
Otros, también incrédulos, imaginan que leer poesía no es emplear adecuadamente el tiempo en la lucha por la subsistencia de la especie.

Los menos, se burlan del que graba en versos los dolores de la vida y hasta llaman al oficio de poeta una tontería. Otros lo llaman a las juergas para que entone la lira, como si se tratara de un fósil en tiempos de la Internet.
Para los avezados en cuestiones del espíritu la poesía reconforta el yo, es un oasis en los desiertos del alma humana, la mejor de las medicinas. Sin la poesía el hombre es incapaz de apreciar la belleza. Es un lubricante para el enajenado.
Para el hombre que escribe versos, la poesía es salvación del yo, cura de los rencores, una gota de rocío sobre una puesta de sol desde una ventana en el campo.
No por gusto, los fundadores de ese misterio órfico dicen que mientras allá una mujer bella, una gloria que inmortalizar, un dolor que grabar y una ira que curar, la poesía no fenecerá.
Por eso recomiendo a todos acercarse a la poesía, del perfume que brota a su paso aprenderá que se vive mejor cuando apreciamos las cosas con un sentido lírico y las palabras nos sirven para reflejar las pasiones encendidas del corazón.
Amar a la especie humana en tiempos de crisis global es la mejor poesía que el hombre puede esculpir en versos, cuando todo parece estar programado por las máquinas y cada vez somos más insensibles ante el dolor de otros.
Amigo Arnoldo: Me gustan estas reflexiones, pero te recuerdo que la espiritualidad,
ResponderEliminarsin tener cubiertas otras necesidades (algunas perentorias) no tiene casi valor.-
Abrazos: Pepín
josefernandezcarames@yahoo.es