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viernes, 13 de abril de 2018

¿La “Sociedad civil cubana” está perdida?




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com

En una conversación de Café, un grupo de jóvenes decía que la “Sociedad civil cubana estaba perdida”, que debían enfocarse en asuntos más personales, menos públicos, porque no valía la pena participar. Con aguda crítica les dije, “no vale la pena sentirse excluido, mejor el diálogo de los problemas entre cubanos, instituciones nuestras, que la mea culpa señalada por otros”. “Compadre estás envejeciendo, -dijo uno-, la realidad es que hacia lo externo somos una cosa, brillamos, pero hacia lo interno, andamos muy mal, los valores extraviados, la gente no respeta el derecho, ni de los animales; la corrupción anda campeando hace años y no hay forma de ponerle coto. ¿Qué hacer ante situaciones así?, ¿participar?, ¿para qué?, ¿si a Esteban Morales, un monstruo en las relaciones Cuba-Estados Unidos, economista brillante, lo silenciaron por participar con criterios revolucionarios?”. Volví a la carga y riposté, “Cuba es una país en paz, debemos mantener eso a toda costa;  no dar margen al fantasma del caos. Río revuelto, ganancia de pescadores extraños. Los tiempos obligan a la inteligencia. Confío en la capacidad de los elegidos para asumir la complejidad, encausarla e intentar el cauce ético más profundo, “ese sol del mundo moral”, como diría el poeta y crítico Cintio Vitier Bolaños. Debemos empezar, proseguí mi argumentación, por nosotros mismos, tener la capacidad de convivir con los que piensan diferente, pero saber decir las cosas, señalar los problemas, salirnos de la retórica oscura que oculta las dificultades; creo que necesitamos profundizar la revolución en aquellos problemas aún no resueltos, la vivienda, los viales, la tierra misma, la calidad moral de las personas, hacer que la gente regrese al campo, se sienta dueña de lo suyo, que lo ame, lo defienda, enseñe a los otros a hacerlo. Necesitamos más que nunca un ejercicio cívico de la comunidad en las escuelas primarias, la enseñanza de la historia local en las educaciones preescolar y primaria;  sino formamos patriotas capaces de amar las raíces, ¿qué tipo de cubanos tomarán el futuro, lo moldearán, lo construirán? “Compadre, dijo otro de los jóvenes-, a nadie le importa el barrio, es cosa de gente vieja, así lo dice Lorenzo Lunar en un libro titulado “El barrio en llamas”. La gente anda metida en los alcoholes, la lucha del pan de cada día, en cómo me visto mejor, cómo puedo tener un celular de los mejores. Así anda el cubano men, sobre todo nosotros los jóvenes. Para conquistar una jevita tienes que tener una montaña de fulas, porque si no es así, no va a ningún lado contigo”. Otra vez el camino cerrado, la angustia. Llegaron las tazas con aquella tisana llamada café, cada cual lo apuró según sus intereses. Hablamos de la “verdadera Ruta Funeraria de José Martí”, la ignorada por millones de cubanos;  el Obelisco perdido en San Lorenzo a Carlos Manuel de Céspedes;  pero aquellos muchachos necesitaban vender cupones de navegación,  querían mejorar el día y uno empezó a hablar en inglés, porque el futuro estaba en diciembre de 2018 y él quería sentirse turista en cualquier tierra, menos en la cubana.   

lunes, 3 de julio de 2017

Mi amigo el “infeliz”





Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

Una vez Antonio Maceo en la radio nos unió en la amistad;  después vino su estupenda caligrafía;  esa acentuación impecable. Recuerdo el sueño del “Proyecto Mogote”, hechura suya, en aquellas  tardes memorables  de su antigua casa del Reparto Frank País, aquí en Contramaestre, oriente de Cuba.

Junto a él vivimos los procesos más complejos hasta que fue destronado por un dictadorcillo local;  muchos llegamos a temer hasta por su vida. Recuerdo las veces que fui a toda carrera porque no tenía noticias suyas y su esposa temía un suicidio traumático. Llegó a "vanguardia nacional";  visitó países socialistas, en fin, era de esos seres intachables.

Aquel hombre tenía vocación por la décima, le salían con una facilidad enorme. Su frase favorita “Dime infeliz” nos unía en licores que libábamos en la noche, cuando uno de nosotros cumplía años y él ofrecía su casa, porque no teníamos techo para congregarnos.

Un día mi amigo empezó a tener criterios demasiado lúcidos y se habló de promociones estelares, proceso no tolerado por el dictadorcillo local que apodamos “el Cuate”; así llegó la caída;  mi amigo  dejó de ser tan bueno;  los falsos lo abandonaron; incluso los análisis de su personalidad cobraron tintes delirantes;  en otras palabras, lo obligaron a irse del país que más amaba en el mundo. Lo hicieron dejar atrás sus palmas, el olor del café loma arriba, los rumores de barrios de provincias  y aquellas conversaciones interminables en su casa.

Una mañana salí a despedirlo;  lo abracé fuerte, muy fuerte;  entre sus cosas llevaba “Lo cubano en la poesía” de Cintio Vitier. Lo vi perderse en un Moscovich blanco por la Carretera Central de Cuba. Se fue en unos “ojos verticales”, “unas manos negras”, un cuento de Trujillo;  pero nunca dejó ser una buena persona. Por un egoísmo mío, nuestra amistad se enfrió,  quise me trajera de vuelta a Cintio y él, muy molesto, en un sobre de manila  lo puso ante mis ojos un día y dijo palabras duras, muy duras. Yo tuve la culpa. A los amigos de verdad se le regalan los libros, es una máxima que nunca olvidaré. Lo otro es ciencia ficción.

jueves, 27 de marzo de 2014

Dictadorzuelos de la cultura sí que los hay

Los dictadorzuelos de la cultura tienen el don de la ubicuidad.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu 

En una conversación  de café, un amigo cercano habló de la función negativa que ejercen los dictadorzuelos de la cultura; tienen el don de la ubicuidad, están en todas partes, resuelven los problemas, creen ser los creadores de lo que se hace, en fin, no permiten individualidades a su lado.

Mi amigo habló largo, dijo que si queremos construir visiones plurales de los procesos culturales, debemos comenzar por nosotros mismos y no ejercer tiranías que terminan asfixiando estéticas y maneras de organizar diferentes. Señaló a Orígenes y su principal doctrinario, Lezama Lima, como paradigma; nunca impuso su poética a  escritores como Eliseo Diego, Fina García Marruz, Cintio Vitier y otros.

La conversación subió de tono y llegó hasta el Café Bonaparte, grupo que reúne
en Baire, los domingos, a amigos y amigas.  Mi amigo habló de extensos debates que allí florecen, muchas veces con un efecto coral, pues alguien cree tener el don de la ubicuidad,  y a él, -“yo pienso con cabeza propia, me dijo”-, no le queda más remedio que convertirse en disidente, porque no resiste esa condición tutelar que alguien reclama para sí. 

Así llegamos a José Martí, siempre atento a las tiranías para reducir sus efectos alérgicos; mi inquieto amigo, -inspirado en el Apóstol-, dijo que si queremos parecernos al futuro, tenemos que desarrollar el don de asociarnos y construir espacios de libertad, donde participemos en condición de iguales, sin que alguien se encargue de decidir  por nosotros.

Habló de las ferias del libro celebradas en su pueblo, de los eventos, siempre giran alrededor de una persona; el otro, los otros, no existen, así se reparten honores, reconocimientos, pago de resoluciones; en fin, todo lo imaginable en el mundo de la cultura; cuando esta persona falta, todo se desmantela, porque no hemos sido capaces de construir el otro, así que no debemos predicar un tipo de moral –demasiado latosa-, si en casa no hemos sido suficientes para alzarnos con el don de la ubicuidad.

jueves, 13 de febrero de 2014

Conducta: más rebeldes con lo malo de la sociedad cubana de hoy*

 
Más rebeldes con lo malo que queda en la sociedad cubana de hoy.
Por Ángel del Toro Fonseca. 

Desde mi humilde mirada de comunicador social he percibido hechos de la  Cuba que me vio nacer, que me han marcado para siempre. Unos me han hecho más patriota; otros me han motivado a la rebeldía a la que me dio derecho el país, que mis padres y yo mismo nos ganamos con sudor. Pero hoy, a la luz del filme “Conducta”, me parece que se han conciliado en mí los dos procesos: creo que soy más patriota, por ser participe del mensaje de Ernesto Daranas (su director y guionista), y al mismo tiempo, más rebelde con lo malo que queda en la sociedad cubana de hoy.

Desde la crisis de los años 90 en Cuba aprendí de Cintio Vitier que los odiados “balseros”  eran y siguen siendo nuestros hermanos, primos, amigos, ecobios, correligionarios, soldados de mi escuadra, socios del barrio, parte del grito del jonrón o el nocaut, o competidores fraternales del último pasillo con Pupi  Pedroso.

De la misma manera, la noche del pasado sábado en el cine Belic de mi Contramaestre, los protagonistas de “Conducta”: Chala y su maestra, la madre alcohólica, el casi padre que peleaba perros, unos niños sumamente inteligentes, los holguineros “palestinos” en La Habana, las imágenes de las calles de esa ciudad patrimonial,  tan vieja como tan sabrosa; me hicieron comprender que ninguno de los que vivimos en esta isla podemos desentendernos de la Cuba profunda, esa de los barrios “duros” en donde se bebe alcohol rebajado con agua, en donde la “bolita” hace de las suyas e involucra a niños; pero en donde también nacen seres humanos que aman a las palomas, crecen intercambiando puñetazos con la vida y  cuidan de sus familias sin que nadie se los imponga.

 
 “Conducta” me hizo comprender mejor porque los cubanos que aspiramos a dejar una huella digna en esta nación y en los hijos que procreamos. No podemos desentendernos de esas duras realidades en un país que trabaja duro por salir de los apretones que nos imponen desde afuera e intentamos solucionar errores que, como humanos, cometemos aun.

Dura paradoja, en esa misma sala de cine de Contramaestre, donde se estrenó “Conducta” y mi esposa lloró durante casi una hora, solo estaban unas 30 personas. Dura paradoja, me dije, cuando al abandonar el lugar avisté a decenas de niños en las calles a las 10 de la noche necesitados de un buen consejo, una buena madre o quizás una  maestra de alta calidad humana.

“Conducta” se exhibe en el cine Bélic de Contramaestre toda esta semana. Las impresiones de todo tipo llueven. El reconocimiento de decenas de padres y algunos adolescentes de que el maestro merece un altar ante el cual pidamos no su adoración  divina, sino su renovada salud, es un reclamo necesario.

Como quiera que sea, desde las entrañas de Cuba y a pesar de los pesares, yo apuesto por niños como Chala, para los cuales siempre hay otro chance en cualquier escuela y así puedan reencontrarse con lo más hermoso de la Revolución. Apuesto definitivamente por un país que sigue dispuesto a admirar con devoción a sus maestros.


Publicado originalmente con el título: Conducta: una lección desde las entrañas de Cuba, en http://citaconangel.blogspot.com/2014/02/conducta-una-leccion-desde-las-entranas.html

lunes, 6 de mayo de 2013

A Cuba la define mejor el emigrado

El hombre que mejor nos comprendió y definió, vivió la mayor parte de su tiempo fuera de la isla. De sus 35 años, sólo 7 los vive en Cuba. (Escuchar crónica en audio +)

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Decir José María Heredia  es pensar en las palmas deliciosas con que se imagina a Cuba en la distancia. La palma es la flor del emigrado, la flor que alude a la isla. Razones como las señaladas determinan una afirmación de Cintio Vitier: "Heredia inicia la iluminación poética de Cuba desde la nostalgia del destierro". 

Es curioso que nuestro primer aliento lírico se genere fuera del espacio físico del mayor archipiélago de las Antillas. Fue el primero, desde esa lejanía, en nombrar la Patria, no simplemente como tierra natal, sino como esencia que brilla inalcanzable.

Con Heredia, ha dicho Vitier, “la isla se vuelve, no sólo distante, sino también  lejana, porque ha entrado en su intimidad, en su deseo, en el anhelo de su alma. Cuba empieza a ser esperanza a la vez que nostalgia;  cielo futuro, que no se gozará  nunca, a la vez que paraíso perdido”.

Heredia es el poeta que descubre a Cuba en la lejanía. Es el que visualiza los elementos de la cubanía con mayor claridad. Sus dos patrias adoptivas: Estados Unidos primero, y México después, le permiten dar el paso de la naturaleza al paisaje. “Plátano sonante”, “pomposo naranjo”,  y  “mango erguido”, serán adjetivaciones construidas en su ruta del destierro, para referirse a la flora antillana.

Pero con Heredia comienza también la poesía del mar, hecho que lo hace imprescindible al mirarnos en el pasado y comprender que una isla, siempre está rodeada de olas por todas partes, y no podemos evitar  una relación especial con el agua. Sin el mar, nos dejó dicho el bardo, no alcanzamos a entender Cuba, ni siquiera sabemos qué es.

En el repertorio lírico cubano es el primero que graba en versos el rostro de un ciclón, al estilo romántico. La revelación de la terrible  y a la vez embriagadora  divinidad aérea, le da a sus versos  una bravura descriptiva, profunda inspiración sagrada. Llama al huracán: “manto aterrador y majestuoso”.

El hombre que mejor nos comprendió y definió, vivió la mayor parte de su tiempo fuera de la isla. De sus 35 años, sólo 7 los vive en Cuba. Siempre quiso volver, morir en ella. Es por eso que enfermo y desconcertado ante la situación caótica de su tierra natal, se retracta de sus ideales revolucionarios, y en carta al capitán general Miguel Tacón, solicita permiso para volver, aunque sólo lo hace por dos meses.

Humillado por el colonialismo español, traicionado por sus amigos, que lo llaman ángel caído, olvidado por el gran amor de su adolescencia, regresa a México. Sólo conserva, en la Patria que lo vio nacer, el amor de su madre. A ella le dedica la mayor parte del tiempo. Martí, en un arranque apasionado de lucidez, señala: “…el poeta… había tenido valor para todo, menos para morir sin volver a ver a su madre y a sus palmas”.  Ya enfermo, de una grave afección pulmonar, le escribe a su madre que quizás con “el ajiaquito, el ñame y el quimbombó, logrará restablecerse”, legando a la posteridad la última prueba de su raigal cubanía. El 7 de mayo de 1839, muere. Sus restos  descansaron en un sencillo cementerio de la capital mexicana. Hoy están perdidos para siempre, el mismo fue desmantelado por oscuros hombres.

El himno del desterrado es quizás uno de sus poemas más evocados, y con un fragmento del mismo, termino esta semblanza, del poeta que nombra a Cuba y la hace Patria en la palabra: “¡Qué tesoros de amor tengo allí!” “¡Ojos tristes, llorad!


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