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martes, 25 de agosto de 2020

Laura y mi caracol de once años

 

ZUNZÚN. Foto perteneciente a mi libro Cuba en el alma, cualquiera que la use debe citarlo siempre. Publicaciones Entre Líneas, Estados Unidos, 2020, página 285

  Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

A todos los que me leyeron siempre

Un día lo eché a nadar. Tenía un miedo del carajo. Escondí su verdadero nombre. Lo vi alejarse río abajo. No podía creer que aquello navegara. Se lo dije a muy poca gente, por eso de que en pueblos chiquitos, infierno grande. Se veía hermoso, cargué un Leonardo Padura como primer tributo, después monté varios José Martí, el Matarile de Guillermo Vidal y había gente que lo seguía y se montaron. Un viejo amigo lo llamó granada sin espoleta, por eso de que en castillos feudales, las palabras estallan en cualquier momento y te hacen añicos. Las aguas lo recibieron, golfos, océanos y aquello iba bien, tan bien, que empecé a creérmelo, de tan bueno, monté con las crónicas del día a día de mi pueblo, como mismo lo hacían Jorge Mañach con su Habana republicana y Pedro Juan Gutiérrez con La Habana de la década de los 90 y a las crónicas  les nacieron alas, llegaron a Torino, Nueva York, Barcelona, Florida, Valencia y de tan creíbles, una muchacha de mi  barrio, que ahora vive lejos, se montó también y me escribía correos que yo no respondía con mi obsesión de empujar aquello, lo más lejos que fuese. Un tipo, color de ébano me dijo: -cómo haces para que eso pase sobre una cuchilla afilada y no lo corten en pedacitos-, le respondí, dejándolo contar su verdad, las de otros, las de pueblos escondidos en palmas reales, boniatos, yucas, plátanos y maíz; sonrió y sentenció: -men, con el viento que te acompaña no llegarás lejos, te hundirás o te convertirás en un mártir. No quise oír aquellas palabras, de alguna manera eran sinceras, tal vez lúcidas, pues cuando intentas mover molinos, si la energía eólica no es buena, es por gusto; pero aquello creció y llegó a 5, 10, 11 años y una tormenta llamada Laura lo hundió en sus vientos, como al viejo pino donde supo de amores y bailó tarareando al gitano Peret y dio el primer beso. “Ay, borriquito como tú (Tururú) / Que no sabes ni la U (Tururú) / Ay, borriquito como tú (Tururú) / Yo sé más que tú”; parece que Peret tenía razón, porque año por año muchas Lauras llegaron y el agua entrando por todas partes y el fondo llamando, muy pocos momentos de paz y Peret soplando esa canción, llamándolo borriquito;  Juan Ramón Jiménez, bravo, por eso de emular con Platero, pero en su planicie no había flores, abejitas, ni hierbas para masticar, solo Lauras sedientas por mandarlo al fondo del mar, como sucedió al Corsario Negro. Lauras pasaron, aún siente sus vientos, el agua entrando por todas partes, pero otra muchacha, con nombre guerrero, lo arrastró e hizo un libro inolvidable con las últimas palabras, esas que en algún lugar del tiempo cualquier persona podrá leer.  

viernes, 1 de junio de 2018

HOY POR HOY/ ENFERMEDAD DE LA HABANA (Del Boletín del Centro Pablo)


Por Laidi Fernández de Juan (Escritora)

La Habana luce enferma. Sucia, pestilente, atestada de residuos. Parece mentira que sea una ciudad maravilla. Salgo a recorrerla, y una inmensa pena sustituye la contemplación de sus edificaciones más sagradas, esas que solíamos mostrar a los demás como ejemplo de nuestro eclecticismo arquitectónico. En lugar de señalar “Mira qué belleza de art decó”, “Fíjate en esas rejas decimonónicas”, “Aquellas lanzas que miran al cielo se llaman guardavecinos”, “No hay portales en el mundo comparables a estos”, vamos esquivando lomas de escombros, evitamos caminar por debajo de balcones cuya estática milagrosa es una amenaza inminente, y, lo peor: Debemos cubrirnos la nariz y la boca, porque las moscas pululan, y un hedor insoportable nos espera en muchas cuadras.

Como muestra de una indolencia que raya con la desfachatez, encuentro letreros de “No arrojar basura. PNR” apenas visibles, justamente porque han sido sepultados por latas vacías, por restos de inodoros, por macetas a la mitad, cartones mojados, colchones sin muelles y por otros detritus. Los latones, apenas cubiertos con sus tapas originales, y desbordados, adornan esquinas o el centro de la calle: una decoración macabra. El Vedado, tan señorial, arbolado y magnífico, forma parte del estropicio. Sus aceras, resquebrajadas, con huecos en los cuales podría sumergirse Moby Dick, agravan el paseo, lo convierten en peligroso, además del desagrado que ya implica comprobar cuán poco le importamos a nadie. O, para ser más exacta, qué poco nos cuidamos, qué tan ínfimo es nuestro amor propio. Deyecciones caninas obligan a sortear constantemente montículos repugnantes, con lo cual, si se cuentan los baches, las raíces, la basura, y las quebraduras del cemento callejero, en lugar de salir a caminar para alejar tensiones cotidianas, nos vamos cargando de nuevos malestares. Lejos de motivarnos, nos deprime recorrer el vecindario. No son las recomendadas endorfinas quienes nos inundan, sino olores, escollos y sonidos muy desagradables. Porque no es soslayable el espantoso ruido que nos golpea, a tono con la peste a animal muerto, y la visión de una ciudad bombardeada.

En La Habana, no hay zapato que resista las agresiones viales, ni esqueleto que soporte caminar en zigzag, ni celdas olfatorias que no se lastimen, ni oídos que aguanten decibeles reguetoneros, ni retinas que impidan el dolor que causa la imagen de lo que entra por la pupila. El corazón, al final, se encoje. Porque no nos queremos. Porque a nadie parece dolerle tanta injusticia, y porque siempre creemos que la culpa no es nuestra. Y si bien es cierto que nada podemos hacer en asuntos de construcciones, hormigones, arena, cemento y ladrillo, también es verdad que somos responsables del asco, del reguero, del fecalismo a la intemperie, y de ese “que lo haga otro” tras el cual solemos escudarnos. Mal que nos pese, lo único que parece cuidado es aquel espacio donde algún negocio particular planta su letrero. Algunos de dudoso gusto, y otros de loable factura, sobrecargados de luces, o sobriamente decorados, el trecho de cuadra que da paso a la creación de un cuentapropista, está limpio y sembrado de flores. Como un oasis citadino, esos escasos metros cuadrados nos recuerdan que estamos en una ciudad y no en un campo de batalla. Y es entonces cuando nos preguntamos ¿Será esta la única posibilidad de rescatar nuestra magnificencia de antaño? ¿Es asi como protegeremos el patrimonio de una maravilla? ¿O sucumbiremos a la pesadumbre, el desgano y la apatía? Hoy por hoy, La Habana es casi una pesadilla de la cual tenemos el deber cívico de despertar de una buena vez. Porque esta es nuestra cuna, nuestra casa, nuestra losa. Hay que despertar para amar a La Habana, antes de que arribe a sus quinientos años tan enferma, tan de la mano de este olvido imperdonable.

Mayo, 2018.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Yo hablo como un oriental no de Santiago de Cuba



“Yo soy guajiro”, mis colegas reían  mi manera de mostrar mi identidad campesina.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu   

De niño viajaba con mi madre al pueblo de Contramaestre, a unos cuatro kilómetros del barrio rural  donde transcurría mi existencia. Recuerdo con preocupación algo que siempre sucedía cuando encontrábamos a alguien de Santiago, la mismísima Habana u otros territorios vecinos: “Ustedes hablan cantando”, nos decían. Preguntaba a mi vieja y ella me aclaraba: “La gente del campo hablamos así, por eso nos perciben de esa manera. No te preocupes, lo importante es ser una buena persona. Lo otro es ornamento”.  

Pasó el tiempo y me hice joven, caminé muchos lugares de Cuba en aquellas memorables becas a las que todos íbamos porque sino, no éramos los hombres y mujeres que necesitaba ese país imaginario llamado futuro; en todos aparecía la misma etiqueta denigrante de mi manera de hablar: “Pero si habla cantando el pobrecito. Es un guajirito de tierra adentro”.

Nunca me molestó me etiquetaran con lo de guajiro de tierra adentro, tampoco me sentí menos que los otros por mi manera de hablar, mi madre era un referente bien autorizado por los afectos sembrados en mi espíritu: “Lo importante es ser buena persona. Lo otro es ornamento”.

A mí lado crecían otros como yo de campo adentro, todos muy preocupados por borrar las raíces, limpiar toda brizna del lenguaje que los vinculara con la finca de donde venían. Incluso cuando alguien les preguntaba de dónde eran, respondían como habaneros y asumían una gestualidad propia de las personas de la capital de todos los cubanos.

Un buen día, ya en la universidad, años duros en Cuba -década del 90 del siglo XX-, llamado eufemísticamente por alguien “Período Especial”, seguían aquellos etiquetajes al modo de hablar de la gente del campo. Recuerdo llegó Willy Chirino a nuestras vidas con una fuerza tremenda. Nos encerrábamos en los cuartos de becas a escucharlo y batíamos palmas poseídos por aquella música tan cubana como las palmas reales. Una de sus canciones me tocaba  fuerte y la entonaba a todo pecho: “Yo soy guajiro”, mis colegas reían  mi manera de mostrar mi identidad campesina…A partir de ese tiempo sentí más orgullo cuando me decían: “Guajiro”.

Crecí en los años y me hice de una profesión pero las cosas no cambiaron. Yo seguí aferrado al mejor referente de mi vida: “Lo importante es ser buena persona. Lo otro es ornamento”.  Así que preferí la norma lingüística del guajiro de tierra adentro, de Cruce de Anacahuita, un barrio donde la gente habla alto, toman café fuerte y dicen hasta la vista compay.  No cambiaré eso nunca, porque vivo orgulloso de mis raíces. Pobre de aquellos que olvidan la tierra cultivada por sus ancestros y se creen muy cosmopolitas sin haber leído a José Martí, ni saber muy bien quién era José Lezama Lima. Pobre aldeano vanidoso que cuando alguien le pregunta por su patria chica la niega con desdén. Un país no puede refundarse con gente que niega un pasado y se busca un linaje geográfico que nada tiene que ver con su identidad, con la manera de hablar de su gente. Yo hablo como un oriental no de Santiago de Cuba, sino de Cruce de Anacahuita, allí donde el gallo es el mejor de los relojes.

domingo, 20 de septiembre de 2015

“Tener personas a quien amar, se llama Familia”, dijo Papa Francisco en la misa de hoy


"Tener un lugar a donde ir, se llama Hogar", dijo Papa Francisco en la misa de hoy.

Por Arnoldo Fernández Verdecia.   

Papa Francisco, el Misionero de la Misericordia, desarrolló una misa estremecedora en la Plaza de la Revolución, La Habana, Cuba,  que tocó los corazones de cubanos y cubanas.

En la misa se congregaron miles de fieles y personalidades invitadas, entre los que  se sobresalían los presidentes Raúl Castro de Cuba y Cristina Fernández de Argentina.

Entre cánticos, compuestos por el músico José Maria Vitier, llamados “Misa Cubana”, la distribución de la Sagrada Comunión y la oración del Santo Padre Francisco, transcurrió una mañana diferente de domingo en Cuba.

Las familias regresaron a sus casas con mensajes como estos para llenarse de optimismo y tener esperanza en la vida futura: “Feliz domingo a todos los amigos. Para toda la familia cubana es este día. Tener un lugar a donde ir, se llama Hogar. Tener personas a quien amar, se llama Familia, y tener ambas, se llama Bendición. Un abrazo bien cubano y familiar”. 

Un momento inolvidable en la oración del Santo Padre Francisco ocurrió cuando dijo: “Aprendamos de María a ver a Jesús en cada hombre postrado en el camino de la vida…”  “Les pido a todos no se olviden de rezar por mí”.

sábado, 6 de junio de 2015

Por una comunicación política horizontal en la Cuba digital


Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu

Por estos días sesiona en La Habana, Cuba, el evento  internacional "Nuevos escenarios de la comunicación política en el ámbito digital", que reúne a delegados de más de treinta y seis países y de todas las provincias de la isla.  

Un acontecimiento como este tiene un contexto que lo determina y es la normalización de las relaciones de Cuba con Estados Unidos;  es evidente que la potencia imperial apuesta todo su arsenal ideológico a la reversibilidad de la revolución por la vía de Internet, manejando como pretexto la democratización del acceso on line y el derecho a la información de los seres humanos en cualquier lugar del planeta.  

Es por eso que dos de los puntos esenciales que se debaten con fuerza son la ciberseguridad y la gobernanza de Internet. El primero de ellos, vital, pues no es un secreto para nadie que en este mundo de la Revolución Digital, todos los que están conectados, sean Estados, organizaciones, individuos, están expuestos a ser vigilados, atacados  o sencillamente amenazados en la red.  

¿Cómo enfrentar eso? Lo primero, calificando a las personas para un acceso a la condición de conectados con claridad de propósitos y estar educados en términos éticos al compartir información o sencillamente consumirla. ¿Qué busco? ¿Qué comparto? Son interrogantes que deben hacerse todos los que tengan la condición de conectados.   

Otro elemento básico: ¿cómo promuevo una comunicación política horizontal al interior del país que me permita visibilizar a los diferentes actores de las organizaciones políticas y de masas de la nación, y que las mismas puedan crear canales de diálogo en tiempo real? Hace algún tiempo escribí un texto para ser compartido en el Taller Regional de Weblog y Redes Sociales, celebrado en las Tunas, año 2014. A propósito del evento “Nuevos escenarios de la comunicación política en el ámbito digital”, traigo a colación uno de sus  fragmentos:  

“Es casi normal que algunos directivos de los medios tradicionales apelen a marcos regulatorios dogmáticos para limitar posturas críticas en los blog. Una especie de política de avestruz cercena la pluralidad y ello da lugar a visiones sesgadas donde los problemas, si se expresan en la esfera pública desde el compromiso con una ética revolucionaria, son valorados como “políticamente incorrectos”. Surge así la sospecha, la revisión de los tonos, las frases fuera del contexto narrativo, el malentendido apriorístico, el llamado a ubicarse en el lugar desde el cual se accede a la condición de conectado.“Una práctica narrativa  que no corra sobre los cauces de la prensa tradicional es descalificada desde la supuesta profesionalización del periodista, el único portador de las habilidades necesarias para construir la información; el bloguero es colocado en ese catalejo, desde ahí se  miran sus sombras. Si es un periodista bloguero, entonces los marcos regulatorios terminan imponiéndose, así aparece lo que llamo “bloguero por encargo”, una cuestión de estadísticas construidas por los directivos de los órganos de prensa, para visualizarse en términos de cantidad ante los que supervisan  las políticas de presencia en Internet. No puede aceptarse un sitio web que no tenga cinco o seis blogueros por encargo, ello crea la ilusión de libertad para expresarse, cuando en realidad funcionan como una extensión del columnista tradicional de los medios tradicionales.“Algunos directivos están empoderados en posiciones dogmáticas que impiden el nacimiento de una conciencia crítica en la blogosfera cubana en revolución. Los límites se definen muchas veces sin el conocimiento necesario, ello genera lo que llamo “encapsulamiento insular”,  pues todo se reduce a narrar lo idílico del sistema, pues en todo momento alguien se encarga de recordarnos el agradecimiento  a los mayores, entonces el ser crítico termina diluido en esa retórica y no se atreve  a ser comunicador depositario de un activismo cívico en la búsqueda del sueño de una Cuba justa para todos.“Debemos aspirar a una comunicación horizontal que permita dialogar con los actores políticos y sociales de la sociedad cubana, e incluso con instituciones globales defensoras de perfiles progresistas, cercanos a nuestros propósitos de luchar por la utopía de un mundo mejor. Todo bloguero revolucionario, que se respete a sí mismo, compartirá contenidos que ayuden a la emancipación de los seres humanos en cualquier lugar del planeta, incluso en nuestro patio con propósitos bien concretos:1. Vigilancia sobre los vacíos informativos de la prensa oficial. 2. Vigilancia del dominio político. 3. Cuestionamiento de silencios, omisiones y  vacíos en la esfera pública. 4. Restauración de la capacidad y la fe de dialogar entre cubanos. 5. Promover la tolerancia hacia y con la diversidad.“Personalmente creo que el analfabetismo digital que nos caracteriza, sobre todo en el dominio de algunos  directivos,  limita en gran medida el surgimiento de una sociedad futura donde el macro-relato y el micro-relato mediático sean lo motivante para la real poli. Algunas interrogantes pueden ayudar a pensarnos en medio de la complejidad: ¿Es posible imaginar un  ciudadano expresivo en la blogosfera en revolución y en las redes sociales, que sea sugestionado por nuestras maneras de narrar la realidad? ¿Es políticamente probable imaginar una comunicación horizontal futura en la sociedad cubana entre gobierno y ciudadanos? ¿Nuestra condición de plaza  sitiada seguirá siendo una barrera, para pensarnos y expresarnos en la blogosfera realmente como somos? ¿Conectarse desde una institución del Estado seguirá creando condicionamientos morales que limitan la aplicación de la 2.0 en la blogosfera cubana en revolución?”

“Nuevos escenarios de la comunicación política en el ámbito digital” 2015, discute todos los elementos mencionados  y se pronuncia por establecer políticas que ayuden a construir espacios posibles en medio de las complejidades de la Revolución Digital que vive el planeta. Esperemos los resultados.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Decir en Cuba lo que los medios tradicionales niegan al sujeto


Por Eduard Encina

Eduard Encina (E.E): Escribir un libro es crear una relación entre un soporte y un receptor: ¿Cómo se articula desde un blog la idea del “yo” y la del  “otro”?

Arnoldo Fernández Verdecia (A.F.V): Desde un blog el yo tiene un peso esencial, pues funciona como una especie de bitácora de buen navegante, permite decir lo que medios tradicionales niegan al sujeto, y eso tiene un valor tremendo en las complejidades del mundo actual; pero tiene otra dimensión esencial: el otro también participa y lo hace en condición de igual; al extremo de democratizar la posibilidad de interactuar sin estar supeditado a las mediaciones que un censor impone cómodamente instalado en una silla destinal, desde la cual toma las decisiones menos felices. 

E.E: Gracias al ciberespacio la visibilidad del mundo cambió: ¿Hasta dónde existen o no los macondo?

A.F.V: Los macondo siempre existirán para bien o para mal, porque forman parte de la periferia de la Revolución digital que vive el mundo; son algo así como aldeas desfasadas donde reinan mitos y leyendas que nada tienen que ver con los tiempos reinantes; pero en esos lugares siempre surgen behíques untados con el aceite de los cambios y se convierten en los hechiceros de la memoria colectiva, por eso resulta a veces increíble imaginar un aborigen de la Amazonía editando un blog con un perfil netamente ecológico en defensa de identidades ancestrales, o un negro diciendo las verdades reprimidas de su gente, o un escritor dando señales de humo en medio de la selva autoritaria que lo anula. Tarde o temprano los macondos producirán los cambios liberadores y serán parte de esa Revolución digital, pero creo que tardará bastante en lograrse.

E.E: Todos conocemos las limitaciones de los cubanos para acceder a Internet, sin embargo se habla de una Blogosfera cubana: ¿En realidad existe? ¿Qué importancia les atribuyes a los jóvenes dentro de ella?

A.F.V: Existe una Blogosfera cubana potencialmente hablando, no olvides que la misma no solo integra a los de la isla, sino a aquellos que viven en la diáspora y siguen sintiéndose cubanos, incluso los que no piensan como nosotros, que para bien o para mal son mayoría en el ciberespacio y eso está demostrado en tesis de periodismo discutidas recientemente en la universidad de La Habana.

Creo que la participación de los jóvenes es estratégica, sobre todo los intelectuales que tienen una conciencia crítica para direccionar los cambios que necesita este país y visualizar los estados de opinión de más intensidad presentes en lo social, cultural y político. Lamentablemente la prensa no está a la altura del debate de ideas que reclaman los nuevos tiempos, le falta integralidad y conocimientos, por eso los blogueros jóvenes en revolución y desde la revolución, tienen una responsabilidad tremenda en la definición del nuevo proyecto de país que se articula.

Fuente: Cimarronzuelo oriental.


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