de "La Negra", quien para entonces se encontraba en coma farmacológico, y de entonces a la fecha la atención de todos los medios estuvo pendiente de su evolución.

Desde el primer momento los médicos que la atendían dijeron tener un "pronóstico reservado" y dieron cuenta del progresivo deterioro de sus funciones orgánicas, que derivaban hacia una falla cardiorrespiratoria.

Haydee Mercedes Sosa nació el 9 de Julio de 1935 en la norteña provincia de San Miguel de Tucumán y es considerada una de las exponentes principales del llamado Movimiento del Nuevo Cancionero en Argentina, surgido a mediados de la década de 1960.

Sus dos primeros discos, La Zafra (1962) y Canciones con fundamento (1965) pasaron inadvertidos, pero en el propio 1965, alcanzó su consagración popular tras participar en el Festival de Cosquín, el más importante del país.

Durante la última dictadura militar argentina los discos de "La Negra" fueron prohibidos, pero aún bajo esas circunstancias permaneció en el país hasta 1979 cuando fue detenida en un concierto. Poco después emigró a Europa, donde permaneció hasta el año 1982.

A su regreso a la Argentina ofreció una serie de conciertos a sala repleta en el Teatro �"pera de Buenos Aires, devenidos acto cultural contra la dictadura, a la vez que un hecho renovador de la música popular nacional.

Merecedora del premio Sarmiento, en reconocimiento a su trayectoria artística, su compromiso social y su constante lucha en materia de derechos humanos, protagonizó en 2002 uno de los más esperados encuentros entre artistas argentinos.

Junto a Víctor Heredia y León Gieco emprendió el proyecto artístico-musical Argentina quiere cantar, que debió interrumpir por razones de salud.

El regreso al mundo discográfico de "la voz de América" se produjo precisamente este año con una obra conceptual en dos volúmenes: Cantora 1 y Cantora 2.

La frágil condición física de "La Negra" le impidió lanzar formalmente este álbum, que recopila sus grandes éxitos y canciones populares interpretadas a dúo con artistas de la talla de Joan Manuel Serrat, Julieta Venegas, Diego Torres, Shakira y Gustavo Santaolalla, entre otros.

jueves, 1 de octubre de 2009

¿José Martí fue un esposo en el sentido tradicional del término?

Por Arnoldo Fernández Verdecia arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

En la memoria histórica del pueblo cubano, en el siglo XIX, predominaron esquemas androgénicos que ubicaron a la mujer en roles de madre, esposa, niña, amante, reducida a las categorías de aporte y presencia en las luchas emancipadoras por la independencia del colonialismo español, sobre todo por ser madre o esposa de grandes hombres, se recrearon imágenes que van desde la matrona fiel, la matrona ángel, la matrona sacrificada por los hijos, etc. Tal vez por eso es posible que Cuba pertenezca al femenino genéricamente hablando: es la suma de todas esas matronas y otras muchas que se le han incorporado en el devenir de su historia.

Según Jesús Guanche en el libro España en la sabia de Cuba, esto representa la piedra angular del machismo, pues la familia del XIX es de tipo monogámico patriarcal: “en el sentido feudal de ésta y a partir de la unión de un hombre y una mujer, que constituyen la célula o núcleo básico de este tipo de familia, su función consiste en sostener económicamente el hogar que han forjado, así como la crianza y educación (endoculturación) de los hijos”.

La familia que sirve de base a José Martí para su nacimiento y desarrollo como hombre es de este tipo, su madre nunca trabajó fuera de casa, se limitó a amamantar a las hijas y al hijo, bordar, tejer, y darles la educación que su economía le permitía. No conozco hermana alguna de Martí que rompiese los límites que ese siglo condicionara a la mujer, eso se puede apreciar con claridad en Entorno Martiano de Luis García Pascual, en las páginas 158-164, dedicadas a la familia Martí-Pérez.

La condición de esposo de Martí y el tipo de familia que concibe al unirse con Carmen Zayas, no rompe el anterior esquema, la mentalidad de ésta no lo concibe en otro rol que no sea el de hombre que asegura lo necesario para la estabilidad de la economía doméstica, la crianza y educación del hijo y los rituales de socialización de la familia: bailes, fiestas, visitas al teatro, la iglesia, excursiones al campo, etc.

El hombre fuera de esos roles no cabe en el tipo de familia que aspira Carmen, esto explica la pronta separación de su esposo, pues la vida de Martí es la de un luchador político obligado a exiliarse, no acumula fortuna, no garantiza un futuro estable y la coloca ante el dilema de luchar sola en la crianza del hijo, en una sociedad que ve a la mujer con ojos masculinos . Cuestionar a Carmen por dejar a Martí, es una infamia imperdonable si lo hacemos desde el prisma de la época; como mujer, está capacitada para vivir los roles de esposa, madre y ama de casa.

Las razones aludidas obligan a situar a Martí en su tiempo, la sociedad que vive no es otra que la del siglo XIX con el sesgo machista que le caracteriza. Ese modelo de educación de mujeres aparece desarrollado en su revista La Edad de Oro, por ello escribe textos para ser leídos con ojo de mujeres y textos para ser leídos desde la mirada masculina, pero tiene otros textos más generales con mensajes para ser leídos desde una perspectiva de mujeres.

Entre los primeros se encuentran: “A los niños que lean La Edad de Oro”, “Nené traviesa”, “La perla de la mora”, “El camarón encantado”, “La muñeca negra”, “La última página” del segundo número y “Los zapaticos de rosa”.

Otros textos de un perfil general con mensajes para las mujeres son: “Meñique”, “La Ilíada de Homero”, “Un juego nuevo y otros viejos”, “Bebé y el señor Don Pomposo”, “Las ruinas indias”, “La Exposición de París”, “El Padre Las Casas”, “La última página” del tercer número, “Historia de la Cuchara y el Tenedor” y “Los dos ruiseñores”.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

La negación de mí mismo

Por Jorge Labañino Legrá y Arnoldo Fernández Verdecia

La décima parece ganar terreno en Contramaestre con la reciente publicación del libro Juegos de azar de Jorge Guevara, un texto singular en nuestra producción literaria, si tenemos en cuenta que la mayoría de las obras publicadas se ubican en la poesía libre, esa razón justificó el hecho de conversar con el autor sobre su inclinación por un género subvalorado.

Acabas de presentar Juegos de azar, tu primer libro publicado, ¿por qué la décima?

Jorge Guevara. Resulta curioso, siento como si la décima me hubiese escogido a mí, tal vez la elegí yo a ella, o sucedieron ambas cosas al mismo tiempo para estar más a tono con el título del libro. Por esas cosas de la vida y los malabares de la palabra azar, conocí la décima en el Café Bonaparte. Llegué allí con un manojo de versos libres y sonetos fresquesitos, fue precisamente entre libros, estudios, debates y bajo el humeante aroma del café que me inicié en esta forma de decir. El género me gusta, por eso sigo cultivándolo.

¿Qué esperas del lector?

J.G: Ningún sentimiento especial, salvo el interés por un género que se subvalora. El libro discursa en una suerte de psicoanálisis autobiográfico que transita por diferentes niveles de la espiritualidad y lo existencial que nos agobian, incluso la duda desde el límite de la aceptación o el rechazo.

¿Proyectos?

J.G: En estos momentos trabajo en dos cuadernos, uno de poesía libre y otro de narrativa. Continuar escribiendo, hacerlo lo mejor posible y buscar otras oportunidades para que el lector interesado conozca mi obra. Él es quien, en última instancia, dirá la última palabra sobre lo que escribo.

Fragmentos del libro “Juego de azar”, Ediciones Santiago, 2009.

Los gallos

Avanzan rompen cordones
de la multitud y pasan
el ruedo y se despedazan
los flancos recios pelones.
Rojizos los espolones
de los rivales entuertos
tiñen los ojos desiertos
del seto que nos condena
mientras yacen en la arena
dos cuerpos solos abiertos.

Claustrofobia

No me sostengo.
La oscuridad
Burla de mi edad
Tengo no tengo.
¿Me voy o vengo?
Nunca adivino
El truhán destino
Muerde mis pasos
Y esconde trazos
Sobre el camino.

Se rompe el hilo
cuecen mis sesos
brotan los rezos
vuelvo intranquilo.
misterio y filo
bestia insonora
grito que ignora
quietud y aliento
la asfixia siento
que me devora.


Orfandad

Murió la palma el colegio
mi pupitre el pizarrón
Tom Sawyer fue aquel turbión
apócrifo un sacrilegio.
No superé el sortilegio
de la manzana estival
Tell erró el tiro. Fatal
la bruja flecha del miedo.
¡Tanto tiempo y ya no puedo
desenredarme del mal!


Idealicé la palabra
vórtice de ingenuidad
página gris de la edad
de oro la abeja el Abra.
Desperté de la macabra
realidad sin un recodo
donde agrupar de algún modo
los peces de aquella infancia
llenan mis ojos.

Víctima y reo de Goliat
mi David vuela inseguro
el tiempo se torno oscuro
turgencia de la verdad
me persigue la maldad
el niño fue un espejismo
octosílabo el abismo
las ilusiones de un verso
de la moneda el reverso
la negación de mí mismo.

¿Las páginas de La Edad de Oro son peligrosas para la mujer?

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Al revisar los referentes teóricos, recogidos en los libros de Salvador Arias y Roberto Fernández Retamar: “Un proyecto esencial. La Edad de Oro” e “Introducción a La Edad de Oro” respectivamente , no se localizan textos con la perspectiva sociocultural del tratamiento de géneros en la obra del cubano José Martí; los análisis realizados, obedecen a otras zonas de reflexión que no es mi objetivo analizar en estas páginas.

Recientemente fue publicado "Martí eros y mujer", un libro de Mayra Beatriz Martínez, de mucho valor heurístico, pues llama la atención hacia "La Edad de Oro", como conjunto de textos que nos exigen ir más allá de los mensajes acostumbrados: “… ¿cómo esperar que hoy nuestras niñas solo aspiren a conocer de las cosas delicadas y finas que les deben ser naturales? Se impone, también en este caso, volver al tema algún día”.

De hecho es imprescindible desbordar el análisis en este raigal texto canónico de nuestra literatura, hacia la construcción de lo femenino. Su propuesta merece nuestra atención, pues “la adopción de los paradigmas tradicionales androcéntricos en las páginas de esta revista es tan evidente como peligroso su uso contemporáneo como propuesta... para los lectores actuales”.

(Fragmento del libro: “Leer La Edad de Oro con ojos de mujeres, Ediciones Santiago, 2005”)

martes, 29 de septiembre de 2009

La Edad de Oro: ¿una revista para la mujer?

Por Arnoldo Fernández Verdecia arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Me parece de utilidad el estudio crítico de la categoría mujeres en La Edad de Oro del cubano José Martí. No es un secreto que es un paradigma de obligada referencia en el devenir histórico del pueblo cubano, sobre todo, si se trata de un problema como el de la educación de la mujer, considerada por muchos, dueña del siglo XXI y del Tercer Milenio, algo dulce y misterioso, demonizada por el discurso de la modernidad a partir de una herencia que se hunde en las oscuras cavernas del pasado.

A pesar de todo la mujer se yergue sobre esa cruz y anda majestuosa; sin embargo, células del tejido social tan esenciales como la familia parecen derrumbarse. ¿Tendrá esto que ver con ellas? ¿Son las máximas responsables del orden familiar? ¿Sus roles ancestrales deben cambiar?

Para responderlas decidí adentrarme en una revista clave dentro de la copiosa obra de José Martí: La Edad de Oro. No es un secreto que en su concepción está desarrollado un modelo de educación de mujeres.

La escribió para formar una cultura de hombres y mujeres, por ello concibió textos específicos para cada uno y textos generales para ambos. Me interesan los primeros, y en alguna medida, cómo presenta la categoría mujeres en los restantes. Para ello los agrupo en temáticas que facilitan la organización y estudio de los cuatro números en conjunto.

Algunos se preguntarán por qué La Edad de Oro dentro del vasto conjunto de textos martianos, en los que de una forma u otra menciona o roza a las mujeres.

Insisto que asumo La Edad de Oro, a pesar de que fue escrita en 1889, mucho antes de que aparecieran sus escritos sobre féminas cercanos a nosotros en el tiempo, los 12 trabajos publicados en Patria, 1894, en los que sobresalen coordenadas androgénicas en el tratamiento de la mujer, que las mantiene en roles clásicos de la cultura patriarcal.

De hecho, todas las ideas sobre la mujer desarrolladas antes y después de La Edad de Oro, no logran salirse de esos marcos formales, al considerarla sujeto doméstico, ser delicado y frágil, un ser para otros, en roles clásicos de la cultura patriarcal: madre, esposa y entre los límites de la casa, sea en el medio urbano, rural, en campaña o la emigración.

Alguien pudiera dudar todavía, e insistir que dentro de la obra de José Martí aparecen otras ideas relacionadas con las mujeres, es cierto, pero no se conciben de forma sistémica, sino que aparecen dispersas en escritos que movieron a Martí a dedicarle algunas páginas de propaganda, con la finalidad de aunar las fuerzas inmersas en la lucha revolucionaria, incluidas por supuesto, las mujeres, y otras, escritas de manera circunstancial.

(Fragmento del libro: Leer La edad de oro con ojos de mujeres, Ediciones Santiago, 2005)


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