Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com
Crecimos en la irreverencia de las canciones de Silvio
Rodríguez, sus herejías las hacíamos nuestras y por ahí poníamos el mundo que
nos dolía ante los que solo tenían sus verdades y no admitían otras, aunque las
expresáramos desde posiciones revolucionarias. Ha pasado el tiempo y el blog Segunda cita de Silvio ampara hoy esas irreverencias necesarias, lúcidas,
cuando algunos están decretando lo “políticamente correcto” y otros se están responsabilizando con
fundamentarlo desde elevadas estaturas intelectuales; títulos académicos y
libros publicados. Las herejías han sido siempre las mejores compañeras de los
procesos emancipatorios; muy pocas veces
lo liberador se genera desde los centros de poder cultural.
Siempre
he creído que los etiquetajes tienen
intenciones excluyentes, sobre todo si vienen de focos grupales con
funciones doctrinales, esos que pudieran
llamarse amplificadores de ideología política, que muchas veces, son más
conservadores que las mismas corrientes de izquierda o derecha, centro
izquierda o centro derecha; la cuestión medular hoy es entender la Cuba compleja que tenemos que
refundar en medio de un asedio de símbolos, donde nos van las oportunidades
surgidas con un socialismo estatista que pensó más que en nadie en los
condenados de la tierra; pero hirió otras sensibilidades y apartó de la nación
a muchos que tomaron el camino de la migración. Esos también son cubanos,
aunque sean anexionistas, reformistas o siete mesinos. Nuestro debate actual
debe incluirlos, persiguiendo esa máxima de Fidel Castro, de que hasta los
enemigos, podemos convertirlos en amigos y sumarlos a un independentismo
liberador, donde las palabras mayores
sean: SOCIALISMO PARTICIPATIVO Y DEMOCRÁTICO Y LA JUSTICIA MÁS ALTA QUE LAS PALMAS
REALES.
Hace
unos días estuve viendo una conferencia del expresidente de Ecuador, Rafael Correa, sobre
el capitalismo en Israel; la cuestión de fondo que analizaba era lo efectivo del sistema allí, sus eficiencias mostradas en parámetros internacionales de probada
credibilidad y no pude evitar orientarme teóricamente hacia la ley de la
transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos, donde lo nuevo
como instancia de cambio, no niega totalmente lo viejo, sino que asume lo mejor
suyo y lo transforma en una calidad superior;
en esa coyuntura es que se empolla la nueva entidad llamada SOCIALISMO
PARTICIPATIVO, CREATIVO Y DELIBERATIVO.
Por
lo dicho hasta aquí, no me cabe otra cosa que pensar que el debate sobre el
“Centrismo”, es uno de esos momentos
claves, donde los que quieren lo mejor para Cuba, tienen derecho a expresarse
desde sus referentes doctrinales, pero sin etiquetajes, exclusiones y
malabarismos ideológicos. ¿Cabe entonces
el punto medio entre lo mejor del Socialismo y el Capitalismo, para edificar
esa sociedad ideal? ¿De qué socialismos estamos hablando? ¿De cuáles capitalismos? Si somos marxistas dialécticos, la respuesta es más que
evidente.
Si
aspiramos a una Cuba justa, ¿caben todas las posiciones?. En esto prefiero asumir
el electivismo de Félix Varela, ese que, desde una honestidad autóctona, no se plegó
a veleidades o a intereses estrechos y produjo lo más perdurable y sólido de lo
cubano. De hecho, esa condición, fue la
que nos dio una personalidad histórico-cultural definida, expresada como actitud
crítica ante sistemas y patrones culturales e ideológicos en boga, con
independencia del credo dominante en grupos y pensadores.
Bienvenidas
las contradicciones argumentales; son
saludables, si están orientadas a la búsqueda del proyecto de nación, donde
quepamos todos y para el bien de todos; donde las negaciones impliquen algo más
que una espiral y seamos una
horizontalidad saludable, una nación en la diversidad cultural e ideológica, unos herejes incómodos, para
algunos, pero con una causa quijotesca que defender llamada CUBA.








