martes, 5 de junio de 2018

La verdad sobre Cimarronzuelo oriental


Eduard Encina durante la travesía por la verdadera Ruta Funeraria de José Martí (19 de mayo de 2016). Fot. A. Fdez.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com   

Muchas veces lo motivé a tener un blog, pero siempre decía que era algo menor, nadie leería eso, menos en Contramaestre, pues muy pocos tenían acceso a Internet. Me provocaba risa, porque sus palabras obedecían a un  profundo desconocimiento de la Blogosfera, del mismo Internet.

Al mostrarle el alcance de  Caracol de agua, sonreía con mirada de gallo. “Guajiro: ¿Cómo haces para llegarle a tanta gente? ¿Cuál es el secretillo?”, le respondía: “siendo creíble hermano; narrando la realidad en lenguaje que debes aprender, aunque seas un poeta concentrado, casi profesional”.

Muchas veces fue de los que cuestionó al Caracol en el Café de la ciudad; no entendía porque miles de personas estaban allí y hacían de mi blog un medio alternativo para estar cerca de Cuba, Contramaestre, Maffo, el mismo Baire.

Casi lo presioné  un día y le dije: “Compadre, ya es hora. Trae cuatro o cinco textillos que te voy a armar el blog”,  así fue todo, un sábado llegó temprano, sus palabras eran claras: “Guajiro, vamos a hacer la cosa”. Primero discutimos el nombre, quería ponerle “Analecta”, “Golpes bajos”, “El silencio de los peces”, peros mis argumentos fueron demoledores, mediáticamente la revista “Cuba Encuentro ha sido clara al llamarte cimarronzuelo apalencado en el oriente insular, ese es el nombre:  Cimarronzuelo y ponle el apellido Oriental”; así nació Cimarronzuelo.

Luego traía textos que no cumplían con la narrativa alternativa y nuestros debates eran intensos. Recuerdo ofrecí un ciclo de talleres sobre “escritura creativa para la blogosfera y las redes sociales”, él  fue uno de los animadores principales y alumno aventajado. El ejercicio final fue la lectura de tres post con todas las características aprendidas en el ciclo. Aprobaron muy pocos.

Con la actualización de Cimarronzuelo oriental y el activismo en Facebook, me tocó por años darle una mano. Lo hacía desde mi casa y en mi trabajo. Incluso acordamos programar la actualización de las entradas del blog semanalmente. En lo personal, debía hacer activismo con ellas a partir de las publicaciones.

Siempre miró al Caracol de agua como el blog a seguir, por eso habló del mismo en la mesa redonda; en todas las asambleas de balance de la Asociación Hermanos Saíz;  e incluso me entregó una estatuilla realizada por el artesano Daniel Faxas, donde congelaba en madera  un  cucharón sirviendo un libro y un guajiro sentado sobre el mismo en posición de pensador. Así me veía como bloguero.

Entre marzo y junio de 2017 nuestras diferencias fueron profundas, es la verdad; iba camino a convertirse en un "dictadorcillo de la cultura local", -yo lo veía así- y nuestros debates eran muy fuertes; se lo dije abiertamente, incluso fundamenté mis razones. Casi surgió un abismo entre nosotros, que algunos aprovecharon para hacerlo más grande. Entonces un día  cambió la contraseña del Cimarronzuelo y de Facebook  y con su enfermedad me enteré que las había puesto en otras manos.

Escribo la verdad, porque de alguna manera somos parte de la historia del periodismo alternativo en Contramaestre y hay que dejar las cosas en su lugar, para cuando venga el tribunal del futuro a juzgar las cosas.

Hoy pretenden glorificar al Cimarronzuelo oriental, convertirlo en algo que ni el mismo Eduard pudo alcanzar; -nunca llegó a las diez mil visitas  en más de cuatro años-; porque siempre estuvo lejos de Internet, era demasiado analógico; pero lo más importante, él sabía esa limitación y quiso superarla,  sus últimos post publicados lo confirman con creces.

Si alguien me preguntara: ¿qué hacer con el Cimarronzuelo oriental? En mi condición de mecenas intelectual y material del mismo y principal benefactor de sus publicaciones por más de  cuatro años, respondería: “Ponerlo en manos de sus hijos; tienen la sanidad del amor y nunca dejarán apagar la memoria del PADRE. Es un derecho que nadie puede negarles”.

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