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miércoles, 16 de abril de 2014

Cuba: Memorias y derrumbes*

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu

Al terminar  este libro* me queda la resaca de haber comprendido vacíos que el discurso historiográfico no ha sido capaz de saldar para las generaciones futuras de cubanos. El llevado y traído dilema del compromiso siempre ha estado sobre la mesa. ¿O estás conmigo? ¿O en el otro bando?, son interrogantes necesarias en la vida de todo escritor, sea cubano o de cualquier parte del mundo. No puede pensarse la Cuba actual, si no se expresa con nitidez una ideología política afín al proceso vivido en los últimos 50 años.  Para comprenderla nada mejor entonces que seguir  el derrotero de una de las tesis en la que siempre he creído: literaturizar es un modo de salvar memorias, derrumbes y poner cada cosa en su justo lugar.  

El socialismo ha sido una hermosa utopía conformada con retazos de pasado y sueños, pero las formas de concretarlo no han dejado de ser pesadillas donde reinan las bajezas humanas. La historia escrita por “abogados de oficio”, comprometidos con una visión parcializada del fenómeno, ha estado plagada de triunfalismos y un eslogan tremendo: “EL SOCIALISMO ES IRREVERSIBLE”. Así creció cada persona de la Europa Oriental, así creció cada cubano después de 1960, así crecí yo. Los rusos aparecían siempre como nuestros salvadores. ¿Acaso lo fueron?  Al colapsar el Campo Socialista y la Unión Soviética muchos salimos de aquel letargo en el que permanecimos por años, aunque a ciencia cierta, nos resultaba difícil aceptar el fin de una utopía donde el hombre, supuestamente, había alcanzado sus sueños y creaba las bases para una sociedad nueva. Importante resulta conocer que desde Cuba, intelectuales honestos, ansiosos de una obra duradera, acudieron a la literatura para canalizar reflexiones sobre el devenir de la utopía y señalar  lunares. 

Así encontramos a un Virgilio Piñera que tempranamente advierte, en Presiones y diamantes (1967), sobre la díada: presionados y presionadores,  tan cara a él en las primeras décadas de revolución socialista. Pero también coloca ojos al lector para comprender el dilema individualidad versus masas, y retrata, a estas últimas, poseídas por un efecto zombi que limita el ejercicio de las potencialidades creativas. Piñera construye una variante de escapismo ante la contaminación del pensar: congelar cuerpo y alma ante las desilusiones.  Pero no queda en el desencanto solamente, enfrentarlo también es necesario, para ello se auxilia de un símbolo de la tradición hispana, el Quijote, y lo dota de nuevos contenidos ante el citado efecto…; solamente él tiene la lucidez necesaria para derribarlo, construir donde todo parece estéril.  Piñera muere rodeado de incomunicación, o mejor, completamente aislado,  ello explica el largo silencio en que permaneció su inmensa obra literaria, que fuera considerada, en algún momento, “perniciosa para los jóvenes”(1); y políticamente incorrecta”.(2) Esa cortina de humo no logró sepultarlo como un muerto más, él confiaba en que su literatura lo trascendería, y así sucedió, como el Jesuita que siempre fue, reapareció en mucha gente que sigue sus dictados, conscientes del precio de tener cabeza propia y disentir sabia o irreverentemente cuando hay que hacerlo. El Virgilio de La isla en peso sirve hoy como metáfora a una sociedad necesitada de la irreverencia lúcida, para escoger sabiamente una opción de futuro y construirla entre todos, sin acudir a fórmulas degradantes del ser humano. 

Otro tanto hace Joel James, pero desde un ensayo cuestionador: Vergüenza contra dinero.   Aquí la irreverencia lúcida apunta desvíos, equívocos, propone alternativas, pero sólo es escuchado  por una minoría ilustrada sin espacios suficientes para erguirse y dialogar de igual a igual con los protagonistas de los “desvaríos criticados”. Casi fue juzgado por iconoclasta, o mejor, excluido. Desde su irreverencia, encarna también un nuevo Quijote, y carga sobre los tropiezos del socialismo, juzga sin temor, allí donde hay que hacerlo. Tal parece que la metáfora del ser paranoico, envuelto en fantasías caballerescas, reencarna una y otra vez en los escritores cubanos que creen en la literatura como forma de influir sobre la sociedad y mejorarla. El ejercicio del pensar arriesga el rostro y ejerce de juez. James murió sin renunciar a las ideas escritas en aquel memorable ensayo que hoy está en todas las librerías de Cuba, y la miseria crítica que padecemos, no lo ha visto, o no ha querido hacerlo, para orientar a los lectores y dotarlos de empeños morales para asumir el desafío de rearticular una sociedad, donde tenga espacio el sujeto opinante, comprometido con un futuro mejor. 

No puedo evitar unas líneas al Caliban construido sabiamente por Roberto Fernández Retamar, sobre todo el hecho de nombrar ingredientes necesarios para el socialismo, entre los que menciona la necesidad de integrar pensamiento y dirección como recursos estratégicos para conducir la nación hacia una sociedad más lograda en sus fundamentos éticos. La necesidad también de asumir fechas y nombres gloriosos, que salven la memoria y permitan recorrer caminos acertados para no dar margen a desviaciones lamentables. Incluso llega a posponer la escritura crítica, pues si esta pone en peligro la vitalidad del socialismo, no puede hacerse mientras seamos un costado del mundo, en abierta guerra cultural con los imperios, sobre todo el estadounidense, parece decirnos, pues todo lo que siembra división, siempre será usado para derrumbar lo que tanto costó levantar. 
 
Novelas densas sobre la historia universal requieren oficio para no hacerlas aburridas. Rodeada de un hálito misterioso llegó a mí El hombre que amaba los perros (2010) (primera edición cubana), de Leonardo Padura. Se vendió de manera silenciosa, casi clandestina, a los escritores y a algún que otro miembro de algunos sectores intelectuales “preparados para su lectura”. Una buena amiga la hizo llegar y me fui a la finca de mis ancestros para leerla alejado de la civilización. Al concluir su lectura no pude evitar escribir lo que sigue: “Libro generoso, imposible borrar de la memoria. Las historias narradas generan, sobre todas las cosas, desilusión con uno mismo, compasión hacia todos los que apostamos al milagro y nunca llegó; pero también miedo por nunca atrevernos a intentar ser uno en la uniformidad”. (Junio, 14, 2011). Al hacer el citado apunte, recordé que en fecha similar había nacido Ernesto Guevara de la Serna (Che), el hombre que encarnó la voluntad quijotesca de redimir a América Latina y provocar la revolución continental del socialismo. No pude obviar el recuerdo de sus últimos días, sin apoyo, aislado, acompañado por el sueño emancipador de un mundo mejor, pero con la certeza de que no debía ser como el de la  Unión  Soviética. De estar vivo, contaría a Padura entre los novelistas más interesantes de los últimos años en Cuba.  Consideraría necesario El hombre que amaba los perros, lo tendría como libro de cabecera para un revolucionario crítico de estos tiempos, e invitaría a formar círculos de lectores, haría preguntas como las que tuvimos que hacerle a los personajes de la novela, sobre aspectos grotescos de la caricatura de socialismo que legaron a la humanidad, bañado de pesadillas y sangre en su órbita errante por el siglo XX.  

Abel Prieto, imbuido por su relación con el humor político para comprender los desaciertos del socialismo de Europa Oriental, escribe una novela que tiene a un pinareño como protagonista. Viajes de Miguel Luna (2011) es su título. –el autor también es pinareño-. El perfil del personaje principal permite comprender que se trata de un escritor frustrado, debatiéndose entre el ser o el no ser, entre el hecho de vivir literariamente la vida, o apartarse y ser un número más en medio de la uniformidad. Prieto se encarga de hacer casi repulsivo el personaje, pues está cargado de defectos que lo hacen intolerable para los demás,  pero se aprovecha de eso para mostrar el universo de relaciones que giran en torno al mismo, donde no faltan oportunistas, mediocres, falsos dirigentes, envidiosos, delatores, políticas erradas para involucrar a un ser humano en una institución cultural, en fin, las mezquindades generados por el socialismo a su paso por el terreno cultural y hasta social.  El hecho de valerse de una metáfora geográfica como Mulgavia, para volcar sus reflexiones sobre las desviaciones de la gran utopía del siglo XX, tiene también su mérito, pues revela lo que Virgilio Piñera había advertido tempranamente en Presiones y diamantes: el efecto zombi que todo lo hace homogéneo, empacado y no da margen alguno a la diferencia, a la creación, y niega el ejercicio de la individualidad en medio de la uniformidad. Una obra así, de ser escrita en el llamado quinquenio gris (década de los 70, siglo XX), hubiera generado la expulsión del reino de las letras; hoy su autor se contaría entre los marginados de esos años, pero gracias a los cambios morales producidos en el pensamiento político de la revolución,  poco a poco va ganando terreno la necesidad de volcarse sobre los problemas generados por el socialismo y dinamitar sus zonas podridas para poder sembrar, donde antes hubo miedos y uniformidades. 

Eliades Acosta acude al ensayo y escribe Siglo XX: intelectuales militantes (2007), en el que realiza un interesante balance de las ganancias y pérdidas del socialismo a su paso por Europa, Asia y América Latina. Llama a Stalin, torpe y de una cortedad política que no le permite comprender la crítica como soporte moral para afianzar lo construido.  Queda claro, al menos para mí, al escribir sobre este libro,  que procesos totalitarios, -el nazismo y el estalinismo-, se rodearon física y espiritualmente de hombres inteligentes para fundamentar sus proyectos,  y descabezar a los que se opusieran a sus ambiciones. Todo ello ayudó a su derrota, y a sembrar el temor al brote de  procesos como los señalados. Felizmente, la dirección política de Cuba tuvo claridad sobre esos desaciertos, y proyectó una serie de rectificaciones para reorientar el navío socialista en medio de la tormenta de credibilidad en que se vio envuelto. En todo ese proceso de búsquedas y rectificaciones llega la crisis de los 90, y hubo que obviar la estrategia y centrarse en la sobrevivencia de la revolución, la mayoría de las rectificaciones tuvieron que hacerse a un lado;  Acosta Matos, con aguda inteligencia parece sugerir esa lectura, aunque no la plantea formalmente. Acude a un símbolo, construido por occidente, para explicar  el resurgimiento del socialismo en Venezuela con la llamada Revolución Bolivariana: Prometeo, el titán que roba el fuego a los dioses del Olimpo y lo dona a los hombres para que prosperen y se multipliquen. Es un momento, nos dice, donde la intelectualidad comprometida se unió, e inició nuevas búsquedas para construir lo que comenzó a llamarse socialismo del siglo XXI; todavía indefinido en términos conceptuales, aunque quiere borrar de la memoria histórica el experimento fallido del XX, y proyectar la nueva utopía - no deja de ser la misma de antes-, sobre sólidas bases humanistas, donde el hombre sea el centro de todos los poderes públicos.  El liderazgo de Chávez parece ser el camino, aunque no puedo evitar volver a Martí,  cuando alertó sobre el rol del caudillo populista en los procesos políticos; al faltar –advierte el Maestro-, los pueblos no acostumbrados al ejercicio de la democracia son invadidos por una anarquía incontrolable, necesaria para los oportunistas de siete suelas, impelidos a acudir al instrumento represivo de los ejércitos, y restablecer a sangre y fuego sus privilegios, untados con los aceites de la inteligencia negadora de otras posibilidades. No olvidar tampoco que el socialismo tiene una casta de funcionarios ligados por intereses afines y necesitados de mantenerse en posiciones privilegiadas de poder y prestigio;  ineludible resulta saber que la última palabra, sobre la continuidad del proceso,  por las vías tradicionales, o de nuevo tipo, la tienen ellos. ¿Qué ha sucedido hasta ahora en los países socialistas cuando ha faltado el líder?  ¿El hombre masa ha tenido lucidez para enfrentar a la casta de funcionarios y derrotarlos? Los que recibieron la antorcha socialista, en el siglo XXI, tienen la última palabra.  

Para el final he dejado a la poesía, no porque sea un arte menor, ni por pura casualidad, sino porque los jóvenes cubanos –actuales protagonistas del torrente histórico-  acuden a su templo para interrogar pasado,  presente y futuro, del mundo que les ha tocado vivir. Así encontramos la obra del cimarronzuelo oriental, Eduard Encina (3), que  lega a sus contemporáneos la concienciación de los límites para sobrevivir y encontrarse en la muchedumbre con una identidad propia; tiende puentes para alcanzarla, aunque constantemente asechen las “vilezas del sistema” que le ha tocado vivir,  e inhabilitan para conquistar lo imposible. Las trompetas del juicio final anuncian que la historia se ha vuelto piedra, que el temor está en el sujeto, cercado por las orillas tendidas en torno suyo y de las que no logra liberarse. Espiritualmente se sabe de cualquier parte, pero el cuerpo permanece atado a la isla, a los dolores que todo inmovilismo genera.  Encina propone la realización individual desde la resistencia, es una de las formas negadoras de la terrible uniformidad del hombre masa acodado en cada esquina de los tiempos. Su repertorio lírico es amplio testimonio de los codazos de la historia, de los empujones por llegar primero y olvidar al otro, de los retorcijones de orejas de nuestros padres por pensar con cabeza propia  y negar lo inservible, de tener ojos para dinamitar lo podrido y sembrar donde todo parece perdido. 

Oscar Cruz (4), también desde oriente,  parece enfocarse en la construcción de una nueva “cabeza negadora”,  o mejor, es el poeta de las recetas y las fórmulas fáciles para el lector contemporáneo, pudieran argumentar las viejas promociones de la poesía cubana, ancladas en la llamada “calidad literaria”, que niega lo diferente, funcione o no, y hasta lo demonizan si no responde a sus dictados estéticos.  Pero no es tan así, pues Cruz, desde el presente que le ha correspondido vivir, se alza  contra las imposiciones promocionales e instaura un reino lírico, seguido por muchos jóvenes, para testimoniar los tiempos que corren. No le asisten temores, ni espíritus de aldea, sencillamente se alimenta de las circunstancias que circundan al sujeto y desde ellas nombra donde nadie se atreve a corporeizar la nación. Le interesa vehicular el imaginario de un país traumatizado en sus cimientos morales, por un régimen de errático recorrido en el siglo XX; usar la “poesía” como árbitro de ese itinerario. Por esa razón lo sagrado es bajado de los pedestales que no significan nada para ese “hombre masa” bajo el efecto zombi explicado en estas páginas, y las razones del poema son encontradas en miradas iconoclastas, antirretóricas, y yo diría que hasta provocadoras, pues logran captar lo mediato del tiempo vivido, en una especie de crónica anticipada de lo histórico, y congela todo lo que la memoria olvida, o sencillamente, otros géneros literarios tardan en visualizar.

Límites y circunstancias me ha servido, y creo servirá al lector cubano y universal,  para hacer una cartografía literaria del socialismo; seguir sus extravíos a través de las subjetividades, aquí analizadas, y comprender, sobre todas las cosas, que no ha pasado del cuestionamiento a los problemas del capitalismo, y se ha enlodado en otros, de los que no logra desembarazarse, a pesar de los tiempos. No obstante, la utopía de un mundo mejor sigue esperando en el Tercer Milenio para hacernos con ella y liberar al hombre de cualquier esclavitud que ate sus energías creativas.

Notas
1.  Espinosa, Carlos: Virgilio Piñera en persona, p.332.
2.  Espinosa, Carlos: Obra citada, p. 349.
3. Ver sus libros: De Ángel y Perverso. Ediciones Santiago. Santiago de Cuba, 2000, El perdón del agua, Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2003, El silencio de los peces, Editora Abril, La Habana, 2003, Golpes Bajos, Editora Abril, La Habana, 2004  y Lectura de patmos, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2011.
5. Ver sus textos: Pájaros de Manduley, en La Noria, No. 3, Santiago de Cuba, 2011, p.14; La maestranza, en La Noria, No. 3, Santiago de Cuba, 2011, p.13; La plomada, en La Noria, No. 4, Santiago de Cuba, 2012, p.30; y el libro Balada del buen muñeco, Colección Sureditores, La Habana, 2013

Bibliografía
ACOSTA MATOS, ELIADES (2007). Siglo XX: intelectuales militantes, Editora Abril, La Habana.
MARTÍ, JOSÉ (1964): Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos, Tomo 19, Editorial Nacional de Cuba, La Habana
PADURA, LEONARDO (2010). El hombre que amaba los perros, Ediciones Unión, La Habana.
PRIETO, ABEL (2011). Viajes de Miguel Luna, Editorial Letras Cubanas, La Habana
PIÑERA, VIRGILIO (2011). Presiones y diamantes, Ediciones Unión, La Habana.
JAMES, JOEL (2012). Vergüenza contra dinero, Ediciones Santiago, Cuba.

*Pertenece a mi libro de ensayos inédito: Límites y circunstancias, Cuba, 2012-2013.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Confesión alumbradora en vísperas de la muerte

Por Arnoldo Fernández Verdecia arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Un 18 de mayo de 1895 José Martí comienza la histórica carta al mexicano Manuel Mercado, escrita en Dos Ríos, lugar del municipio Jiguaní, actual provincia Granma. Se trata de un texto estremecedor, que ha recibido innumerables valoraciones en su estudio. Sobre el tratamiento de esta zona de la biografía martiana propongo desarrollar un nuevo acercamiento.

En la obra martiana la carta inconclusa a Manuel Mercado tiene valor testimonial, si nos guiamos por el criterio de amistad que lo unió a Martí durante veinte años, en su mayor parte alimentados por la correspondencia, Mercado puede considerarse un “caso paradigmático”(1) entre los destinatarios que tuvo José Martí.

¿Qué criterios han prevalecido en su análisis?

En los estudios de la carta inconclusa, los elementos de convergencia entre cada uno de los autores son: ubicarla como el testamento político de José Martí; sobresalen en el mismo Gonzalo de Quesada, Carlos Rafael Rodríguez, Ibrahín Hidalgo, Cintio Vitier y Luis Toledo Sande.(2)

Otro de los criterios compartidos es el que remite al escrito como la máxima expresión de sus confesiones ideológicas; en torno a éste se agrupan: Julio Le Riverend, Fina García, Jorge Ibarra, Salvador Morales y Mercedes Santos Moray.(3)

La otra posición, lo concibe como la mejor explicación de su estrategia política, en este orden se destacan: Jorge Mañach, Juan Marinello, Ángel Augier, Armando Hart, Roberto Fernández Retamar y Antonio Núñez Jiménez.(4)

¿En qué se basan uno u otro autor para ubicarla de la forma en lo hacen, en cada caso?

El considerarla testamento político tiene un sentido metafórico, pues no remite al sentido que porta el acto de testar, alude más bien a la forma en que se ha recepcionado el texto luego de su muerte, pues muchas de las claves políticas de su ideario se encuentran implícitas en sus líneas.

Lo anterior corrobora puntos centrales que en escritos anteriores había concebido: el lugar de la independencia de Cuba en América, su logro mediato como condición estratégica para salvar el decoro de las repúblicas latinoamericanas ante el formidable vecino yanqui; y la forma viable de gobierno que debe tener la guerra de los cubanos para lograr tales fines.

El hecho de que sea un referente habitual su uso no demerita su funcionalidad durante la Revolución Cubana, pues se ha convertido en un símbolo de condensación histórica que funciona coherentemente en las redes sociales institucionalizadas, a través de las cuales transcurre el flujo comunicativo de las instancias intelectuales, encargadas de instrumentalizar una determinada selección de la obra de Martí; no interesa si en verdad testó o no, lo que interesa es la forma en que ha sido acomodado el modo de referirse al mismo circunstancialmente.

Los autores seleccionados responden a un compromiso de orden moral con los sentidos éticos que le confirió la Revolución a este documento, de ahí que nos parezca importante plantear que todos producen su criterio, desde lo que llamamos intelectualidad orgánica encargada de fundamentar el Martí antimperialista que necesita Cuba, dada las circunstancias que vive, como único país socialista en el “Continente Americano”.

Los autores que la ubican como la máxima expresión de sus confesiones ideológicas, lo hacen más bien urgidos por la necesidad de darle algunas aclaraciones a la actuación antimperialista de Martí en el “Continente Americano”, pues en textos anteriores no lo había hecho de la forma tan clara, como lo dijo a Mercado en el inconcluso escrito: evitar a tiempo con la independencia de Cuba la expansión territorial y económica del naciente imperialismo yanqui.

De hecho, la forma en que está redactado nos asoma al sentido confesional en que se lo escribe a su paradigmático amigo político, acostumbrado a intercambiar ideas de esta índole con Martí a través de la correspondencia. La funcionalidad del sentido confesional otorgado al mismo por éstos estudiosos, debe explicarse a partir de la inexistencia de una estrategia política de enfrentamiento al imperialismo yanqui en la obra de Martí, de forma articulada y coherente, para guiar el proceso independentista en el que se vieron inmersos los cubanos.

El resto de los autores que la enmarcan como la mejor explicación de su estrategia política, tiene puntos coincidentes con los que le otorgan el sentido confesional, pero más bien lo que pretenden es resaltar los propósitos martianos esbozados en el Manifiesto de Montecristi, que de manera ejemplar aparecen en esta misiva, pues asume la guerra de Cuba como una guerra de independencia americana, en la que no puede haber demoras, pues dado su carácter de observador y analista, sabe lo que se desencadenará en lo que llama "Norte revuelto y brutal que nos desprecia".

Estas son las razones que llevan a los mencionados estudiosos, a darle un sentido estratégico a las ideas del texto, dada la dimensión del hecho americano que vive Martí, que se aviene perfectamente con los sentidos latinoamericanistas que ha cobrado la Revolución en el “Continente Americano” en los momentos actuales; y el lugar que ocupa este eje, en las relaciones internacionales del Gobierno Cubano.

Las tres formas de referirse al documento inconcluso de José Martí a Manuel Mercado, obligan a una síntesis final, en la que modestamente expresamos nuestro criterio, a partir de la tradición historiográfica que ha predominado al estudiarlo.

Lo cierto es que no es un testamento en el sentido histórico del término, por todos los argumentos explicados hasta aquí, por tanto se trata de una metáfora de gran alcance heurístico, dada la polisemia de significados que irradia. El sentido confesional es el que funciona con más coherencia y el que se adapta contextualmente a las ideas del texto. El de la mejor explicación de su estrategia política es absoluto, pues el Manifiesto de Montecristi lo hace con mayor certeza, si tomamos como centro el sentido aludido.

Finalmente, la carta inconclusa a Manuel Mercado debe asumirse como una confesión alumbradora de su pensamiento político y su quehacer escritural, una obra de indudable valor intimista para todo el que pretenda acercarse al estudio de la obra de José Martí desde cualquier latitud geográfica.

Notas
1. Esta forma de clasificar el conjunto de cartas cruzadas entre Martí y Manuel Mercado es lo que Daisy Cue denomina, caso paradigmático, en el prólogo a: José Martí. Visión Íntima. P. 6

2. Sugerimos consultar en torno a este primer elemento de convergencia en torno a la identificación del texto como testamento político de José Martí, los libros de: Gonzalo de Quesada. Martí Hombre. P. 252, Carlos Rafael Rodríguez. Letra con filo. Tomo 3. P. 213, de Ibrahín Hidalgo. Cronología 1853 - 1895. P. 113, de Cintio Vitier. Ese Sol del Mundo Moral. P. 73 y el de Luis Toledo Sande. Cesto de Llamas. P. 307.

3. Sugerimos consultar en torno a este segundo elemento analógico en la forma de referirse al texto, al concebirlo como máxima expresión de sus confesiones ideológicas los libros: Julio Le Riverend. Pensamiento y acción de José Martí. P. 116, de Jorge Ibarra. Ideología Mambisa. P. 187, de Fina García Marruz. Textos antimperialistas de José Martí. P. 73, de Salvador Morales. Ideología y lucha revolucionarias en José Martí. p. 13 y de Mercedes Santos Moray. Martí, amigo y compañero. P. 166-167

4. En torno a esta segunda forma analógica de referirse al texto sugerimos ver los libros de: Jorge Mañach. Martí el Apóstol. P. 237, de Juan Marinello. El Partido Revolucionario Cubano, creación ejemplar de José Martí, en Siete enfoques marxistas sobre José Martí p. 147; de Ángel Augier. Acción y poesía en José Martí. p. 162, de Armando Hart. Discurso en Dos Ríos, 19 de mayo de 1975, en Siete enfoques marxistas sobre José Martí p. 118, de Roberto Fernández Retamar. Introducción a José Martí. P. 33 y de Antonio Núñez Jiménez. Mi Patria es América Latina. P.206.

Fotografía del Héroe Nacional de Cuba José Martí Pérez.

lunes, 31 de agosto de 2009

Más allá del cultismo

 
El cierre es apresurado y más bien parece una mirada fotográfica a la reorganización de la izquierda desde la intelectualidad progresista continental y universal.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

“Siglo XX: intelectuales militantes”, de Eliades Acosta Matos, es curioso dentro de la producción literaria de los últimos años en Cuba.  Muchos pensarán en la implicación del autor con la Revolución de 1959, por las funciones que ha ejercido, como intelectual orgánico, en diferentes momentos de su vida, hecho que pudiera limitar su alcance, pero, en la mayoría de sus páginas,  va más allá del cultismo inútil.

Primeramente, destacar los valores históricos presentes en el análisis, pues se adentra en elementos que llevaron al mundo a dos guerras  devastadoras (1914-1918) (1939-1945) y la posición, en esos procesos, de la intelectualidad mundial, principalmente los escritores, tanto de izquierda como de derecha.

Destaca, sobre todo en el período entreguerras (1919-1938), como figuras de la talla de Hitler y Musolini, se rodearon física y espiritualmente de  pensadores que legitimaron sus proyectos sociales, entre los que se encuentran: Oswald Spengler, Carl Schmitt, Martin Heidegger y Ernest Junger, entre muchos otros.

Presenta la respuesta de intelectuales de honor a teorías que fundamentaron el “espacio vital”, y la sed de revanchismo de Alemania e Italia en el escenario imperialista de esos años. Sobresalen, en este sentido, escritores como Paul Valéry, Baudelaire, Rimbaud, Verlaine y Mallarmé. 

La ocasión sirve, a Acosta Matos, para valorar la posición de los escritores del mundo con la Revolución de Octubre, momento lúcido, pues se apoya en referencias a protagonistas del hecho, para mostrar cómo se percibía el fenómeno dentro de la Rusia Soviética y fuera de ella. Los grandes debates que se originaron en torno al proceso que se construía allí, las desviaciones ocurridas, la justeza que lo caracterizó, en fin, el tejido de interpretaciones que generó el socialismo como opción, y la necesidad de tomar partido por el país de los soviets  en medio de las contradicciones imperialistas que conducían a una nueva guerra.

El texto señala los malabares de la potencias imperialistas en circunstancias críticas, “el peligro comunista que se cernía sobre el orbe”, en particular Europa,  y cómo Francia e Inglaterra se hacen cómplices del monstruo, incubado por Hitler, en Alemania, con la esperanza de lanzarlo contra la Unión Soviética, juego que sale caro,  pues al final se volvió contra ellas y le causó dolorosas heridas.

Desfilan por las páginas de “Siglo XX: intelectuales militantes”, personajes inmensos de la política como Chamberlain, Wilson, Churchil, Petain, Lenin, Stalin; las posiciones claves que desempeñaron en el destino de la humanidad, unos con visiones imperiales, otros con enfoques alternativos, que no dejaron de ser  en la realidad imperiales tampoco.

Vísperas de la Segunda Guerra Mundial, varios intelectuales del planeta decidieron reunirse en 1935 y 1936, intentando ponerse de acuerdo por encima de credos religiosos, posiciones políticas y otras diferencias, para enfrentar desde el arte y la literatura, el proceso de ascenso del fascismo. Las naciones donde se produjeron los encuentros fueron Francia e Inglaterra respectivamente. Acosta Matos analiza con profundidad, y un significativo número de referencias, los debates y acuerdos de ambas citas. Por las páginas de esta obra desfilan intervenciones de Andre Gide, Henri Barbuse, Breton, Malraux, Roiman Rollang, Sinclair Lewis, Thomas Mann, B. Brecht, I. Ehrenburg, entre muchos otros.

Reflexiona sobre el acercamiento al marxismo que se produjo en esos años, en algunos casos como moda intelectual, y en otros, como partido consciente. Algunas conclusiones son medulares:

“Lástima que la torpeza y cortedad política de Stalin frustrasen el prometedor proceso iniciado en París. Faltó cultura y visión estratégica  para comprender que la unidad entre las vanguardias artísticas y políticas  del momento, que en 1935 se avizoraba  a las puertas, hubiese podido cambiar la marcha de la historia”. (2)

La ocasión sirve para presentarnos las apatías que caracterizaron a gran parte de la intelectualidad del momento, encerrada en una torre de marfil, al  preferir apostar a la obra por la obra, y considerar que el intelectual no debe implicarse  en asuntos políticos, ignorando que son líderes de opinión que pueden guiar, en momentos de oscuridad, hacia la racionalidad  y  la justicia.

Acosta aprovecha para desnudar el sistema totalitario nazi vinculado a la cultura, hecho que maneja de forma inteligente, por las lecturas entre líneas que sugiere. Lo hace a través de documentos de la autoría de los propios nazis, relacionados con la función de la prensa, el tipo de arte y literatura que necesita el pueblo, el papel del intelectual en la sociedad, cuáles son los libros buenos y los malos, el escritor como apologista del sistema, entre otros elementos interesantes para el lector contemporáneo.

La posición de la intelectualidad con la república española es otro de los tópicos desarrollados en el texto,  sobre todo el Segundo Congreso Internacional de escritores en defensa de la cultura, acontecimiento bien documentado, que muestra los fundamentos de autores de Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Cuba, y la propia España, en relación con el ascenso del fascismo, incluso algunos de los delegados regresaron del Frente de combate para participar en las secciones del evento. Nunca antes se debatió con tanta fuerza el problema del compromiso del escritor, el tipo de literatura que hacía falta y cómo utilizar las ideas para ayudar al proceso republicano español.

El Macartismo en los Estados Unidos, década de 1960, la aparición en las filas intelectuales de un movimiento neoconservador, retrógrado en sus proyecciones y accionar, matizaron este período, bautizado a partir de entonces como Guerra Fría,  y tendrá como características fundamentales el enfrentamiento antagónico entre dos sistemas: el socialista y el capitalista. Los intelectuales durante todo ese tiempo, que llega hasta los inicios de la década de 1990,  se agruparon en diversos bandos, según sus filiaciones políticas e intereses.  Algunos sucesos matizaron los debates intelectuales, de ese período, como el triunfo de la Revolución Cubana y la guerra de Viet Nam. En cada uno de ellos, la intelectualidad mundial de izquierda tomó partido a favor de aquellos procesos históricos. En ese contexto brillaron figuras como Lisandro Otero, Pablo Armando Fernández y Fernández Retamar.

El libro culmina con un capítulo singular, por su valor documental, aunque poco literario en su creación: “Resurrección  de Prometeo”,  en abierta alusión al proceso revolucionario que libra Venezuela y su líder Hugo Chávez, así como el encuentro de intelectuales desarrollado en Caracas, devenido continuación de los acontecimientos precedentes en los que participó la intelectualidad progresista del siglo XX.  Poco literario afirmo,  por la alta dosis de documentos, citas, y  una limitada introducción analítica a las mismas. El cierre es apresurado y más bien parece una mirada fotográfica a la reorganización de la izquierda desde la intelectualidad progresista continental y universal.

“Siglo XX: intelectuales militantes” permite comprender el inmenso papel de los intelectuales en las luchas de la humanidad por un mundo de paz y justicia, más allá del panfleto y el cultismo yermo, aunque al final la energía impregnada a su contenido desfallece, y termina sin hacer gala de eso que se llama imaginación para hacer  más literario un libro.  

Notas
1. Publicado originalmente en  el portal  Página Digital, http://www.paginadigital.com.ar/ARTICULOS/2009/2009prim/literatura9/cuba-02092009.asp?example=http://www.paginadigital.com.ar/cursos.asp , Argentina,
Agosto 16, 2010
2. ACOSTA MATOS, ELIADES (2007). Siglo XX: intelectuales militantes, Editora Abril, La Habana, p. 138.


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