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sábado, 23 de agosto de 2025

EL LLAMADO DEL AMOR


Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

Comía huesos en todas las casas del barrio. Recorría la candonga en busca de sobras. Bajaba el farallón tras cualquier cosa para comer. ¡Una lucha diaria por sobrevivir!

Tenía 15 años, era un abuelo. Me dolía tanto verlo en su vagabundeo cotidiano, que empecé a darle de vez en cuando alimentos. Él comprendió enseguida mi amor y me premiaba con ladridos. 

Un día llegaron intensos aguaceros y no dudó ni un segundo en establecerse en mí portal y pasarlos allí. Nunca le faltó, en todo ese tiempo, un trozo de tela limpia donde echarse, agua y comida. Dormía al lado de la ventana de mi cuarto. A veces, asustado, temía abrir la ventana y no verlo , pero siempre ahí, leal, seguro. 

Un día desapareció y salí a buscarlo por todo el barrio, creí que le había pasado algo malo, pero no, se había ido a sus aventuras de sobreviviente noctámbulo que recorría el pueblo en busca de cualquier cosa para comer. Dos días en ese deambular y una tarde llegó, al escuchar mi voz, al sentir mis caricias, lloraba como el perro sensible que era. Ese día abrí la puerta de la casa y lo invité a entrar, a quedarse y él aceptó. Lleva un año conmigo.

Cuando lo acaricio y le hablo llora infinitamente y me lame las manos, los brazos, el cuerpo todo.  Adora mis caricias, mis palabras.

Todos los días, mientras como, espera su regalo, espera sin golosear, tiene la certeza de que al pararme de la mesa, su boca recibirá algo sabroso. 

Ya no ve. Lo guío con mis palabras, construimos un lenguaje que es su luz. Con esa luz sus ojos ven. Un año a mi lado es poco, suficiente para él convertirme en su dios.

miércoles, 18 de octubre de 2023

PATRIA, NOSTALGIA Y DOLOR



(A los cubanos, aquí y donde quiera que se encuentren)

Mi patria era 

el café de mi madre 

en la madrugada. 

Mi perro comiendo en mis manos

carne de res.

El sinsonte 

sobre la palma

en infinitos conciertos 

matinales.

La tojosa en el naranjo  

y su piar premonitorio. 

El arroz.

El potaje. 

El huevo frito.

El cerdo asado.

Mi patria ahora 

es la noche.

El silencio.

La nostalgia. 

Una tristeza que no consigo 

quitarme del alma. 

Mi patria era la naranja dulce.

La mandarina. 

El limón. 

Las macetas de anoncillos. 

La harina de maíz.

Jugar al cogío.

Al topao.

A los escondidos. 

Al zunzún de la carabela.

A los tres mosqueteros.

Bañarnos en el pozo 

en el río

en la presa

en el mar. 

Jugar pelota. 

Mi patria ahora 

es la palabra amarga.

El vuelo de aquel 

sinsonte 

a otras palmas del mundo. 

El piar de aquella tojosa 

sobre un árbol seco. 

El retrato de mi madre 

en la pared.

El de mi padre.

El de mi abuelo...

Los huesos de todos mis muertos. 

La patria ahora 

es un perro hambriento 

que me mira con ojos enrojecidos.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

VIÑETAS DE TIERRA ADENTRO (CUQUITA)


Por Arnoldo Fernández Verdecia 

La quise con amor infinito, por eso me cuesta entender porqué es tan breve la vida de un perro. 

Durante quince años acompañó mis días y noches;  nunca me preparé para decirle adiós.

Una noche se fue y sentí lo mismo que cuando muere una persona muy amada. 

El perro aprende los afectos con inteligencia admirable. Algunos  humanos no consiguen entenderlo. Cuando Dios hizo al hombre, le regaló un perro para que aprendiera la lealtad.

sábado, 3 de septiembre de 2022

MININA


Alguien la recogió 

pero nunca la quiso

Así que vivió por mucho tiempo

sin un refugio donde aliviar

el hambre 

              la sed…

Fueron tantos los palos

recibidos en su vida

que no sabía descifrar

                            la alegría 

                  cuando era real

Su patria era la calle,

allí lo sueños

              la esperanza,

              un lugar para dormir

Mirarse en sus ojos

producía un dolor 

               que no cesaba

verla húmeda  y triste

               bajo los aguaceros

                       dolía al mismísimo Dios

Yo era un niño en el portal

de una tarde cualquiera 

que no entendía

           como podía suceder algo así

Una noche la robé

                  de aquella tragedia

desde  esa hora cuatrera

                  no se cansa de amar 

                  al muchacho tierno 

                             que la salvó.   


lunes, 30 de agosto de 2021

HUGO


Por Ania Álvarez Enamorado* 
(Poetisa y narradora) 

Llueve allá afuera . Me gustaría salir corriendo y saltar en los charcos, respirar el aire del mar que no está muy lejos, embarrarme de lodo y mataperrear con los demás, pero no puedo, lo único que hago es dar pequeñas cabriolas cuando me dejan salir al jardín o al patio de la casa. Me pregunto si alguna vez me permitirán hacerlo o si podré al fin levantar mi voz sin que amenacen con castigarme, como si la naturaleza no me hubiera dado voz para que haga gala de ella. 

Llueve cada vez más fuerte, truena y una luz inmensa ilumina todo encendiendo un sol gigante muy cerca de mí; eso me da mucho miedo por lo que sin esperar a que se repita me cuelo bajo la cama, la cama dónde él duerme, yo lo hago a unos pasos, en mi camita de algodón. En su favor puedo decir que me mantiene limpio, alimentado y alguna que otra vez me rasca la panza. Es mi dueño y yo soy su amigo fiel. 

Llueve y truena que da espanto, gimo. Él lo sabe,  por eso me saca de mi escondite diciendo.

— Hugo tranquilo , es sólo un trueno. Cállate ya y déjame dormir. 

A mí me ha parecido que piedras gigantes se despeñaban desde el cielo directo hasta aquí y que podían caernos en la cabeza. 

Pruebo a ladrar dos o tres veces para darme valor:

— ¡Hugo, cállate perro loco! ¿Quieres ver cómo te hago callar? ¡Perro estúpido!... 

Vuelvo a ladrar pero esta vez es por el gato de la vecina que pasa por mi lado burlándose de mí ¡Qué humillación! Me lanzo con un impulso tremendo tras el gato pero la correa me mantiene tan fuertemente sujeto que por poco sucumbo.

— ¡Hugo! 

El gato malcriado sonríe burlón y vuelve a pasar por mi lado con la cola levantada... 

Llueve, ya no se siente el ulular del viento, las gotas caen más suavemente , me recojo impotente en mi cama calentica y cierro los ojos para soñar que ya no hay nada que me impida ladrar, correr y saltar en los charcos mientras me lleno de lodo.      

*Ania Álvarez Enamorado, Maffo, Santiago de Cuba, 16 de Abril de 1966. Graduada de Instructora de Arte, Teatro, 1987. Ha trabajado en Casa de Cultura en Contramaestre, en Casa de las Américas, Habana. Ha obtenido numerosos premios en poesía. 


martes, 3 de agosto de 2021

Pobre campeón


Por Arnoldo Fernández Verdecia

Sueña olores deliciosos, corre, los alcanza y una diversidad de sabores conquista su alma; cuando despierta, el cacharro en blanco es una cruel pesadilla que no comprende. Husmea en la dirección de la cocina de sus amos, pero ninguna señal; vuelve a hacerlo, necesita algo que lo devuelva a la vida de antes, pero ningún olor conocido. De lejos llega un silencio desgarrador; lo registra en su memoria sin decodificar el significado. Vuelve a su hogar, consigue cerrar los ojos y otra vez sueña, lo disfruta al máximo, imagina su cacharro lleno de  yermos vestidos con  carnesitas, boniatos hervidos, arroz, cuencos de leche fresca; al abrir los ojos, su olfato se agita; ni siquiera un humillo. De nuevo a su casucha,  pierde fuerzas, no consigue comunicar ningún signo; entonces empieza a desvanecerse en un cuerpo enconado por la desdicha; si al menos  lo acompañara una galga de pelo suave sería muy distinto el sentido de la vida; sin embargo, por mucho que se convenciera a sí mismo para creerlo, era imposible; allí no iría ninguna; porque él no tenía un trozo de boniato humedecido con aceite o un poco de harina sancochada;  solamente era Campeón sujeto a una gruesa cadena de hierro.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Solo es un perro negro en la calle




Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeaguaoriente@gmail.com 

De lejos parecía dormido. La Carretera central a su lado. Era negro con pintas amarillas. Temí lo peor. Al acercarme, un hilo de sangre salía de su boca y bañaba el alcantarillado. Con tristeza tomé la foto que su perdido dueño debió hacer. Lo observé muchas veces; yacía allí, sin nombre; nada  que hablara de su identidad perruna. ¿Dónde andaría su anónima familia? ¿Dónde el niño que cada tarde acariciaba su cabello? Su peor desgracia fue ser perro y tener que salir a la calle a luchar comidas hasta que llegara la noche y pudiera comer alguna sobra; si es que sus dueños dejaban algo. ¡Qué bestiales nos hemos vuelto! A algunos les cuesta mucho compartir  un plato de comida con su mascota. Huesos cuando hay y basta. Quizás un trozo de yuca dura, o restos de arroz en salsa. ¡Qué monstruos somos! Mira que tener un animal de compañía en casa y no ser capaces de compartir una posta de carne, un trago de leche, o un pedazo de pescado. Tristeza da saber  a un pueblo tan egoísta. Las necesidades nos han vuelto más animales que los mismos animales. Por eso resulta tan normal, -lo que para otros es anormal-, hacer colas para rabos, patas, vísceras y costillas desguarnecidas, venidas en tractores del lomerío cercano cada sábado; sin higiene alguna. Antes nuestras mascotas disfrutaban con ese despojo;  ahora nosotros hasta golpeamos si alguien se cuela. Allí, las palabras duras, los ojos torcidos ante los sacos de yute que se pierden en la llanura asfaltada sin explicación razonable. ¿En qué bestia hemos mutado? El perro negro con sus pintas amarillas allí; desde su mudez terrible me habló. Un espeso sol sobre mí. No es noticia la muerte. A nadie importa el autor del asesinato; la reconstrucción de los hechos; total, solo es un perro negro en la calle.

jueves, 21 de enero de 2016

Cuando una madre se va


Mi madre y yo.

Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu

A mi madre, ella es mi espíritu.

Hay un río que tiene una poza espejeante. Allí las ropas van y vienen, dejan el color, incluso los sudores. La paleta de mamá sube y baja. Tiene música. Su sombrero regala turrones de almíbar y campos de tomeguines; hasta conejos. Sobre las cenizas del fogón, nísperos  y leche condensada hervida. Un niño, que soy yo, se baña cuando las telas son asaltadas por el aire.  

Hay suspiros en la poza y dos cuerpos nadan como cachorros. El niño siente los colchones de naranjas,  tan dulces como aquella  fruta prohibida que desató   sus silencios y le extrajo jugos con olor a ciruelas maduras, más allá del sinsonte sobre el  anón de la tarde.    

Luego el niño ve a su madre al amanecer,  es un lucero rociado de hechizos,  parece atrapada por los sueños; pero termina imponiéndose el aullido del perro, el canto de la tojosa, el escrito inconcluso, la llamada telefónica, la noche gélida  y  ese olor a jazmines tan fuerte. Ya  es un hombre y lo siguen acompañando.

Ahora el hombre ve el sillón donde aún se mece la sombra de su madre. El crucifijo todavía arde ante la luz. Las velas son muchas. Allí siguen los tres palomos blancos, arrastran sus flores como Sísifo. Todavía la salvadera y sus estallidos. Los perros de yeso. El fogón de leña. La tinaja. El potrero de cañas  con nombre de luna.

¡Cuánto diera el hombre por ser aquel niño!, pero ya no tiene los milagros de Merlín. Su alma sólo puede ver como la sombra de su madre aparece, una y otra vez aparece, movida por el viento de noviembre y las flores del segundo domingo de mayo.

jueves, 20 de marzo de 2014

Puta será comida por un león hambriento de África

Puta huye del hombre de extremidades largas.
Por Arnoldo Fernández Verdecia. caracoldeagua@cultstgo.cult.cu

Sale de casa. El mismo recorrido. Husmea. Gritos, palos. Sale de casa. El mismo recorrido. Husmea. Gritos, palos. Carro extraño la persigue. Intenta escapar. Alguien aparece, tiene extremidades largas y una voz carrasposa. Dobla  la calle, casi ve su hogar, cuando una mano la suspende por la cola, entonces ocurre lo inesperado, cae dentro junto a otros como ella que todos los días hacen el mismo recorrido, husmean, y reciben gritos, palos. Ignoran que serán comida de leones.
Puta come en la calle, su familia es numerosa y no puede alimentarla.
El niño pregunta, nadie sabe. El vecino habla del carro. Niño llora, quiere de regreso a su macota, pero la gente únicamente recuerda al hombre de extremidades largas que la cogiera por el rabo y la metiera en una jaula; el hombre y sus palabras carrasposas: “Tienen 72 horas para reclamarla o por si  quieren adoptarla”. Niño llora, no verá más a Puta, los cachorros morirán. Puta se ha ido, el carro del zoológico se la ha llevado, será comida por un león hambriento de África.
Estos son los hombres que perseguían a Puta.
En este carro metieron a Puta para entregarla a un león hambriento de África que comerá sus carnes en el zoológico.
En esta jaula Puta  viajó a la boca de un león hambriento de África.

lunes, 20 de enero de 2014

Odisea de Perrito antes de morir


Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu

Para Diana, mi esposa.
 
Perrito juega a morir
sus ojos cansados no le permiten ver el peligro
una y otra vez cruza la carretera
no siente el claxon de los autos
ha perdido el norte de sus amos
no tiene esperanza.
Una y otra vez cruza.
Cruza sin imaginar que bajo una rueda
la muerte espera
para acunarlo en el silencio.
Una y otra vez cruza.
El hombre quiere salvarlo
emite un silbido
pero perrito no tiene oídos
no puede descifrar la palabra amiga.
Sólo le queda el olfato
por eso husmea husmea
pero no encuentra ningún olor familiar
que devuelva el hogar.
Perrito tuvo familia
hasta un amo que lo adoraba
pero un día  se fueron
no supo adónde.
Desde aquel momento
todo parecía tan lejano
tan perdido
que casi se muere.
Su casa fue invadida por extraños.
Decidió irse
trotar como el Quijote de las lecturas
que tanto disfrutaba en la biblioteca de su amo
por un instante imaginó reinos donde no faltaban buenos huesos
y una mano cariñosa para alisarle el pelo
pero al volver a la realidad
no tenía destino
había caído en el laberinto de la muerte
por eso cruzaba una y otra vez la carretera
sin escuchar el claxon de los carros
que se compadecían de él
y lo dejaban vivir en aquel ir y venir
que en cualquier momento acababa.
El hombre casi es arrollado
cuando de su boca sale un  nuevo silbido
y trata de guiarlo a la esperanza
pero perrito no tiene oídos
sólo el olor que sus viejos amos
dejaron antes de irse a vivir a un país
lejano rodeado por un inmenso mar.
Perrito puso sus patas delanteras
sobre aquellas aguas y un tal Virgilio Piñera
también perro como él dijo:
“Un pueblo permanece  junto a su bestia en la hora de partir…”
Perrito  agradece el enigma al  extraño colega
lo comprende mejor al hundirse en su propia muerte
pues sabe al fin el peso de la isla
en el amor que se llevaron sus amos.

jueves, 1 de agosto de 2013

CUBA COTIDIANA EN FOTOS

Aguacate cultivado en un patio urbano. (Curiosidad encontrada en una casa de familia).

Por Arnoldo Fernández Verdecia. arnoldo@gritodebaire.icrt.cu 

Diariamente hago un recorrido por la ciudad donde vivo, atento siempre a la palabra y la imagen anónima. A veces cargo una cámara prestada, nunca me falta la  grabadora; según un amigo, mis mejores armas en estos tiempos. Imágenes y palabras de la Cuba  cotidiana, la que vivo en esos recorridos, quiero compartirlas a partir de hoy con los amigos de mi blog  Caracol de agua.
 
Tres patitos en un mismo huevo y no un patito con dos huevos. (Curiosidad encontrada en una casa de familia)

Calabaza cultivada en un patio urbano.  (Curiosidad encontrada en una casa de familia).

Burrito arrastra carreta en plena Carretera Central de Cuba. (Curiosidad encontrada en un cruce de carreteras en Contramaestre, ciudad donde vivo). 
Edificio Rodríguez sin las luces del tiempo en su corona. (Curiosidad apreciada desde un paseo en la ciudad donde vivo).
Perro callejero alimentándose con las sobras solidarias de un buen ser humano. (Curiosidad apreciada desde un portal en la ciudad donde vivo).
Bota que representa el simbolismo del trabajo (Curiosidad apreciada desde un portal en la ciudad donde vivo).
Niño de campo (Curiosidad apreciada en una finca del pueblo donde vivo).
Fricasé de puerco. (Curiosidad apreciada en una cocina familiar del pueblo donde vivo).
Yuca acabada de cocer.(Sólo falta el mojito) (Curiosidad apreciada en una cocina familiar del pueblo donde vivo).

Garbanzos con carne de puerco. (Curiosidad apreciada en una cocina familiar del pueblo donde vivo).
Buey usado en el campo cubano (Curiosidad apreciada en una finca del pueblo donde vivo).
Mascota más humana que muchos humanos. (Curiosidad apreciada en una casa del pueblo donde vivo).
Espere otras imágenes en próximas entregas de Caracol de agua.

miércoles, 24 de octubre de 2012

perro


agarró el trozo de pan
que le lanzamos
y huyó con su miedo
Por Eduard Encina (Poeta y Narrador)

            para diana y arnoldo

tiene aún el trozo de pan
en la boca
algo en él
la «cosa humana»
lo detuvo frente a nosotros
ni un gesto
ni la mano que lo agraciaba
logró conmoverlo
agarró el trozo de pan
que le lanzamos
y huyó con su miedo
incomprensible
pero al ganar la calle
la goma trasera
la melliza de una camioneta
lo dividió en dos partes
pan y sangre
ser perro fue
su peor enemigo.


miércoles, 14 de octubre de 2009

RESUCITADO TOBY

“Nunca he visto a otra persona que quiera a su perro con la intensidad que lo demuestra usted”, había afirmado el médico veterinario. Como respuesta, sólo atiné a acariciar a la bola de peluche que es Toby, mi perrito. Es él un miembro más de la familia.

Por O
rlando Concepción Pérez, Poeta y narrador

Ya lo había observado retraído, aislado, silencioso, sin ánimo para ingerir comida, siempre acostado en el lugar de costumbre, sin articular sonidos ni de alegría ni de dolor. Lo cargué para ir a ver al médico que lo atendería. De una simple inspección ocular, el galeno me dio a conocer su diagnóstico previo: una enfermedad de las vías respiratorias, que no podía encender esperanzas entre los seres queridos.

Fue examinado con minuciosa profesionalidad, por un hombre joven especializado en tales trajines. Escribió varias recetas y un método de tratamiento meticuloso. Se sentía emocionado ante las expresiones de cariño que el enfermo despertaba en quien lo llevó a la consulta. Lo primero en atacar sería aquella tos profunda y persistente. También se incluían sedantes, para propiciarle un sueño reparador.

Una de las medicinas tenía el propósito de detener la subida de la temperatura corporal.. Se hizo difícil de conseguir en la red de establecimientos farmacéuticos. La farmacéutica mencionó y expuso su idea de utilizar otro medicamento, ante la ausencia del indicado. Ante mi muestra de pesar, por carecer de la receta médica, ella pasó por alto el detalle. Para salvar una vida a veces hay que poner oídos sordos en alguna norma, dijo. Me entregó el frasco y las instrucciones para su utilización. Podía tener efectos inmediatos en el objetivo de bajar el estado febril alto.

Las vitaminas necesarias no aparecían ni en los centros espirituales. Recordé que en la casa tenía varias de las que venía utilizando como fórmula para eliminar la falta de sensibilidad en la frente y la cabeza, como consecuencia de la herida de diez puntos, que sufrí con una caída, en el arco superciliar derecho. Tomé esas vitaminas. Las puse en las manos del estudiante de medicina, que se brindó para inyectar al enfermo, en una de las tantas ocasiones.

El joven quiso conocer dónde había conseguido esas vitaminas, pues necesita conseguirlas para un familiar. Le dije la verdad. Son de las que me consiguió una persona amiga, trabajadora de un centro hospitalario, en el intento de rehabilitar el sistema nervioso, en el sitio dañado por la herida que sufrí. No pudo silenciar la emoción que le provocó el sencillo gesto de privarme de un medicamento, para utilizarlo en otro enfermo.

Esa noche no podía conciliar el sueño. Ansiaba escuchar aunque fuera un gemido, o la tos que me oprimía los nervios, o las señales inequívocas de vida, cuando comenzaron a cantar los gallos, anunciando el amanecer.

No puedo afirmar a qué hora se produjo lo que consideré un milagro. Toby ladró, una y otra vez. Después, según su hábito, comenzó su intento de imitar el canto del gallo. Salté de la cama, movido por un resorte invisible. Fui a su lado. Al verme, movió el rabo con agilidad. Se acostó con la panza hacia arriba, como siempre lo hacía, pidiéndome que lo acariciara, al igual que en toda su corta vida.

Su rabito movido me llenó de una felicidad desbordante. Sí, el hombre también puede ser el mejor amigo del perro, de la misma forma en que se proclama que “El perro es el mejor amigo del hombre”.

Fue como una resurrección, que me hizo llorar de alegría. “Nunca he visto a otra persona que quiera a su perro con la intensidad que lo demuestra usted”, había afirmado el médico veterinario. Como respuesta, sólo atiné a acariciar a la bola de peluche que es Toby, mi perrito. Es él un miembro más de la familia.


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