Mostrando entradas con la etiqueta Máximo Gómez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Máximo Gómez. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de abril de 2017

Un hombre de 102 años



"Yo aprendí a amar a Cuba leyendo las páginas de la revista Bohemia".

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com  

Ha vivido 37200 días, parece fácil decirlo;  pero la cosa cambia cuando afirmas “Sulpicio Fernández Peña”  cumplió 102 años de vida este 20 de abril de 2017 y lo celebró con toda la familia en Cruce de Anacahuita (oriente de Cuba), lúcido y pleno de salud.  

102 años. Increíble, diría cualquiera, pero lo cierto es – le respondería-, que nació casi con el estallido de la Primera Guerra Mundial; y por sus venas corre la sangre mambí de sus abuelos Juan de Dios y Toñé Fajardo, el hermano de Juan. En su casa natal creció escuchando las historias del insurrecto Jesús Rabí y los últimos días de José Martí  en tierras de Dos Ríos; oyó  sobre las tres veces que trató su abuelo Toñé, junto a Máximo Gómez y Martí, de cruzar el Contramaestre crecido. Juan y Toñé habían sido hombres de confianza de estos tres grandes adalides de nuestra historia patria (Martí, Gómez y Rabí). Supo,  mediante la palabra de Toñé, del primer entierro de Martí en Remanganguas: “Los Sánchez se hicieron cargo del cadáver, eran hombres muy respetados allí”.   

Durante la República (1902-1958) era un lector apasionado de la Revista Bohemia, según él, “la más leída por los cubanos. En casa estábamos suscritos. Yo aprendí a amar a Cuba leyendo sus páginas”.

Al hablar sobre Míster Bolton supe algo tremendo; uno de sus tíos, Justo Peña, -probablemente el más querido para él-, había sido administrador de las propiedades de este señor. Me dijo que Justo había tenido 27 hijos con varias mujeres y que por su probada fidelidad a Bolton, éste le regaló una caballería de tierra donde hizo una casa por el camino que va para Tumba Vaca. "Allí murió".

Quise saber de su padre “Herminio Fernández Rosabal” y estas fueron sus palabras: “El mejor hombre que hubo en todo esto por aquí. Fue maestro de un paquete de gente, pues les enseñó a leer,  escribir y   las nociones básicas de matemática”.

En cuanto a su madre “Petronila Peña Escobar” me  dijo que “era una mujer de probada lealtad a la patria; su padre era español y un día desapareció sin dejar noticia;  entonces su madre Ofelia Escobar se casó con Toñé Fajardo, el hermano del último mambí; fue criada y educada por este hombre con mucho amor. Para nosotros, Toñé, era el padre de mamá, nuestro abuelo. Murió con el triunfo de la Revolución. Tremendo hombre.”

Pregunté al viejo por su esposa Enma Ramos Ríos y supe una historia hermosa sobre un árbol centenario: “La conocí en casa de los Ríos, a la sombra de un árbol de carolina;  la familia decía que no se podía tumbar porque allí estaba el espíritu de los ancestros. Ella andaba en los 14 y yo con los 15 cumplidos. El amor empezó bajo aquel gigante legendario que estaba en el patio de la casa de Agustín Ríos. Los quince de Enma los celebramos allí, con lechón asado y mucho afecto familiar. Es la mujer de mi vida, mi compañera de más de 70 años y unos cuantos de novios”.

El viejo Pisio, como le dicen sus vecinos, fue vaquero; un hecho que definió profundamente sus habilidades como fabulador. Grandes lotes de ganado tenía que llevar de una región a otra en la antigua provincia de Oriente. En las noches, mientras reponía energías en torno a una fogata, junto a sus colegas, el señorío de la palabra se imponía; la imaginación ganaba terreno y se convertía en una especie de Midas, todo lo que hablaba parecía ficción. Era difícil definir el límite entre realidad e invención en sus historias.

Sus mayores aficiones como hombre siempre han sido: tocar el tres, el bongó, jugar gallos y montar caballos de raza.

En la cultura de Pisio anda ligado el espiritismo más profundo y un pragmatismo elemental. Desde niño siempre tuvo la capacidad de dialogar con los muertos y vivir el hoy sin pensar el mañana.

Cuando surgió el central América y con el mismo las colonias de caña que se multiplicaron por estos lares, ahí estaba manejando un camión para llevarlas al coloso azucarero.

Después probó fortuna como chófer de alquiler, conduciendo una máquina de Baire a Contramaestre; allí lo sorprendió la Revolución de enero de 1959; entonces se vino a la finquita heredada de sus padres y trabajó la tierra como agricultor pequeño.

La única  mujer de su vida hace cinco años no está. Ellos (mi padre viejo y mi madre Enma), me dieron el abrigo que con un año y medio de nacido perdí. Al calor de sus enseñanzas crecí en la honestidad. Felicidades a ese hombre que lleva en su cuerpo, más de un siglo de vida;  y en su mente, un mundo de historias por contar.

domingo, 20 de mayo de 2012

La litúrgica de Martí en el Contramaestre


En un momento del trayecto, aparece el Contramaestre.  Refresca su cuerpo con el agua del mismo, pero también la ingiere, un hecho litúrgico que permite aliviar los dolores y las tensiones presentes
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

La relación de José Martí con tierras de Contramaestre es singular; quizás por el hecho de nombrar el paisaje, la gente y sobre todo el río, en su Diario de Campaña, con sentidos litúrgicos y hasta confesionales. 

El 9 de mayo de 1895, Martí llega a la finca de una familia contramaestrense: los Venero. El viejo Venero, había estado en la Guerra Grande, y era muy amigo de Máximo Gómez. El intercambio con el hombre común,  genera un escrito de gran valor sentimental y patriótico: “Aún está en Altagracia Manuel Venero, tronco de patriotas (…)” “Con los Venero era muy íntimo Gómez (…)” “Su casa hoy nos recibe con alegría, en la lluvia oscura y con buen café”.

El ojo martiano descubre su primera noche en Contramaestre: “(…) Dormimos, apiñados, entre cortinas de agua”. “Así dormimos en Altagracia”. En ese interregno, que cubre el tránsito del  9 al 10 de mayo, describe el diálogo con la gente de Holguín, proceso  que le permite conocer, los caminos torcidos que pueden extraviar el destino concebido en Montecristi. Pero también aprecia el cariño que le profesan los humildes: “Presidente me han llamado, desde mi entrada al campo, las fuerzas todas, a pesar de mi pública repulsa, y a cada campo que llego, el respeto renace, y cierto suave entusiasmo del general cariño, y muestras de goce de la gente en mi presencia y sencillez. –Y al acercarse hoy uno: Presidente, y sonreír yo: “No me le digan a  Martí Presidente: díganle General: él viene aquí como general: no me le digan Presidente”. “¿Y quién contiene el impulso de la gente, General?”; le dice Miró: “eso les nace del corazón a todos”. “Bueno: pero él no es Presidente todavía: es el Delegado”. –Callaba yo, y noté  el embarazo y desagrado en todos, y en algunos como el agravio”.

El 12 de mayo se dirige a la Jatía. En un momento del trayecto, aparece el Contramaestre.  Refresca su cuerpo con el agua del mismo, pero también la ingiere, un hecho litúrgico que permite aliviar  dolores y  tensiones presentes, en un pueblo  que lo imagina Presidente y ama, y un mando militar despótico que lo ubica como General y Delegado.

En un gesto premonitorio, el 13, uno de los acompañantes, ya en La Jatía, pica espuelas y lo invita a observar el escenario, donde la naturaleza entrega un verde intenso, y descubre la unión de dos ríos: “(…) el Contramaestre entra allí al Cauto”.  “Cruzamos el Contramaestre”. Ese día, en un gesto confesional, señala: “Ya está el rancho barrido: hamacas, escribir; leer; lluvia; sueño inquieto”.  La experiencia vivida en campaña, conjuntamente con el acercamiento a Gómez y a Antonio Maceo, le permiten intuir un escenario de confrontación, difícil de encausar: “Escribo, poco y mal, porque estoy pensando con zozobra y amargura. ¿Hasta qué punto será útil a mi país mi desistimiento? Y debo desistir, en cuanto llegase  la hora propia, para tener libertad de aconsejar, y poder moral para resistir el peligro que de años atrás preveo, y en la soledad en que voy, impere acaso, por la desorganización e incomunicación que en mi aislamiento no puedo vencer (…)”  Nuevamente el recurso litúrgico acude, pues el 15,  libera tensiones al bañarse en el Contramaestre, disfrutar el aguacero desde el rancho,  o sencillamente apreciar “la caricia del agua que corre: la seda del agua”.

Sin embargo, vuelve a cargarse de energías negativas.  El 16 narra el testimonio del capitán Pacheco, que le permite fundamentar sus preocupaciones en torno a un mando despótico futuro, que no sea capaz de interpretar correctamente la espiritualidad del cubano y de lugar a desviaciones lamentables: “(…)el cubano quiere cariño, y no despotismo: que por despotismo se fueron muchos cubanos al gobierno y se volverán a ir: que lo que está en el campo, es un pueblo, que ha salido a buscar quien lo trate mejor que el español, y halla justo que le reconozcan su sacrificio”.

Nuevamente la lluvia acude como bálsamo para aliviar preocupaciones. Escribir y leer complementan una posible liberación de angustias, que anulan su libre albedrío en las decisiones patrias, se siente sólo, completamente aislado, por un militar, que al desembarcar, ejerció el mando único, y lo relegó a la condición de espectador, o sencillamente lo nombra Mayor General, para tenerlo, de cualquier forma subordinado; incluso decide sin contar con él, en consulta con otros jefes, que su lugar es la emigración, y no Cuba; dolor grande que invade la reflexión, la palabra.   

Con esa carga negativa,  sólo tiene el alivio de apreciar un último aguacero; aunque un mal augurio parece intuir el 17, pues no puede bañarse en el Contramaestre, ni beber su agua fresca. “Está muy turbia el agua crecida (…), -y me trae Valentín un jarro hervido en dulce, con hojas de higo…” La última anotación de su Diario, nombra al río que ahora también lo anula, ni funciona ya como recurso litúrgico, para alimentar el espíritu y oxigenar las ideas. Se siente completamente abrumado por las preocupaciones. El destino de Cuba, parece incierto, aunque alberga la esperanza de que “a campo libre, la revolución entraría, naturalmente, por su unidad de alma, en las formas que asegurarían y acelerarían su triunfo”.

No llegó a ver la revolución unida. Sin su ayudante Ramón Garriga, y acompañado de un joven bisoño, montando un corcel blanco y  brioso,  murió asesinado, según versiones mambisas, por balas españolas, en circunstancias aún no aclaradas por la historia. Era domingo, y 19 de mayo. Temía a la oscuridad y salió a buscar luz.

Fuente consultada: Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1964, pp.234-243.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Muerte de José Martí en Dos Ríos: ¿Responsabilidad de Máximo Gómez en la tragedia? VI


¿Y por qué lo dejó usted lanzarse (a Martí)? pudiera observárseme".
 
Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Sobre la muerte de José Martí  en Dos Ríos, lugar de encuentro del Cauto y el Contramaestre, Máximo Gómez narraría a Tomás Estrada Palma, años después: “¿Y por qué lo dejó usted lanzarse (a Martí)? pudiera observárseme. A alguna distancia del enemigo le ordené se retirara, él desdeñó mi orden y mientras yo ordenaba la carga no era posible que yo mirase a Martí. Cuando me pude apercibir de su caída, lo más que podía hacer lo hice, lanzarme solo a ver si recogía su cadáver. No me fue posible, y puedo asegurar a usted que jamás me he visto en tanto peligro.” 1

En una misiva de ese mismo mes, remitida a Benjamín Guerra, Gómez dio otros detalles: “Aquel día oímos los fuegos a distancia de más de media legua de nuestro campamento, y cuando yo acudo, con la gente que tenía, a salirle al encuentro, Martí marcha a mi lado. “Hágase ud. atrás, Martí, no es ahora éste su puesto, le ordené yo, lo oyeron varios. Él detiene, es verdad, un tanto su caballo, pero yo con toda mi atención en el enemigo, no miré más a Martí, en la brusca acometida que se le dio aquel día al enemigo” 2

De las declaraciones de Máximo Gómez, y de la falta de un parte oficial, nace la confusión. Lo que anota en su Diario, y luego repite en cartas, es distinto de lo que dijo en aquellos días a George E. Bryson, el corresponsal del New York Herald: una vez contó que Martí quiso seguirlo cuando el cargaba contra el enemigo; otra que ya estaba camino a Jaragua, donde embarcaría hacia Jamaica. La ropa, el dinero y los otros objetos con que lo recogieron los españoles, más bien denuncian el viaje, pero el desamparo en que se vio, la falta de escolta, mejor se explica si pensaba quedarse en el campamento de Vuelta Grande y que de allá se lanzó, imprudente, sobre el enemigo. Muchos años después, ya muerto el Generalísimo, Ximenez de Sandoval lo culpaba por el desastre cubano.

Notas: 
1 De Gómez a Estrada Palma, 22 de agosto. Archivo Nacional de Cuba, fondo Delegación cubana en Estados Unidos. Caja 116, documento 15631.

2 De Gómez a Guerra. 29 de agosto de 1895, La Revolución del 95. Según la correspondencia. T. 1. Pág. 71.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Aviso a los lectores de Caracol de agua

Este blog admite juicios diferentes, discrepancias, pero no insultos y ofensas personales. Revise su comentario antes de ponerlo y debatiremos eternamente sobre lo que usted desee. Los comentarios son propiedad de quien los envió. No somos responsables por su contenido.