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miércoles, 4 de abril de 2018

Por qué el cubano afirma que “Ser profesor es peor que morirse”

Así eramos entonces...
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Antes un profesor era alguien venerado, inspiraba respeto por sus conocimientos, su ejemplo de conducta en la escuela, el barrio, en la sociedad;  decir profesor, maestro, era algo inmenso. No todos podían serlo, había que tener sobre todas las cosas vocación, sino la había, entonces era mejor dedicarse a otra cosa. Al llegar los exámenes uno debía estudiar de verdad, por los libros básicos y los complementarios, el que se conformaba con los primeros, era considerado un alumno mediocre, de poco vuelo. Mis profesores me enseñaron que había que estudiar más allá de lo imprescindible, no querían cotorras repetidoras de contenidos excesivamente dogmatizados, aspiraban a formar alumnos creadores, capaces de valorar las cosas e incluso  atreverse a formular ideas, conceptos, análisis profundos. Lo que más feliz nos hacía era sorprender al profesor con un libro de los que el no había orientado, disfrutábamos  de su maestría al convertirse en alumno ante nuestra sabiduría;  podía decirse que eran clases donde se formaban hombres y mujeres de ideas, capaces de tener una cosmovisión propia, comunicarla en lo social y defenderla en una conducta transformadora.  Eran los años 1989-1995, parecía que el mundo imaginado se venía abajo y en verdad era así, siempre creímos que Rumanía, Hungría, Polonia, Alemania oriental, los llamados países del Campo Socialista, eran algo intocable, perfecto, lo que sucedía en ellos, era ejemplo para el resto de la humanidad.  Con la caída del Muro de Berlín, como un castillo de naipes, muchas cosas se vinieron abajo, entonces comprendimos que  en aquellas sociedades había imperfecciones, caminos oscuros, vimos el fusilamiento del matrimonio de los líderes rumanos, la distancia enorme que habían sembrado en su relación con el pueblo, la carestía de la vida;  vimos una Alemania oriental que Honecker se empeñó en defender, pero que en verdad dependía completamente de la Unión Soviética;  vimos a una Polonia que cambió así, sin darnos mucha cuenta, la Unión Soviética mudó de sistema como de ropa. Todo aquel imaginario de un socialismo irreversible, se volvió tan real, que empezaron los teóricos a llamarlo así en la historiografía, “socialismo real”. No olvido aquellos debates ingenuos, donde nos empeñábamos en ubicar a los países en una Formación Económico Social determinada; sino habían pasado por ellas, era señal de estancamiento. Qué ingenuo éramos entonces. Pero en ese escenario, profesores lúcidos nos enseñaron a estudiar a Cuba por las obras maestras de la historiografía, a las personalidades por su obra  activa; a los procesos, a partir de análisis historiográficos concretos; pobre de los que sólo leían un librillo, el 3 de  los  5 posible en la evaluación no había quien se lo quitara.  En las cuestiones del pensamiento social, íbamos a las escuelas, a los principales representantes, se nos inculcó un pensamiento crítico, a dudar de todo, antes de convertirlo en un tipo de forma de la conciencia social. Graduarse con título de oro era algo enorme, pues te señalaba como una persona con capacidades intelectuales sobresalientes y había profesores que hacían escuela  atrayendo a alumnos así, para orientarlos al futuro, darle cauces de luz. Por eso recuerdo a Israel Escalona Chadez, el que me enseñó a leer a José Martí, desde sus obras, a ampliar mis horizontes en esa materia a partir de la consulta de bibliografía pasiva; el que nos ponía a desarrollar disertaciones que nos volvían maceístas o martianos. Eran torneos muy sanos que uno agradecía. Recuerdo al profesor José Antonio Soto, inmenso en su magisterio de Historia de la Filosofía, en el Pensamiento filosófico latinoamericano y cubano; eran verdaderas clases de un altísimo vuelo, pero comunicadas desde una cubanía que uno agradecía profundamente.  Otros profesores deben estar en este homenaje, pero menciono únicamente a estos dos maestros, porque en lo personal me influyeron sustancialmente, con ellos aprendí a venerar el conocimiento social, a dudar metódicamente de todo, a no aceptar mansedumbres impuestas por profesores de limitadas lecturas. Ellos me hicieron creer que ser profesor era algo inmensamente grande. Las coyunturas que vendrían después, maestros emergentes, profesores valientes, cualquier improvisado en un aula enseñando, me produjo una profunda depresión. En 1994 leí una novela ejemplar, “Matarile” es su título. Allí Toño, el personaje principal dice: “Y ahora soy un profesor. Tengo que creerme que ahora soy un profesor o me muero. O me creo que me muero y me hago un profesor. Nunca te hagas profesor porque eso es peor que morirse”. (Matarile, 1993: 116) Los medios arreciaron sus críticas contra  aquello, no hubo emisora de radio que guardara silencio, todos pedían cuentas al autor, Guillermo Vidal Ortiz; pero la obra con aguda inteligencia ponía el dedo sobre la llaga y en otro de sus momentos climáticos, Toño precisa: “Soñé que era profesor y me morí del susto” (Matarile, 1993: 116) Llegarían después las locuras de enseñar asignaturas que uno nunca había estudiado, en fin, que hacía falta la integración y aquello comenzó a hilar fuerte, al extremo que los alumnos se extraviaron en un laberinto. La duda metódica y el pensamiento crítico se despertaron en mi generación, no habíamos estudiado para eso y comenzó una emigración hacia turismo, fincas pecuarias, agrícolas, al extranjero. Décadas después nos reunimos, gracias a  uno de aquellos colegas, gerente de turismo bien posicionado en la provincia; cada cual contó lo que había sido su vida, muy pocos eran profesores;  nada que hacer en una profesión en la que personas como yo, que se graduaron con título de oro, primer expediente, vanguardia en el componente investigativo, y  luego con una cantidad considerable de diplomados, posgrados y hasta una maestría en ciencias sociales y pensamiento martiano, no tenían nada que hacer. Entonces monté Rocinante y cabalgué a otros mundos, tras la aventura quimérica del saber razonado, lúcido. Quise volver a ser profesor, pero la vida me dio lecturas, experiencias y comprendí que no era posible. Me hubiera gustado ser un Tagore, alguien con la barba muy larga, un señor respetado, con una pequeña academia, donde las padres mandaran a sus hijos a aprender cívica de la comunidad e historia de su barrio;  un ser que enseñara las asignaturas básicas de un plan de estudios nacional, acompañado  de los mejores profesores de su pueblo. Ya ese sueño lo he olvidado;  al interactuar con los muchachos de nuestro tiempo, aprecio que  muchos se empeñan en decir que todo está bien, cuando en verdad, nos hace falta una campaña de alfabetización en valores, un cambio de aire, para tal vez, devolver al maestro, al profesor, a aquel pedestal, donde antes lo tuvimos, como alguien inmensamente grande que queríamos imitar.

martes, 28 de julio de 2015

Para una lectura atenta de “Raúl Castro. Un hombre en Revolución”



Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu 

Hoy Contramaestre se honra con la presentación del libro “Raúl Castro. Un hombre en Revolución”, del ruso  Nicolai S. Leonov, publicado por la editorial Capitán San Luis, Cuba, 2015.  ¿Cómo presentar una obra que ha tenido la suerte de tener a Eusebio Leal, historiador de La Habana, como principal responsable de la comunicación de los valores del texto? ¿Cómo hacer una lectura contextualizada en este municipio del oriente cubano llamado Contramaestre?

Parto de un supuesto esencial: no estamos en presencia de una biografía novelada donde están los valores propios del género; tenemos ante nosotros un texto que adquiere perfil biográfico, sujeto a una numeración cronológica del hombre en su tiempo, desde la entrañable amistad de un amigo del general presidente Raúl Castro, la misma fue posible entre el 5 de mayo y el 6 de junio de 1953. Raúl tenía apenas 22 años.  

Leonov iba hacia México para dedicarse a funciones diplomáticas. Era también muy joven. Muchas barreras de la llamada “Cortina de Hierro” limitaban su manera de relacionarse con el mundo exterior al de la Unión Soviética. No podía intercambiar con extranjero alguno en el trayecto. Sin embargo, no pudo soportar el aislamiento y conoció a tres jóvenes latinoamericanos que darían un giro diferente a sus días en alta mar: los guatemaltecos  Bernardo Lemus Mendoza y Ricardo Ramírez de León y el cubano Raúl Castro. La intensa amistad que dura hasta hoy surgió en el navío Andrea Gritti de bandera italiana. El único que tiene cámara fotográfica para registrar ese periplo es Raúl. Nunca el joven de Birán imaginó el valor de esas imágenes en el futuro. Tocaron varios puertos en  Italia, España, Curacao, Venezuela y La Habana. Disfrutaron de la piscina, bebieron, visitaron todos los lugares donde atracó el barco; incluso celebraron el cumpleaños 22 de Raúl el 3 de junio en Curacao; en fin, construyeron una amistad que solo la muerte de uno de ellos pudo terminar.

El “Poema Pedagógico” de  Anton Makarenko fue el texto que marcó el acercamiento entre Raúl y Leonov. Luego el amigo ruso siguió hasta su destino en México y no se encontró más con Raúl hasta  el exilio de este último, luego de los sucesos del Moncada, en el pueblo azteca. Allí sucede una anécdota que habla mucho del valor de los amigos para Raúl, pero prefiero que ustedes problables lectores del libro la encuentren al leer atentamente sus páginas;  sucede incluso un hecho que acaba con la carrera diplomática del autor y determina su regreso a la URSS y su dedicación a la historia latinoamericana como una de sus grandes pasiones.

Desde el gigante rojo Leonov seguía las noticias sobre su amigo;  las del enemigo y las confidenciales, proceso que le permitía realmente saber la verdad de lo que estaba sucediendo. A finales de 1958 la URSS se interesa por el proceso revolucionario cubano y recuerda al joven que estudiaba una carrera diplomática y se había relacionado con uno de los líderes de aquella gesta. Anastas Mikoyan lo manda a buscar, pide pruebas documentales  de sus contactos con Raúl: “Entonces llevé a su despacho en el Kremlin los negativos que Raúl  me había entregado a bordo del Andrea Gritti y que durante siete años había conservado”. Mikoyan preparó un álbum con ellas y Leonov fue nombrado traductor de la delegación soviética que visitaría Cuba entre el 4 y el 14 de febrero de 1960. Durante la misma se firmó el primer convenio comercial y se concedió a la isla un crédito por 100 millones de dólares. La amistad de los jóvenes Leonov y Raúl es la principal base del surgimiento de las relaciones diplomáticas soviético-cubanas durante treinta años.

La Unión Soviética veía en Raúl Castro un líder natural que podía servirle de puente para seguir estrechando lazos de amistad con el gobierno revolucionario, por eso Nikita Jruschov a mediado del 60, llama a Leonov y le encarga un misión secreta, invitar a Raúl, que se encontraba en las Espartaquiadas de Checoslovaquia, a visitar la URSS para sostener conversaciones allí. Gracias a la gestión del autor de este libro, Raúl fue el primer dirigente de la Revolución  en visitar oficialmente la Unión Soviética y ser recibido con honores de presidente;  pero también ayudó directamente a forjar relaciones entre el Kremlin y La Habana, que pronto pudieron apreciarse en la llamada “Guerra de los Misiles”. Puede afirmarse, al leer este libro, que Raúl Castro es el principal artífice de las relaciones entre Cuba y la URSS entre 1960-1990. Los principales eventos de las mismas los cubrió Raúl en calidad de máximo encargado y hay tres sobre los que quiero llamar la atención de los lectores: la separación de Jruschov del cargo  y perdida de influencia de Mikoyan (era el más apasionado de la Revolución y sus líderes); el poco interés por Cuba de Brezhniev en sus años al frente del PCUS;  y la dramática desición de Andropov  en 1982 de informarle que la Unión Soviética no participaría junto a Cuba en caso de una agresión de Estados Unidos. Los eventos mencionados deben leerse con atención para entender la inteligencia de Raúl y las condiciones de estadista que desarrolló en esos años.

¿Cuál es el otro mérito de “Raúl Castro. Un hombre en Revolución”? Aquí llamo la atención sobre un aspecto, el protagonista favoreció el acceso a todo tipo de información sobre su niñez, adolescencia y maduración revolucionaria. No es una loa de amigo a amigo, es un acercamiento a la personalidad del estadista que no huye señalar lunares allí donde hace falta, por eso quiero invitar al lector de cualquier parte del mundo a detenerse atentamente en la lectura de los siguientes momentos del perfil biográfico de Raúl construido por Leonov: 

EN SU NATAL BIRÁN

. Influencia de la madre  en su carácter.

. Relación con los jamaiquinos y haitianos que trabajaban para su padre.

. Ingreso en la escuela cívico militar Uno.

. Ingreso en el Colegio Belén.

. Dependiente de tienda y trabajador de oficina en la finca del padre.

. Encargo del padre a Fidel de hacer de Raúl un hombre. 

EN LA HABANA

.  Relación con el hermano Fidel en el apartamento de este último.

.  Educación política de Raúl a través de Fidel.

.  Congreso Nacional Martiano en Defensa de los Derechos de los Jóvenes Cubanos. (26 enero 1953)

.  Conferencia Internacional sobre los Derechos de la Juventud en Viena, Austria (febrero de 1953)

. IV Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. (Preparación en Bucarest del mismo).

. Travesía en el Andrea Grittin entre el 5 de mayo y el 6 de junio de 1953.

. Labor conspirativa. 

EN SANTIAGO DE CUBA

.   Asalto al Moncada.

. Toma del Palacio de Justicia. (No era el jefe, pero terminó siéndolo, ¿por qué?)

.  El juicio de Raúl Castro. 

PRISIÓN Y EXILIO

. Isla de Pinos.

. Viaje a México.

. Amigo de Ernesto Guevara.

. La expedición del Granma. 

LA SIERRA

. Desembarco y encuentro en Cinco Palmas.

. Atención del periodista del The New York Times Herbert Matthews. 

SEGUNDO FRENTE

. Organización de la Comandancia del Segundo Frente.

. Juicios públicos contra bandidos de la zona.

. Organización de nuevas columnas.

. Captura del aeródromo de Moa.

. Creación de la Fuerza Aérea Rebelde.

. Operación Antiaérea.

. Congreso Campesino en Armas.

. Congreso Obrero en Armas. 

ORIENTE

. Cuartel Moncada se rinde  sin disparar un tiro.

. Jefe superior de Santiago. 

LA HABANA (Revolución en el poder)

. Segundo jefe militar del país.

. Juicios públicos a los esbirros asesinos.

. Surgimiento de las FAR (Ministro por 49 años)

. Principal protagonista junto a Fidel de la Guerra de los Misiles.

. Responsable del derribo de un avión de exploración estadounidense U.2

. Creación del Ejército Juvenil del Trabajo.

. Causa UNO. 

PERIODO ESPECIAL

. Alternativas para enfrentarlo.

. Fundador de la Agricultura Urbana.

. Reunión con los cuadros partidistas y estatales en oriente, centro y occidente del país (sacudir el aparato del Estado y el Partido para que pudieran superarse las dificultades) (1994).

. Héroe de la República de Cuba (1998). 

MOMENTOS DECISIVOS

. Presidente en funciones de los Consejos de Estado y Ministros.

. Entre las 100 personalidades más influyentes del mundo (2007).

. Presidente de los Consejos de Estado y Ministros.

. Las mieles del poder: Carlos Lage y Felipe Pérez Roque.

. Cambios necesarios. (Tierra, reforma migratoria, venta de vivienda y autos).

. Ambiente internacional favorable a la isla.

. Retrato económico de la Cuba contemporánea. 

MOMENTOS DE LA PRESENTACIÓN EN CONTRAMAESTRE
 

miércoles, 15 de abril de 2015

Hacia qué socialismos vamos en Cuba



¿Hacia qué socialismo futuro debemos llevar el arado?

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu


Si le preguntan a cualquier cubano de a pie,  si el camino al socialismo es la opción al futuro, responderá: ¿cuál socialismo?, ¿cuáles socialismos?, ¿acaso hemos hecho el socialismo? Y no dejan de tener razón esos cubanos, pues el cauce recorrido no permite definir todavía ¿qué es el socialismo?. ¿Cómo entonces ilusionarnos con una armazón teórica que nos hizo creer un posible nunca tocado en lo concreto?. La realidad, mientras creíamos avanzar hacia él, más se alejaba.  Entonces llegaron las revisiones.

El socialismo de corte estalinista dejó su huella en el pensamiento político de la revolución, nadie puede negarlo hoy; tantas investigaciones realizadas lo demuestran. La pregunta que se cae de la mata es: ¿Hasta dónde nos hizo daño ese socialismo de corte totalitario que cercena los derechos inalienables de las personas en la consecución de su fines? ¿Por qué marxistas de la talla de Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras, Ernesto Guevara y Raúl Roa se apartaron de los caminos de Moscú y fueron críticos lúcidos de los desafueros de ese socialismo antilibertario? ¿Por qué no han sido estudiadas hoy esas zonas de su pensamiento? ¿Por qué el socialismo jacobino de Guiteras sigue en el olvido y no es un referente autorizado para la Cuba actual? ¿Alguien conoce este tipo de socialismo promulgado por el máximo inspirador de Joven Cuba?

Al mirar el pasado uno se hace tantas preguntas, y a veces resulta traumático entender porque fuimos a dar un socialismo de corte europeo, muy influenciado por los dictados de Moscú, en detrimento de un pensamiento autóctono bien fundamentado en hombres que tenían muy claro  lo que estaba sucediendo en la Unión Soviética y hacia donde iba ese proyecto social. ¿Por qué no incorporamos esos paradigmas a la concepción liberadora que veníamos y venimos haciendo?

¿Cuál socialismo me gustaría para mi pueblo en el futuro? Muy sencillo, aquel que permita a la gente pensar, hacer y expresarse sin hipocresía alguna, inspirado en el culto a la dignidad plena del hombre, sin doble moral, sin retóricas divorciadas de la realidad. Me gustaría que ese socialismo creara las condiciones cívicas para el saneamiento moral de la sociedad, e hiciera posible que las personas vivan honradamente de su trabajo y no tengan que delinquir en todo momento para sobrevivir materialmente.

Creo, tenemos el potencial cultural e intelectual para dar esa vuelta de tuerca, si queremos salvar un proyecto que puso en todas las casas la independencia nacional como fin supremo de la Patria. Esa batalla hay que darla en la actualización del modelo, sin temor  a los métodos verticalistas que todavía reinan en muchos directivos, pero también en los jefes que se visualizan así mismo como señores feudales que deben saber todo y autorizar cuál verdad puede decirse, dónde y a quién o quiénes.

El socialismo debe ser, como decía Raúl Roa, libertario por excelencia. Verdades tenemos todos y hay que aprender a escucharlas si queremos hacer una sociedad cada vez más justa, donde el hombre desarrolle un pensamiento crítico inherente a la libertad que soñamos. El socialismo futuro debe dar entrada a todas las Cubas dispersas por el mundo.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Una oscura “comisión de lectores” en Editorial Oriente



Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu

Ensayar es aventurarse por los escabrosos caminos de la subjetividad, enjuiciar allí donde hace falta, pero también deleitar con el idioma, saberlo emplear para decir lo necesario, lo trascendente. No imagino a alguien autotitulado ensayista que asuma poses doctorales e identifique el género con largas y aburridas peroraciones filológicas, filosóficas, económicas  o históricas, generalmente las más visitadas. Eso lo dejamos a expertos que lo saben todo, o creen saberlo. Hoy comparto un resumen que vía correo electrónico me hizo llegar Editorial Oriente, para comunicarme que mi libro “Límites y circunstancias”, no era publicable por su sello. Al indagar con su directora sobre la comisión evaluadora, sus razonamientos no me convencieron; según ella, ese dato no podía dármelo, porque no era necesario; al refutarle, sobre la subjetividad de los señalamientos esgrimidos, ella con mucho respeto me dijo que no podía hacer otra cosa. Comprendo su posición. Debe ser muy difícil comunicar “resúmenes torcidos” en sus fundamentaciones, sin poder decir, fueron fulano y mengano, personas reconocidas como autoridades en el género. A un amigo le sucedió algo parecido, y con el mismo libro recibió un importante premio literario en Cuba. Cosas así, parece mentira que sucedan todavía, pero de buenas intenciones está lleno el camino del infierno.  Lean ustedes el resumen y a continuación aprecien “Límites y circunstancias”. Tal vez coincidan con esta “oscura comisión de lectores”, tal vez no.

RESUMEN DE EVALUACIONES
Título: Límites y circunstancias
Autor: Arnoldo Fernández Verdecia
Género: Ensayo

“Límites y circunstancias” se caracteriza por un tono, que por momentos resulta pedante, visible en la intención del autor de erigirse como autoridad en los temas literarios poco tratados por la crítica, como lo expresa el siguiente fragmento: “me queda la resaca de haber comprendido vacíos que el discurso historiográfico no ha sido capaz de saldar para las generaciones futuras de cubanos”.

Otro rasgo que se encuentra a lo largo del libro, pero particularmente en “Herejías ante la funda vacía”, es el carácter hipercrítico de muchas de sus valoraciones. En los diferentes ensayos, se ven varias características que atentan contra la calidad del libro.

 “Leña al fuego” es un ensayo de tema político y social, que rompe la unidad temática y fragmenta el libro, que en sentido general, se dedica a temas literarios. Si bien el asunto es de vital importancia, da la sensación de que el autor está sobredimensionando su impacto.

En “Caliban en la amenazada casa del futuro” se arma un trabajo más o menos retórico. Se ve aquí un intento por reproducir el contenido del ensayo al que hace referencia y por armar una cronología de su proceso de génesis.

“De cómo nos invadió la Guillermomanía” hace pensar que quien escribe se ha tomado más tiempo en lo anecdótico, para engrosar la propia leyenda guillermomaniaca de la que habla, que en reflexionar sobre la vasta obra de la cual hay mucho por decir todavía, más allá de los lugares comunes en los que ha caído la crítica. Este texto funcionaría perfectamente como parte de un dossier dedicado al autor, porque se trata de una semblanza más que un ensayo crítico sobre su obra, lo que le resta fuerza como texto independiente.

“Hallazgo e iluminación en la resistencia”, sobre un cuaderno de Eduard Encina, molesta sobre todo por la forma esquemática en que se habla de la poesía. La enunciación de las características de su obra en plecas atenta contra la fluidez de la lectura, y sobre todo contra el espíritu ensayístico.

“Herejías ante la funda vacía” trata sobre Oscar Cruz y las resonancias de la obra de Virgilio Piñera en su poesía. El fragmento sobre los jóvenes seguidores de Cruz, pero que no se le equiparan, es hipercrítico; no se sustenta en una base sólida y le resta seriedad al ensayo, en tanto parece un ensañamiento con los autores santiagueros más jóvenes; de esa forma se demoniza a todo un movimiento, lo que hace pensar que el ensayista prefiere justificar la calidad superior del autor al que defiende condenando al resto a la mediocridad.

“Más allá del cultismo” más bien parece que el autor se está dedicando a reseñar, a contar lo que ha leído para darlo a conocer, más que a dar una opinión propia.

“Orwell reescribe 1984” presenta contradicciones entre varios planteamientos que no permiten saber por cuál opinión se decanta el autor. El ensayista expresa en relación con la repercusión de la obra en los especialistas, “un criterio que no merece ser tenido en cuenta”: idea poco profesional, pues los criterios se tienen en cuenta desde el mismo momento en que se consultan y se citan, solo que se está de acuerdo o no con ellos. Este ensayo pasa revista a la producción crítica que hay alrededor de El hombre que amaba a los perros, y se limita a tomar partido por una opinión u otra.

Límites y circunstancias carece de homogeneidad en su estructura y en su forma, es decir, en la selección de los temas y el orden de los diferentes ensayos.


LÍMITES Y CIRCUNSTANCIAS: UNA LECTURA MUY CUBANA SOBRE EL SOCIALISMO

Al terminar  este libro me queda la resaca de haber comprendido vacíos que el discurso historiográfico no ha sido capaz de saldar para las generaciones futuras de cubanos. El llevado y traído dilema del compromiso siempre ha estado sobre la mesa. ¿O estás conmigo? ¿O en el otro bando?, son interrogantes necesarias en la vida de todo escritor, sea cubano o de cualquier parte del mundo. No puede pensarse la Cuba actual, si no se expresa con nitidez una ideología política afín al proceso vivido en los últimos 50 años.  Para comprenderla nada mejor entonces que seguir  el derrotero de una de las tesis en la que siempre he creído: literaturizar es un modo de salvar memorias, derrumbes y poner cada cosa en su justo lugar.

El socialismo ha sido una hermosa utopía conformada con retazos de pasado y sueños, pero las formas de concretarlo no han dejado de ser pesadillas donde reinan las bajezas humanas. La historia escrita por “abogados de oficio”, comprometidos con una visión parcializada del fenómeno, ha estado plagada de triunfalismos y un eslogan tremendo: “EL SOCIALISMO ES IRREVERSIBLE”. Así creció cada persona de la Europa Oriental, así creció cada cubano después de 1960, así crecí yo. Los rusos aparecían siempre como nuestros salvadores.

¿Acaso lo fueron?  Al colapsar el Campo Socialista y la Unión Soviética muchos salimos de aquel letargo en el que permanecimos por años, aunque a ciencia cierta, nos resultaba difícil aceptar el fin de una utopía donde el hombre, supuestamente, había alcanzado sus sueños y creaba las bases para una sociedad nueva. Importante resulta conocer que desde Cuba, intelectuales honestos, ansiosos de una obra duradera, acudieron a la literatura para canalizar reflexiones sobre el devenir de la utopía y señalar  lunares.  LEER TODO EL LIBRO PARA POLEMIZAR CON EL AUTOR  EN EL SIGUIENTE ENLACE:

miércoles, 16 de abril de 2014

Cuba: Memorias y derrumbes*

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu

Al terminar  este libro* me queda la resaca de haber comprendido vacíos que el discurso historiográfico no ha sido capaz de saldar para las generaciones futuras de cubanos. El llevado y traído dilema del compromiso siempre ha estado sobre la mesa. ¿O estás conmigo? ¿O en el otro bando?, son interrogantes necesarias en la vida de todo escritor, sea cubano o de cualquier parte del mundo. No puede pensarse la Cuba actual, si no se expresa con nitidez una ideología política afín al proceso vivido en los últimos 50 años.  Para comprenderla nada mejor entonces que seguir  el derrotero de una de las tesis en la que siempre he creído: literaturizar es un modo de salvar memorias, derrumbes y poner cada cosa en su justo lugar.  

El socialismo ha sido una hermosa utopía conformada con retazos de pasado y sueños, pero las formas de concretarlo no han dejado de ser pesadillas donde reinan las bajezas humanas. La historia escrita por “abogados de oficio”, comprometidos con una visión parcializada del fenómeno, ha estado plagada de triunfalismos y un eslogan tremendo: “EL SOCIALISMO ES IRREVERSIBLE”. Así creció cada persona de la Europa Oriental, así creció cada cubano después de 1960, así crecí yo. Los rusos aparecían siempre como nuestros salvadores. ¿Acaso lo fueron?  Al colapsar el Campo Socialista y la Unión Soviética muchos salimos de aquel letargo en el que permanecimos por años, aunque a ciencia cierta, nos resultaba difícil aceptar el fin de una utopía donde el hombre, supuestamente, había alcanzado sus sueños y creaba las bases para una sociedad nueva. Importante resulta conocer que desde Cuba, intelectuales honestos, ansiosos de una obra duradera, acudieron a la literatura para canalizar reflexiones sobre el devenir de la utopía y señalar  lunares. 

Así encontramos a un Virgilio Piñera que tempranamente advierte, en Presiones y diamantes (1967), sobre la díada: presionados y presionadores,  tan cara a él en las primeras décadas de revolución socialista. Pero también coloca ojos al lector para comprender el dilema individualidad versus masas, y retrata, a estas últimas, poseídas por un efecto zombi que limita el ejercicio de las potencialidades creativas. Piñera construye una variante de escapismo ante la contaminación del pensar: congelar cuerpo y alma ante las desilusiones.  Pero no queda en el desencanto solamente, enfrentarlo también es necesario, para ello se auxilia de un símbolo de la tradición hispana, el Quijote, y lo dota de nuevos contenidos ante el citado efecto…; solamente él tiene la lucidez necesaria para derribarlo, construir donde todo parece estéril.  Piñera muere rodeado de incomunicación, o mejor, completamente aislado,  ello explica el largo silencio en que permaneció su inmensa obra literaria, que fuera considerada, en algún momento, “perniciosa para los jóvenes”(1); y políticamente incorrecta”.(2) Esa cortina de humo no logró sepultarlo como un muerto más, él confiaba en que su literatura lo trascendería, y así sucedió, como el Jesuita que siempre fue, reapareció en mucha gente que sigue sus dictados, conscientes del precio de tener cabeza propia y disentir sabia o irreverentemente cuando hay que hacerlo. El Virgilio de La isla en peso sirve hoy como metáfora a una sociedad necesitada de la irreverencia lúcida, para escoger sabiamente una opción de futuro y construirla entre todos, sin acudir a fórmulas degradantes del ser humano. 

Otro tanto hace Joel James, pero desde un ensayo cuestionador: Vergüenza contra dinero.   Aquí la irreverencia lúcida apunta desvíos, equívocos, propone alternativas, pero sólo es escuchado  por una minoría ilustrada sin espacios suficientes para erguirse y dialogar de igual a igual con los protagonistas de los “desvaríos criticados”. Casi fue juzgado por iconoclasta, o mejor, excluido. Desde su irreverencia, encarna también un nuevo Quijote, y carga sobre los tropiezos del socialismo, juzga sin temor, allí donde hay que hacerlo. Tal parece que la metáfora del ser paranoico, envuelto en fantasías caballerescas, reencarna una y otra vez en los escritores cubanos que creen en la literatura como forma de influir sobre la sociedad y mejorarla. El ejercicio del pensar arriesga el rostro y ejerce de juez. James murió sin renunciar a las ideas escritas en aquel memorable ensayo que hoy está en todas las librerías de Cuba, y la miseria crítica que padecemos, no lo ha visto, o no ha querido hacerlo, para orientar a los lectores y dotarlos de empeños morales para asumir el desafío de rearticular una sociedad, donde tenga espacio el sujeto opinante, comprometido con un futuro mejor. 

No puedo evitar unas líneas al Caliban construido sabiamente por Roberto Fernández Retamar, sobre todo el hecho de nombrar ingredientes necesarios para el socialismo, entre los que menciona la necesidad de integrar pensamiento y dirección como recursos estratégicos para conducir la nación hacia una sociedad más lograda en sus fundamentos éticos. La necesidad también de asumir fechas y nombres gloriosos, que salven la memoria y permitan recorrer caminos acertados para no dar margen a desviaciones lamentables. Incluso llega a posponer la escritura crítica, pues si esta pone en peligro la vitalidad del socialismo, no puede hacerse mientras seamos un costado del mundo, en abierta guerra cultural con los imperios, sobre todo el estadounidense, parece decirnos, pues todo lo que siembra división, siempre será usado para derrumbar lo que tanto costó levantar. 
 
Novelas densas sobre la historia universal requieren oficio para no hacerlas aburridas. Rodeada de un hálito misterioso llegó a mí El hombre que amaba los perros (2010) (primera edición cubana), de Leonardo Padura. Se vendió de manera silenciosa, casi clandestina, a los escritores y a algún que otro miembro de algunos sectores intelectuales “preparados para su lectura”. Una buena amiga la hizo llegar y me fui a la finca de mis ancestros para leerla alejado de la civilización. Al concluir su lectura no pude evitar escribir lo que sigue: “Libro generoso, imposible borrar de la memoria. Las historias narradas generan, sobre todas las cosas, desilusión con uno mismo, compasión hacia todos los que apostamos al milagro y nunca llegó; pero también miedo por nunca atrevernos a intentar ser uno en la uniformidad”. (Junio, 14, 2011). Al hacer el citado apunte, recordé que en fecha similar había nacido Ernesto Guevara de la Serna (Che), el hombre que encarnó la voluntad quijotesca de redimir a América Latina y provocar la revolución continental del socialismo. No pude obviar el recuerdo de sus últimos días, sin apoyo, aislado, acompañado por el sueño emancipador de un mundo mejor, pero con la certeza de que no debía ser como el de la  Unión  Soviética. De estar vivo, contaría a Padura entre los novelistas más interesantes de los últimos años en Cuba.  Consideraría necesario El hombre que amaba los perros, lo tendría como libro de cabecera para un revolucionario crítico de estos tiempos, e invitaría a formar círculos de lectores, haría preguntas como las que tuvimos que hacerle a los personajes de la novela, sobre aspectos grotescos de la caricatura de socialismo que legaron a la humanidad, bañado de pesadillas y sangre en su órbita errante por el siglo XX.  

Abel Prieto, imbuido por su relación con el humor político para comprender los desaciertos del socialismo de Europa Oriental, escribe una novela que tiene a un pinareño como protagonista. Viajes de Miguel Luna (2011) es su título. –el autor también es pinareño-. El perfil del personaje principal permite comprender que se trata de un escritor frustrado, debatiéndose entre el ser o el no ser, entre el hecho de vivir literariamente la vida, o apartarse y ser un número más en medio de la uniformidad. Prieto se encarga de hacer casi repulsivo el personaje, pues está cargado de defectos que lo hacen intolerable para los demás,  pero se aprovecha de eso para mostrar el universo de relaciones que giran en torno al mismo, donde no faltan oportunistas, mediocres, falsos dirigentes, envidiosos, delatores, políticas erradas para involucrar a un ser humano en una institución cultural, en fin, las mezquindades generados por el socialismo a su paso por el terreno cultural y hasta social.  El hecho de valerse de una metáfora geográfica como Mulgavia, para volcar sus reflexiones sobre las desviaciones de la gran utopía del siglo XX, tiene también su mérito, pues revela lo que Virgilio Piñera había advertido tempranamente en Presiones y diamantes: el efecto zombi que todo lo hace homogéneo, empacado y no da margen alguno a la diferencia, a la creación, y niega el ejercicio de la individualidad en medio de la uniformidad. Una obra así, de ser escrita en el llamado quinquenio gris (década de los 70, siglo XX), hubiera generado la expulsión del reino de las letras; hoy su autor se contaría entre los marginados de esos años, pero gracias a los cambios morales producidos en el pensamiento político de la revolución,  poco a poco va ganando terreno la necesidad de volcarse sobre los problemas generados por el socialismo y dinamitar sus zonas podridas para poder sembrar, donde antes hubo miedos y uniformidades. 

Eliades Acosta acude al ensayo y escribe Siglo XX: intelectuales militantes (2007), en el que realiza un interesante balance de las ganancias y pérdidas del socialismo a su paso por Europa, Asia y América Latina. Llama a Stalin, torpe y de una cortedad política que no le permite comprender la crítica como soporte moral para afianzar lo construido.  Queda claro, al menos para mí, al escribir sobre este libro,  que procesos totalitarios, -el nazismo y el estalinismo-, se rodearon física y espiritualmente de hombres inteligentes para fundamentar sus proyectos,  y descabezar a los que se opusieran a sus ambiciones. Todo ello ayudó a su derrota, y a sembrar el temor al brote de  procesos como los señalados. Felizmente, la dirección política de Cuba tuvo claridad sobre esos desaciertos, y proyectó una serie de rectificaciones para reorientar el navío socialista en medio de la tormenta de credibilidad en que se vio envuelto. En todo ese proceso de búsquedas y rectificaciones llega la crisis de los 90, y hubo que obviar la estrategia y centrarse en la sobrevivencia de la revolución, la mayoría de las rectificaciones tuvieron que hacerse a un lado;  Acosta Matos, con aguda inteligencia parece sugerir esa lectura, aunque no la plantea formalmente. Acude a un símbolo, construido por occidente, para explicar  el resurgimiento del socialismo en Venezuela con la llamada Revolución Bolivariana: Prometeo, el titán que roba el fuego a los dioses del Olimpo y lo dona a los hombres para que prosperen y se multipliquen. Es un momento, nos dice, donde la intelectualidad comprometida se unió, e inició nuevas búsquedas para construir lo que comenzó a llamarse socialismo del siglo XXI; todavía indefinido en términos conceptuales, aunque quiere borrar de la memoria histórica el experimento fallido del XX, y proyectar la nueva utopía - no deja de ser la misma de antes-, sobre sólidas bases humanistas, donde el hombre sea el centro de todos los poderes públicos.  El liderazgo de Chávez parece ser el camino, aunque no puedo evitar volver a Martí,  cuando alertó sobre el rol del caudillo populista en los procesos políticos; al faltar –advierte el Maestro-, los pueblos no acostumbrados al ejercicio de la democracia son invadidos por una anarquía incontrolable, necesaria para los oportunistas de siete suelas, impelidos a acudir al instrumento represivo de los ejércitos, y restablecer a sangre y fuego sus privilegios, untados con los aceites de la inteligencia negadora de otras posibilidades. No olvidar tampoco que el socialismo tiene una casta de funcionarios ligados por intereses afines y necesitados de mantenerse en posiciones privilegiadas de poder y prestigio;  ineludible resulta saber que la última palabra, sobre la continuidad del proceso,  por las vías tradicionales, o de nuevo tipo, la tienen ellos. ¿Qué ha sucedido hasta ahora en los países socialistas cuando ha faltado el líder?  ¿El hombre masa ha tenido lucidez para enfrentar a la casta de funcionarios y derrotarlos? Los que recibieron la antorcha socialista, en el siglo XXI, tienen la última palabra.  

Para el final he dejado a la poesía, no porque sea un arte menor, ni por pura casualidad, sino porque los jóvenes cubanos –actuales protagonistas del torrente histórico-  acuden a su templo para interrogar pasado,  presente y futuro, del mundo que les ha tocado vivir. Así encontramos la obra del cimarronzuelo oriental, Eduard Encina (3), que  lega a sus contemporáneos la concienciación de los límites para sobrevivir y encontrarse en la muchedumbre con una identidad propia; tiende puentes para alcanzarla, aunque constantemente asechen las “vilezas del sistema” que le ha tocado vivir,  e inhabilitan para conquistar lo imposible. Las trompetas del juicio final anuncian que la historia se ha vuelto piedra, que el temor está en el sujeto, cercado por las orillas tendidas en torno suyo y de las que no logra liberarse. Espiritualmente se sabe de cualquier parte, pero el cuerpo permanece atado a la isla, a los dolores que todo inmovilismo genera.  Encina propone la realización individual desde la resistencia, es una de las formas negadoras de la terrible uniformidad del hombre masa acodado en cada esquina de los tiempos. Su repertorio lírico es amplio testimonio de los codazos de la historia, de los empujones por llegar primero y olvidar al otro, de los retorcijones de orejas de nuestros padres por pensar con cabeza propia  y negar lo inservible, de tener ojos para dinamitar lo podrido y sembrar donde todo parece perdido. 

Oscar Cruz (4), también desde oriente,  parece enfocarse en la construcción de una nueva “cabeza negadora”,  o mejor, es el poeta de las recetas y las fórmulas fáciles para el lector contemporáneo, pudieran argumentar las viejas promociones de la poesía cubana, ancladas en la llamada “calidad literaria”, que niega lo diferente, funcione o no, y hasta lo demonizan si no responde a sus dictados estéticos.  Pero no es tan así, pues Cruz, desde el presente que le ha correspondido vivir, se alza  contra las imposiciones promocionales e instaura un reino lírico, seguido por muchos jóvenes, para testimoniar los tiempos que corren. No le asisten temores, ni espíritus de aldea, sencillamente se alimenta de las circunstancias que circundan al sujeto y desde ellas nombra donde nadie se atreve a corporeizar la nación. Le interesa vehicular el imaginario de un país traumatizado en sus cimientos morales, por un régimen de errático recorrido en el siglo XX; usar la “poesía” como árbitro de ese itinerario. Por esa razón lo sagrado es bajado de los pedestales que no significan nada para ese “hombre masa” bajo el efecto zombi explicado en estas páginas, y las razones del poema son encontradas en miradas iconoclastas, antirretóricas, y yo diría que hasta provocadoras, pues logran captar lo mediato del tiempo vivido, en una especie de crónica anticipada de lo histórico, y congela todo lo que la memoria olvida, o sencillamente, otros géneros literarios tardan en visualizar.

Límites y circunstancias me ha servido, y creo servirá al lector cubano y universal,  para hacer una cartografía literaria del socialismo; seguir sus extravíos a través de las subjetividades, aquí analizadas, y comprender, sobre todas las cosas, que no ha pasado del cuestionamiento a los problemas del capitalismo, y se ha enlodado en otros, de los que no logra desembarazarse, a pesar de los tiempos. No obstante, la utopía de un mundo mejor sigue esperando en el Tercer Milenio para hacernos con ella y liberar al hombre de cualquier esclavitud que ate sus energías creativas.

Notas
1.  Espinosa, Carlos: Virgilio Piñera en persona, p.332.
2.  Espinosa, Carlos: Obra citada, p. 349.
3. Ver sus libros: De Ángel y Perverso. Ediciones Santiago. Santiago de Cuba, 2000, El perdón del agua, Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2003, El silencio de los peces, Editora Abril, La Habana, 2003, Golpes Bajos, Editora Abril, La Habana, 2004  y Lectura de patmos, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2011.
5. Ver sus textos: Pájaros de Manduley, en La Noria, No. 3, Santiago de Cuba, 2011, p.14; La maestranza, en La Noria, No. 3, Santiago de Cuba, 2011, p.13; La plomada, en La Noria, No. 4, Santiago de Cuba, 2012, p.30; y el libro Balada del buen muñeco, Colección Sureditores, La Habana, 2013

Bibliografía
ACOSTA MATOS, ELIADES (2007). Siglo XX: intelectuales militantes, Editora Abril, La Habana.
MARTÍ, JOSÉ (1964): Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos, Tomo 19, Editorial Nacional de Cuba, La Habana
PADURA, LEONARDO (2010). El hombre que amaba los perros, Ediciones Unión, La Habana.
PRIETO, ABEL (2011). Viajes de Miguel Luna, Editorial Letras Cubanas, La Habana
PIÑERA, VIRGILIO (2011). Presiones y diamantes, Ediciones Unión, La Habana.
JAMES, JOEL (2012). Vergüenza contra dinero, Ediciones Santiago, Cuba.

*Pertenece a mi libro de ensayos inédito: Límites y circunstancias, Cuba, 2012-2013.


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