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viernes, 6 de enero de 2023

LA UNICA VERDAD EN CUBA ¿La del inmortal?


Por Arnoldo Fernández Verdecia
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Con una ingenuidad colosal, algunos creímos que el socialismo de estado, en su versión cubana, admite críticas para corregir desviaciones, errores, o elementos que merecen valoraciones para iluminar nuevos senderos de “creación heroica”. 

Algunos caímos en la trampa de hacerlo sin parapeto alguno, e intentamos cruzar argumentos, no antagónicos, con la vanguardia política, que en su fuero interno y externo, es la elegida, por encima de la propia Constitución, para dictaminar si es bienvenido el cuestionamiento o no, incluso penalizarlo.

La realidad nos hizo despertar. 

De ser en verdad una vanguardia en su sentido mayúsculo, como postulan serlo, debieran militar en ella los más iluminados, capaces de promover zonas de debate plurales, diversos, sobre los problemas que aquejan el ideal y sus modos de llevarlo a la práctica en beneficio del pueblo y no en su detrimento. 

Los que se atreven a polemizar con esa vanguardia, desde criterios no antagónicos, son colocados bajo sospecha, y ella misma se encarga de socializar en su militancia, parametraciones excluyentes, sobre la base de códigos binarios, entre los que sobresalen: comunistas-anticomunistas, revolucionarios-contrarrevolucionarios, leales-traidores, independentistas-anexionistas, centristas-reformistas, ateos-creyentes, patriotas-mercenarios...

Es imposible no ser colocado en alguna de esas binariedades, sino se asume el vocabulario hegemónico que comunican medios de esa llamada vanguardia iluminada. Sólo ellos aparecen ante el pueblo como únicos depositarios de la verdad. Todo lo que no fluya por los canales de socialización instrumentados por ella, es etiquetado de modo peyorativo, excluyente y penalizado por la ley. 

Estamos en presencia de la construcción de una hegemonía, capaz ya de cualquier estrategia, con tal de lograr sus propósitos de dominación sobre sus audiencias. No importa el costo, ni la forma; lo importante es imponer un discurso y que en nombre del mismo, el sistema funcione de arriba a abajo, y de abajo a arriba, sin atasco de su eje principal.  

Esa hegemonía tiene sus parientes en provincias y municipios, que reproducen la estrategia y los modos de concretarla a  cualquier precio, aunque tengan que manipular excesivamente, para mostrar una realidad normal, donde los que critican, o no comparten las políticas del gobierno, son la minoría, seres hipercríticos que no deben tenerse en cuenta, porque no expresan ningún consenso. 

Salirse de esas binariedades e intentar ser coherente desde una crítica social no antagónica con el sistema y su vanguardia iluminada, es prácticamente imposible en las condiciones del socialismo cubano, pues el mismo cerró toda posibilidad a la democratización de las opiniones, la participación y colocó el destino del Estado, en una élite política dueña de toda la verdad que el pueblo necesita saber.  

En una democracia así, anclada en unas binariedades que desautorizan la voz del contrario, la difaman, heretizan, no es posible un socialismo libertario porque:  "...socialismo y democracia deben llegar a ser una unidad;  de lo contrario, no habrá socialismo". (Zagorka Goluvic: Criterios, La Habana, no 42, 15 de mayo de 2013)

lunes, 14 de marzo de 2022

PERIODISMO EN CUBA, NARRAR LA VERDAD ES UN DERECHO (Opinión)

Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

El día que la verdad salta ante tus ojos y prefieres ignorarla por espíritu de acomodamiento, conveniencia, miedo o sencillamente porque perdiste la capacidad de sentir por los otros, murió el periodista que llevas dentro. 

Cuando pasas por un lugar, ves un problema y prefieres tomar otro camino, ignorar lo que allí sucede, no atreverte a contarlo desde formas críticas en el mejor sentido, siempre para alertar, educar, proponer; dejaste de ser periodista. 

Si tus maneras de hacer, decir, no gustan a un censor, es porque tienen una carga de verdades que no tolera en su espacio vital; si decides complacerlo para seguir teniendo salario, comida, un ritual diario, ya no eres periodista.

Elegir un modo de ser ético tiene un altísimo costo espiritual que muchos no se atreven a llevar como destino, en una profesión que castiga y premia con la misma severidad que un emperador. 

Sacrificar la dignidad profesional en aras de sobrevivir porque llegan a la jubilación los más adaptados, es morir sin nunca haber probado el supremo encanto de la verdad dicha con látigo y cascabel. 

En una redacción hay múltiples maneras y modos de pensar y hacer el periodismo; pero el día que alguien secuestra la individualidad en nombre de cualquier doctrina o partido político,   impone modelos autoritarios, rigurosamente centralizados, utiliza el miedo, la difamación, como armas; la profesión está en peligro de muerte. 

Decir la verdad es la más sagrada de las misiones del buen periodismo; negarla, esconderla, evadirla o manipularla para justificar altos o mediocres fines políticos, es traicionar el espíritu del arte de contar lo más duro, incluso lo más difícil con belleza de lenguaje y realización impecable. 

Periodismo es memoria, nombrar lo innombrable, registrar la huella del hombre, convertirla en patrimonio del futuro.  Negar ese derecho es sacrificar la esperanza en nombre de caudillismos locales, regionales, nacionales, globales, que necesitan del olvido para gobernar con más comodidad. 

Yo creo en el periodismo que arriesga cruzar la frontera de lo desconocido y sale de allí, premiado por la luz que una buena historia puede aportar a la virtud, la decencia, el crecimiento ético. 

Los censores siempre harán todo para apagar la luz de un buen ejercicio, es lo mejor que saben hacer; por eso acuden a todo, incluso a lo más sucio para difamar, restar, dividir, echar a unos contra otros y recibir así la miel sobre hojuelas tan vital en sus tronillos de cristal. No pueden, no quieren, ni un pírrico fuego de piedrecillas; los censores creen ser la verdad, su poder es demasiado débil y hay que sostenerlo con lo invisible.

Creeré en el periodismo el día que los medios se parezcan a la realidad que vivo a diario, cuando la verdad pueda narrarse sin miedos y la memoria no sufra de amnesia, porque los periodistas de ayer no contaron el hoy con la responsabilidad necesaria. 

jueves, 18 de febrero de 2021

Lecciones de Maquiavelo


Por Arnoldo Fernández Verdecia

Parecía hermosa; su mayor alegría era decirla con la pasión de la fe; pero con el tiempo se convenció de la conveniencia de no hablarla.  Muchos tragos amargos por elegir los modos de expresarla. Nicolás de Maquiavelo le dijo algo al oído: -El poder elige a los que pregunta la verdad. Pero se empeñó en cultivarla y el tiempo confirmó lo que el sabio había dicho; incluso un nuevo argumento reforzó su idea: -Ante el poderoso es conveniente la prudencia-. Si por ejemplo, eliges un medio para decirla, algo debes tener claro, nunca serás libre en tus maneras de gestionarla y publicarla. Respondes a los que pagan y ellos dictaminan lo políticamente correcto y lo incorrecto. Si cruzas el límite y olvidas, el soberano cortará tu cabeza. Si prefieres una autonomía creadora y te empeñas en navegar contra la corriente, creyendo una neutralidad posible, pues estás equivocado, el soberano conseguirá la forma de silenciarte, porque eres una hormiga irredenta que no tolera en su reino. Para que la verdad te necesite, debes ingresar a la corte del soberano y él decidirá si vale la pena escucharte o mandarte al pantano de los aduladores. Si decide lo último, estás perdido, porque tiene su lógica ser parte de ellos, y de no aprenderla, tarde o temprano irás al olvido donde nadie recordará que existes. Entre los aduladores encontrarás una diversidad asombrosa, desde una gacelilla al alcance del mejor postor, hasta el más humilde arribista que consigue tocar el cielo y vivir de sus cumbres.  Así de complejo el mundo de los aduladores, con ellos nunca tendrás la verdad; porque siempre están a la caza de los rebeldes para agradarle al soberano y disfrutar las mieles que todo reinado tiene. Si finalmente el soberano te ubica entre los abanderados de la verdad, harás bien en no confesarte nunca con tus émulos, porque allí todo el mundo pretende escalar y contarse entre los que consiguen decirle lo bueno, lo malo y las formas de hacer política, usándolo siempre en beneficio propio. Tendrás mucho cuidado en no creerte alguna vez por encima del soberano; si llega a intuirlo, hará todo para que emigres, te suicides o ponerte entre rejas; incluso acudirá a su recurso favorito, el efecto infamante; blandirá sobre ti mentirillas, que de tanto repetirlas los aduladores, terminarán convertidas en verdades, luego usadas para llevarte al banco de los acusados y ponerle fin a la biografía intelectual de tus días. ¡Ay Maquiavelo! La vida pasa como el río y nunca conseguirás bañarte en la misma agua. Los ríos sucios con el tiempo se aclaran. Los árboles son mudos, pero un día hablarán. La verdad tiene puentes; el más seguro cuesta vigilias e indigestiones de estómago. Ya me lo decías una tardecita del invierno pasado: - las únicas defensas buenas, seguras y durables son las que dependen de uno mismo y de sus virtudes. 

BIBLIOGRAFÍA 

MAQUIAVELO, NICOLÁS: El príncipe, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1971. 

miércoles, 26 de diciembre de 2018

“El pueblo no está maduro todavía para conocer la verdad”




Por Tomás Gutiérrez Alea (Titón-Director de películas como "La muerte de un burócrata", "Memorias del subdesarrollo", "Fresa y chocolate" y "La Guantanamera")

“Hay una raza especial de gente con la que tenemos que convivir, con la que tenemos que contar, para nuestro disgusto cotidiano, en esto de construir la nueva sociedad. Son los que se creen depositarios únicos del legado revolucionario; los que saben cuál es la moral socialista y han institucionalizado la mediocridad y el provincialismo; los burócratas ( con o sin buró); los que conocen el alma del pueblo y hablan de él como si fuera un niño muy prometedor del que se puede esperar mucho, pero al que hay que conocer muy bien, etcétera (y nos parece estarlos viendo, con el brazo protector por encima de los hombros de ese niño); son los mismos que nos dicen cómo tenemos que hablarle al pueblo, cómo tenemos que vestirnos y cómo tenemos que pelarnos; saben lo que se puede mostrar y lo que no, porque el pueblo no está maduro todavía para conocer la verdad; se avergüenzan de nuestro atraso y tienen complejo de inferioridad nacional”.

lunes, 28 de mayo de 2018

Cuba ante lo doctrinario o la cicuta



Bandera que yace en uno de los muros del Malecón de La Habana. La foto la tomé en 2014.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Tal vez el filósofo Sócrates tenía razón cuando decía que  reconocer la insuficiencia del saber, era el primer paso para ascender a la virtud, tomar el cielo por asalto y en verdad sentirse, sobre todas las cosas, HUMANO.

El hombre que postula el saber absoluto es dogmático por naturaleza,  vive en el reino de los algoritmos y lo doctrinario.  No concibe la vida fuera de un círculo, porque sus pensamientos son eso, ruedas que giran en una misma dirección y no saben otra cosa.

Un doctrinario disfruta el rebaño, gusta pastar a la sombra de los jefes, allí todo ocurre, es feliz con los aplausos  del graderío de los sin criterio.

La mujer para ser amada en tiempos de honor, debe conquistarse con inteligencia y buen gusto; si es presa fácil de las prebendas y hace de sus placeres, una mercancía de alto precio, sencillamente es un objeto, se usa  y uno tiene la certeza de que volverá al mercado y se cotizará según el bolsillo del mejor postor.

Soy de los que piensan en el amor platónico, en las verdades absolutas nacidas del corazón. Uno siempre tiene su media naranja y debe tener lucidez para encontrarla, aunque esté en el mismísimo Polo Norte. La clave es no desesperarse.

El filósofo Sócrates podía haber ignorado la  cicuta, dedicarse a otra cosa, menos a postular sus verdades en el ágora, escenario donde se debatían los problemas; quizás hubiera sido panadero, dulcero, o tal vez herrero, menos filósofo. Tomar la cicuta fue un acto sublime, quizás hasta un poco loco, lo cierto es que muy pocos siguen el ejemplo de Sócrates hoy en día: ¿quién llega con sus verdades a la plaza pública y las comunica sin miedo a los poderes invisibles, esos que funcionan como hilos inadvertidos, que nos hacen marionetas de los tiempos?

Cada mujer que amo es una novela menos que escribo, decía un gran novelista. ¿Acaso sufrir es el parto del buen arte? El ideal apolíneo puede ser el pretexto, pero a veces Baco aparece y nos volvemos fieras sedientas de placeres, necesidades insatisfechas y terminamos metidos en el cuerpo de un zombi, que no sabe  si es mejor la Guantánamera o un reguetón pornográfico.

Cuando el zombi manda, los deseos del ser humano son tener dinero, carro, mujeres hermosas, casa enorme con piscina y viajar. ¿Podría Sócrates meterse en el cuerpo de un zombi y tener esas aspiraciones en la vida?

Un maestro a dicho a varios niños sobre las inclinaciones homosexuales de un guerrero inmaculado por la ideología política; ha demostrado con argumentos, por qué dos tomos de su obra no fueron publicados en la década del 70 del siglo XX; luego conversó sobre el relajo enorme de los grandes mayores generales del Ejército Libertador en las guerras independentistas de Cuba;  cuando quiso darle seriedad a la conversación, uno de los niños preguntó: ¿Cómo es que se llamaba el de los dos tomos que aún no se han publicado? Tremenda pregunta, una duda en la cabeza, un chispazo se ha prendido, siente a los héroes de carne y hueso, cercanos. Quizás Sócrates hubiera debatido con los niños sin tabúes de ningún tipo, pero hoy en día hacen más falta los doctrinarios,  que los Paolo Freire.

La noche asoma y cada ser humano tiene ante sí el dilema de la cicuta o sencillamente aceptar la vejez sin intentar nada relevante. ¿Qué es mejor? ¿Vivir para defender las verdades que uno cree? ¿Dejar a la vejez tomarnos el alma y volvernos ancianos de unas palabras que no sirven a otros? Sócrates tomaría la cicuta hoy y dejaría sembrados sus mejores pensamientos en un jardín;  volvería a la plaza pública y haría de los problemas de la vida, una eterna conversación para ayudar a encontrar la solución de cada uno. El dogmático nunca sembraría. No conversaría. La única verdad, la suya.

martes, 16 de enero de 2018

DESCONEXIÓN


Al Caracol de agua; abril 3 de 2014.

Por Osmar Barrios

Vivo conectado al mundo
ajeno estoy al reloj
voy publicando en mi blog
la realidad en un segundo
no crean que me confundo
ni que escribo quimeras
he pasado horas enteras
palpándolo con certeza
este país es cabeza
para zonas extranjeras.

Mi escritura no desplaza
la integridad del cubano
pero aparece un profano
que cualquier escrito  emplaza
diciendo que esta amenaza
un proceso de alto alcance
crea entonces un percance
buscando gloria infinita
y al actuar así me quita
de expresarme todo chance.

Basta de tanto tin tin
de hacer algo ya es la hora
emprendamos sin demora
una batalla hasta el fin
hagamos que en el confín
del planeta nos escuchen
logremos que todos luchen
por la verdad que se esconde
pues solo  será allí donde
los cobardes desembuchen. 

viernes, 7 de diciembre de 2012

La identidad perdida

Por Mario Vargas Llosa

En The New Yorker del 7 de septiembre de este año hay una “Carta abierta a Wikipedia” del novelista norteamericano Philip Roth que es sumamente instructiva. Cuenta cómo Roth, al descubrir la descripción errónea que hacía Wikipedia de su novela The Human Stain (“La mancha humana”), envió una carta al administrador de esa enciclopedia virtual pidiendo una rectificación. La respuesta que obtuvo fue sorprendente: aunque la entidad reconocía que un autor es “una indiscutible autoridad sobre su propia obra”,  su sola palabra no era suficiente para que Wikipedia admitiera haberse equivocado. Necesitaba, además, “otras fuentes secundarias” que avalaran la corrección.

En su carta abierta, Philip Roth demuestra, con precisiones y datos fehacientes, que su novela no está inspirada, como afirma Wikipedia, en la vida del crítico y ensayista Anatole Broyard, a quien conoció muy de paso y cuya vida privada ignoraba por completo, sino en la de su amigo Melvin Tumin, sociólogo y catedrático de la Universidad de Princeton, que, por haber usado en una clase una palabra considerada despectiva hacia los afroamericanos, se vio envuelto en una verdadera pesadilla de ataques y sanciones que por poco destruyen su vida, pese a sus muchos años dedicados a combatir como intelectual y académico la discriminación y el prejuicio racial en los Estados Unidos. Philip Roth publicó esta carta abierta en The New Yorker para tratar de contrarrestar de algún modo una falsedad respecto a su obra que la multitudinaria Wikipedia ha desparramado ya por el mundo entero.

No es esta la primera vez que el gran novelista norteamericano da esa batalla quijotesca en defensa de la verdad. Hace algunos años, descubrió en The New York Times que le atribuían una afirmación que no recordaba haber hecho. Después de no pocas gestiones y esfuerzos consiguió llegar a la fuente que había utilizado el diario para citarlo: una entrevista en un diario italiano, firmada por Tommaso Debenedetti. Que él no había dado jamás. Gracias a esta investigación, se descubrieron las proezas fraudulentas de Debenedetti, que, desde hacía ya varios años, publicaba –en la prensa de Italia y otros países– reportajes a personas de diversos oficios y funciones inventadas de pies a cabeza (yo merecí el honor de ser una de sus víctimas, y, otra de ellas, nada menos que Benedicto XVI). Demás está decir que las setenta y nueve colaboraciones falsas del personaje no han merecido sanción alguna y la historia de su fraude ha convertido al simpático Tommaso Debenedetti en un verdadero héroe de la civilización del espectáculo.

Ahora quisiera yo meterme en este artículo y contar dos episodios de mi vida reciente que muestran una inquietante vecindad con lo ocurrido a Philip Roth. Estaba en Buenos Aires y una señora, en la calle, me detuvo para felicitarme por mi “Elogio a la mujer”, que acababa de leer en Internet. Pensé que me confundía con otro pero, pocos días después, ya de regreso al Perú, dos personas más me aseguraron que habían leído el texto susodicho y firmado por mí. Finalmente, un alma caritativa o perversa me lo hizo llegar. Era breve, estúpido y de una cursilería rechinante (“La verdadera belleza está en las arrugas de la felicidad”, “Todas las mujeres bellas que he visto son las que andan por la calle con abrigos largos y minifaldas, las que huelen a limpio y sonríen cuando las miran”, y cosas todavía peores). Pregunté a amigos fanáticos de la red si había alguna manera de identificar al falsario que había pergeñado esa excrecencia retórica usando mi nombre y me dijeron que en teoría sí, pero en la práctica no. Porque no hay nada más fácil que borrar las pistas de los fraudes retóricos, inyectando mentiras y embauques de esta índole. Podía intentarlo, desde luego, pero me costaría mucho tiempo y sin duda bastante dinero. Mejor me olvidaba del asunto. Es lo que hice, por supuesto.
Hasta que, uno o dos años después, recibí una llamada de un periodista de La Nación, de Buenos Aires, el diario que publica en Argentina mis artículos. Me preguntaba, sorprendido, si yo era el autor de un texto, firmado con mi nombre, titulado “Sí, lloro por ti Argentina”, que era una diatriba feroz contra los argentinos y que andaba circulando por Internet. En este caso, el texto que me atribuían era infame, pero no estúpido. El falsificador lo había urdido con una astucia cuidadosa, tomando frases que efectivamente yo había usado alguna vez, por ejemplo para criticar la política de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner o la del presidente Hugo Chávez, de Venezuela, y adobándolas con vilezas y vulgaridades pestilenciales de su propia cosecha (“el desquiciado, paria, bestia troglodita de la extinta y queridísima República de Venezuela”, “El peronismo es el partido de los resentidos más aberrantes, llenos de odio, de rencores viscerales, fanáticos, fascistas, enfermos de rabia inexplicable” y lindezas por el estilo).

Consulté a un abogado. Me explicó que el tema de los derechos de autor, del copyright, en el mundo digital es todavía un bosque confuso, objeto de múltiples negociaciones en las que todavía nadie se pone de acuerdo, y que, aunque en principio, mediante una larga y costosa investigación, podría llegar a la fuente de donde había salido originalmente el texto fraudulento, probablemente el esfuerzo sería inútil pues el o los falsificadores habrían tomado las precauciones necesarias para borrar las pistas, lanzando el artículo calumnioso no desde su propia computadora sino usando alguna de las que se alquilan en cualquier cibercafé. ¿No había nada que hacer, entonces?  En realidad, no. O, más bien, sí: tomarlo a la broma y olvidarse.

Y aquí llegamos a la parte más seria y trascendente del asunto, más permanente que lo anecdótico. La revolución tecnológica audiovisual, que ha impulsado las comunicaciones como nunca antes en la historia, y que ha dotado a la sociedad moderna de unos instrumentos que le permiten sortear todos los sistemas de censura, ha tenido también, como perverso e impremeditado efecto, el de poner en manos de la canalla intelectual y política, del resentido, el envidioso, el acomplejado, el imbécil o simplemente el aburrido, un arma que le permite violar y manipular lo que hasta ahora parecía el último santuario sacrosanto del individuo: su identidad. Técnicamente es hoy día posible desnaturalizar la vida real de una persona –qué es, cómo es, qué hace, qué dice, qué piensa, qué escribe– e ir sutilmente alterándola hasta desnaturalizarla del todo, provocando con ello, a veces, irreparables daños. Probablemente lo peor del caso es que estas operaciones delictivas ni siquiera resultan de una conspiración política, o empresarial, o cultural, sino, más pedestremente, de pobres diablos que de este modo tratan de combatir el tedio o la pavorosa sequedad de sus vidas. Necesitan divertirse de algún modo y ¿no es acaso un deporte divertido envilecer o ridiculizar o poner en situaciones de escándalo a los otros si, además, ello se puede perpetrar con la impunidad más absoluta?    

Por eso, los valerosos esfuerzos que un Philip Roth hace en defensa de su identidad de escritor y de ciudadano, para que le permitan seguir siendo lo que es y no una caricatura de sí mismo, aunque admirables, son probablemente totalmente inútiles. Vivimos en una época en que aquello que creíamos el último reducto de la libertad, la identidad personal, es decir, lo que hemos llegado a ser mediante nuestras acciones, decisiones, creencias, aquello que cristaliza nuestra trayectoria vital, ya no nos pertenece sino de una manera muy provisional y precaria. Al igual que la libertad política y cultural, también nuestra identidad nos puede ser ahora arrebatada, pero en este caso por tiranuelos y dictadores invisibles que en vez de látigos, espadas o cañones usan teclas y pantallas y se sirven del éter, de un fluido inmaterial y subrepticio y tan sutil y poderoso que puede invadir nuestra intimidad más secreta y reconstruirla a su capricho.

A lo largo de su historia, el ser humano ha debido enfrentar toda clase de enemigos de la libertad y, con grandes sacrificios y dejando el campo de batalla sembrado de innumerables víctimas, siempre ha conseguido derrotarlos. Y creo que también, a la larga, derrotaremos a este último. Pero esta victoria, me temo mucho, demorará y ni Philip Roth ni yo alcanzaremos a celebrarla.

Madrid, octubre de 2012


viernes, 28 de septiembre de 2012

Una prensa que en verdad no parece cubana


"(...) una prensa que en verdad no parece cubana. Demasiado esquemática, secretista, insípida. No tiene  casi nada que ver con la idiosincrasia del cubano  que se ríe hasta de sus propias desgracias..."

Publicado originalmente con el título: Algunos retos de la prensa cubana

Por Esteban Morales. Unión de Escritores y Artistas Cubanos (UNEAC) 

Todo parece indicar que ya hay dos prensas en Cuba. La que algunos pretenden que todos leamos y otra, al alcance solo de un 10% de la población, pero cuyos resultados se retransmiten por medio de “radio bemba”, que como diría el propio  Raúl  Castro en una ocasión, trasmite mejor que el Instituto Cubano de Radio y Televisión. Solo que desde que el Cro. Raúl  Castro dijo eso, hasta hoy, ya existen  el correo electrónico e internet,  que resultan  medios  muy eficientes  para hacer  circular la información que nuestra prensa aun  no se atreve a publicar. (1)
 
La primera, la prensa escrita, que tiene dos periódicos principales nacionales,    muchas veces lo que hacen es duplicar las noticias, que bastaría con sacarlas en uno de ellos.(2) Una prensa, que el pueblo compra todos los días,  con la esperanza de ver  reflejadas de manera  abierta,  fresca  y  franca, tanto los principales acontecimientos y especialmente  sus preocupaciones. O sea,  lo que todo el mundo habla en la calle. Qué pasa con la corrupción; donde está el cable; cuándo la agricultura va a dar resultados satisfactorios para que bajen los precios; cuándo se  darán los cambios en  las regulaciones migratorias algo tan prometido; cuándo conoceremos  el texto de la ley tributaria; qué pasará con el cúmulo de opiniones negativas que existen sobre las más recientes regulaciones aduanales,  etc. 

Se trata de una prensa que en verdad no parece cubana. Demasiado esquemática, secretista, insípida. No tiene  casi nada que ver con la idiosincrasia del cubano  que se ríe hasta de sus propias desgracias;  una prensa que con tal de sacar lo negativo de Estados Unidos, pone a veces en primera plana noticias de ese país, que no la  reflejaría   ni en  su  décima página el U.S.A Today,  el periódico más popular en los Estados Unidos.
Sin dudas, últimamente, se nota que nuestra  prensa hace un esfuerzo,  pero está muy lejos aún de satisfacer las expectativas del ciudadano medio. Ello se  observa  en alguna medida en  la sección de los viernes de Granma y  con  algunos artículos publicados esporádicamente. El anunciado congreso de la UPEC inevitablemente tendrá que tomar el “toro por los cuernos”, si es que de verdad queremos lograr una prensa acorde con los tiempos que estamos viviendo. Una prensa que se convierta en instrumento eficaz para la crítica,  el perfeccionamiento del modelo económico y el cambio de mentalidad que se ha pedido por la máxima dirección del país.
Pero no obstante, haber modestos avances, es lamentable ver, cómo nuestros periódicos nacionales  van perdiendo adeptos. La población los  compra  casi por inercia, o porque no hay otros, esperando encontrar en ellos algún día sus inquietudes o aquello sobre lo que desea saber e informarse. No es para dudar, que  con una prensa  así,  las batallas a librar están pérdidas de antemano, por las razones siguientes: 
- La población termina por cansarse de leer una prensa que no refleja nuestras realidades, ni  con amplitud lo que  está pasando. 
- La separación entre lo que esa prensa refleja y la realidad introduce la desconfianza.
- El ciudadano se mueve buscando otras alternativas para informarse mejor. Lo cual es muy peligroso. 
- El ciudadano apela a la radio nacional,  que siempre es más espontánea.  De ahí pasa a las emisoras extranjeras que nos rodean, alguna de las cuales transmiten incluso  en español,  estando  muchas de ellas  diseñadas para  intentar que sean  escuchadas en Cuba. La peor de las cuales es la mal llamada Radio Martí. (3)

- Se va generando una mentalidad que busca afuera la información que debiera recibir adentro. Regalando muchas veces la inmediatez de las noticias e informaciones. (4)
- El ciudadano se hace  entonces más sensible a las llamadas bolas y a las distorsiones de la información. 
Una sociedad, que en medio de la revolución de la información,   regala los oídos y ojos  de sus ciudadanos no sobrevive. Recuperar la confianza del pueblo  se va tornando  muy difícil. Porque la población reacciona ante la ausencia o calidad  de  la información, como ante algo que le pertenece, que debe recibir  y  que alguien le está robando  o está tomándose la atribución de negarle. 
Ese es un sentimiento que peligrosamente  ya va ganando espacio entre nosotros. Legítimo por demás, porque ha sido la propia  máxima dirección del país, la que ha criticado a la prensa, hablando de sus deficiencias y entre ellas, del secretismo. Ha sido el propio Presidente, el que ha abierto los  canales  de la crítica y ha presionado para que la prensa partidaria le  acompañe. Pero no se produce el cambio y la gente espera cada vez más impacientemente, por lo que no acaba de llegar. 
Sin embargo, una nutrida  intelectualidad revolucionaria  encuentra  espacio en la intranet y  en internet y aunque los que tienen  posibilidades de acceder a ese medio son pocos aun, sus artículos y comentarios, se divulgan internamente a través de los correos electrónicos y llegan a una cantidad de personas mayor que la que se puede suponer. Pero lamentablemente, internet se beneficia de ello, rebotando hacia Cuba las informaciones y comentarios  que el propio país debiera reflejar. Ese es el daño que nos hace el “exceso de celo” con internet, que es más dañino que el propio daño que internet pudiera hacernos. Dentro de este  mundo en que vivimos, para lograr sobrevivir,  es una exigencia  afrontar  los riesgos de estar dentro del.
¿Cómo lograr invertir esa ecuación, donde los medios nacionales también comienzan a perder prestigio internacionalmente? 
Las deficiencias e insuficiencias de la prensa y medios informativos cubanos, tienen también repercusiones negativas en el exterior, donde existe gran interés sobre los acontecimientos y la situación de Cuba, por las propias preocupaciones que la crítica  realidad cubana despierta  y  porque el discurso oficial  las reconoce. Incluso muchos  extranjeros amigos de Cuba, están preocupados por lo que ocurre en la Isla, pero sienten que no reciben información fidedigna y suficiente de nuestras realidades, se percatan de que la prensa cubana no las refleja, y  que es más realista informarse sobre Cuba a través de internet,  la intranet y de otros medios alternativos. 
Los blog,  revolucionarios o no,  las publicaciones digitales, como Espacio Laical, La Ceiba, Observatorio Critico, Moncada, SPD, Café Fuerte, Havana Times, La Joven Cuba   y otros, se mueven hacia delante,  copando la atención  de lectores que fuera de Cuba buscan una información más objetiva, atrevida, critica, en general más acorde con los retos que se sabe por todos  enfrenta el país y que no encuentran en la prensa escrita nacional, que por lo general, presenta una imagen casi idílica, carente de suficientes  críticas, las  dificultades e  inconformidades;   que apenas  refleja  nuestra realidad  y de manera  aun  timorata, secretista  y restringida. Impidiendo por esa vía, que nuestros potenciales amigos fuera de Cuba,   conozcan  lo suficiente, no solo de  cuáles son nuestros problemas, sino también los argumentos para apoyarnos. 
Se trata de un fenómeno, del que no creo la prensa nacional se percate claramente, porque muchas veces esos   amigos,  adolecen de los mismos problemas que nosotros en Cuba: la defensa a ultranza, la autocensura, el  insuficiente  reconocimiento de lo  negativo, la apología, la solidaridad ciega. Vicios que nosotros mismo, los revolucionarios cubanos,  les hemos inoculado desde Cuba  en  no pocas  ocasiones.
¿Cómo salir de ese atolladero desinformativo, para que la defensa de la revolución cubana hoy sea más realista, más consciente, más acorde con los desafíos que ahora enfrenta el país, para que nuestro pueblo confíe en ella y nuestros amigos en el extranjero  nos puedan ayudar más a enfrentar la  avalancha de  la crítica contrarrevolucionaria? 
Crítica contrarrevolucionaria  que  es sin dudas, en estos tiempos¸ más inteligente, más científica, puesto que no se apoya muchas veces en la simple mentira,  la  burda distorsión de los acontecimientos  o  la sobredimensión de nuestros problemas, sino que toma nuestros problemas reales, para presentarlos de manera  más sofisticada, mas finamente manipulada,  buscando el desaliento, la confusión y la desconfianza en  nuestras  soluciones.
Pienso, que existe solo un camino, para que nuestra prensa  termine por  superar esas situaciones. Nuestra Prensa a todos los niveles de su gestión: 
- Debe ser más realista, democrática, abierta, eliminar  definitivamente el secretismo, la autocensura, el discurso viejo, dogmático y  apologético. 
- Debe abrir espacio a la intelectualidad cubana revolucionaria, reflejando   su discurso más realista, crítico abierto e inteligente.  Aliándose con aquellos que enfrentan la crítica contrarrevolucionaria desde posiciones que reconocen nuestras deficiencias, antes de que el enemigo nos las  tire a la cara y las  convierta en armas de una diplomacia subversiva, apoyada por la política del “Cambio de Régimen” preconizada por la administración norteamericana actual. 
- Debe ganar conciencia de que la superioridad técnica del enemigo no tiene por qué ser una desventaja para nosotros,   si sabemos utilizar de manera inteligente las armas de la verdad, la coherencia,  la sistematicidad critica,  y  el valioso potencial científico e intelectual revolucionario de que disponemos. 
Mientras no logremos esa alianza,    cada cual seguirá  por su lado, con  sus arma, algunas muy melladas por cierto   y seremos solo  una tropa dividida por la desconfianza,  el dogmatismo, la apología  y  el elitismo de algunos que adoptan, desde sus   posiciones de poder,  la actitud  de defensores “puros”, mientras consideran  a los otros,  como unos  simples liberales que quieren regalar el discurso de  defensa de la revolución a sus enemigos.
La Habana, 8 de septiembre de 2012 

Notas: 
(1) Existen excelentes periodistas como Jorge Gómez, Félix Sautié, Fernando Ravsgber, con cuyos artículos nuestra prensa  ganaría mucho. Sin embargo ninguno  es bienvenido en ella. No pocas veces cuando se publica un artículo de fondo sobre los problemas del mundo actual, se hace con refritos de artículos de  autores  extranjeros, cuando en Cuba sobran quienes puedan publicar sobre esos temas. Observándose un verdadero divorcio entre la llamada prensa oficial y la intelectualidad  del patio. 

(2) Sin dudas hay un problema de personalidad entre los dos periódicos, que afecta fundamentalmente al periódico de la juventud. Que ineludiblemente dedica mucho espacio a  repetir noticias que no le correspondería publicar, si ya han aparecido en el órgano oficial del Partido y muy poco a los problemas de los jóvenes. 
(3) No se habla aquí del fenómeno de la proliferación del CD con programas de todo tipo que circulan en la red nacional. Lo cual responde a un  problema  parecido al de la prensa plana, pero en nuestra televisión, Sumamente criticada y no por falta de recursos, sino de creatividad.
(4) La noche del 9 de septiembre del presente año, una parte importante del país quedo a oscuras  y Radio reloj era incapaz de informar a la población que  estaba pasando. Lo cual hace algunos años no ocurría.




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