Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
A esas personas
no les importa la astucia
con que escribo
en la tardecita
tomaron café
donde siempre
inventaron lo nacional
y lo circularon
en misterioso pergamino
a las 2 de la tarde
llegó la milicia
a mi casa
desde ese día
el bardo de la esquina
entona salmos a mi conciencia.
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lunes, 21 de junio de 2010
Ellos inventaron lo nacional
lunes, 11 de enero de 2010
Mi adhesión a Martí no termina
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
En 1992 se agudiza el Período Especial en Cuba. En ese momento crítico de la historia nacional el profesor y martiano Israel Escalona Chádez desarrollaría, lo que identificamos a partir de entonces como, nuestra “devoción martiana”.
Alrededor de Escalona Chádez nos agrupamos muchos jóvenes que aprendimos a estudiar a José Martí “seriamente”, al extremo de convertirse en recurso para legitimar cualquier práctica socio histórica que lleváramos adelante.
Inicialmente el estudio nos condujo a leer todas las biografías posibles de Martí, incluso fuimos un poco más lejos, monografías, crítica historiográfica, hasta el hecho de interpretar y explicar al Maestro desde el Maestro.
Recuerdo que un trabajo investigativo tenía valor si era capaz de vencer la selva martiana e interrogar al bardo de los Versos Sencillos, apelando a su propia obra y a la bibliografía pasiva como elemento, éste último, de complementación del análisis.
El ritual construido me hizo un martiano furibundo, al extremo de entablar pleitos en pasillos, cubículos, al abordar el transporte, en cualquier lugar traía a Martí a colación e iniciaba una peroración que perseguía, en buen “código de caballería”, impresionar a mis oponentes, desde lo que hoy llamaría “guapería martiana”.
Luego empezaron los eventos, “Seminarios” por cierto, y se inició, lo que en cubano de a pie llamamos memorablemente “turismo histórico”, pues recorríamos las provincias del país y competíamos en el conocimiento martiano. Eso me dio la posibilidad de visitar Camagüey, La Habana, Villa Clara, Las Tunas, Cienfuegos y Granma. En esos encuentros conocí a muchas de los intelectuales, autores profundos del culto a José Martí en Cuba hoy.
Mi devoción hacia Martí Pérez se multiplicó, cuando la universidad de La Habana convocó a un diplomado en 1998, que me dio la posibilidad de matricularlo y ser alumno de figuras como Eduardo Torres Cuevas, Oscar Loyola, María del Carmen Barcia, Rigoberto Pupo, Pedro Pablo Rodríguez, Francisca López Civeira y Joaquín Santana, entre muchos otros.
Vinieron a continuación algunas publicaciones, la compilación realizada por Escalona Chádez: “El Maestro en nosotros”; la propuesta para otro compendio titulado “Donde las palmas son más altas”; la selección de los Hermanos Saíz en Santiago de Cuba “Nombrar a Martí”; hasta mi primer libro en solitario “Leer La Edad de Oro con ojos de mujeres”, que se presentó en San Carlos de La Cabaña en febrero de 2005. Luego se publicaron otros textos en revistas, suplementos de periódicos y sitios digitales.
A propósito del aniversario 157 del natalicio de José Martí, este 28 de enero, sirva mi semblanza de recuerdo a los 18 años que llevo en el culto permanente a su figura, proceso que me ha traído alegrías, pero también contratiempos intelectuales, por el espíritu “de aldea” de muchos coterráneos que no se explican el hecho de invertir una vida en la exégesis del mayor de los símbolos nacionales. Ya lo dijo alguien en abarcadora frase: “En alguna medida, Cuba es un país en torno a un hombre”. “Los cubanos pueden ser liberales o conservadores, derechistas o izquierdistas, radicales o moderados, pero, en cualquier caso, tienen, insoslayablemente, que mostrar su adhesión a Martí”.
Pintura utilizada: Dagoberto Driggs_O nos salvamos los dos.
En 1992 se agudiza el Período Especial en Cuba. En ese momento crítico de la historia nacional el profesor y martiano Israel Escalona Chádez desarrollaría, lo que identificamos a partir de entonces como, nuestra “devoción martiana”. Alrededor de Escalona Chádez nos agrupamos muchos jóvenes que aprendimos a estudiar a José Martí “seriamente”, al extremo de convertirse en recurso para legitimar cualquier práctica socio histórica que lleváramos adelante.
Inicialmente el estudio nos condujo a leer todas las biografías posibles de Martí, incluso fuimos un poco más lejos, monografías, crítica historiográfica, hasta el hecho de interpretar y explicar al Maestro desde el Maestro.
Recuerdo que un trabajo investigativo tenía valor si era capaz de vencer la selva martiana e interrogar al bardo de los Versos Sencillos, apelando a su propia obra y a la bibliografía pasiva como elemento, éste último, de complementación del análisis.
El ritual construido me hizo un martiano furibundo, al extremo de entablar pleitos en pasillos, cubículos, al abordar el transporte, en cualquier lugar traía a Martí a colación e iniciaba una peroración que perseguía, en buen “código de caballería”, impresionar a mis oponentes, desde lo que hoy llamaría “guapería martiana”.
Luego empezaron los eventos, “Seminarios” por cierto, y se inició, lo que en cubano de a pie llamamos memorablemente “turismo histórico”, pues recorríamos las provincias del país y competíamos en el conocimiento martiano. Eso me dio la posibilidad de visitar Camagüey, La Habana, Villa Clara, Las Tunas, Cienfuegos y Granma. En esos encuentros conocí a muchas de los intelectuales, autores profundos del culto a José Martí en Cuba hoy.
Mi devoción hacia Martí Pérez se multiplicó, cuando la universidad de La Habana convocó a un diplomado en 1998, que me dio la posibilidad de matricularlo y ser alumno de figuras como Eduardo Torres Cuevas, Oscar Loyola, María del Carmen Barcia, Rigoberto Pupo, Pedro Pablo Rodríguez, Francisca López Civeira y Joaquín Santana, entre muchos otros.
Vinieron a continuación algunas publicaciones, la compilación realizada por Escalona Chádez: “El Maestro en nosotros”; la propuesta para otro compendio titulado “Donde las palmas son más altas”; la selección de los Hermanos Saíz en Santiago de Cuba “Nombrar a Martí”; hasta mi primer libro en solitario “Leer La Edad de Oro con ojos de mujeres”, que se presentó en San Carlos de La Cabaña en febrero de 2005. Luego se publicaron otros textos en revistas, suplementos de periódicos y sitios digitales.
A propósito del aniversario 157 del natalicio de José Martí, este 28 de enero, sirva mi semblanza de recuerdo a los 18 años que llevo en el culto permanente a su figura, proceso que me ha traído alegrías, pero también contratiempos intelectuales, por el espíritu “de aldea” de muchos coterráneos que no se explican el hecho de invertir una vida en la exégesis del mayor de los símbolos nacionales. Ya lo dijo alguien en abarcadora frase: “En alguna medida, Cuba es un país en torno a un hombre”. “Los cubanos pueden ser liberales o conservadores, derechistas o izquierdistas, radicales o moderados, pero, en cualquier caso, tienen, insoslayablemente, que mostrar su adhesión a Martí”.
Pintura utilizada: Dagoberto Driggs_O nos salvamos los dos.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Los temas de la gran prensa norteamericana (Jonathan y su continente, Nueva York, febrero 7 de 1889)
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
En esta crónica José Martí con ojo clínico reitera los sucesos que atraen a los diarios de Estados Unidos: “No saben los diarios de acá cómo sacarse ventaja. El Herald anda levantando sucursales en Europa, y publica en Londres otra edición. Con el escándalo de dar un número en domingo, porque oyó que Pulitzer, el de la nariz hoceante en que cabalgan inquietos los anteojos, como saliéndose de la silla para ver de más lejos, estaba por Europa, so pretexto de ceguera, moviendo para alguna empresa oculta las amistades que se hizo con el pedestal de la estatua de Bartholdi…”(1).
“Charles Dana, que es el Sun, está en Roma, viendo como recobra, con el auxilio de la Iglesia, el poder que su diario ha perdido por ponerse al lado de los pícaros en las cosas políticas”.(2)
“Pero la regata de ahora es entre el Sun y el World. Compra el Sun el derecho de reproducir el mismo día que salió en Londres, el libro de Mackenzie sobre la enfermedad de Federico, y el World imprime entera desde entonces, en su número del domingo, una novela renombrada, sin cobrar más de lo que cobraba por el número, que es cuatro centavos. Obtiene el Sun privilegio para publicar a Cleopatra, la novela nueva de Ridder Heggard, libro de desocupados, con más sorpresa que méritos, de esa invención que no dura; y el World aparece el domingo próximo con todo el libro esperado de Max O Rell, que es Paul Blouet, el maestro de escuela que ganó celebridad con “Jhon Bull y su Isla”.(3)
Luego de reseñar lo que ocupa a la prensa de Estados Unidos, presenta uno de los grandes temas que tiene a todos los periódicos sobre él, el libro de Max O Rell titulado “Jonathan y su continente”: “No se lee otra cosa, ni el amor de las pantallas, que se usan rojas ahora, en pedestales de bronce, y grandes como sombrillas, ni en el lunch, entre plato y plato, ni en el ferrocarril. Todo el mundo quiere saber lo que opina de Jonathan y su continente…”(4)
En lo adelante se dedica a reflejar los diferentes temas que trata el libro y que interesan a la sociedad norteamericana: la percepción de la mujer; las diferencias entre el americano escrito y el americano vivo; la distinción entre las leyes y las costumbres, entre la nación como se prepara y elabora, y la nación como se la publica y desea, entre el pueblo real que se palpa asustado el corazón y el pueblo deslumbrador que está poniendo gigantes en el cielo.(5)
“El libro está lleno de apotegmas, de cuentos rápidos, de diálogos cortos, de epigramas que apenas punzan, vuelan. Las frases están de punta, como lápices bien afilados: así que su herida marca pero no duele. Es un estilo de frac; pero después de que se han ido los convidados de etiqueta”.(6)
“De los periódicos no dice lo que les falta; sino la empresa febril, la brutalidad e ingenio del repórter, la perspicacia de los visitantes el monte de páginas, los números de los domingos, que son repertorios verdaderos, con novela, con poesías, con páginas de chistes, con artículos para los niños, con críticas admirables, con cartas de todas partes del mundo, con títulos feroces: “De un salto a Jesús” es la noticia de un ahorcado: “Se murió la abuela”, quiere decir que ha muerto la ancianita de la cofia, aquella a quien Garfield escribía todos los días, la madre de Garfield. Ha visto los periódicos por dentro. Lo de menos son las máquinas gigantes. Un publicista famoso escribe sobre una mesura coja en mangas de camisa. Pasan cien redactores ante la mesa editorial. “¿Qué trae? –Una muerte- ¡Una columna! –Un divorcio- ¡Dos columnas! –Un escándalo: una página”. Viveza es lo que se quiere, y novedad constante: el buen inglés no importa tanto”.(7)
Sus criterios sobre la prensa norteamericana los profundiza grandemente, cuando toma distancia de los temas que la ocupan y señala los males que padece y el tipo de ejercicio periodístico que necesita, para darle dignidad a la misma y no estar comprometida con el pago de honorarios, que generalmente vacían de sentidos los mensajes que hacen falta a la población: “No es eso lo que este periódico falta, no cordura, que es mucha en ellos, ni el genio que centellea a cada paso, sino el desinterés, que falta también a la nación, -el calor humano, que consiste en verse a la vez como persona suelta y como parte del mundo, y no por sobre él, y como si nada se le debiera, o se le mirase como mera fuente de noticias, - y la autoridad, el desembarazo, la fuerza, la fiereza, que en vano finge el escritor que disimula su opinión, o calla de ella lo que es cierto y no conviene al empresario que le paga. Se ve la garra en estos diarios, y suenan a hueco”.(8)
“Dignidad falta a lo escrito, no en lo aparente, ni en el modo de defender las cosas públicas, sino en ese sutil poder que viene del brío y decoro del que escribe, y no excluye los respetos y transacciones necesarios a la vida, ni permite hacer de la mente lo que aquel abogado, que “no miraba si el que le pedía el artículo se lo pedía realista o liberal, con tal que se lo pagasen bien, como no miraba su zapatero de qué política era el parroquiano que le mandaba hacer un par de botas: -¡pues es necesario, en cosas de pensamiento, ver quien se manda hacer el par de botas!”.(9)
Esa prensa que una vez criticó José Martí es la misma de hoy, lógico, con todos los elementos del desarrollo asociadas a la misma. Es normal en ella la trivialidad al presentar informaciones como la detención de un hombre, que por sólo llamarse Fidel Castro es noticia: “Detenido Fidel Castro en Miami”, subraya el titular; “Desembarcan Gómez y Martí en Miami”, en alusión a dos peloteros cubanos que se fueron a los Estados Unidos de forma ilegal.
Notas:
1. Jonathan y su continente, Nueva York, febrero 7 de 1889, Obras Completas, Tomo 12, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p. 151
2. Ibíd...,
3. Ibiden, p. 152
4. Ibíd..,
5. Ibiden, p. 153
6. Ibiden, p 157
7. Ibiden, p. 160
8. Ibiden, p. 161
9. Ibíd.,
En esta crónica José Martí con ojo clínico reitera los sucesos que atraen a los diarios de Estados Unidos: “No saben los diarios de acá cómo sacarse ventaja. El Herald anda levantando sucursales en Europa, y publica en Londres otra edición. Con el escándalo de dar un número en domingo, porque oyó que Pulitzer, el de la nariz hoceante en que cabalgan inquietos los anteojos, como saliéndose de la silla para ver de más lejos, estaba por Europa, so pretexto de ceguera, moviendo para alguna empresa oculta las amistades que se hizo con el pedestal de la estatua de Bartholdi…”(1).“Charles Dana, que es el Sun, está en Roma, viendo como recobra, con el auxilio de la Iglesia, el poder que su diario ha perdido por ponerse al lado de los pícaros en las cosas políticas”.(2)
“Pero la regata de ahora es entre el Sun y el World. Compra el Sun el derecho de reproducir el mismo día que salió en Londres, el libro de Mackenzie sobre la enfermedad de Federico, y el World imprime entera desde entonces, en su número del domingo, una novela renombrada, sin cobrar más de lo que cobraba por el número, que es cuatro centavos. Obtiene el Sun privilegio para publicar a Cleopatra, la novela nueva de Ridder Heggard, libro de desocupados, con más sorpresa que méritos, de esa invención que no dura; y el World aparece el domingo próximo con todo el libro esperado de Max O Rell, que es Paul Blouet, el maestro de escuela que ganó celebridad con “Jhon Bull y su Isla”.(3)
Luego de reseñar lo que ocupa a la prensa de Estados Unidos, presenta uno de los grandes temas que tiene a todos los periódicos sobre él, el libro de Max O Rell titulado “Jonathan y su continente”: “No se lee otra cosa, ni el amor de las pantallas, que se usan rojas ahora, en pedestales de bronce, y grandes como sombrillas, ni en el lunch, entre plato y plato, ni en el ferrocarril. Todo el mundo quiere saber lo que opina de Jonathan y su continente…”(4)
En lo adelante se dedica a reflejar los diferentes temas que trata el libro y que interesan a la sociedad norteamericana: la percepción de la mujer; las diferencias entre el americano escrito y el americano vivo; la distinción entre las leyes y las costumbres, entre la nación como se prepara y elabora, y la nación como se la publica y desea, entre el pueblo real que se palpa asustado el corazón y el pueblo deslumbrador que está poniendo gigantes en el cielo.(5)
“El libro está lleno de apotegmas, de cuentos rápidos, de diálogos cortos, de epigramas que apenas punzan, vuelan. Las frases están de punta, como lápices bien afilados: así que su herida marca pero no duele. Es un estilo de frac; pero después de que se han ido los convidados de etiqueta”.(6)
“De los periódicos no dice lo que les falta; sino la empresa febril, la brutalidad e ingenio del repórter, la perspicacia de los visitantes el monte de páginas, los números de los domingos, que son repertorios verdaderos, con novela, con poesías, con páginas de chistes, con artículos para los niños, con críticas admirables, con cartas de todas partes del mundo, con títulos feroces: “De un salto a Jesús” es la noticia de un ahorcado: “Se murió la abuela”, quiere decir que ha muerto la ancianita de la cofia, aquella a quien Garfield escribía todos los días, la madre de Garfield. Ha visto los periódicos por dentro. Lo de menos son las máquinas gigantes. Un publicista famoso escribe sobre una mesura coja en mangas de camisa. Pasan cien redactores ante la mesa editorial. “¿Qué trae? –Una muerte- ¡Una columna! –Un divorcio- ¡Dos columnas! –Un escándalo: una página”. Viveza es lo que se quiere, y novedad constante: el buen inglés no importa tanto”.(7)
Sus criterios sobre la prensa norteamericana los profundiza grandemente, cuando toma distancia de los temas que la ocupan y señala los males que padece y el tipo de ejercicio periodístico que necesita, para darle dignidad a la misma y no estar comprometida con el pago de honorarios, que generalmente vacían de sentidos los mensajes que hacen falta a la población: “No es eso lo que este periódico falta, no cordura, que es mucha en ellos, ni el genio que centellea a cada paso, sino el desinterés, que falta también a la nación, -el calor humano, que consiste en verse a la vez como persona suelta y como parte del mundo, y no por sobre él, y como si nada se le debiera, o se le mirase como mera fuente de noticias, - y la autoridad, el desembarazo, la fuerza, la fiereza, que en vano finge el escritor que disimula su opinión, o calla de ella lo que es cierto y no conviene al empresario que le paga. Se ve la garra en estos diarios, y suenan a hueco”.(8)
“Dignidad falta a lo escrito, no en lo aparente, ni en el modo de defender las cosas públicas, sino en ese sutil poder que viene del brío y decoro del que escribe, y no excluye los respetos y transacciones necesarios a la vida, ni permite hacer de la mente lo que aquel abogado, que “no miraba si el que le pedía el artículo se lo pedía realista o liberal, con tal que se lo pagasen bien, como no miraba su zapatero de qué política era el parroquiano que le mandaba hacer un par de botas: -¡pues es necesario, en cosas de pensamiento, ver quien se manda hacer el par de botas!”.(9)
Esa prensa que una vez criticó José Martí es la misma de hoy, lógico, con todos los elementos del desarrollo asociadas a la misma. Es normal en ella la trivialidad al presentar informaciones como la detención de un hombre, que por sólo llamarse Fidel Castro es noticia: “Detenido Fidel Castro en Miami”, subraya el titular; “Desembarcan Gómez y Martí en Miami”, en alusión a dos peloteros cubanos que se fueron a los Estados Unidos de forma ilegal.
Notas:
1. Jonathan y su continente, Nueva York, febrero 7 de 1889, Obras Completas, Tomo 12, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p. 151
2. Ibíd...,
3. Ibiden, p. 152
4. Ibíd..,
5. Ibiden, p. 153
6. Ibiden, p 157
7. Ibiden, p. 160
8. Ibiden, p. 161
9. Ibíd.,
lunes, 23 de noviembre de 2009
El camionero ¡qué personaje!
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
Un nuevo personaje colorea la vida cotidiana en Contramaestre, el camionero, un simple chofer, propietario de un camión de carga, que al llegar el periodo especial se convierte en una figura importante y alcanza distinción social por su poder adquisitivo y las ínfulas que construye en sus relaciones.
Este señor antes de la crisis de 1990 no sobresalía en el entramado social cubano, era generalmente una persona medianamente instruida, vestir trivial y lujo modesto. Sus comidas eran típicamente cubanas: arroz y frijoles, alguna que otra vianda, verduras y carne de cochino.
Al llegar el periodo especial, su camión sustituyó a la guagua de pasajeros, así improvisaron casetas cerradas, con luces en su interior, música grabada y bancos bien diseñados para una cantidad concreta de personas, que no tenían en cuenta si eran gordas o delgadas, la cifra era dinero y la diferencia no contaba. El pasajero debía acomodarse hasta completar el número ideal. En buen cubano, se podía comparar con las sardinas.
Eran los ángeles salvadores para viajar la isla de un extremo a otro. El precio del pasaje, dolorosamente, siempre se ha movido por la ley de la oferta y la demanda y el personaje del camionero devino el nuevo rico de la década de 1990.
Ahora visten distinto y se diferencian del resto de la sociedad por las bebidas que consumen y las comidas que distinguen su mesa, donde no falta la langosta, el camarón, múltiples especies de pescados de mar, la carne de cochino, chorizos y todo lo imaginado en la culinaria universal.
En su trato son brutales con el pueblo a quien humillan al llevarlo de una villa a otra. El pasajero sufre los efectos del moho y el mal olor que cubre su cuerpo al llegar al destino. El señor camionero hace largas paradas donde quiere y no se le puede reclamar porque te mandan a bajar, golpean o hasta insultan.
Llegará el día final para este personaje que recorre las calles de Contramaestre y compra en los lugares que el obrero de a pie no puede. No es posible seguir aceptando que señores como él, tengan más prestigio y poder que un médico, un abogado, o un ingeniero.
Cuba recupera su transporte urbano y rural, y ya se acerca la hora de que el camionero regrese a su lugar, del que nunca debió salir, aunque se entiende que el protagonismo alcanzado por este personaje, fue una necesidad bien justificada ante la crisis de los 90.
Un nuevo personaje colorea la vida cotidiana en Contramaestre, el camionero, un simple chofer, propietario de un camión de carga, que al llegar el periodo especial se convierte en una figura importante y alcanza distinción social por su poder adquisitivo y las ínfulas que construye en sus relaciones. Este señor antes de la crisis de 1990 no sobresalía en el entramado social cubano, era generalmente una persona medianamente instruida, vestir trivial y lujo modesto. Sus comidas eran típicamente cubanas: arroz y frijoles, alguna que otra vianda, verduras y carne de cochino.
Al llegar el periodo especial, su camión sustituyó a la guagua de pasajeros, así improvisaron casetas cerradas, con luces en su interior, música grabada y bancos bien diseñados para una cantidad concreta de personas, que no tenían en cuenta si eran gordas o delgadas, la cifra era dinero y la diferencia no contaba. El pasajero debía acomodarse hasta completar el número ideal. En buen cubano, se podía comparar con las sardinas.
Eran los ángeles salvadores para viajar la isla de un extremo a otro. El precio del pasaje, dolorosamente, siempre se ha movido por la ley de la oferta y la demanda y el personaje del camionero devino el nuevo rico de la década de 1990.
Ahora visten distinto y se diferencian del resto de la sociedad por las bebidas que consumen y las comidas que distinguen su mesa, donde no falta la langosta, el camarón, múltiples especies de pescados de mar, la carne de cochino, chorizos y todo lo imaginado en la culinaria universal. En su trato son brutales con el pueblo a quien humillan al llevarlo de una villa a otra. El pasajero sufre los efectos del moho y el mal olor que cubre su cuerpo al llegar al destino. El señor camionero hace largas paradas donde quiere y no se le puede reclamar porque te mandan a bajar, golpean o hasta insultan.
Llegará el día final para este personaje que recorre las calles de Contramaestre y compra en los lugares que el obrero de a pie no puede. No es posible seguir aceptando que señores como él, tengan más prestigio y poder que un médico, un abogado, o un ingeniero.
Cuba recupera su transporte urbano y rural, y ya se acerca la hora de que el camionero regrese a su lugar, del que nunca debió salir, aunque se entiende que el protagonismo alcanzado por este personaje, fue una necesidad bien justificada ante la crisis de los 90.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
El dedo sobre la llaga: actualidad de José Martí en el siglo XXI
Por Luis Enrique Jerez Domínguez. (Doctor en Ciencias)
Siento el calor de la brasa, cuando acerco el dedo a la llaga. Sobre la estrella que ilumina y mata, con una estocada filosa contra la tela de araña del burocratismo. Sobre estibas de informes deformes y triunfalistas, que pueden mediatizar los hermosos proyectos de un modelo justiciero. Algunos de los nuevos quijotes, no gustan de montar en Rocinante y prefieren los carros de marcas vistosos.
Poner el dedo sobre esta llaga entraña: el peligro de ser mal interpretado, incluso algunos, lo pueden etiquetar como ¨problemas políticos ideológicos¨, con la superficialidad de no profundizar en la génesis y evolución de la política y de la ideología en una sociedad perfectible…
No se vive en una urna de cristal, estamos expuestos al influjo del bombardeo informático, el mundo está interconectado y eso no podemos cambiarlo, sino utilizarlo, a partir del pensamiento y praxis de José Martí, como brújula orientadora, para encontrar los caminos viables. ¨No se sabe bien sino lo que se descubre”.
La corrupción es real, pequeña si se compara con otras sociedades, más nosotros debemos compararnos con nosotros mismos, si queremos extirpar de raíz un mal que se expande por el mundo. Actuar sobre las causas y no sobre las consecuencias es un modo martiano de asumir la realidad, de una manera creadora.¨ Crear es la palabra de pase de esta generación ¨. De lo contrario corremos el riesgo de convertir este altruista propósito en un rito disperso y sonoro, rozando con la fantasía deseada, pero no conquistada con el sudor y el brillo de la verdad. La mentira es una daga que se clava en el alma de la patria y debe ser desterrada, con los pies puestos sobre la tierra heroica de un pueblo virtuoso y bueno…
El sol nace para todos, el mercado es un mal necesario, hasta que alcancemos un estado de abundancia, sin embargo. ¿Por qué las ciudades están llenas y los campos vacíos?
La moneda cubana, el peso, se ha desvalorizado, en compensación nuestro proyecto ofrece salud, educación, independencia y dignidad, tan añorados en el mundo, más estas y otras bondades del sistema no le bastan al obrero que pretende vivir de su salario, aunque sea un profesional, los precios se disparan y los productos de la canasta básica que son por ciertos subsidiados por el Estado, no alcanzan para la sobre vivencia ordinaria, por lo que muchas personas buscan otras alternativas, algunas de las cuales no son ni éticas, ni viables…
“Decir es hacer, cuando se dice a tiempo”. No hemos logrado una auténtica cultura de productores, y las miradas están puestas más en las vidrieras de las tiendas, que en los campos y talleres…
¨No hay igualdad social posible sin igualdad de cultura¨. Dudo del conocimiento sin esfuerzo, sin horas de meditación, lectura y fichaje y posterior despliegue de los procesos lógicos del pensamiento, cuidémonos de no crear una seudo cultura, con un conocimiento referencial, sin un sólido basamento. El peligro está en pie, es hora de accionar en la solución del problema.
Interpretar a Martí desde su pensamiento, es un deber de todo cubano que desee aproximarse a la cultura general integral y requiere limpiar la mente de dogmatismos estériles, abrir paso a los cambios necesarios, los que impone la práctica de la vida en sociedad y para el bien de ella; poniendo a un lado los intereses personales…
La vida nueva no se puede adaptar a las leyes viejas, cada época requiere de cambiar hasta hacer coincidir la justicia a la vida real y no a la inversa…
¨De nada servirían la libertad y el derecho, si el derecho y la libertad no se ejercieran, si todavía tuviera el pensamiento sobre sus espalda el látigo de la censura”. Percibimos que algunas personas temen decir lo que piensan, otros prefieren la mentira como un escudo protector que se torna destructora y corrosiva y se clava en el alma de la patria. Pobre cuerpo que se arrastra, pobre cerebro que no piensa…
¨ (…) Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser de nuestras repúblicas ¨. No podemos aceptar imposiciones de los centros de poder internacionales, tampoco debemos imponer el poder desde posiciones de fuerza, el poder es del pueblo, que lo delega, lo presta, seamos fieles servidores de ese pueblo heroico, pensemos en lo que le preocupa a ese pueblo casi anónimo, que llena nuestras plazas…
Súfrase con los pobres de un país de pobres, donde algunos no lo son tanto y lo disimulan menos. No se trata de un reclamo al igualitarismo utópico, la naturaleza nos hizo de por sí desiguales…
Entonces el amiguismo y el socialismo no son socialismo, tampoco son capitalismo clásico, ¿es acaso un híbrido?...
¿Es que el tiempo sólo alcanza para hacer papeles? ¿Por qué no pensar más en nuestras realidades, aciertos y errores, sin llamarles automáticamente diversionismo ideológico? Abrir espacios a la pluralidad, sin lesionar la unidad es posible…
Sin embargo, no está claro por qué dos monedas si ambas son de nuestra propia nación, ello dificulta su utilización en la práctica cotidiana, además impone gastos adicionales en las red de “Cadecas”, que genera gastos en salario de todo ese personal y la posibilidad de vendedores clandestinos que lucran sus ganancias…
Ser radical es ir a la raíz del problema afirmó José Martí. Busquemos las raíces, cortemos las que ya están putrefactas, no es un problema sencillo, los problemas transcendentales, siempre son difíciles, abordarlos es un reto que no debemos ni rehuir ni dilatar…
La rutina es una plaga que amenaza convertirse en una pandemia, las justificaciones falsas, son el ánimo que tratan de darse los incapaces de crear y transformar. La revolución no es un proceso hecho de una vez y para siempre, ella se construye y reconstruye todos los días, con todos y por todos, no es una obra de minorías encumbradas, sino de grandes masas… Sucede que algunos de los que viven en centros o capitales, se estiman sobre un pedestal y desdeñan a los provincianos, ¿Qué decir de los que nos ubicamos en la periferia, en los municipios o más allá en los pueblos aldeas, recodos, campos y montañas?...
¨ (…) La libertad política no estará asegurada, mientras no se asegure la libertad espiritual. Urge libertar a los hombres de la tiranía de la convención (…) El sol nace para todos. Somos materia estelar viviente, con este planeta estamos comprometidos, con el equilibrio del mundo en lo ecológico y en lo ético y estético y en la conservación de todas y cada una de las especies.
Continuar estudiando el pensamiento y acción revolucionaria de José Martí, sigue siendo una de nuestras prioridades, para interpretar mejor nuestras realidades y acometer acciones de transformación, que nos lleven al desarrollo progresivo en la lucha contra la pobreza, el bloqueo económico y todo lo que dificulte la felicidad de nuestro pueblo…
Estudiar el pensamiento martiano e interpretarlo a partir de su propio método de análisis de los fenómenos sigue siendo una prioridad en el presente siglo veintiuno.
Fotografía: Ave Fénix, de René Emonides Quintana
Notas:
1. José Martí. Carta a María Mantilla, 2 de febrero de 1895. En Epistolario en cinco tomos, Tomo 5, p.56.
2 Obra Citada. P.247.
3 José Martí. Carta a los cubanos, Nueva Cork, septiembre de 1880. En Epistolario en cinco tomos, Tomo 2. p. 217.
4 José Martí. ¨ Un plato de Lentejas ¨. Patria. Nueva York. 5 de enero de 1894, en Obras Completas. Tomo 3, p. 28.
5 JM. ¨ Los tiempos se acercan ¨. El socialista. 11 de junio de 1876. En O. C. Edición Crítica. CEM: tomo 2, 1985. p. 274.
6 JM. Nuestra América. En Antología Mínima en dos tomos el tomo 1 p. 244.
Siento el calor de la brasa, cuando acerco el dedo a la llaga. Sobre la estrella que ilumina y mata, con una estocada filosa contra la tela de araña del burocratismo. Sobre estibas de informes deformes y triunfalistas, que pueden mediatizar los hermosos proyectos de un modelo justiciero. Algunos de los nuevos quijotes, no gustan de montar en Rocinante y prefieren los carros de marcas vistosos.Poner el dedo sobre esta llaga entraña: el peligro de ser mal interpretado, incluso algunos, lo pueden etiquetar como ¨problemas políticos ideológicos¨, con la superficialidad de no profundizar en la génesis y evolución de la política y de la ideología en una sociedad perfectible…
No se vive en una urna de cristal, estamos expuestos al influjo del bombardeo informático, el mundo está interconectado y eso no podemos cambiarlo, sino utilizarlo, a partir del pensamiento y praxis de José Martí, como brújula orientadora, para encontrar los caminos viables. ¨No se sabe bien sino lo que se descubre”.
La corrupción es real, pequeña si se compara con otras sociedades, más nosotros debemos compararnos con nosotros mismos, si queremos extirpar de raíz un mal que se expande por el mundo. Actuar sobre las causas y no sobre las consecuencias es un modo martiano de asumir la realidad, de una manera creadora.¨ Crear es la palabra de pase de esta generación ¨. De lo contrario corremos el riesgo de convertir este altruista propósito en un rito disperso y sonoro, rozando con la fantasía deseada, pero no conquistada con el sudor y el brillo de la verdad. La mentira es una daga que se clava en el alma de la patria y debe ser desterrada, con los pies puestos sobre la tierra heroica de un pueblo virtuoso y bueno…
El sol nace para todos, el mercado es un mal necesario, hasta que alcancemos un estado de abundancia, sin embargo. ¿Por qué las ciudades están llenas y los campos vacíos?
La moneda cubana, el peso, se ha desvalorizado, en compensación nuestro proyecto ofrece salud, educación, independencia y dignidad, tan añorados en el mundo, más estas y otras bondades del sistema no le bastan al obrero que pretende vivir de su salario, aunque sea un profesional, los precios se disparan y los productos de la canasta básica que son por ciertos subsidiados por el Estado, no alcanzan para la sobre vivencia ordinaria, por lo que muchas personas buscan otras alternativas, algunas de las cuales no son ni éticas, ni viables…
“Decir es hacer, cuando se dice a tiempo”. No hemos logrado una auténtica cultura de productores, y las miradas están puestas más en las vidrieras de las tiendas, que en los campos y talleres…
¨No hay igualdad social posible sin igualdad de cultura¨. Dudo del conocimiento sin esfuerzo, sin horas de meditación, lectura y fichaje y posterior despliegue de los procesos lógicos del pensamiento, cuidémonos de no crear una seudo cultura, con un conocimiento referencial, sin un sólido basamento. El peligro está en pie, es hora de accionar en la solución del problema.
Interpretar a Martí desde su pensamiento, es un deber de todo cubano que desee aproximarse a la cultura general integral y requiere limpiar la mente de dogmatismos estériles, abrir paso a los cambios necesarios, los que impone la práctica de la vida en sociedad y para el bien de ella; poniendo a un lado los intereses personales…
La vida nueva no se puede adaptar a las leyes viejas, cada época requiere de cambiar hasta hacer coincidir la justicia a la vida real y no a la inversa…
¨De nada servirían la libertad y el derecho, si el derecho y la libertad no se ejercieran, si todavía tuviera el pensamiento sobre sus espalda el látigo de la censura”. Percibimos que algunas personas temen decir lo que piensan, otros prefieren la mentira como un escudo protector que se torna destructora y corrosiva y se clava en el alma de la patria. Pobre cuerpo que se arrastra, pobre cerebro que no piensa…
¨ (…) Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser de nuestras repúblicas ¨. No podemos aceptar imposiciones de los centros de poder internacionales, tampoco debemos imponer el poder desde posiciones de fuerza, el poder es del pueblo, que lo delega, lo presta, seamos fieles servidores de ese pueblo heroico, pensemos en lo que le preocupa a ese pueblo casi anónimo, que llena nuestras plazas…
Súfrase con los pobres de un país de pobres, donde algunos no lo son tanto y lo disimulan menos. No se trata de un reclamo al igualitarismo utópico, la naturaleza nos hizo de por sí desiguales…
Entonces el amiguismo y el socialismo no son socialismo, tampoco son capitalismo clásico, ¿es acaso un híbrido?...
¿Es que el tiempo sólo alcanza para hacer papeles? ¿Por qué no pensar más en nuestras realidades, aciertos y errores, sin llamarles automáticamente diversionismo ideológico? Abrir espacios a la pluralidad, sin lesionar la unidad es posible…
Sin embargo, no está claro por qué dos monedas si ambas son de nuestra propia nación, ello dificulta su utilización en la práctica cotidiana, además impone gastos adicionales en las red de “Cadecas”, que genera gastos en salario de todo ese personal y la posibilidad de vendedores clandestinos que lucran sus ganancias…
Ser radical es ir a la raíz del problema afirmó José Martí. Busquemos las raíces, cortemos las que ya están putrefactas, no es un problema sencillo, los problemas transcendentales, siempre son difíciles, abordarlos es un reto que no debemos ni rehuir ni dilatar…
La rutina es una plaga que amenaza convertirse en una pandemia, las justificaciones falsas, son el ánimo que tratan de darse los incapaces de crear y transformar. La revolución no es un proceso hecho de una vez y para siempre, ella se construye y reconstruye todos los días, con todos y por todos, no es una obra de minorías encumbradas, sino de grandes masas… Sucede que algunos de los que viven en centros o capitales, se estiman sobre un pedestal y desdeñan a los provincianos, ¿Qué decir de los que nos ubicamos en la periferia, en los municipios o más allá en los pueblos aldeas, recodos, campos y montañas?...
¨ (…) La libertad política no estará asegurada, mientras no se asegure la libertad espiritual. Urge libertar a los hombres de la tiranía de la convención (…) El sol nace para todos. Somos materia estelar viviente, con este planeta estamos comprometidos, con el equilibrio del mundo en lo ecológico y en lo ético y estético y en la conservación de todas y cada una de las especies.
Continuar estudiando el pensamiento y acción revolucionaria de José Martí, sigue siendo una de nuestras prioridades, para interpretar mejor nuestras realidades y acometer acciones de transformación, que nos lleven al desarrollo progresivo en la lucha contra la pobreza, el bloqueo económico y todo lo que dificulte la felicidad de nuestro pueblo…
Estudiar el pensamiento martiano e interpretarlo a partir de su propio método de análisis de los fenómenos sigue siendo una prioridad en el presente siglo veintiuno.
Fotografía: Ave Fénix, de René Emonides Quintana
Notas:
1. José Martí. Carta a María Mantilla, 2 de febrero de 1895. En Epistolario en cinco tomos, Tomo 5, p.56.
2 Obra Citada. P.247.
3 José Martí. Carta a los cubanos, Nueva Cork, septiembre de 1880. En Epistolario en cinco tomos, Tomo 2. p. 217.
4 José Martí. ¨ Un plato de Lentejas ¨. Patria. Nueva York. 5 de enero de 1894, en Obras Completas. Tomo 3, p. 28.
5 JM. ¨ Los tiempos se acercan ¨. El socialista. 11 de junio de 1876. En O. C. Edición Crítica. CEM: tomo 2, 1985. p. 274.
6 JM. Nuestra América. En Antología Mínima en dos tomos el tomo 1 p. 244.
martes, 17 de noviembre de 2009
Los editores
Por Juan Cruz.
No sé qué pasará con los libros, si serán digitales, si se combinarán los digitales con los de papel; el futuro se va escribiendo. Los que no dejarán de existir serán los editores, y los escritores, y los lectores, y los bibliotecarios, por supuesto, y éstos serán los garantes de que, pase lo que pase, la escritura sea el espejo de las épocas, el reflejo de la creatividad, de la imaginación o del estudio, el resultado de una convocatoria excepcional en la que intervienen el deseo de saber, el deseo de contar y la necesidad de expresarse. Y una palabra sobre los editores: ayer estuvieron en Madrid, y les vi, estuve con ellos, los promotores de Barril y Barral, Joan Barril y Malcolm Otero Barral. Nuevos editores que ya han sacado a luz algunos de su proyectos. Y estaban, en este otoño que aun no refresca del todo, visitando Madrid como lo visitaba, hace siglos, el abuelo de Malcolm, visitando autores, buscando materiales entre las tinieblas de lo que aún no ha sido escrito. Y tuve añoranza de esa época en que yo también hice el mismo ejercicio, visité gente que acaso tenía un libro en la cabeza o ya lo había escrito, y traté de convencer a unos y a otros para que ese libro fuera nuestro, es decir, de la editorial donde trabajé, en la que, con otros, construí ilusiones que ahora ya son parte del pasado, es decir, de las estanterías, que son una reserva del futuro, por cierto. No sé qué pasará con los libros, y ojalá todo lo que pase sea bueno, tan bueno como los libros o mejor que nosotros.
Tomado de http://blogs.elpais.com/juan_cruz/
No sé qué pasará con los libros, si serán digitales, si se combinarán los digitales con los de papel; el futuro se va escribiendo. Los que no dejarán de existir serán los editores, y los escritores, y los lectores, y los bibliotecarios, por supuesto, y éstos serán los garantes de que, pase lo que pase, la escritura sea el espejo de las épocas, el reflejo de la creatividad, de la imaginación o del estudio, el resultado de una convocatoria excepcional en la que intervienen el deseo de saber, el deseo de contar y la necesidad de expresarse. Y una palabra sobre los editores: ayer estuvieron en Madrid, y les vi, estuve con ellos, los promotores de Barril y Barral, Joan Barril y Malcolm Otero Barral. Nuevos editores que ya han sacado a luz algunos de su proyectos. Y estaban, en este otoño que aun no refresca del todo, visitando Madrid como lo visitaba, hace siglos, el abuelo de Malcolm, visitando autores, buscando materiales entre las tinieblas de lo que aún no ha sido escrito. Y tuve añoranza de esa época en que yo también hice el mismo ejercicio, visité gente que acaso tenía un libro en la cabeza o ya lo había escrito, y traté de convencer a unos y a otros para que ese libro fuera nuestro, es decir, de la editorial donde trabajé, en la que, con otros, construí ilusiones que ahora ya son parte del pasado, es decir, de las estanterías, que son una reserva del futuro, por cierto. No sé qué pasará con los libros, y ojalá todo lo que pase sea bueno, tan bueno como los libros o mejor que nosotros.
Tomado de http://blogs.elpais.com/juan_cruz/
miércoles, 28 de octubre de 2009
En el lugar que su obra merezca
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
Como homenaje a Emilio Roig de Leuchsenring, uno de los investigadores más relevantes de Cuba, se estableció el 19 de julio el Día del Historiador, fecha en la que fue nombrado en 1935 Historiador de la Ciudad de La Habana, un hecho que reconoce el significado de esta profesión para la nación cubana.
Y es que ser historiador es trabajar con la memoria de la nación, hurgar en sus profundos rincones y reconstruir con visión objetiva una selección de hechos que sirvan para legitimar una práctica social. Por eso es normal decir que todo historiador escribe siempre con arreglo a una pauta cultural, pauta que le condiciona el partido político o clase social que lo representa en el escenario público.
Emilio Roig, fue uno de esos hombres que tuvo el mérito de trabajar junto al tercer descubridor de Cuba Fernando Ortiz, intelectual que se adentró con sentido profundo en los componentes de la nacionalidad cubana y los reveló al mundo con singular maestría. De esa sabia se alimentó Roig.
Pero también tiene en su currículum un importante servicio, la lucha por el rescate del patrimonio material e inmaterial de la capital de todos los cubanos, La Habana, una obra monumental de la que uno de los historiadores más prestigiosos de nuestra sociedad se alimentara, el benemérito Eusebio Leal, su actual historiador, que fuera uno de sus secretarios.
Roig fue además un conocedor profundo de la obra del más universal de los cubanos, José Martí, a su pluma se debe un libro iluminador para este pueblo, que selecciona el pensamiento antiimperialista del prócer y lo explica con lucidez, hecho esencial en los años de República, en los que tantos mercachifles disertaban sobre el Maestro, según frase del joven Julio Antonio Mella.
Pero este hombre, intelectual revolucionario y patriota, no permaneció ajeno a la lucha revolucionaria que cristaliza con el triunfo del Primero de enero de 1959, entre los que se colocó al lado de la Revolución estuvo él, cuestión que evidencia que intelectual es aquel que elige la orilla ideológica adecuada y se implica en la fundamentación y legitimación de la nueva sociedad.
Contramaestre vive hoy una efervescencia en los estudios históricos, muchas áreas se trabajan con singulares resultados a nivel nacional y universal, entre los que sobresalen los trabajos sobre la emigración canaria en el oriente de Cuba, las luchas campesinas en Venta de Casanovas, la penetración imperialista durante la República Neocolonial, la percepción de la mujer en la obra de José Martí, y Saturnino Lora y los sucesos del 24 de febrero en Baire, un balance historiográfico necesario.
Una cosa debe quedar clara, y es que los historiadores escriben en función de una verdad que los trasciende; tarde o temprano serán enjuiciados por la posteridad que los colocará en el lugar que su obra merezca.
Como homenaje a Emilio Roig de Leuchsenring, uno de los investigadores más relevantes de Cuba, se estableció el 19 de julio el Día del Historiador, fecha en la que fue nombrado en 1935 Historiador de la Ciudad de La Habana, un hecho que reconoce el significado de esta profesión para la nación cubana.
Y es que ser historiador es trabajar con la memoria de la nación, hurgar en sus profundos rincones y reconstruir con visión objetiva una selección de hechos que sirvan para legitimar una práctica social. Por eso es normal decir que todo historiador escribe siempre con arreglo a una pauta cultural, pauta que le condiciona el partido político o clase social que lo representa en el escenario público.
Emilio Roig, fue uno de esos hombres que tuvo el mérito de trabajar junto al tercer descubridor de Cuba Fernando Ortiz, intelectual que se adentró con sentido profundo en los componentes de la nacionalidad cubana y los reveló al mundo con singular maestría. De esa sabia se alimentó Roig.
Pero también tiene en su currículum un importante servicio, la lucha por el rescate del patrimonio material e inmaterial de la capital de todos los cubanos, La Habana, una obra monumental de la que uno de los historiadores más prestigiosos de nuestra sociedad se alimentara, el benemérito Eusebio Leal, su actual historiador, que fuera uno de sus secretarios.
Roig fue además un conocedor profundo de la obra del más universal de los cubanos, José Martí, a su pluma se debe un libro iluminador para este pueblo, que selecciona el pensamiento antiimperialista del prócer y lo explica con lucidez, hecho esencial en los años de República, en los que tantos mercachifles disertaban sobre el Maestro, según frase del joven Julio Antonio Mella.
Pero este hombre, intelectual revolucionario y patriota, no permaneció ajeno a la lucha revolucionaria que cristaliza con el triunfo del Primero de enero de 1959, entre los que se colocó al lado de la Revolución estuvo él, cuestión que evidencia que intelectual es aquel que elige la orilla ideológica adecuada y se implica en la fundamentación y legitimación de la nueva sociedad.
Contramaestre vive hoy una efervescencia en los estudios históricos, muchas áreas se trabajan con singulares resultados a nivel nacional y universal, entre los que sobresalen los trabajos sobre la emigración canaria en el oriente de Cuba, las luchas campesinas en Venta de Casanovas, la penetración imperialista durante la República Neocolonial, la percepción de la mujer en la obra de José Martí, y Saturnino Lora y los sucesos del 24 de febrero en Baire, un balance historiográfico necesario.
Una cosa debe quedar clara, y es que los historiadores escriben en función de una verdad que los trasciende; tarde o temprano serán enjuiciados por la posteridad que los colocará en el lugar que su obra merezca.
sábado, 10 de octubre de 2009
De la resurrección de Macondo en el oficio solitario de escribir
Por Orlando concepción Pérez. (Poeta y narrador).
Me apoyo en José Martí y comparto plenamente su idea de que “Pensar es servir”, con la que adorna su ensayo “Nuestra América”. Nunca se debe olvidar lo expresado por la que considero la más importante figura histórica cubana de los siglos XX y XXI, en ocasión trascendental: “…al pueblo no le decimos “cree”; le decimos “lee””.
Cuando Arnoldo Fernández Verdecia entregó hace alrededor de cinco años su libro de ensayos “La soledad del oficio”, al consejo editorial municipal de Contramaestre, me correspondió el honor de formar parte del equipo asesor en el género Ensayo.
El libro fue aprobado y entregado a Ediciones “Santiago”, que también lo aprobó. Por tener más de las 60 cuartillas de máximo invariable, la mitad del mismo salió editado en el 2005 con el título “Leer La Edad de Oro con ojos de mujeres”.
Quedó el compromiso verbal del entonces director de la editorial, en el sentido de que al año siguiente, o sea, en el 2006, sería editado el otro volumen que, después de atravesar un azaroso laberinto consecuencia del miedo a las ideas ajenas, aparece ahora, con tres años de retraso.
Las ideas ajenas casi siempre tropiezan con defensores y detractores.
Lo primero que hoy debo entregar a los posibles lectores es una cordial invitación a “leer” esta breve obra, “La soledad del oficio”.
En sus introductorias “Palabras necesarias”, el autor escribe: “Este ensayo es mi modesta contribución al análisis de los límites y losa retos que enfrenta un escritor desde el interior de la isla de Cuba”. Cuando el pensamiento del escritor se convierte en letra de molde, ya el libro permuta su pertenencia. El público lector se adueña de él, lo lee una y otra vez en búsqueda de lo que sí o no el escritor dejó plasmado. Un escritor de cualquiera de los géneros no puede ser complaciente con el gusto de todos los lectores.
El “derecho” a expresar sus criterios es la gran “fuerza de los hombres”, escritores o no. Frente a sus ideas se levanta otra “fuerza”que puede convertirse en “el derecho de las bestias”, al decir de un filósofo de décadas pretéritas.
Arnoldo Fernández acude al arsenal de sus lecturas para expresar ideas que conduce a que “un escritor debe estar comprometido con la creación intelectual y no con un príncipe”.
Establece el joven autor dos posibles eventualidades en la posición crítica del que se enfrasca en el oficio solitario, y se declara partidario de la autonomía como rechazo a los placeres del servilismo
Invito a los lectores a “descubrir” en la contra-portada algunas incongruencias, que parecen mostrar la inconformidad con los planteamientos del autor. Si cada ensayo es, entre otras muchas cosas, la visión del autor, ¿a qué viene dejar impreso en el libro aquello de que “Con una manera particular de abordar el ensayo, Arnoldo Fernández Verdecia enjuicia y propone, desde su óptica personal”?.
Me tomo la libertad de establecer un monólogo muy personal con ese juicio, también personal, de enfrentar al ensayo. Todo ensayo se aborda con “una manera particular”. Todo ensayo es el juicio del autor sobre el tema enfocado. ¿Con cuál óptica se le exige a un autor que se exprese si se despoja de “la personal”?. Dejo la necropsia de esa contradicción antagónica a quien se encargue de reseñar el libro.
Hay tela por donde cortar: las incongruencias de la contra-portada, la monotonía del blanco y el negro en la cubierta, la limitación al número de páginas de la que se alejan otras editoriales territoriales. De esas pequeñas cosas se podrán ocupar otros escritores.
Fernández Verdecia ejercita su derecho a pensar, y no vacila en apoyarse en firmas que prestigian a la ensayística, a la crítica o a la narrativa, en un abanico que se extiende desde Martí a Carlos Marx, sin omitir a otros muchos pensadores, para llegar a conclusiones de las que algún lector puede si o no coincidir o disentir. Ese es el derecho del lector. El derecho del autor es dejar expresadas sus ideas, frutos de su pensamiento.
Existen lectores comprometidos con alguna forma de pensar, sensibilizados por ciertas expresiones que, quizás involuntariamente, pueden servir de sayo a quienes les sirve el sayo.
Sin adherirme sacrosantamente al Calibán, considero que el compromiso del escritor, con sus ideas y no con sus placeres, merece un sitial de preferencia, sobre todo cuando los placeres sirven de intento de soborno para rehuir a la ética, cuando el escritor esgrime la defensa intransigente para la libertad reglamentada para el pensamiento.
Cuando se menciona la palabra “poder”, los que piensan superficialmente de inmediato identifican al “poder” con la “legalidad”, aunque ese “poder” viole la “legalidad”. No creo que alguien que ha padecido la existencia escritural en lo que mal se llama “el interior del país”, argumente con solidez la oposición a
los criterios del autor de “La soledad del oficio”.
¿Acaso no es absolutamente cierto que “El ejercicio de poder local en el interior necesita una estética que apunte hacia su funcionamiento”?. Para enaltecer o despedazar lo que merece ser enaltecido o despedazado, un escritor ha expresado en una muestra de su narrativa: “…por eso escribo, así de alguna manera soy un dios y hago mi mundo, mi gente, mi dolor, y nadie me lo puede quitar”.
Discrepo de la editorial en su afirmación de contra-portada de que “el llamado “interior” del país, ya no (es) tan desconocido ni ajeno”. Todavía desde su cúspide inmortal, alguien puede escribir, con una actualidad desconcertante: “•(…) me aturden las palabras y el traqueteo de la máquina de escribir”.
Si alguno de los escritores del país se siente aludido por no haber sabido enfrentar “virilmente” al “discurso del poder local” en su enfrentamiento al de las letras, eso es sólo un incidente de tipo personal, que en nada disminuye el valor de lo expresado por Fernández Verdecia en su libro.
José Martí nos enseña día a día: “Odiar es quitarse derechos” y “El odio no construye”, además de advertir que “El cariño es la llave del mundo. Y el odio es su estercolero” (O.C. 5:363).
Sé que los buenos lectores rehuyen el estercolero, y tras la paciente lectura de “La soledad del oficio”, utilizarán la llave del cariño para abrir las ventanas del mundo.
Me apoyo en José Martí y comparto plenamente su idea de que “Pensar es servir”, con la que adorna su ensayo “Nuestra América”. Nunca se debe olvidar lo expresado por la que considero la más importante figura histórica cubana de los siglos XX y XXI, en ocasión trascendental: “…al pueblo no le decimos “cree”; le decimos “lee””. Cuando Arnoldo Fernández Verdecia entregó hace alrededor de cinco años su libro de ensayos “La soledad del oficio”, al consejo editorial municipal de Contramaestre, me correspondió el honor de formar parte del equipo asesor en el género Ensayo.
El libro fue aprobado y entregado a Ediciones “Santiago”, que también lo aprobó. Por tener más de las 60 cuartillas de máximo invariable, la mitad del mismo salió editado en el 2005 con el título “Leer La Edad de Oro con ojos de mujeres”.
Quedó el compromiso verbal del entonces director de la editorial, en el sentido de que al año siguiente, o sea, en el 2006, sería editado el otro volumen que, después de atravesar un azaroso laberinto consecuencia del miedo a las ideas ajenas, aparece ahora, con tres años de retraso.
Las ideas ajenas casi siempre tropiezan con defensores y detractores.
Lo primero que hoy debo entregar a los posibles lectores es una cordial invitación a “leer” esta breve obra, “La soledad del oficio”.
En sus introductorias “Palabras necesarias”, el autor escribe: “Este ensayo es mi modesta contribución al análisis de los límites y losa retos que enfrenta un escritor desde el interior de la isla de Cuba”. Cuando el pensamiento del escritor se convierte en letra de molde, ya el libro permuta su pertenencia. El público lector se adueña de él, lo lee una y otra vez en búsqueda de lo que sí o no el escritor dejó plasmado. Un escritor de cualquiera de los géneros no puede ser complaciente con el gusto de todos los lectores.
El “derecho” a expresar sus criterios es la gran “fuerza de los hombres”, escritores o no. Frente a sus ideas se levanta otra “fuerza”que puede convertirse en “el derecho de las bestias”, al decir de un filósofo de décadas pretéritas.
Arnoldo Fernández acude al arsenal de sus lecturas para expresar ideas que conduce a que “un escritor debe estar comprometido con la creación intelectual y no con un príncipe”.
Establece el joven autor dos posibles eventualidades en la posición crítica del que se enfrasca en el oficio solitario, y se declara partidario de la autonomía como rechazo a los placeres del servilismo
Invito a los lectores a “descubrir” en la contra-portada algunas incongruencias, que parecen mostrar la inconformidad con los planteamientos del autor. Si cada ensayo es, entre otras muchas cosas, la visión del autor, ¿a qué viene dejar impreso en el libro aquello de que “Con una manera particular de abordar el ensayo, Arnoldo Fernández Verdecia enjuicia y propone, desde su óptica personal”?.
Me tomo la libertad de establecer un monólogo muy personal con ese juicio, también personal, de enfrentar al ensayo. Todo ensayo se aborda con “una manera particular”. Todo ensayo es el juicio del autor sobre el tema enfocado. ¿Con cuál óptica se le exige a un autor que se exprese si se despoja de “la personal”?. Dejo la necropsia de esa contradicción antagónica a quien se encargue de reseñar el libro.
Hay tela por donde cortar: las incongruencias de la contra-portada, la monotonía del blanco y el negro en la cubierta, la limitación al número de páginas de la que se alejan otras editoriales territoriales. De esas pequeñas cosas se podrán ocupar otros escritores.
Fernández Verdecia ejercita su derecho a pensar, y no vacila en apoyarse en firmas que prestigian a la ensayística, a la crítica o a la narrativa, en un abanico que se extiende desde Martí a Carlos Marx, sin omitir a otros muchos pensadores, para llegar a conclusiones de las que algún lector puede si o no coincidir o disentir. Ese es el derecho del lector. El derecho del autor es dejar expresadas sus ideas, frutos de su pensamiento.
Existen lectores comprometidos con alguna forma de pensar, sensibilizados por ciertas expresiones que, quizás involuntariamente, pueden servir de sayo a quienes les sirve el sayo.
Sin adherirme sacrosantamente al Calibán, considero que el compromiso del escritor, con sus ideas y no con sus placeres, merece un sitial de preferencia, sobre todo cuando los placeres sirven de intento de soborno para rehuir a la ética, cuando el escritor esgrime la defensa intransigente para la libertad reglamentada para el pensamiento.
Cuando se menciona la palabra “poder”, los que piensan superficialmente de inmediato identifican al “poder” con la “legalidad”, aunque ese “poder” viole la “legalidad”. No creo que alguien que ha padecido la existencia escritural en lo que mal se llama “el interior del país”, argumente con solidez la oposición a
los criterios del autor de “La soledad del oficio”.
¿Acaso no es absolutamente cierto que “El ejercicio de poder local en el interior necesita una estética que apunte hacia su funcionamiento”?. Para enaltecer o despedazar lo que merece ser enaltecido o despedazado, un escritor ha expresado en una muestra de su narrativa: “…por eso escribo, así de alguna manera soy un dios y hago mi mundo, mi gente, mi dolor, y nadie me lo puede quitar”.
Discrepo de la editorial en su afirmación de contra-portada de que “el llamado “interior” del país, ya no (es) tan desconocido ni ajeno”. Todavía desde su cúspide inmortal, alguien puede escribir, con una actualidad desconcertante: “•(…) me aturden las palabras y el traqueteo de la máquina de escribir”.
Si alguno de los escritores del país se siente aludido por no haber sabido enfrentar “virilmente” al “discurso del poder local” en su enfrentamiento al de las letras, eso es sólo un incidente de tipo personal, que en nada disminuye el valor de lo expresado por Fernández Verdecia en su libro.
José Martí nos enseña día a día: “Odiar es quitarse derechos” y “El odio no construye”, además de advertir que “El cariño es la llave del mundo. Y el odio es su estercolero” (O.C. 5:363).
Sé que los buenos lectores rehuyen el estercolero, y tras la paciente lectura de “La soledad del oficio”, utilizarán la llave del cariño para abrir las ventanas del mundo.
viernes, 9 de octubre de 2009
Visión de José Martí en ALUMBRAMIENTOS
Por Dayamí de las Mercedes Almaguer
Por Yunior García Ginarte
Entre los intentos de hacer perdurar la presencia de Martí en la plástica cubana, florecen las iluminaciones del pintor contramaestrense René Emónides Quintana que recontextualiza al héroe con sinceras pinceladas de fácil comprensión. Incorpora la perspectiva municipal, que de hecho lo universaliza.
René Emónides, que si bien no deja de centralizar la figura, la lleva a los ambientes más insospechados. La mueve hacia los centros donde la imagen del cubano se pierde entre el turismo o el transporte de pasajeros. Se trata de una fotografía naiff en la que anda por la atmósfera, en la que se anuncia con dolor o comprende incluso a los seres sociales que menos podrían llegar a comprenderlo. AVE FÉNIX; MEMORIAS DE ULTRATUMBA; HOJA DE RUTA, POR FAVOR; son obras muy elocuentes, sin embargo LA ÚLTIMA CENA nos traslada a la escena, a un Martí acompañado por grandes personalidades históricas.
No deja de ser simbólicamente eje del movimiento y contenido visual la figura martiana, pero su razón concuerda en nivel de importancia con todos los que le acompañan a su izquierda, hombres que en diferentes naciones viven gracias a su obra y virtud. Hombres sanos, y de esa pureza es testigo el alimento, capaz de desenmascarar -aún por quien no los encuentra- la salud de sus ideas por el bien ajeno, los vegetales y la cruz, -muy latina- que los une en un solo dios: el hombre. A su derecha Hitler y Drácula encabezan y unen la cena de sangre y dolor. Indiscutiblemente el peso por honradez cae en Quijote defensor de los hombres que fueron, serán y los que vendrán. Si bien hemos encontrado a Martí rodeado de palmeras, o monte, si bien lo definimos como Carlos Enríquez, aún en Dos Ríos acompañado de mulatas hacia la gloria, es un elogio de Emónides centrarlo entre tantos cuerpos que lo hacen grande y pequeño, tenaz y líder.
Aún en este marco histórico y político las significantes nos conducen al hombre que lucha con otros hombres, al ser humano capaz de ser solo eso: un verdadero ser humano. Es fuerte la integridad del contenido que emana de esta obra de arte, es una cena cubana muy precisa entre las tantas dentro de la historia del arte universal. Su fuerza cae en el todo de la representación y su reconocible semejanza, en su posición en el orden ético y postura social, en tanto dialoga “ vita brevia est, art longa” y esa vida se alarga en otra , gracias a obras como esta.
Otro conjunto muy definitivo por su diferencia es TRANSPORTACIÓN MASIVA. Entran en disputa valores, símbolos, posiciones y direcciones que la hacen más polémica y nutritiva. Todo surge de la experiencia de un hombre incapaz de moverse gracias a la ingratitud de otros, una experiencia que de poema pasó a cartulina. Para muchos a simple pintura, para otros, a óleo sobre cartulina. Descubrimos la dimensión del pintor al viajar conducido por Martí. Un héroe que pasa a ser líder de tantos héroes de la actualidad. ¿Qué origina la polémica: si chofer o pasajero, si pueblo o simplemente una persona que no va con él? De primera instancia son contradicciones de conceptos, de segunda, diríamos diferencias de contenidos que nos hacen asumir la diversidad como el desarrollo y permanencia de la obra. Si nos centramos en las configuraciones y las diferencias, más que elementos estructurales constituyen espacios con rangos definidos: los más pequeños integran la masa, el todo unido; las áreas más visibles y claras, integran el objeto centro que equilibra la composición en su forma, que atrae el contenido hacia la derecha.
Sin embargo, remitirnos a la percepción nos lleva a la simplicidad y la continuidad, al contacto y las semejanzas, al equilibrio de funciones: juzgarlo como chofer limita su posición, incluso ofende otra visión que no sea la individual y lo enmarca en el contexto contramaestrense en que este personaje (chofer particular ) tiene una definición típica, ajena de todo elogio. Hasta el momento, no podemos referirnos sino al contenido enraizado en respuestas sociológicas, en la conciencia cognoscitiva del creador. La comunicación solo mantiene un punto de contacto: los gestos y actitudes que lejos de contradecir atrae al efecto de continuidad en el que el recorrido tiene un papel preponderante: ver el chofer en esa posición obliga a mirar el resto, pero a observar con un efecto de significado. El contexto donde nace la composición se aleja, el creador se acerca. La rectitud de las áreas y la horizontalidad de las líneas nos conducen al otro marco de la pintura, a esa dimensión que en ocasiones como esta, hace tanta falta: nos vamos hacia el contenido surgido de los suplementos verbales proporcionados por el artista.
Sin dudas TRANSPORTACIÓN MASIVA es el pasaporte a la gloria, a la permanencia de la obra. El título es el elemento unificador entre la respuesta sociológica de Emónides y el espectador. Indiscutiblemente todos y cuando decimos todos hablamos de cubanos- logramos suspirar viendo a Martí cargar a cuestas nuestros problemas y siempre conducir a respuestas por el bien colectivo. Una vez más, el Apóstol nos critica por ser unilaterales y no percatarnos de que cuestionar solo conduce a perjuicios sociales; alejamos lo que puede constituir uno más, y uno más significa fortaleza, unión. Entonces, lo que pudo ser ofensivo, es sencillamente inmortal.
Sucede que no estamos acostumbrados a creer y ver al héroe fundido en una imagen de nuestro tiempo, si lo vemos entre naturaleza y mulatas nos acomoda más, que asociarlo a un camión particular o a un hombre que a pesar de heredar una ideología pequeño burguesa también asume conductas favorables. Estar Martí en esa dirección, en esa posición, ubicarlo así, acercar su mundo al de estos hombres ayudará a que estos piensen más en el destino de todos. El complemento verbal o título de la obra: TRANSPORTACIÓN MASIVA, rompió barreras éticas al definir a Martí como el líder de estos tiempos y bajo cualquier circunstancia. Sin dudas es un aporte al estudio de la eticidad martiana al enriquecer la vigencia de su pensamiento en la contemporaneidad.
Si bien es cierto que LA ÚLTIMA CENA, TRANSPORTACIÓN MASIVA y otras como AVE FÉNIX vislumbran el éxito del creador, otras como MEMORIAS DE ULTRATUMBA nos remite al suplemento verbal y deja un sabor diferente: nunca, por muy desprejuiciados debemos perder el contenido que procede del medio de la obra, el que se deriva del contexto, no del creador, ni del especialista; y menos perder el contenido que emana de la participación en una tradición iconográfica específica.
Sí, es válida la diversidad y polémica, las diferencias y actitudes, pero si hablamos de objeto social unido a estos tres contenidos, la diversidad llega al sistema. Cabe preguntarse: ¿La configuración dialoga en armonía con su concepto? ¿Ese símbolo cobra igual fortaleza que el resto de los signos? Hablamos en un sentido artístico y técnico. Una configuración cargada de emociones y puntos de vista puede fortalecer la obra, no socialmente ya, sino como obra de arte en su sentido más completo. Qué saludable escuchar un sí, un no; profesionales que aplaudieron; intelectuales que cuestionaron, hombres todos que defienden por encima de cualquier figura, su ética.
Fragmento del ensato inédito: "Se de un pintor atrevidor".
Yunior García Ginarte (Periodista de la emisora Radio Bayamo en la provincia Granma, Cuba)
Dayamí de las Mercedes Almaguer (Realizadora de programas de radio en Bayamo, provincia Granma)
Fotografías:
1. Pintor René Emónides Quintana.
2. Obra: Memorias de Ultratumba.
3. Obra: La última cena.
4. Obra: Transportación masiva.
5. Obra: Ave Fénix.
6. Obra: El Rapto.
Por Yunior García Ginarte
René Emónides, que si bien no deja de centralizar la figura, la lleva a los ambientes más insospechados. La mueve hacia los centros donde la imagen del cubano se pierde entre el turismo o el transporte de pasajeros. Se trata de una fotografía naiff en la que anda por la atmósfera, en la que se anuncia con dolor o comprende incluso a los seres sociales que menos podrían llegar a comprenderlo. AVE FÉNIX; MEMORIAS DE ULTRATUMBA; HOJA DE RUTA, POR FAVOR; son obras muy elocuentes, sin embargo LA ÚLTIMA CENA nos traslada a la escena, a un Martí acompañado por grandes personalidades históricas.
No deja de ser simbólicamente eje del movimiento y contenido visual la figura martiana, pero su razón concuerda en nivel de importancia con todos los que le acompañan a su izquierda, hombres que en diferentes naciones viven gracias a su obra y virtud. Hombres sanos, y de esa pureza es testigo el alimento, capaz de desenmascarar -aún por quien no los encuentra- la salud de sus ideas por el bien ajeno, los vegetales y la cruz, -muy latina- que los une en un solo dios: el hombre. A su derecha Hitler y Drácula encabezan y unen la cena de sangre y dolor. Indiscutiblemente el peso por honradez cae en Quijote defensor de los hombres que fueron, serán y los que vendrán. Si bien hemos encontrado a Martí rodeado de palmeras, o monte, si bien lo definimos como Carlos Enríquez, aún en Dos Ríos acompañado de mulatas hacia la gloria, es un elogio de Emónides centrarlo entre tantos cuerpos que lo hacen grande y pequeño, tenaz y líder.Aún en este marco histórico y político las significantes nos conducen al hombre que lucha con otros hombres, al ser humano capaz de ser solo eso: un verdadero ser humano. Es fuerte la integridad del contenido que emana de esta obra de arte, es una cena cubana muy precisa entre las tantas dentro de la historia del arte universal. Su fuerza cae en el todo de la representación y su reconocible semejanza, en su posición en el orden ético y postura social, en tanto dialoga “ vita brevia est, art longa” y esa vida se alarga en otra , gracias a obras como esta.
Otro conjunto muy definitivo por su diferencia es TRANSPORTACIÓN MASIVA. Entran en disputa valores, símbolos, posiciones y direcciones que la hacen más polémica y nutritiva. Todo surge de la experiencia de un hombre incapaz de moverse gracias a la ingratitud de otros, una experiencia que de poema pasó a cartulina. Para muchos a simple pintura, para otros, a óleo sobre cartulina. Descubrimos la dimensión del pintor al viajar conducido por Martí. Un héroe que pasa a ser líder de tantos héroes de la actualidad. ¿Qué origina la polémica: si chofer o pasajero, si pueblo o simplemente una persona que no va con él? De primera instancia son contradicciones de conceptos, de segunda, diríamos diferencias de contenidos que nos hacen asumir la diversidad como el desarrollo y permanencia de la obra. Si nos centramos en las configuraciones y las diferencias, más que elementos estructurales constituyen espacios con rangos definidos: los más pequeños integran la masa, el todo unido; las áreas más visibles y claras, integran el objeto centro que equilibra la composición en su forma, que atrae el contenido hacia la derecha.Sin embargo, remitirnos a la percepción nos lleva a la simplicidad y la continuidad, al contacto y las semejanzas, al equilibrio de funciones: juzgarlo como chofer limita su posición, incluso ofende otra visión que no sea la individual y lo enmarca en el contexto contramaestrense en que este personaje (chofer particular ) tiene una definición típica, ajena de todo elogio. Hasta el momento, no podemos referirnos sino al contenido enraizado en respuestas sociológicas, en la conciencia cognoscitiva del creador. La comunicación solo mantiene un punto de contacto: los gestos y actitudes que lejos de contradecir atrae al efecto de continuidad en el que el recorrido tiene un papel preponderante: ver el chofer en esa posición obliga a mirar el resto, pero a observar con un efecto de significado. El contexto donde nace la composición se aleja, el creador se acerca. La rectitud de las áreas y la horizontalidad de las líneas nos conducen al otro marco de la pintura, a esa dimensión que en ocasiones como esta, hace tanta falta: nos vamos hacia el contenido surgido de los suplementos verbales proporcionados por el artista.
Sin dudas TRANSPORTACIÓN MASIVA es el pasaporte a la gloria, a la permanencia de la obra. El título es el elemento unificador entre la respuesta sociológica de Emónides y el espectador. Indiscutiblemente todos y cuando decimos todos hablamos de cubanos- logramos suspirar viendo a Martí cargar a cuestas nuestros problemas y siempre conducir a respuestas por el bien colectivo. Una vez más, el Apóstol nos critica por ser unilaterales y no percatarnos de que cuestionar solo conduce a perjuicios sociales; alejamos lo que puede constituir uno más, y uno más significa fortaleza, unión. Entonces, lo que pudo ser ofensivo, es sencillamente inmortal.
Sucede que no estamos acostumbrados a creer y ver al héroe fundido en una imagen de nuestro tiempo, si lo vemos entre naturaleza y mulatas nos acomoda más, que asociarlo a un camión particular o a un hombre que a pesar de heredar una ideología pequeño burguesa también asume conductas favorables. Estar Martí en esa dirección, en esa posición, ubicarlo así, acercar su mundo al de estos hombres ayudará a que estos piensen más en el destino de todos. El complemento verbal o título de la obra: TRANSPORTACIÓN MASIVA, rompió barreras éticas al definir a Martí como el líder de estos tiempos y bajo cualquier circunstancia. Sin dudas es un aporte al estudio de la eticidad martiana al enriquecer la vigencia de su pensamiento en la contemporaneidad.
Si bien es cierto que LA ÚLTIMA CENA, TRANSPORTACIÓN MASIVA y otras como AVE FÉNIX vislumbran el éxito del creador, otras como MEMORIAS DE ULTRATUMBA nos remite al suplemento verbal y deja un sabor diferente: nunca, por muy desprejuiciados debemos perder el contenido que procede del medio de la obra, el que se deriva del contexto, no del creador, ni del especialista; y menos perder el contenido que emana de la participación en una tradición iconográfica específica.
Sí, es válida la diversidad y polémica, las diferencias y actitudes, pero si hablamos de objeto social unido a estos tres contenidos, la diversidad llega al sistema. Cabe preguntarse: ¿La configuración dialoga en armonía con su concepto? ¿Ese símbolo cobra igual fortaleza que el resto de los signos? Hablamos en un sentido artístico y técnico. Una configuración cargada de emociones y puntos de vista puede fortalecer la obra, no socialmente ya, sino como obra de arte en su sentido más completo. Qué saludable escuchar un sí, un no; profesionales que aplaudieron; intelectuales que cuestionaron, hombres todos que defienden por encima de cualquier figura, su ética.Fragmento del ensato inédito: "Se de un pintor atrevidor".
Yunior García Ginarte (Periodista de la emisora Radio Bayamo en la provincia Granma, Cuba)
Dayamí de las Mercedes Almaguer (Realizadora de programas de radio en Bayamo, provincia Granma)
Fotografías:
1. Pintor René Emónides Quintana.
2. Obra: Memorias de Ultratumba.
3. Obra: La última cena.
4. Obra: Transportación masiva.
5. Obra: Ave Fénix.
6. Obra: El Rapto.
martes, 6 de octubre de 2009
La brisa más pura de Cuba
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com
No concibo la ciudad de Contramaestre sin ese lugar emblemático llamado Palo de las Auras que nos llena con la brisa que viene de los árboles amontonados a su alrededor. Un sitio encantado que ha inspirado a bardos y turistas.
Desde su magia se observa el fluir de la vida: coches, motocicletas, vendedores ambulantes, un mar de personas tiñe los ojos.
En sus fronteras se dan cruce las carreteras que conducen al extremo oriental y occidental de Cuba, y las que llevan hasta Ventas de Casanova y Maffo.
Una red de tiendas se concentra sobre sus espaldas. Alguien dijo, esta ciudad no puede imaginarse sin tu presencia.
Habitarte implica respirar la brisa que viene del frondoso verdor que gravita por doquier. Eres el pulmón de este barco que navega río arriba.
Se dice que te vistieron con hermosos redondeles en la década de 1970; otros cuentan que en esa misma fecha te convertiste en lugar de partida de estudiantes y profesores que cursaban el bachillerato en Los Bungos y que algunos malintencionados te usaron despectivamente para referirse a ellos.
Desde esa fecha germinal, cuentan venerables ancianos, surgió el nombre que hoy te identifica y que anda por el mundo en sitios como www.fotopaises.com/.../CONTRAMAESTRE/44113.html o www.risposteatutto.com/hotels/443063c-13-auras.html.
Dicen que tus árboles lloraron cuando perdieron algunas de sus ramas; hasta las aves que una vez trinaron en su cima no dejaron escuchar sus conciertos por largo tiempo.
Hasta un pueblo de México, dedicado al turismo ecológico, te cuenta entre sus favoritos, tu nombre aparece en sus enlaces, te imagina lugar donde la brisa juega con el cabello largo y sedoso de una muchacha vestida con zumo de cítrico y guarapo de caña.
Para los malintencionados que piensan la otra historia, la profana, sobre la que un día no lejano volveré, prefiero quedarme con esta versión que nombra al más apacible de los lugares, el que no imaginó aquel antiguo marino que un día dijera: “este es el contramaestre del Cauto”. Si hoy resucitara diría: “este es el lugar de Cuba donde sopla la brisa más pura”.
No concibo la ciudad de Contramaestre sin ese lugar emblemático llamado Palo de las Auras que nos llena con la brisa que viene de los árboles amontonados a su alrededor. Un sitio encantado que ha inspirado a bardos y turistas. Desde su magia se observa el fluir de la vida: coches, motocicletas, vendedores ambulantes, un mar de personas tiñe los ojos.
En sus fronteras se dan cruce las carreteras que conducen al extremo oriental y occidental de Cuba, y las que llevan hasta Ventas de Casanova y Maffo.
Una red de tiendas se concentra sobre sus espaldas. Alguien dijo, esta ciudad no puede imaginarse sin tu presencia.
Habitarte implica respirar la brisa que viene del frondoso verdor que gravita por doquier. Eres el pulmón de este barco que navega río arriba.
Se dice que te vistieron con hermosos redondeles en la década de 1970; otros cuentan que en esa misma fecha te convertiste en lugar de partida de estudiantes y profesores que cursaban el bachillerato en Los Bungos y que algunos malintencionados te usaron despectivamente para referirse a ellos.
Desde esa fecha germinal, cuentan venerables ancianos, surgió el nombre que hoy te identifica y que anda por el mundo en sitios como www.fotopaises.com/.../CONTRAMAESTRE/44113.html o www.risposteatutto.com/hotels/443063c-13-auras.html.
Dicen que tus árboles lloraron cuando perdieron algunas de sus ramas; hasta las aves que una vez trinaron en su cima no dejaron escuchar sus conciertos por largo tiempo.
Hasta un pueblo de México, dedicado al turismo ecológico, te cuenta entre sus favoritos, tu nombre aparece en sus enlaces, te imagina lugar donde la brisa juega con el cabello largo y sedoso de una muchacha vestida con zumo de cítrico y guarapo de caña.
Para los malintencionados que piensan la otra historia, la profana, sobre la que un día no lejano volveré, prefiero quedarme con esta versión que nombra al más apacible de los lugares, el que no imaginó aquel antiguo marino que un día dijera: “este es el contramaestre del Cauto”. Si hoy resucitara diría: “este es el lugar de Cuba donde sopla la brisa más pura”.
lunes, 5 de octubre de 2009
Un poco de cultura sobacal
Jorge Labañino Legrá
La lectura como un acto mítico engendra sus liturgias y ritos. Muchos no van a la cama hasta después de escarbar entre el manojo de hojas la espesura del sueño. Otros, en cambio, anticipan al desayuno la sed por la palabra escrita.
El modo en que el lector se coloca ante el libro es siempre una voluntad ceremonial ante lo que asume como sagrado.
Alejo Carpentier consideraba importante llevar a cuestas dos libros: uno al que pudiera echar mano para leer a saltos en aquellos instantes que surgían fugaces mientras esperaba o iba de viaje. El segundo era un libro más extenso y complejo, que demandaba mayor concentración, y por lo tanto más tiempo.
De Hemingway ya conocemos su viciosa costumbre de escribir y leer casi siempre de pie y con el texto reposado sobre un atril, sin tolerar importunios.
Siempre admiro, como un rasgo cubanísimo en Virgilio Piñera, esa jaba de libros con la que aparecía en su casa anunciando, mientras la mostraba, que no finalizaría la semana sin haberlo consumido todo.
También el inmenso Lezama nos testó el Curso Délfico, método de lectura condimentado en sus experiencias de degustador profundo de la literatura, orientado a convertir la relación con el texto en un proto-rito creador. Cuentan que cuando los cursantes salían de la casa del Gordo de Trocadero, con los libros que el poeta les prestaba para su iniciación, solía decirles: “Se van con un poco de cultura sobacal”.
La lectura lleva en sí la magia que nos redime, un movimiento dentro del alma que nos transfigura. Ciorán, el pensador francés lo ha dicho de otra manera: “si no fuera por los libros, quizás hoy fuera un asesino en serie”.
La lectura como un acto mítico engendra sus liturgias y ritos. Muchos no van a la cama hasta después de escarbar entre el manojo de hojas la espesura del sueño. Otros, en cambio, anticipan al desayuno la sed por la palabra escrita.
El modo en que el lector se coloca ante el libro es siempre una voluntad ceremonial ante lo que asume como sagrado.
Alejo Carpentier consideraba importante llevar a cuestas dos libros: uno al que pudiera echar mano para leer a saltos en aquellos instantes que surgían fugaces mientras esperaba o iba de viaje. El segundo era un libro más extenso y complejo, que demandaba mayor concentración, y por lo tanto más tiempo.
De Hemingway ya conocemos su viciosa costumbre de escribir y leer casi siempre de pie y con el texto reposado sobre un atril, sin tolerar importunios. Siempre admiro, como un rasgo cubanísimo en Virgilio Piñera, esa jaba de libros con la que aparecía en su casa anunciando, mientras la mostraba, que no finalizaría la semana sin haberlo consumido todo.
También el inmenso Lezama nos testó el Curso Délfico, método de lectura condimentado en sus experiencias de degustador profundo de la literatura, orientado a convertir la relación con el texto en un proto-rito creador. Cuentan que cuando los cursantes salían de la casa del Gordo de Trocadero, con los libros que el poeta les prestaba para su iniciación, solía decirles: “Se van con un poco de cultura sobacal”. La lectura lleva en sí la magia que nos redime, un movimiento dentro del alma que nos transfigura. Ciorán, el pensador francés lo ha dicho de otra manera: “si no fuera por los libros, quizás hoy fuera un asesino en serie”.
sábado, 3 de octubre de 2009
Las palabras que me dijo Cintio Vitier antes de morir
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
Ha muerto Cintio Vitier Bolaños, un hombre ilustre, una persona que integró en su ser sabiduría, fe y amor, maestro de maestros y responsable de las ediciones críticas de las obras de José Martí Pérez y José Lezama Lima, figuras tutelares de la cultura cubana. Fue hijo de Medardo Vitier, el autor del libro “Las ideas filosóficas en Cuba”, del que se confesó copista de sus textos desde los 12 años.
A Cintio tuve la suerte de conocerlo personalmente en La Habana, durante un congreso internacional en el año 1999, fungía como jurado en el taller donde yo presentaría mi ponencia sobre José Martí; lo acompañaba la luz de sus sueños: Fina García Marruz.
Momentos antes de subir al estrado donde leería mi texto era todo nervios, muy cerca estaba el ser humano que más sabía de Martí en Cuba. Llegado el esperado turno le pedí un minuto para hablar de lo que representaba la Generación de Orígenes para la cultura de nuestra isla, sobre todo el poeta José Lezama Lima. Pasado el tiempo me dijo sigue y hablé largo.
Al concluir mi elogio se puso de pie junto a la inolvidable Fina y me llamaron a su lado, recibí un caluroso abrazo lezamiano y premiaron el carisma de mis palabras con un sincero “leeré tu trabajo detenidamente”.
En el auditorio alguien dijo, santiaguero, no olvides este día, tocaste la cultura cubana en sus personas más ilustres, era la doctora María Dolores Ortiz, la admirada panelista del popular programa de la Televisión Cubana “Escriba y Lea”.
En el receso, Cintio y Fina me acompañaron, solo hablamos de Martí y Lezama. Esa jornada matutina la guardo como un hermoso recuerdo en mi corazón, que ante la dolorosa perdida de Vitier Bolaños me veo en la obligación de compartir con ustedes, como una persona sencilla, que no experimenta ninguna vanidad al contar esta breve historia.
Por eso, ahora que acaba de morir, no sé hacer otra cosa que copiar este poema suyo, uno de mis preferidos:
Algo le falta a la tarde…
Algo le falta a la tarde,
no están completos los pinos,
y yo mirando a las nubes
siento lo que no he sentido.
A cada instante pregunto
por el tesoro perdido
cuya sombra se desplaza
con melancólico frío.
Mirándome está el deseo,
nocturno, solo, infinito;
callada va la nostalgia
llameando eternos vestigios.
No llega nunca mi gesto
a la tierra del destino;
la vida acaba inconclusa,
quedan los sueños en vilo.
Ha muerto Cintio Vitier Bolaños, un hombre ilustre, una persona que integró en su ser sabiduría, fe y amor, maestro de maestros y responsable de las ediciones críticas de las obras de José Martí Pérez y José Lezama Lima, figuras tutelares de la cultura cubana. Fue hijo de Medardo Vitier, el autor del libro “Las ideas filosóficas en Cuba”, del que se confesó copista de sus textos desde los 12 años. A Cintio tuve la suerte de conocerlo personalmente en La Habana, durante un congreso internacional en el año 1999, fungía como jurado en el taller donde yo presentaría mi ponencia sobre José Martí; lo acompañaba la luz de sus sueños: Fina García Marruz.
Momentos antes de subir al estrado donde leería mi texto era todo nervios, muy cerca estaba el ser humano que más sabía de Martí en Cuba. Llegado el esperado turno le pedí un minuto para hablar de lo que representaba la Generación de Orígenes para la cultura de nuestra isla, sobre todo el poeta José Lezama Lima. Pasado el tiempo me dijo sigue y hablé largo.
En el auditorio alguien dijo, santiaguero, no olvides este día, tocaste la cultura cubana en sus personas más ilustres, era la doctora María Dolores Ortiz, la admirada panelista del popular programa de la Televisión Cubana “Escriba y Lea”.
En el receso, Cintio y Fina me acompañaron, solo hablamos de Martí y Lezama. Esa jornada matutina la guardo como un hermoso recuerdo en mi corazón, que ante la dolorosa perdida de Vitier Bolaños me veo en la obligación de compartir con ustedes, como una persona sencilla, que no experimenta ninguna vanidad al contar esta breve historia.
Por eso, ahora que acaba de morir, no sé hacer otra cosa que copiar este poema suyo, uno de mis preferidos:
Algo le falta a la tarde…
Algo le falta a la tarde,
no están completos los pinos,
y yo mirando a las nubes
siento lo que no he sentido.
A cada instante pregunto
por el tesoro perdido
cuya sombra se desplaza
con melancólico frío.
Mirándome está el deseo,
nocturno, solo, infinito;
callada va la nostalgia
llameando eternos vestigios.
No llega nunca mi gesto
a la tierra del destino;
la vida acaba inconclusa,
quedan los sueños en vilo.
jueves, 1 de octubre de 2009
¿José Martí fue un esposo en el sentido tradicional del término?
Por Arnoldo Fernández Verdecia arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
En la memoria histórica del pueblo cubano, en el siglo XIX, predominaron esquemas androgénicos que ubicaron a la mujer en roles de madre, esposa, niña, amante, reducida a las categorías de aporte y presencia en las luchas emancipadoras por la independencia del colonialismo español, sobre todo por ser madre o esposa de grandes hombres, se recrearon imágenes que van desde la matrona fiel, la matrona ángel, la matrona sacrificada por los hijos, etc. Tal vez por eso es posible que Cuba pertenezca al femenino genéricamente hablando: es la suma de todas esas matronas y otras muchas que se le han incorporado en el devenir de su historia.
Según Jesús Guanche en el libro España en la sabia de Cuba, esto representa la piedra angular del machismo, pues la familia del XIX es de tipo monogámico patriarcal: “en el sentido feudal de ésta y a partir de la unión de un hombre y una mujer, que constituyen la célula o núcleo básico de este tipo de familia, su función consiste en sostener económicamente el hogar que han forjado, así como la crianza y educación (endoculturación) de los hijos”.
La familia que sirve de base a José Martí para su nacimiento y desarrollo como hombre es de este tipo, su madre nunca trabajó fuera de casa, se limitó a amamantar a las hijas y al hijo, bordar, tejer, y darles la educación que su economía le permitía. No conozco hermana alguna de Martí que rompiese los límites que ese siglo condicionara a la mujer, eso se puede apreciar con claridad en Entorno Martiano de Luis García Pascual, en las páginas 158-164, dedicadas a la familia Martí-Pérez.
La condición de esposo de Martí y el tipo de familia que concibe al unirse con Carmen Zayas, no rompe el anterior esquema, la mentalidad de ésta no lo concibe en otro rol que no sea el de hombre que asegura lo necesario para la estabilidad de la economía doméstica, la crianza y educación del hijo y los rituales de socialización de la familia: bailes, fiestas, visitas al teatro, la iglesia, excursiones al campo, etc.
El hombre fuera de esos roles no cabe en el tipo de familia que aspira Carmen, esto explica la pronta separación de su esposo, pues la vida de Martí es la de un luchador político obligado a exiliarse, no acumula fortuna, no garantiza un futuro estable y la coloca ante el dilema de luchar sola en la crianza del hijo, en una sociedad que ve a la mujer con ojos masculinos . Cuestionar a Carmen por dejar a Martí, es una infamia imperdonable si lo hacemos desde el prisma de la época; como mujer, está capacitada para vivir los roles de esposa, madre y ama de casa.
Las razones aludidas obligan a situar a Martí en su tiempo, la sociedad que vive no es otra que la del siglo XIX con el sesgo machista que le caracteriza. Ese modelo de educación de mujeres aparece desarrollado en su revista La Edad de Oro, por ello escribe textos para ser leídos con ojo de mujeres y textos para ser leídos desde la mirada masculina, pero tiene otros textos más generales con mensajes para ser leídos desde una perspectiva de mujeres.
Entre los primeros se encuentran: “A los niños que lean La Edad de Oro”, “Nené traviesa”, “La perla de la mora”, “El camarón encantado”, “La muñeca negra”, “La última página” del segundo número y “Los zapaticos de rosa”.
Otros textos de un perfil general con mensajes para las mujeres son: “Meñique”, “La Ilíada de Homero”, “Un juego nuevo y otros viejos”, “Bebé y el señor Don Pomposo”, “Las ruinas indias”, “La Exposición de París”, “El Padre Las Casas”, “La última página” del tercer número, “Historia de la Cuchara y el Tenedor” y “Los dos ruiseñores”.
En la memoria histórica del pueblo cubano, en el siglo XIX, predominaron esquemas androgénicos que ubicaron a la mujer en roles de madre, esposa, niña, amante, reducida a las categorías de aporte y presencia en las luchas emancipadoras por la independencia del colonialismo español, sobre todo por ser madre o esposa de grandes hombres, se recrearon imágenes que van desde la matrona fiel, la matrona ángel, la matrona sacrificada por los hijos, etc. Tal vez por eso es posible que Cuba pertenezca al femenino genéricamente hablando: es la suma de todas esas matronas y otras muchas que se le han incorporado en el devenir de su historia.
Según Jesús Guanche en el libro España en la sabia de Cuba, esto representa la piedra angular del machismo, pues la familia del XIX es de tipo monogámico patriarcal: “en el sentido feudal de ésta y a partir de la unión de un hombre y una mujer, que constituyen la célula o núcleo básico de este tipo de familia, su función consiste en sostener económicamente el hogar que han forjado, así como la crianza y educación (endoculturación) de los hijos”.
La familia que sirve de base a José Martí para su nacimiento y desarrollo como hombre es de este tipo, su madre nunca trabajó fuera de casa, se limitó a amamantar a las hijas y al hijo, bordar, tejer, y darles la educación que su economía le permitía. No conozco hermana alguna de Martí que rompiese los límites que ese siglo condicionara a la mujer, eso se puede apreciar con claridad en Entorno Martiano de Luis García Pascual, en las páginas 158-164, dedicadas a la familia Martí-Pérez.
La condición de esposo de Martí y el tipo de familia que concibe al unirse con Carmen Zayas, no rompe el anterior esquema, la mentalidad de ésta no lo concibe en otro rol que no sea el de hombre que asegura lo necesario para la estabilidad de la economía doméstica, la crianza y educación del hijo y los rituales de socialización de la familia: bailes, fiestas, visitas al teatro, la iglesia, excursiones al campo, etc. El hombre fuera de esos roles no cabe en el tipo de familia que aspira Carmen, esto explica la pronta separación de su esposo, pues la vida de Martí es la de un luchador político obligado a exiliarse, no acumula fortuna, no garantiza un futuro estable y la coloca ante el dilema de luchar sola en la crianza del hijo, en una sociedad que ve a la mujer con ojos masculinos . Cuestionar a Carmen por dejar a Martí, es una infamia imperdonable si lo hacemos desde el prisma de la época; como mujer, está capacitada para vivir los roles de esposa, madre y ama de casa.
Las razones aludidas obligan a situar a Martí en su tiempo, la sociedad que vive no es otra que la del siglo XIX con el sesgo machista que le caracteriza. Ese modelo de educación de mujeres aparece desarrollado en su revista La Edad de Oro, por ello escribe textos para ser leídos con ojo de mujeres y textos para ser leídos desde la mirada masculina, pero tiene otros textos más generales con mensajes para ser leídos desde una perspectiva de mujeres.
Entre los primeros se encuentran: “A los niños que lean La Edad de Oro”, “Nené traviesa”, “La perla de la mora”, “El camarón encantado”, “La muñeca negra”, “La última página” del segundo número y “Los zapaticos de rosa”.
Otros textos de un perfil general con mensajes para las mujeres son: “Meñique”, “La Ilíada de Homero”, “Un juego nuevo y otros viejos”, “Bebé y el señor Don Pomposo”, “Las ruinas indias”, “La Exposición de París”, “El Padre Las Casas”, “La última página” del tercer número, “Historia de la Cuchara y el Tenedor” y “Los dos ruiseñores”.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
La negación de mí mismo
Por Jorge Labañino Legrá y Arnoldo Fernández Verdecia
La décima parece ganar terreno en Contramaestre con la reciente publicación del libro Juegos de azar de Jorge Guevara, un texto singular en nuestra producción literaria, si tenemos en cuenta que la mayoría de las obras publicadas se ubican en la poesía libre, esa razón justificó el hecho de conversar con el autor sobre su inclinación por un género subvalorado.
Acabas de presentar Juegos de azar, tu primer libro publicado, ¿por qué la décima?
Jorge Guevara. Resulta curioso, siento como si la décima me hubiese escogido a mí, tal vez la elegí yo a ella, o sucedieron ambas cosas al mismo tiempo para estar más a tono con el título del libro. Por esas cosas de la vida y los malabares de la palabra azar, conocí la décima en el Café Bonaparte. Llegué allí con un manojo de versos libres y sonetos fresquesitos, fue precisamente entre libros, estudios, debates y bajo el humeante aroma del café que me inicié en esta forma de decir. El género me gusta, por eso sigo cultivándolo.
¿Qué esperas del lector?
J.G: Ningún sentimiento especial, salvo el interés por un género que se subvalora. El libro discursa en una suerte de psicoanálisis autobiográfico que transita por diferentes niveles de la espiritualidad y lo existencial que nos agobian, incluso la duda desde el límite de la aceptación o el rechazo.
¿Proyectos?
J.G: En estos momentos trabajo en dos cuadernos, uno de poesía libre y otro de narrativa. Continuar escribiendo, hacerlo lo mejor posible y buscar otras oportunidades para que el lector interesado conozca mi obra. Él es quien, en última instancia, dirá la última palabra sobre lo que escribo.
Fragmentos del libro “Juego de azar”, Ediciones Santiago, 2009.
Los gallos
Avanzan rompen cordones
de la multitud y pasan
el ruedo y se despedazan
los flancos recios pelones.
Rojizos los espolones
de los rivales entuertos
tiñen los ojos desiertos
del seto que nos condena
mientras yacen en la arena
dos cuerpos solos abiertos.
Claustrofobia
No me sostengo.
La oscuridad
Burla de mi edad
Tengo no tengo.
¿Me voy o vengo?
Nunca adivino
El truhán destino
Muerde mis pasos
Y esconde trazos
Sobre el camino.
Se rompe el hilo
cuecen mis sesos
brotan los rezos
vuelvo intranquilo.
misterio y filo
bestia insonora
grito que ignora
quietud y aliento
la asfixia siento
que me devora.
Orfandad
Murió la palma el colegio
mi pupitre el pizarrón
Tom Sawyer fue aquel turbión
apócrifo un sacrilegio.
No superé el sortilegio
de la manzana estival
Tell erró el tiro. Fatal
la bruja flecha del miedo.
¡Tanto tiempo y ya no puedo
desenredarme del mal!
Idealicé la palabra
vórtice de ingenuidad
página gris de la edad
de oro la abeja el Abra.
Desperté de la macabra
realidad sin un recodo
donde agrupar de algún modo
los peces de aquella infancia
llenan mis ojos.
Víctima y reo de Goliat
mi David vuela inseguro
el tiempo se torno oscuro
turgencia de la verdad
me persigue la maldad
el niño fue un espejismo
octosílabo el abismo
las ilusiones de un verso
de la moneda el reverso
la negación de mí mismo.
La décima parece ganar terreno en Contramaestre con la reciente publicación del libro Juegos de azar de Jorge Guevara, un texto singular en nuestra producción literaria, si tenemos en cuenta que la mayoría de las obras publicadas se ubican en la poesía libre, esa razón justificó el hecho de conversar con el autor sobre su inclinación por un género subvalorado. Acabas de presentar Juegos de azar, tu primer libro publicado, ¿por qué la décima?
Jorge Guevara. Resulta curioso, siento como si la décima me hubiese escogido a mí, tal vez la elegí yo a ella, o sucedieron ambas cosas al mismo tiempo para estar más a tono con el título del libro. Por esas cosas de la vida y los malabares de la palabra azar, conocí la décima en el Café Bonaparte. Llegué allí con un manojo de versos libres y sonetos fresquesitos, fue precisamente entre libros, estudios, debates y bajo el humeante aroma del café que me inicié en esta forma de decir. El género me gusta, por eso sigo cultivándolo.
¿Qué esperas del lector?
J.G: Ningún sentimiento especial, salvo el interés por un género que se subvalora. El libro discursa en una suerte de psicoanálisis autobiográfico que transita por diferentes niveles de la espiritualidad y lo existencial que nos agobian, incluso la duda desde el límite de la aceptación o el rechazo.
¿Proyectos?
J.G: En estos momentos trabajo en dos cuadernos, uno de poesía libre y otro de narrativa. Continuar escribiendo, hacerlo lo mejor posible y buscar otras oportunidades para que el lector interesado conozca mi obra. Él es quien, en última instancia, dirá la última palabra sobre lo que escribo.
Fragmentos del libro “Juego de azar”, Ediciones Santiago, 2009.
Los gallos
Avanzan rompen cordones
de la multitud y pasan
el ruedo y se despedazan
los flancos recios pelones.
Rojizos los espolones
de los rivales entuertos
tiñen los ojos desiertos
del seto que nos condena
mientras yacen en la arena
dos cuerpos solos abiertos.
Claustrofobia
No me sostengo.
La oscuridad
Burla de mi edad
Tengo no tengo.
¿Me voy o vengo?
Nunca adivino
El truhán destino
Muerde mis pasos
Y esconde trazos
Sobre el camino.
Se rompe el hilo
cuecen mis sesos
brotan los rezos
vuelvo intranquilo.
misterio y filo
bestia insonora
grito que ignora
quietud y aliento
la asfixia siento
que me devora.
Orfandad
Murió la palma el colegio
mi pupitre el pizarrón
Tom Sawyer fue aquel turbión
apócrifo un sacrilegio.
No superé el sortilegio
de la manzana estival
Tell erró el tiro. Fatal
la bruja flecha del miedo.
¡Tanto tiempo y ya no puedo
desenredarme del mal!
Idealicé la palabra
vórtice de ingenuidad
página gris de la edad
de oro la abeja el Abra.
Desperté de la macabra
realidad sin un recodo
donde agrupar de algún modo
los peces de aquella infancia
llenan mis ojos.
Víctima y reo de Goliat
mi David vuela inseguro
el tiempo se torno oscuro
turgencia de la verdad
me persigue la maldad
el niño fue un espejismo
octosílabo el abismo
las ilusiones de un verso
de la moneda el reverso
la negación de mí mismo.
¿Las páginas de La Edad de Oro son peligrosas para la mujer?
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
Al revisar los referentes teóricos, recogidos en los libros de Salvador Arias y Roberto Fernández Retamar: “Un proyecto esencial. La Edad de Oro” e “Introducción a La Edad de Oro” respectivamente , no se localizan textos con la perspectiva sociocultural del tratamiento de géneros en la obra del cubano José Martí; los análisis realizados, obedecen a otras zonas de reflexión que no es mi objetivo analizar en estas páginas.
Recientemente fue publicado "Martí eros y mujer", un libro de Mayra Beatriz Martínez, de mucho valor heurístico, pues llama la atención hacia "La Edad de Oro", como conjunto de textos que nos exigen ir más allá de los mensajes acostumbrados: “… ¿cómo esperar que hoy nuestras niñas solo aspiren a conocer de las cosas delicadas y finas que les deben ser naturales? Se impone, también en este caso, volver al tema algún día”.
De hecho es imprescindible desbordar el análisis en este raigal texto canónico de nuestra literatura, hacia la construcción de lo femenino. Su propuesta merece nuestra atención, pues “la adopción de los paradigmas tradicionales androcéntricos en las páginas de esta revista es tan evidente como peligroso su uso contemporáneo como propuesta... para los lectores actuales”.
(Fragmento del libro: “Leer La Edad de Oro con ojos de mujeres, Ediciones Santiago, 2005”)
Al revisar los referentes teóricos, recogidos en los libros de Salvador Arias y Roberto Fernández Retamar: “Un proyecto esencial. La Edad de Oro” e “Introducción a La Edad de Oro” respectivamente , no se localizan textos con la perspectiva sociocultural del tratamiento de géneros en la obra del cubano José Martí; los análisis realizados, obedecen a otras zonas de reflexión que no es mi objetivo analizar en estas páginas. Recientemente fue publicado "Martí eros y mujer", un libro de Mayra Beatriz Martínez, de mucho valor heurístico, pues llama la atención hacia "La Edad de Oro", como conjunto de textos que nos exigen ir más allá de los mensajes acostumbrados: “… ¿cómo esperar que hoy nuestras niñas solo aspiren a conocer de las cosas delicadas y finas que les deben ser naturales? Se impone, también en este caso, volver al tema algún día”.
De hecho es imprescindible desbordar el análisis en este raigal texto canónico de nuestra literatura, hacia la construcción de lo femenino. Su propuesta merece nuestra atención, pues “la adopción de los paradigmas tradicionales androcéntricos en las páginas de esta revista es tan evidente como peligroso su uso contemporáneo como propuesta... para los lectores actuales”.
(Fragmento del libro: “Leer La Edad de Oro con ojos de mujeres, Ediciones Santiago, 2005”)
martes, 29 de septiembre de 2009
La Edad de Oro: ¿una revista para la mujer?
Por Arnoldo Fernández Verdecia arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
Me parece de utilidad el estudio crítico de la categoría mujeres en La Edad de Oro del cubano José Martí. No es un secreto que es un paradigma de obligada referencia en el devenir histórico del pueblo cubano, sobre todo, si se trata de un problema como el de la educación de la mujer, considerada por muchos, dueña del siglo XXI y del Tercer Milenio, algo dulce y misterioso, demonizada por el discurso de la modernidad a partir de una herencia que se hunde en las oscuras cavernas del pasado.
A pesar de todo la mujer se yergue sobre esa cruz y anda majestuosa; sin embargo, células del tejido social tan esenciales como la familia parecen derrumbarse. ¿Tendrá esto que ver con ellas? ¿Son las máximas responsables del orden familiar? ¿Sus roles ancestrales deben cambiar?
Para responderlas decidí adentrarme en una revista clave dentro de la copiosa obra de José Martí: La Edad de Oro. No es un secreto que en su concepción está desarrollado un modelo de educación de mujeres.
La escribió para formar una cultura de hombres y mujeres, por ello concibió textos específicos para cada uno y textos generales para ambos. Me interesan los primeros, y en alguna medida, cómo presenta la categoría mujeres en los restantes. Para ello los agrupo en temáticas que facilitan la organización y estudio de los cuatro números en conjunto.
Algunos se preguntarán por qué La Edad de Oro dentro del vasto conjunto de textos martianos, en los que de una forma u otra menciona o roza a las mujeres.
Insisto que asumo La Edad de Oro, a pesar de que fue escrita en 1889, mucho antes de que aparecieran sus escritos sobre féminas cercanos a nosotros en el tiempo, los 12 trabajos publicados en Patria, 1894, en los que sobresalen coordenadas androgénicas en el tratamiento de la mujer, que las mantiene en roles clásicos de la cultura patriarcal.
De hecho, todas las ideas sobre la mujer desarrolladas antes y después de La Edad de Oro, no logran salirse de esos marcos formales, al considerarla sujeto doméstico, ser delicado y frágil, un ser para otros, en roles clásicos de la cultura patriarcal: madre, esposa y entre los límites de la casa, sea en el medio urbano, rural, en campaña o la emigración.
Alguien pudiera dudar todavía, e insistir que dentro de la obra de José Martí aparecen otras ideas relacionadas con las mujeres, es cierto, pero no se conciben de forma sistémica, sino que aparecen dispersas en escritos que movieron a Martí a dedicarle algunas páginas de propaganda, con la finalidad de aunar las fuerzas inmersas en la lucha revolucionaria, incluidas por supuesto, las mujeres, y otras, escritas de manera circunstancial.
(Fragmento del libro: Leer La edad de oro con ojos de mujeres, Ediciones Santiago, 2005)
Me parece de utilidad el estudio crítico de la categoría mujeres en La Edad de Oro del cubano José Martí. No es un secreto que es un paradigma de obligada referencia en el devenir histórico del pueblo cubano, sobre todo, si se trata de un problema como el de la educación de la mujer, considerada por muchos, dueña del siglo XXI y del Tercer Milenio, algo dulce y misterioso, demonizada por el discurso de la modernidad a partir de una herencia que se hunde en las oscuras cavernas del pasado.A pesar de todo la mujer se yergue sobre esa cruz y anda majestuosa; sin embargo, células del tejido social tan esenciales como la familia parecen derrumbarse. ¿Tendrá esto que ver con ellas? ¿Son las máximas responsables del orden familiar? ¿Sus roles ancestrales deben cambiar?
Para responderlas decidí adentrarme en una revista clave dentro de la copiosa obra de José Martí: La Edad de Oro. No es un secreto que en su concepción está desarrollado un modelo de educación de mujeres.
La escribió para formar una cultura de hombres y mujeres, por ello concibió textos específicos para cada uno y textos generales para ambos. Me interesan los primeros, y en alguna medida, cómo presenta la categoría mujeres en los restantes. Para ello los agrupo en temáticas que facilitan la organización y estudio de los cuatro números en conjunto.
Algunos se preguntarán por qué La Edad de Oro dentro del vasto conjunto de textos martianos, en los que de una forma u otra menciona o roza a las mujeres.
Insisto que asumo La Edad de Oro, a pesar de que fue escrita en 1889, mucho antes de que aparecieran sus escritos sobre féminas cercanos a nosotros en el tiempo, los 12 trabajos publicados en Patria, 1894, en los que sobresalen coordenadas androgénicas en el tratamiento de la mujer, que las mantiene en roles clásicos de la cultura patriarcal.
De hecho, todas las ideas sobre la mujer desarrolladas antes y después de La Edad de Oro, no logran salirse de esos marcos formales, al considerarla sujeto doméstico, ser delicado y frágil, un ser para otros, en roles clásicos de la cultura patriarcal: madre, esposa y entre los límites de la casa, sea en el medio urbano, rural, en campaña o la emigración.
Alguien pudiera dudar todavía, e insistir que dentro de la obra de José Martí aparecen otras ideas relacionadas con las mujeres, es cierto, pero no se conciben de forma sistémica, sino que aparecen dispersas en escritos que movieron a Martí a dedicarle algunas páginas de propaganda, con la finalidad de aunar las fuerzas inmersas en la lucha revolucionaria, incluidas por supuesto, las mujeres, y otras, escritas de manera circunstancial.
(Fragmento del libro: Leer La edad de oro con ojos de mujeres, Ediciones Santiago, 2005)
lunes, 28 de septiembre de 2009
De silencios, peces y otras pertenencias
Por: Jorge Enrique Rodríguez
Escribir para los niños es, sin duda alguna, tarea ardua. José Martí así lo intuiría, y nos dejaría como legado aquellos cuatro números de una revista que, más que un propósito es un evangelio. Allí, en aquellas páginas donde el poeta intentara llegar a la hondura que encierra el alma de un niño, definiría con humildad su fe por ellos: los niños saben más de lo que parece, y si les dijésemos que escribieran todo lo que saben, muy buenas cosas que escribirían.
Quizá sea esta la sindicatura que Eduard Encina Ramírez (Santiago de Cuba, 1973) ha querido explorar, desde sí mismo, en los textos que convoca El silencio de los peces, premio Calendario 2002. Quizás; al menos yo, asumiendo el privilegio y la ventaja de la relectura, así lo deseé, o tal vez el niño que no deseo abandonar (que me habita a expensas de las rupturas) así lo sienta. De un modo u otro, El silencio de los peces se erige discurso, diálogo que no subestima a sus interlocutores, sino que junto a ellos se adentra en su universo limpio, en la mirada desprejuiciada que anteponen al suceso más complejo que es la existencia misma, en la solemnidad que implica nombrar, entender, ser a fin y a consecuencia:
Mientras caía de la rama
el gorrión, mientras caía
pensé en la mirada fría
del cazador que derrama
su puntería, su fama
de tirador inexperto
que dio en el blanco y es cierto:
me duele tanto que aún
sobre el asfalto haya un
gorrión con el pecho abierto.
La prestancia es el signo bajo el cual están “versados” estos sitios, donde el poeta nos obliga a un alto, a contemplar que la trascendencia y la armonía del ser no sólo están en “filosofar” y entenderse la existencia mediante la transgresión de conceptos, sino que es posible esta comunión a través de la candidez y de la inocencia que sabe ser sabia en sus andanzas; que es posible erigir la “iluminación” y sanar al sol entre las manos. Eduard Encina transita estas certidumbres, nos advierte además que el rigor escritural no implica distanciamiento, que la palabra es emboscada pero también el modo de jamás traficar las torceduras y los convencimientos vanos. El silencio de los peces no es un camuflaje, no es la pretensión de ser niño, es la intención de advertirlo como respuesta y salvación. Es el niño quien habla, el autor es sólo un señuelo:
Dice el gato que la luna
un día goteará del cielo
como una fruta madura
él la espera con anhelo
Tal vez por eso amanece
de guardia sobre el tejado
pero la luna parece
dejarlo siempre esperando.
Dice el gato que la luna
estaba madurando.
No me gustaría exponer El silencio de los peces como “literatura infantil”. ”Literatura infantil” es un subterfugio de estetas y teóricos, una extensión pedagógica que hurta la verdadera significancia al poeta y al niño…o al poeta niño. Prefiero expresar que, es Literatura que se entiende y se comprende por y para el niño, que manifiesta sus claves y tesituras componiendo una canción que es también efímera, como igualmente lo es todo otorgamiento entregado en la ventaja del silencio que discursa el pez y su memoria. Eduard Encina también lo sabe, y por ello nos deja al amparo de sus caballos:
¿Ves este caballo?
Monta y verás las praderas
del cielo
un caballo con alas para atravesar
la lluvia.
Fuente: http://www.ahs.cu/secciones-principales/literatura/noticias/dossier-calendario.html
Escribir para los niños es, sin duda alguna, tarea ardua. José Martí así lo intuiría, y nos dejaría como legado aquellos cuatro números de una revista que, más que un propósito es un evangelio. Allí, en aquellas páginas donde el poeta intentara llegar a la hondura que encierra el alma de un niño, definiría con humildad su fe por ellos: los niños saben más de lo que parece, y si les dijésemos que escribieran todo lo que saben, muy buenas cosas que escribirían.Quizá sea esta la sindicatura que Eduard Encina Ramírez (Santiago de Cuba, 1973) ha querido explorar, desde sí mismo, en los textos que convoca El silencio de los peces, premio Calendario 2002. Quizás; al menos yo, asumiendo el privilegio y la ventaja de la relectura, así lo deseé, o tal vez el niño que no deseo abandonar (que me habita a expensas de las rupturas) así lo sienta. De un modo u otro, El silencio de los peces se erige discurso, diálogo que no subestima a sus interlocutores, sino que junto a ellos se adentra en su universo limpio, en la mirada desprejuiciada que anteponen al suceso más complejo que es la existencia misma, en la solemnidad que implica nombrar, entender, ser a fin y a consecuencia:
Mientras caía de la rama
el gorrión, mientras caía
pensé en la mirada fría
del cazador que derrama
su puntería, su fama
de tirador inexperto
que dio en el blanco y es cierto:
me duele tanto que aún
sobre el asfalto haya un
gorrión con el pecho abierto.
La prestancia es el signo bajo el cual están “versados” estos sitios, donde el poeta nos obliga a un alto, a contemplar que la trascendencia y la armonía del ser no sólo están en “filosofar” y entenderse la existencia mediante la transgresión de conceptos, sino que es posible esta comunión a través de la candidez y de la inocencia que sabe ser sabia en sus andanzas; que es posible erigir la “iluminación” y sanar al sol entre las manos. Eduard Encina transita estas certidumbres, nos advierte además que el rigor escritural no implica distanciamiento, que la palabra es emboscada pero también el modo de jamás traficar las torceduras y los convencimientos vanos. El silencio de los peces no es un camuflaje, no es la pretensión de ser niño, es la intención de advertirlo como respuesta y salvación. Es el niño quien habla, el autor es sólo un señuelo:
Dice el gato que la luna
un día goteará del cielo
como una fruta madura
él la espera con anhelo
Tal vez por eso amanece
de guardia sobre el tejado
pero la luna parece
dejarlo siempre esperando.
Dice el gato que la luna
estaba madurando.
No me gustaría exponer El silencio de los peces como “literatura infantil”. ”Literatura infantil” es un subterfugio de estetas y teóricos, una extensión pedagógica que hurta la verdadera significancia al poeta y al niño…o al poeta niño. Prefiero expresar que, es Literatura que se entiende y se comprende por y para el niño, que manifiesta sus claves y tesituras componiendo una canción que es también efímera, como igualmente lo es todo otorgamiento entregado en la ventaja del silencio que discursa el pez y su memoria. Eduard Encina también lo sabe, y por ello nos deja al amparo de sus caballos:
¿Ves este caballo?
Monta y verás las praderas
del cielo
un caballo con alas para atravesar
la lluvia.
Fuente: http://www.ahs.cu/secciones-principales/literatura/noticias/dossier-calendario.html
sábado, 26 de septiembre de 2009
Escribir un poema provinciano y soñar con los Potros de Vallejo
Por Arnoldo Fernández Verdecia

No resultó sorpresivo, al menos para mí y lo confieso, la noticia de la publicación de una de esas “obrillas” vinculadas a recientes políticas culturales. ¿Se trataría de un resultado construido? o ¿era algo real? Por esos años la misma ponía en práctica un programa para difundir el talento literario. ¿Acaso de lo que Andre Gide sublimaría en memorable libro? Recuerdo a Maquiabelo y su prédica: “Un señor prudente no debe decir la verdad cuando va en prejuicio suyo” y más cuando se trata de un amigo.
Es muy raro un boxeador en la poesía, al menos yo lo creo así, y más si vive en un pueblillo del interior de Cuba llamado Baire. Su nombre también es sospechoso y me da más músico que poeta o pintor: Eduard Encina.
Para mí como socio, es un fenómeno editorial en verdad, en montones compramos el libro donde quiera, hasta dos o tres veces; para nosotros el autor mostraba el costado doloroso de nuestro mundo, en una poética de factura aceptable, desde una visión por momentos salpicada con elementos de la cotidianidad, elogiada por intelectuales como Reinaldo García y Alfredo Quintana.
Eduard me parece un quijotillo nacido en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, a la orilla de la Carretera Central nombrado Baire. Su primer libro era un disparo al silencio editorial que vivió esta comarca por años. "De ángel y perverso", es nuestra bandera en medio de la emergencia. En estos tiempos Internet es una ausencia, así que para la gente la única verda es la de los medios masivos.
Por eso no fue sorpresa que se nombrara en el semanario Sierra Maestra y en la dulce voz de Ana Margarita Gil en el Hurón Azul, informativo de la Unión de Esscritores y Artistas de Cuba, en el la Televisión cubana. Era uno de los primeros libros de Ediciones Santiago. Se puede considerar momento de autoafirmación para el poeta, como para las ediciones territoriales que daban sus primeros pasos en la vida de la nación.
Se trata de una poética escrita en lenguaje que privilegia el juego lúdico con los títulos: De cómo un poeta delira a la sombra de una soga que cae del cielo, De cómo un loco se roba un poema, Boceto para un retrato de mi padre dormido en un sillón.
El poeta, por momentos, apela a una intertextualidad que le permite enriquecer el contenido de su poética, hecho que realiza de forma feliz: “y yo sé que a mi lado hay una sombra” , referencia a Ángel Escobar, que condiciona uno de sus mejores poemas: Meditaciones del suicida:
“¿Dónde estarán los gatos de la madrugada?/ El sigilo se irá enredando en la costumbre / en la sobriedad de las cosas / ´y yo sé que a mi lado hay una sombra´ - cadáver / remolino escombro viene de alguna parte que / nos marca una sombra amarilla sin sentido…”
Las referencias a Egipto, Roma, Bizancio le aportan frescura por su acertado manejo en nuevos contextos poéticos. Pasan ante nuestros ojos, faraones, exarcas, Julio César, filósofos célebres... Maneja referentes bíblicos que funcionan orgánicamente: “el poeta es el Mesías” , “prepárenle esa cruz” , o el mito del surgimiento del hombre a partir del polvo.
Su estructura es sencilla, la primera parte compuesta por un total de 16 poemas y un título sugerente Poet´ s Walking y otros bocetos. En el mismo adquiere una fuerza telúrica el tanteo con el símbolo bíblico polvo. Es una recurrencia su manejo en diversos momentos: “no hay peor marino que el que extraña el polvo / cuando mira atrás y no se reconoce” , o cuando dice, “Al polvo voy en esa manía de arrastrar la rueda / sobre la madera y ya no me quedan reinos” , o simplemente al decir, “Ese polvo lentísimo / Instintivo / ese apagón en la memoria”.
El oficio de poeta es permanentemente reflexionado desde la categoría límites, nos hace pensar en el desconsuelo que dio origen a los versos, como si el hombre agonal resucitara con otros matices en los contextos experimentales que condicionan su referencia:
“…huir no es de suicidas / ni de poetas los eufemismos”.
“…puede escribir un poema provinciano / y soñar con los Potros de Vallejo”.
“Solo el poeta altera / y pende del disparo que pudo darse”.
La experimentación sobre la historia tiene su lugar. Ilustro uno de ellos para su disfrute:
“Mi pueblo es un parque de estatuas / por donde pasa la
noche como un gato altísimo / que se filtra en los gorriones y pasan locos en / sus alfombras y el silencio del mediodía pasa sin detenerse”.
Otros no tienen buena factura, entre los que sobresalen: “Una muchacha vio pasar a los caballos”, “Ariadna” y “La casa”, no debían estar junto a los restantes, por su pobreza en el manejo de los recursos literarios:
“Te detuviste a mirar los caballos / Ese polvo lentísimo / instintivo / ese apagón en la memoria que trae / la resonancia de una estrella entre las piernas / pero ellos pasaron y tú pobre muchacha / te perdiste en el eco de sus pasos”.
Por momentos redunda en lo cursi:
“…ni un saxofón que te diga / te quiero”
“…al siglo le quedan dos vueltas de carretel”
“…pobre muchacha”.
La segunda parte Último acto y otras acotaciones la integran 10 poemas, la de más baja factura poética y menos experimentación con el lenguaje. Se aprecian títulos comunes: Telegrama, Animal y La ciudad y los gatos.
La mirada la centra en sucesos cotidianos: (Urgente: se avecina una crisis de amor / ha vuelto a caer la bolsa de valores). La noche y la tarde en un municipio del interior de Cuba; el poder y sus efectos: César ha tendido su mano: / Por un hilo desteje la mañana / y todos vienen a escucharlo / a ver la cabeza / del culpable colgando en su diestra” .
La tercera parte, Y yo sé que a mi lado hay una sombra, la conforman un total de 15 poemas, la de mayor calidad en el libro pues desborda el tratamiento del lenguaje desde títulos sugerentes, entre los que se destacan: “De cómo el poeta delira a la sombra de una soga que cae del cielo”, “Breve estancia de un tonto en el paraíso”, “En torno a la soledad de un dios sin cabeza” y “Meditaciones del suicida”.
También hay momentos de autorreflexión centrados en temáticas medulares, sobre todo el oficio de poeta y la historia, devenido los de mayor tratamiento:
“La ciudad es un valle de suicidas / de sueños aturdidos por la rabia / y me veo en la vieja celda / donde escupo / mutilo / desangro un ángel de Rilke / y retorno donde los otros deshacen / la sombra insular…”
“Alguien toca a la puerta / y sobre la rueda el paridor de la hoguera / trae el sombrero cargado de pájaros”
“Lo trajeron sin rodillas: éste es tu mundo, éste tu pan, ésta tu modorra, éste es el verde sin resonancias, los jagüeyes te dirán los límites, mira la ciudad que has de fundar con el bastón de los tontos, estos tus personajes, los mudos personajes del circo que has caído”.
De ángel y perverso forma parte de una “rara colección”, conservada en un viejo Monasterio en las afueras del pueblo de Baire. Algunos bardos, como el espirituano Reinaldo García Blanco, identificaron el lugar como borde de la Carretera Central. Se llega por un camino protegido por estatuas de héroes de la independencia de Cuba.La Virgen del Rincón aparece a los escritores, los bendice.
Muchos acuden al Monasterio buscando los oficios de la escritura. Otros lo maldicen por creerlo poseído por el demonio, hasta intentan exorcizarlo. El bate en acto de ironía optó por un título universal para el libro sobre la mujer pájaro.Un hombre como Jorge Luis Borges celebraría las siguientes palabras de Teresa Melo: “Eduard Encina no busca premios, eventos, imagen, es un verdadero hombre de tierra adentro.”

No resultó sorpresivo, al menos para mí y lo confieso, la noticia de la publicación de una de esas “obrillas” vinculadas a recientes políticas culturales. ¿Se trataría de un resultado construido? o ¿era algo real? Por esos años la misma ponía en práctica un programa para difundir el talento literario. ¿Acaso de lo que Andre Gide sublimaría en memorable libro? Recuerdo a Maquiabelo y su prédica: “Un señor prudente no debe decir la verdad cuando va en prejuicio suyo” y más cuando se trata de un amigo.
Es muy raro un boxeador en la poesía, al menos yo lo creo así, y más si vive en un pueblillo del interior de Cuba llamado Baire. Su nombre también es sospechoso y me da más músico que poeta o pintor: Eduard Encina.
Para mí como socio, es un fenómeno editorial en verdad, en montones compramos el libro donde quiera, hasta dos o tres veces; para nosotros el autor mostraba el costado doloroso de nuestro mundo, en una poética de factura aceptable, desde una visión por momentos salpicada con elementos de la cotidianidad, elogiada por intelectuales como Reinaldo García y Alfredo Quintana.
Eduard me parece un quijotillo nacido en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, a la orilla de la Carretera Central nombrado Baire. Su primer libro era un disparo al silencio editorial que vivió esta comarca por años. "De ángel y perverso", es nuestra bandera en medio de la emergencia. En estos tiempos Internet es una ausencia, así que para la gente la única verda es la de los medios masivos.
Por eso no fue sorpresa que se nombrara en el semanario Sierra Maestra y en la dulce voz de Ana Margarita Gil en el Hurón Azul, informativo de la Unión de Esscritores y Artistas de Cuba, en el la Televisión cubana. Era uno de los primeros libros de Ediciones Santiago. Se puede considerar momento de autoafirmación para el poeta, como para las ediciones territoriales que daban sus primeros pasos en la vida de la nación.
Se trata de una poética escrita en lenguaje que privilegia el juego lúdico con los títulos: De cómo un poeta delira a la sombra de una soga que cae del cielo, De cómo un loco se roba un poema, Boceto para un retrato de mi padre dormido en un sillón.
El poeta, por momentos, apela a una intertextualidad que le permite enriquecer el contenido de su poética, hecho que realiza de forma feliz: “y yo sé que a mi lado hay una sombra” , referencia a Ángel Escobar, que condiciona uno de sus mejores poemas: Meditaciones del suicida:
“¿Dónde estarán los gatos de la madrugada?/ El sigilo se irá enredando en la costumbre / en la sobriedad de las cosas / ´y yo sé que a mi lado hay una sombra´ - cadáver / remolino escombro viene de alguna parte que / nos marca una sombra amarilla sin sentido…”
Las referencias a Egipto, Roma, Bizancio le aportan frescura por su acertado manejo en nuevos contextos poéticos. Pasan ante nuestros ojos, faraones, exarcas, Julio César, filósofos célebres... Maneja referentes bíblicos que funcionan orgánicamente: “el poeta es el Mesías” , “prepárenle esa cruz” , o el mito del surgimiento del hombre a partir del polvo.
Su estructura es sencilla, la primera parte compuesta por un total de 16 poemas y un título sugerente Poet´ s Walking y otros bocetos. En el mismo adquiere una fuerza telúrica el tanteo con el símbolo bíblico polvo. Es una recurrencia su manejo en diversos momentos: “no hay peor marino que el que extraña el polvo / cuando mira atrás y no se reconoce” , o cuando dice, “Al polvo voy en esa manía de arrastrar la rueda / sobre la madera y ya no me quedan reinos” , o simplemente al decir, “Ese polvo lentísimo / Instintivo / ese apagón en la memoria”.
El oficio de poeta es permanentemente reflexionado desde la categoría límites, nos hace pensar en el desconsuelo que dio origen a los versos, como si el hombre agonal resucitara con otros matices en los contextos experimentales que condicionan su referencia:
“…huir no es de suicidas / ni de poetas los eufemismos”.
“…puede escribir un poema provinciano / y soñar con los Potros de Vallejo”.
“Solo el poeta altera / y pende del disparo que pudo darse”.
La experimentación sobre la historia tiene su lugar. Ilustro uno de ellos para su disfrute:
“Mi pueblo es un parque de estatuas / por donde pasa la
noche como un gato altísimo / que se filtra en los gorriones y pasan locos en / sus alfombras y el silencio del mediodía pasa sin detenerse”.
Otros no tienen buena factura, entre los que sobresalen: “Una muchacha vio pasar a los caballos”, “Ariadna” y “La casa”, no debían estar junto a los restantes, por su pobreza en el manejo de los recursos literarios:
“Te detuviste a mirar los caballos / Ese polvo lentísimo / instintivo / ese apagón en la memoria que trae / la resonancia de una estrella entre las piernas / pero ellos pasaron y tú pobre muchacha / te perdiste en el eco de sus pasos”.
Por momentos redunda en lo cursi:
“…ni un saxofón que te diga / te quiero”
“…al siglo le quedan dos vueltas de carretel”
“…pobre muchacha”.
La segunda parte Último acto y otras acotaciones la integran 10 poemas, la de más baja factura poética y menos experimentación con el lenguaje. Se aprecian títulos comunes: Telegrama, Animal y La ciudad y los gatos.
La mirada la centra en sucesos cotidianos: (Urgente: se avecina una crisis de amor / ha vuelto a caer la bolsa de valores). La noche y la tarde en un municipio del interior de Cuba; el poder y sus efectos: César ha tendido su mano: / Por un hilo desteje la mañana / y todos vienen a escucharlo / a ver la cabeza / del culpable colgando en su diestra” .
La tercera parte, Y yo sé que a mi lado hay una sombra, la conforman un total de 15 poemas, la de mayor calidad en el libro pues desborda el tratamiento del lenguaje desde títulos sugerentes, entre los que se destacan: “De cómo el poeta delira a la sombra de una soga que cae del cielo”, “Breve estancia de un tonto en el paraíso”, “En torno a la soledad de un dios sin cabeza” y “Meditaciones del suicida”.
También hay momentos de autorreflexión centrados en temáticas medulares, sobre todo el oficio de poeta y la historia, devenido los de mayor tratamiento:
“La ciudad es un valle de suicidas / de sueños aturdidos por la rabia / y me veo en la vieja celda / donde escupo / mutilo / desangro un ángel de Rilke / y retorno donde los otros deshacen / la sombra insular…”
“Alguien toca a la puerta / y sobre la rueda el paridor de la hoguera / trae el sombrero cargado de pájaros”
“Lo trajeron sin rodillas: éste es tu mundo, éste tu pan, ésta tu modorra, éste es el verde sin resonancias, los jagüeyes te dirán los límites, mira la ciudad que has de fundar con el bastón de los tontos, estos tus personajes, los mudos personajes del circo que has caído”.
De ángel y perverso forma parte de una “rara colección”, conservada en un viejo Monasterio en las afueras del pueblo de Baire. Algunos bardos, como el espirituano Reinaldo García Blanco, identificaron el lugar como borde de la Carretera Central. Se llega por un camino protegido por estatuas de héroes de la independencia de Cuba.La Virgen del Rincón aparece a los escritores, los bendice.
Muchos acuden al Monasterio buscando los oficios de la escritura. Otros lo maldicen por creerlo poseído por el demonio, hasta intentan exorcizarlo. El bate en acto de ironía optó por un título universal para el libro sobre la mujer pájaro.Un hombre como Jorge Luis Borges celebraría las siguientes palabras de Teresa Melo: “Eduard Encina no busca premios, eventos, imagen, es un verdadero hombre de tierra adentro.”
viernes, 25 de septiembre de 2009
Confesión alumbradora en vísperas de la muerte
Por Arnoldo Fernández Verdecia arnoldo@gritodebaire.icrt.cu
Un 18 de mayo de 1895 José Martí comienza la histórica carta al mexicano Manuel Mercado, escrita en Dos Ríos, lugar del municipio Jiguaní, actual provincia Granma. Se trata de un texto estremecedor, que ha recibido innumerables valoraciones en su estudio. Sobre el tratamiento de esta zona de la biografía martiana propongo desarrollar un nuevo acercamiento.
En la obra martiana la carta inconclusa a Manuel Mercado tiene valor testimonial, si nos guiamos por el criterio de amistad que lo unió a Martí durante veinte años, en su mayor parte alimentados por la correspondencia, Mercado puede considerarse un “caso paradigmático”(1) entre los destinatarios que tuvo José Martí.
¿Qué criterios han prevalecido en su análisis?
En los estudios de la carta inconclusa, los elementos de convergencia entre cada uno de los autores son: ubicarla como el testamento político de José Martí; sobresalen en el mismo Gonzalo de Quesada, Carlos Rafael Rodríguez, Ibrahín Hidalgo, Cintio Vitier y Luis Toledo Sande.(2)
Otro de los criterios compartidos es el que remite al escrito como la máxima expresión de sus confesiones ideológicas; en torno a éste se agrupan: Julio Le Riverend, Fina García, Jorge Ibarra, Salvador Morales y Mercedes Santos Moray.(3)
La otra posición, lo concibe como la mejor explicación de su estrategia política, en este orden se destacan: Jorge Mañach, Juan Marinello, Ángel Augier, Armando Hart, Roberto Fernández Retamar y Antonio Núñez Jiménez.(4)
¿En qué se basan uno u otro autor para ubicarla de la forma en lo hacen, en cada caso?
El considerarla testamento político tiene un sentido metafórico, pues no remite al sentido que porta el acto de testar, alude más bien a la forma en que se ha recepcionado el texto luego de su muerte, pues muchas de las claves políticas de su ideario se encuentran implícitas en sus líneas.
Lo anterior corrobora puntos centrales que en escritos anteriores había concebido: el lugar de la independencia de Cuba en América, su logro mediato como condición estratégica para salvar el decoro de las repúblicas latinoamericanas ante el formidable vecino yanqui; y la forma viable de gobierno que debe tener la guerra de los cubanos para lograr tales fines.
El hecho de que sea un referente habitual su uso no demerita su funcionalidad durante la Revolución Cubana, pues se ha convertido en un símbolo de condensación histórica que funciona coherentemente en las redes sociales institucionalizadas, a través de las cuales transcurre el flujo comunicativo de las instancias intelectuales, encargadas de instrumentalizar una determinada selección de la obra de Martí; no interesa si en verdad testó o no, lo que interesa es la forma en que ha sido acomodado el modo de referirse al mismo circunstancialmente.
Los autores seleccionados responden a un compromiso de orden moral con los sentidos éticos que le confirió la Revolución a este documento, de ahí que nos parezca importante plantear que todos producen su criterio, desde lo que llamamos intelectualidad orgánica encargada de fundamentar el Martí antimperialista que necesita Cuba, dada las circunstancias que vive, como único país socialista en el “Continente Americano”.
Los autores que la ubican como la máxima expresión de sus confesiones ideológicas, lo hacen más bien urgidos por la necesidad de darle algunas aclaraciones a la actuación antimperialista de Martí en el “Continente Americano”, pues en textos anteriores no lo había hecho de la forma tan clara, como lo dijo a Mercado en el inconcluso escrito: evitar a tiempo con la independencia de Cuba la expansión territorial y económica del naciente imperialismo yanqui.
De hecho, la forma en que está redactado nos asoma al sentido confesional en que se lo escribe a su paradigmático amigo político, acostumbrado a intercambiar ideas de esta índole con Martí a través de la correspondencia. La funcionalidad del sentido confesional otorgado al mismo por éstos estudiosos, debe explicarse a partir de la inexistencia de una estrategia política de enfrentamiento al imperialismo yanqui en la obra de Martí, de forma articulada y coherente, para guiar el proceso independentista en el que se vieron inmersos los cubanos.
El resto de los autores que la enmarcan como la mejor explicación de su estrategia política, tiene puntos coincidentes con los que le otorgan el sentido confesional, pero más bien lo que pretenden es resaltar los propósitos martianos esbozados en el Manifiesto de Montecristi, que de manera ejemplar aparecen en esta misiva, pues asume la guerra de Cuba como una guerra de independencia americana, en la que no puede haber demoras, pues dado su carácter de observador y analista, sabe lo que se desencadenará en lo que llama "Norte revuelto y brutal que nos desprecia".
Estas son las razones que llevan a los mencionados estudiosos, a darle un sentido estratégico a las ideas del texto, dada la dimensión del hecho americano que vive Martí, que se aviene perfectamente con los sentidos latinoamericanistas que ha cobrado la Revolución en el “Continente Americano” en los momentos actuales; y el lugar que ocupa este eje, en las relaciones internacionales del Gobierno Cubano.
Las tres formas de referirse al documento inconcluso de José Martí a Manuel Mercado, obligan a una síntesis final, en la que modestamente expresamos nuestro criterio, a partir de la tradición historiográfica que ha predominado al estudiarlo.
Lo cierto es que no es un testamento en el sentido histórico del término, por todos los argumentos explicados hasta aquí, por tanto se trata de una metáfora de gran alcance heurístico, dada la polisemia de significados que irradia. El sentido confesional es el que funciona con más coherencia y el que se adapta contextualmente a las ideas del texto. El de la mejor explicación de su estrategia política es absoluto, pues el Manifiesto de Montecristi lo hace con mayor certeza, si tomamos como centro el sentido aludido.
Finalmente, la carta inconclusa a Manuel Mercado debe asumirse como una confesión alumbradora de su pensamiento político y su quehacer escritural, una obra de indudable valor intimista para todo el que pretenda acercarse al estudio de la obra de José Martí desde cualquier latitud geográfica.
Notas
1. Esta forma de clasificar el conjunto de cartas cruzadas entre Martí y Manuel Mercado es lo que Daisy Cue denomina, caso paradigmático, en el prólogo a: José Martí. Visión Íntima. P. 6
2. Sugerimos consultar en torno a este primer elemento de convergencia en torno a la identificación del texto como testamento político de José Martí, los libros de: Gonzalo de Quesada. Martí Hombre. P. 252, Carlos Rafael Rodríguez. Letra con filo. Tomo 3. P. 213, de Ibrahín Hidalgo. Cronología 1853 - 1895. P. 113, de Cintio Vitier. Ese Sol del Mundo Moral. P. 73 y el de Luis Toledo Sande. Cesto de Llamas. P. 307.
3. Sugerimos consultar en torno a este segundo elemento analógico en la forma de referirse al texto, al concebirlo como máxima expresión de sus confesiones ideológicas los libros: Julio Le Riverend. Pensamiento y acción de José Martí. P. 116, de Jorge Ibarra. Ideología Mambisa. P. 187, de Fina García Marruz. Textos antimperialistas de José Martí. P. 73, de Salvador Morales. Ideología y lucha revolucionarias en José Martí. p. 13 y de Mercedes Santos Moray. Martí, amigo y compañero. P. 166-167
4. En torno a esta segunda forma analógica de referirse al texto sugerimos ver los libros de: Jorge Mañach. Martí el Apóstol. P. 237, de Juan Marinello. El Partido Revolucionario Cubano, creación ejemplar de José Martí, en Siete enfoques marxistas sobre José Martí p. 147; de Ángel Augier. Acción y poesía en José Martí. p. 162, de Armando Hart. Discurso en Dos Ríos, 19 de mayo de 1975, en Siete enfoques marxistas sobre José Martí p. 118, de Roberto Fernández Retamar. Introducción a José Martí. P. 33 y de Antonio Núñez Jiménez. Mi Patria es América Latina. P.206.
Fotografía del Héroe Nacional de Cuba José Martí Pérez.
Un 18 de mayo de 1895 José Martí comienza la histórica carta al mexicano Manuel Mercado, escrita en Dos Ríos, lugar del municipio Jiguaní, actual provincia Granma. Se trata de un texto estremecedor, que ha recibido innumerables valoraciones en su estudio. Sobre el tratamiento de esta zona de la biografía martiana propongo desarrollar un nuevo acercamiento. En la obra martiana la carta inconclusa a Manuel Mercado tiene valor testimonial, si nos guiamos por el criterio de amistad que lo unió a Martí durante veinte años, en su mayor parte alimentados por la correspondencia, Mercado puede considerarse un “caso paradigmático”(1) entre los destinatarios que tuvo José Martí.
¿Qué criterios han prevalecido en su análisis?
En los estudios de la carta inconclusa, los elementos de convergencia entre cada uno de los autores son: ubicarla como el testamento político de José Martí; sobresalen en el mismo Gonzalo de Quesada, Carlos Rafael Rodríguez, Ibrahín Hidalgo, Cintio Vitier y Luis Toledo Sande.(2)
Otro de los criterios compartidos es el que remite al escrito como la máxima expresión de sus confesiones ideológicas; en torno a éste se agrupan: Julio Le Riverend, Fina García, Jorge Ibarra, Salvador Morales y Mercedes Santos Moray.(3)
La otra posición, lo concibe como la mejor explicación de su estrategia política, en este orden se destacan: Jorge Mañach, Juan Marinello, Ángel Augier, Armando Hart, Roberto Fernández Retamar y Antonio Núñez Jiménez.(4)
¿En qué se basan uno u otro autor para ubicarla de la forma en lo hacen, en cada caso?
El considerarla testamento político tiene un sentido metafórico, pues no remite al sentido que porta el acto de testar, alude más bien a la forma en que se ha recepcionado el texto luego de su muerte, pues muchas de las claves políticas de su ideario se encuentran implícitas en sus líneas.
Lo anterior corrobora puntos centrales que en escritos anteriores había concebido: el lugar de la independencia de Cuba en América, su logro mediato como condición estratégica para salvar el decoro de las repúblicas latinoamericanas ante el formidable vecino yanqui; y la forma viable de gobierno que debe tener la guerra de los cubanos para lograr tales fines.
El hecho de que sea un referente habitual su uso no demerita su funcionalidad durante la Revolución Cubana, pues se ha convertido en un símbolo de condensación histórica que funciona coherentemente en las redes sociales institucionalizadas, a través de las cuales transcurre el flujo comunicativo de las instancias intelectuales, encargadas de instrumentalizar una determinada selección de la obra de Martí; no interesa si en verdad testó o no, lo que interesa es la forma en que ha sido acomodado el modo de referirse al mismo circunstancialmente.
Los autores seleccionados responden a un compromiso de orden moral con los sentidos éticos que le confirió la Revolución a este documento, de ahí que nos parezca importante plantear que todos producen su criterio, desde lo que llamamos intelectualidad orgánica encargada de fundamentar el Martí antimperialista que necesita Cuba, dada las circunstancias que vive, como único país socialista en el “Continente Americano”.
Los autores que la ubican como la máxima expresión de sus confesiones ideológicas, lo hacen más bien urgidos por la necesidad de darle algunas aclaraciones a la actuación antimperialista de Martí en el “Continente Americano”, pues en textos anteriores no lo había hecho de la forma tan clara, como lo dijo a Mercado en el inconcluso escrito: evitar a tiempo con la independencia de Cuba la expansión territorial y económica del naciente imperialismo yanqui.
De hecho, la forma en que está redactado nos asoma al sentido confesional en que se lo escribe a su paradigmático amigo político, acostumbrado a intercambiar ideas de esta índole con Martí a través de la correspondencia. La funcionalidad del sentido confesional otorgado al mismo por éstos estudiosos, debe explicarse a partir de la inexistencia de una estrategia política de enfrentamiento al imperialismo yanqui en la obra de Martí, de forma articulada y coherente, para guiar el proceso independentista en el que se vieron inmersos los cubanos.
El resto de los autores que la enmarcan como la mejor explicación de su estrategia política, tiene puntos coincidentes con los que le otorgan el sentido confesional, pero más bien lo que pretenden es resaltar los propósitos martianos esbozados en el Manifiesto de Montecristi, que de manera ejemplar aparecen en esta misiva, pues asume la guerra de Cuba como una guerra de independencia americana, en la que no puede haber demoras, pues dado su carácter de observador y analista, sabe lo que se desencadenará en lo que llama "Norte revuelto y brutal que nos desprecia".
Estas son las razones que llevan a los mencionados estudiosos, a darle un sentido estratégico a las ideas del texto, dada la dimensión del hecho americano que vive Martí, que se aviene perfectamente con los sentidos latinoamericanistas que ha cobrado la Revolución en el “Continente Americano” en los momentos actuales; y el lugar que ocupa este eje, en las relaciones internacionales del Gobierno Cubano.
Las tres formas de referirse al documento inconcluso de José Martí a Manuel Mercado, obligan a una síntesis final, en la que modestamente expresamos nuestro criterio, a partir de la tradición historiográfica que ha predominado al estudiarlo.
Lo cierto es que no es un testamento en el sentido histórico del término, por todos los argumentos explicados hasta aquí, por tanto se trata de una metáfora de gran alcance heurístico, dada la polisemia de significados que irradia. El sentido confesional es el que funciona con más coherencia y el que se adapta contextualmente a las ideas del texto. El de la mejor explicación de su estrategia política es absoluto, pues el Manifiesto de Montecristi lo hace con mayor certeza, si tomamos como centro el sentido aludido.
Finalmente, la carta inconclusa a Manuel Mercado debe asumirse como una confesión alumbradora de su pensamiento político y su quehacer escritural, una obra de indudable valor intimista para todo el que pretenda acercarse al estudio de la obra de José Martí desde cualquier latitud geográfica.
Notas
1. Esta forma de clasificar el conjunto de cartas cruzadas entre Martí y Manuel Mercado es lo que Daisy Cue denomina, caso paradigmático, en el prólogo a: José Martí. Visión Íntima. P. 6
2. Sugerimos consultar en torno a este primer elemento de convergencia en torno a la identificación del texto como testamento político de José Martí, los libros de: Gonzalo de Quesada. Martí Hombre. P. 252, Carlos Rafael Rodríguez. Letra con filo. Tomo 3. P. 213, de Ibrahín Hidalgo. Cronología 1853 - 1895. P. 113, de Cintio Vitier. Ese Sol del Mundo Moral. P. 73 y el de Luis Toledo Sande. Cesto de Llamas. P. 307.
3. Sugerimos consultar en torno a este segundo elemento analógico en la forma de referirse al texto, al concebirlo como máxima expresión de sus confesiones ideológicas los libros: Julio Le Riverend. Pensamiento y acción de José Martí. P. 116, de Jorge Ibarra. Ideología Mambisa. P. 187, de Fina García Marruz. Textos antimperialistas de José Martí. P. 73, de Salvador Morales. Ideología y lucha revolucionarias en José Martí. p. 13 y de Mercedes Santos Moray. Martí, amigo y compañero. P. 166-167
4. En torno a esta segunda forma analógica de referirse al texto sugerimos ver los libros de: Jorge Mañach. Martí el Apóstol. P. 237, de Juan Marinello. El Partido Revolucionario Cubano, creación ejemplar de José Martí, en Siete enfoques marxistas sobre José Martí p. 147; de Ángel Augier. Acción y poesía en José Martí. p. 162, de Armando Hart. Discurso en Dos Ríos, 19 de mayo de 1975, en Siete enfoques marxistas sobre José Martí p. 118, de Roberto Fernández Retamar. Introducción a José Martí. P. 33 y de Antonio Núñez Jiménez. Mi Patria es América Latina. P.206.
Fotografía del Héroe Nacional de Cuba José Martí Pérez.
jueves, 24 de septiembre de 2009
Acerca de Raúl Hernández Novás
Con motivo de la publicación de su Poesía completa
Por May Yudith Serrano Mulet
“Raúl Hernández Novás fue poeta.” “Raúl Hernández Novás murió en 1993.” Hasta aquí parece no haber problema con su biografía. “Raúl Hernández Novás, el poeta, se suicidó el 12 de junio de 1993.” Y aquí comienzan las dudas, los malentendidos, ya típicos, cuando se habla de la obra de los que no están.
El hombre, todo hombre o mujer, deja tras sí una imagen, un testaferro de su paso cuya fijación tributa al oficio de la memoria recogiendo, codificando, sintetizando lo que el ser humano fue mientras pudo fabricar novedades, mientras pudo ser para sí mismo y no sólo para los otros (como son para los otros los que habitan en el país del recuerdo). El acto de la muerte se impone comúnmente a casi todos los actos del hombre, recortando las imágenes difusas, aplicándoles un rasero no siempre justo al limar las aristas menos públicas y desoír instantes –a veces los más esplendorosos- de su existencia.
Advertimos que Raúl Hernández Novás no es su muerte. O por lo menos, no sólo es su muerte. Si digo que su poesía no puede ser catalogada bajo el ribete de la lírica pesimista, es porque ésta contiene una visión de futuridad que conmueve y alegra, más allá de toda la dificultad y el dolor que no pretenden esconder sus versos.
¿Cómo no alegrarse de que haya existido el poeta fugitivo, el enamorado de la belleza en su estado más promisorio –o acaso prenatal-?, ¿Quién quita que logremos, como Apolo con la huidiza Dafne, hacer de su obra un estandarte que lo devuelva, pese a su propia negativa, al mundo de los vivos?
Si recorremos los versos del autor de “Enigma de las aguas”, “Embajador en el horizonte”, “Da capo”, “Al más cercano amigo”, “Animal civil”, “Sonetos a Gelsomina” y “Atlas salta”; versos que hoy publica el Fondo Editorial de Casa de las Américas, nos percatamos de que estamos en presencia de quien fuera, quizá, el poeta más importante de su generación -si apartamos a los que florecieron bajo el influjo de los origenistas y su quehacer marcado por la visión católica del cristianismo-.
Hernández Novás parece haber sido un milagro de concreción poética al aunar en su desempeño, como bien señala Jorge Luis Arcos en el Prólogo, un amplio conocimiento de la literatura universal y el re-conocimiento de la expresión más cubana y criolla. Leer el volumen que nos presenta Casa…, es reparar en la originalidad de un poeta que siempre nos sorprende, lo mismo engendrando sonetos a la manera del buen Quevedo, que desafiándonos con palíndromos, llenos de más sentido que ingenio.
La Poesía Completa de este autor demuestra, sobre todo, que el poeta consiguió Ser en mayúscula, ser mucho más que su propia angustia existencial. Brillante creando imágenes, logró, como pocos, recrear una cosmogonía en la que madre, árbol, agua y mar, distienden el espectro de lo conocido (trascendiendo lo social sin evitarlo) y que alegorizan una dimensión irreductible al ámbito de lo cotidiano y las pautas del sentido común. De esta manera se le dio al poeta lo que muchos persiguen sin suerte: el conocimiento de una “verdadera otredad”, de una región acaso sólo semejante al “país de eterna bruma” de Julián del Casal o las islas fantásticas de Edgar Alan Poe.
Con todo, no puede hablarse, en este caso, de un poeta escapista. El autor de “Embajador en el horizonte” comparte el doble juego de Dante, su alegoría está enraizada en la tierra firme a la vez que tiende sus puentes a la Idea en un estado de mayor pureza (recurso al que Auerbach llamara alegoría figural) y aunque nos haya repetido inicialmente que “capitán el es viento” la voluntad se instala en su oficio poético probando que todo iluminado debe empezar prendiendo por sí mismo las primeras chispas.
Su último libro publicado resulta esclarecedor en cuanto subraya algo aplicable a su propia encrucijada vital: “No recuperar un tiempo perdido, sino no haberlo perdido nunca”. Cuando habla del uso del palíndromo señala “no tiene fin ni principio, sólo un centro”. Es así como la desaparición física de Hernández Novás viene a ser anulación del tiempo, más que cobarde escapada, recordatorio de que como en el palíndromo, solo existe un centro al que confluyen comienzo y fin.
Su salto al otro lado, se nos presenta casi justificable por sus versos (“Atlas salta en callado cataclismo/ por sobre su miseria transitoria” (…) “Haciendo de su muerte nacimiento/ en viaje hacia sus fuentes, Atlas salta.”). Culpable de impaciencia, dechado de calidades, buscador del origen en el fin, Raúl Hernández Novás, como Atlas, cedió al Hércules de la posteridad –que somos hoy nosotros- la carga de un mundo antes llevado a sus espaldas: va siendo hora de que se la devolvamos en una íntima y amorosa visita al Horizonte inquieto de sus versos.
Fotografías:
1. Raúl Hernández Novás, tomado de delpalenqueypara.blogspot
2. Poesía Completa de Raúl Hernández Novás, tomado de www.granma.cubaweb.cu
Por May Yudith Serrano Mulet
“Raúl Hernández Novás fue poeta.” “Raúl Hernández Novás murió en 1993.” Hasta aquí parece no haber problema con su biografía. “Raúl Hernández Novás, el poeta, se suicidó el 12 de junio de 1993.” Y aquí comienzan las dudas, los malentendidos, ya típicos, cuando se habla de la obra de los que no están.El hombre, todo hombre o mujer, deja tras sí una imagen, un testaferro de su paso cuya fijación tributa al oficio de la memoria recogiendo, codificando, sintetizando lo que el ser humano fue mientras pudo fabricar novedades, mientras pudo ser para sí mismo y no sólo para los otros (como son para los otros los que habitan en el país del recuerdo). El acto de la muerte se impone comúnmente a casi todos los actos del hombre, recortando las imágenes difusas, aplicándoles un rasero no siempre justo al limar las aristas menos públicas y desoír instantes –a veces los más esplendorosos- de su existencia.
Advertimos que Raúl Hernández Novás no es su muerte. O por lo menos, no sólo es su muerte. Si digo que su poesía no puede ser catalogada bajo el ribete de la lírica pesimista, es porque ésta contiene una visión de futuridad que conmueve y alegra, más allá de toda la dificultad y el dolor que no pretenden esconder sus versos.
¿Cómo no alegrarse de que haya existido el poeta fugitivo, el enamorado de la belleza en su estado más promisorio –o acaso prenatal-?, ¿Quién quita que logremos, como Apolo con la huidiza Dafne, hacer de su obra un estandarte que lo devuelva, pese a su propia negativa, al mundo de los vivos?
Si recorremos los versos del autor de “Enigma de las aguas”, “Embajador en el horizonte”, “Da capo”, “Al más cercano amigo”, “Animal civil”, “Sonetos a Gelsomina” y “Atlas salta”; versos que hoy publica el Fondo Editorial de Casa de las Américas, nos percatamos de que estamos en presencia de quien fuera, quizá, el poeta más importante de su generación -si apartamos a los que florecieron bajo el influjo de los origenistas y su quehacer marcado por la visión católica del cristianismo-.
Hernández Novás parece haber sido un milagro de concreción poética al aunar en su desempeño, como bien señala Jorge Luis Arcos en el Prólogo, un amplio conocimiento de la literatura universal y el re-conocimiento de la expresión más cubana y criolla. Leer el volumen que nos presenta Casa…, es reparar en la originalidad de un poeta que siempre nos sorprende, lo mismo engendrando sonetos a la manera del buen Quevedo, que desafiándonos con palíndromos, llenos de más sentido que ingenio.
La Poesía Completa de este autor demuestra, sobre todo, que el poeta consiguió Ser en mayúscula, ser mucho más que su propia angustia existencial. Brillante creando imágenes, logró, como pocos, recrear una cosmogonía en la que madre, árbol, agua y mar, distienden el espectro de lo conocido (trascendiendo lo social sin evitarlo) y que alegorizan una dimensión irreductible al ámbito de lo cotidiano y las pautas del sentido común. De esta manera se le dio al poeta lo que muchos persiguen sin suerte: el conocimiento de una “verdadera otredad”, de una región acaso sólo semejante al “país de eterna bruma” de Julián del Casal o las islas fantásticas de Edgar Alan Poe. Con todo, no puede hablarse, en este caso, de un poeta escapista. El autor de “Embajador en el horizonte” comparte el doble juego de Dante, su alegoría está enraizada en la tierra firme a la vez que tiende sus puentes a la Idea en un estado de mayor pureza (recurso al que Auerbach llamara alegoría figural) y aunque nos haya repetido inicialmente que “capitán el es viento” la voluntad se instala en su oficio poético probando que todo iluminado debe empezar prendiendo por sí mismo las primeras chispas.
Su último libro publicado resulta esclarecedor en cuanto subraya algo aplicable a su propia encrucijada vital: “No recuperar un tiempo perdido, sino no haberlo perdido nunca”. Cuando habla del uso del palíndromo señala “no tiene fin ni principio, sólo un centro”. Es así como la desaparición física de Hernández Novás viene a ser anulación del tiempo, más que cobarde escapada, recordatorio de que como en el palíndromo, solo existe un centro al que confluyen comienzo y fin.
Su salto al otro lado, se nos presenta casi justificable por sus versos (“Atlas salta en callado cataclismo/ por sobre su miseria transitoria” (…) “Haciendo de su muerte nacimiento/ en viaje hacia sus fuentes, Atlas salta.”). Culpable de impaciencia, dechado de calidades, buscador del origen en el fin, Raúl Hernández Novás, como Atlas, cedió al Hércules de la posteridad –que somos hoy nosotros- la carga de un mundo antes llevado a sus espaldas: va siendo hora de que se la devolvamos en una íntima y amorosa visita al Horizonte inquieto de sus versos.
Fotografías:
1. Raúl Hernández Novás, tomado de delpalenqueypara.blogspot
2. Poesía Completa de Raúl Hernández Novás, tomado de www.granma.cubaweb.cu
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